Volver..., como volvió el tiempo a mi reloj...
El despertador devuelve a Aliena al mundo real. Hace tan sólo décimas de segundo ella habitaba otra realidad, paralela a esta quizá, irreal e intocable. Al momento se alegra de haber abandonado esa realidad, no estaba siendo un buen sueño. Nota como el corazón le late en la boca, aparta las sábanas con brusquedad y empieza el día sabiendo que será diferente, cabreada porque el motivo de esa "diferencia" la ponga tan sumamente nerviosa...
No, no es un día más. De camino al curro algo le impide concentrarse en la lectura. Termina por cerrar el libro y mirar los coches y la gente desde el bus, más tarde hará lo mismo en el metro. Mira detrás de los ojos de extraños, intenta pensar en sus vidas, en cómo serán..., observa su ropa, sus zapatos, el libro que ellos si pueden concentrarse en leer..., y todo le recuerda a él. Todos tienen su cara, su risa, su forma de andar...

En el trabajo más de lo mismo. Es imposible prestarle atención a nada, habla con sus amigos y ni siquiera se entera de lo que le cuentan, sigue absorbida por esa tensión que la devora, sigue ansiosa, feliz y muerta de miedo... -"¡Dios mío es horrible!, tienes que sacártelo de la cabeza Aliena, aún quedan muchas horas..."-
El día transcurre más lento que otros, quizá por su desesperación de que sean ya las once y media de la noche. Ganas de una tila que se niega a tomar, algún cigarrillo más, paseos por la ofi, mirar esta web, la otra, y por fin la hora. Camino de vuelta a casa, pasos acelerados y en los cascos la música suena muy alta. Le da energía. La necesita.
Ya en casa, abre el armario. Lo revuelve todo. Saca mil modelitos que terminan formando una montaña encima de la cama, y una auténtica zapatería repartida por la habitación. Finalmente elige una minifalda vaquera, botas altas pero sin tacón, camisa blanca, chaqueta cortita, y la cazadora nueva.
Llega su hermana, intenta cenar algo con ella, pero su estómago está cerrado. Se come un sandwich del que termina vomitando la mitad al rato. No controla su pulso, sigue tan acelerado como cuando esta mañana sonó el despertador. Mira el reloj cada 10 minutos, y recorre la casa de arriba abajo buscando esto y lo otro, preparando el bolso, el móvil, pintalabios, llaves, mp3, tabaco, mechero, dinero, el abono..., está todo. Es la hora. De hecho va tarde y lo ha hecho a posta, quiere hacerle esperar.
Se despide de su hermana, le mira sonriendo, le desea suerte y le dice cuando ya está cerrando la puerta: -"ante todo recuerda que tú vales mucho más que él"-. Aliena sonríe también y piensa que tiene mucha razón, pero no es capaz de controlar su corazón que sigue latiéndole en la boca, en las manos...
Otra vez en bus. Escucha música, mira por la ventana y piensa en las vueltas que da la vida. Hace tan sólo unas semanas no se hubiera imaginado en esa situación. Hace tan sólo unas semanas él sólo existía en su recuerdo, como un dolor constante, como un pensamiento que hecha raíces aunque nos empeñemos en arrancarlo. Hace tan sólo un par de semanas no hubiera pensando ni loca que iría a su encuentro, después de cuatro meses, cuatro largos meses...
El bus se acerca a Atocha. Ella le ve a lo lejos, está ahí, esperándola. Durante unos segundos le observa creyendo ver un espejísmo. Él da pequeños pasos de un lado a otro. Probablemente ha visto acercarse el autobus y también está nervioso. Ha pasado mucho tiempo...
Última parada. Aliena se levanta del asiento, se coloca el pelo por milésima vez y se encuentra con sus ojos... Siente fuego en las manos y en la garganta. Entonces él la sonríe y ella piensa que no existe en el mundo nada más bonito que esa sonrisa...
Continuará...
No, no es un día más. De camino al curro algo le impide concentrarse en la lectura. Termina por cerrar el libro y mirar los coches y la gente desde el bus, más tarde hará lo mismo en el metro. Mira detrás de los ojos de extraños, intenta pensar en sus vidas, en cómo serán..., observa su ropa, sus zapatos, el libro que ellos si pueden concentrarse en leer..., y todo le recuerda a él. Todos tienen su cara, su risa, su forma de andar...

En el trabajo más de lo mismo. Es imposible prestarle atención a nada, habla con sus amigos y ni siquiera se entera de lo que le cuentan, sigue absorbida por esa tensión que la devora, sigue ansiosa, feliz y muerta de miedo... -"¡Dios mío es horrible!, tienes que sacártelo de la cabeza Aliena, aún quedan muchas horas..."-
El día transcurre más lento que otros, quizá por su desesperación de que sean ya las once y media de la noche. Ganas de una tila que se niega a tomar, algún cigarrillo más, paseos por la ofi, mirar esta web, la otra, y por fin la hora. Camino de vuelta a casa, pasos acelerados y en los cascos la música suena muy alta. Le da energía. La necesita.
Ya en casa, abre el armario. Lo revuelve todo. Saca mil modelitos que terminan formando una montaña encima de la cama, y una auténtica zapatería repartida por la habitación. Finalmente elige una minifalda vaquera, botas altas pero sin tacón, camisa blanca, chaqueta cortita, y la cazadora nueva.
Llega su hermana, intenta cenar algo con ella, pero su estómago está cerrado. Se come un sandwich del que termina vomitando la mitad al rato. No controla su pulso, sigue tan acelerado como cuando esta mañana sonó el despertador. Mira el reloj cada 10 minutos, y recorre la casa de arriba abajo buscando esto y lo otro, preparando el bolso, el móvil, pintalabios, llaves, mp3, tabaco, mechero, dinero, el abono..., está todo. Es la hora. De hecho va tarde y lo ha hecho a posta, quiere hacerle esperar.
Se despide de su hermana, le mira sonriendo, le desea suerte y le dice cuando ya está cerrando la puerta: -"ante todo recuerda que tú vales mucho más que él"-. Aliena sonríe también y piensa que tiene mucha razón, pero no es capaz de controlar su corazón que sigue latiéndole en la boca, en las manos...
Otra vez en bus. Escucha música, mira por la ventana y piensa en las vueltas que da la vida. Hace tan sólo unas semanas no se hubiera imaginado en esa situación. Hace tan sólo unas semanas él sólo existía en su recuerdo, como un dolor constante, como un pensamiento que hecha raíces aunque nos empeñemos en arrancarlo. Hace tan sólo un par de semanas no hubiera pensando ni loca que iría a su encuentro, después de cuatro meses, cuatro largos meses...
El bus se acerca a Atocha. Ella le ve a lo lejos, está ahí, esperándola. Durante unos segundos le observa creyendo ver un espejísmo. Él da pequeños pasos de un lado a otro. Probablemente ha visto acercarse el autobus y también está nervioso. Ha pasado mucho tiempo...
Última parada. Aliena se levanta del asiento, se coloca el pelo por milésima vez y se encuentra con sus ojos... Siente fuego en las manos y en la garganta. Entonces él la sonríe y ella piensa que no existe en el mundo nada más bonito que esa sonrisa...
Continuará...
Nebulosa
No sé si esta vez seré capaz de escribir. Llevo más de una semana poniéndome en frente del ordenador e intentando plasmar aquí la cantidad de emociones que siento, intentando dejar aquí un poco de mi angustia y también de esta extraña alegría que no sé si reconozco o es nueva, intentando al fin y al cabo desahogarme y sobre todo “descifrarme”.
Hace un mes o así que no escribo en el blog. Tengo acumuladas unas cuantas historias, y no puedo decir esta vez que no tienen mucha importancia porque realmente en este último mes y pico han pasado cosas que no sé..., que no imaginaba, que no soñaba y que precisamente por eso quizá las valoro más y las disfruto plenamente.
Mi amiga Lucía dice que todo en esta vida es cíclico, dice algo así como que las historias de amor se repiten, que los estados de ánimo varían igual que lo hace la luna y que tarde o temprano los sueños se cumplen, pero sólo los verdaderos, sólo los que nacen de nuestras entrañas, de lo más recóndito de nuestro alma, porque el resto, son espejismos, meros caprichos y como tales, desaparecen y se diluyen en el tiempo...

En mi vida he deseado muchas cosas, he tenido muchos “caprichos”. Algunos se realizaron y otros fracasaron en el intento. También ha pasado mucha gente por mis ojos, algunos para quedarse, otros sólo se reflejaron un instante, y sólo dos consiguieron convertirse en la única imagen que era capaz de proyectar mirase donde mirase...
Uno de ellos estuvo en mi piel años y años, exactamente ocho. Y pienso que aunque ahora ese sentimiento es muy diferente, seguiré toda mi vida enamorada de él de una forma u otra porque como dice la canción “hay huellas que ni con el mar...”. Pero eso ahora no duele, al contrario, me alegro de haberle conocido y de que sea uno de mis mejores amigos.
Pero ÉL si duele, no ha dejado de doler desde que le conozco y aún me pregunto por qué y tengo muchas respuestas pero no sé cuál es la acertada y sé que yo misma no sabré responderme. Sé que es el tiempo, el día a día, y él quienes deben ofrecerme la solución, para bien o para mal.
Se fue de mi vida sin siquiera una despedida, o quizá llevaba mucho tiempo despidiéndose poco a poco y no supe o no quise verlo. Pasé un tiempo maldiciendo, llorando, después esperando, pensando que todo cambiaría, que sólo era un mal sueño, más tarde resignada, triste pero capaz. Y finalmente respirando vida, una vida sin él, pero siempre y digo siempre, amando, porque nunca conseguí borrarle, ni siquiera un instante.
Hace un par de semanas volvió. Apareció sin más por msn, cuando esa opción ni entraba en mi imaginación. Habló como si nada hubiera pasado, pero sabiendo qué palabras decir, de qué hablar y qué temas no tocar, al menos ahora no. Yo tampoco lo hice, no es el momento de reproches ni de pedir explicaciones, la verdad, lo pasé tan mal en esa época que no quiero nada que tenga que ver con ella, ni siquiera las razones de su adiós, entre otras cosas porque él mismo a demostrado que no era un adiós, porque ha vuelto...
¿Para qué? No lo sé, y los primeros días me volvía loca pensándolo, intentando encontrar una razón lógica. Imaginando cómo sería estar de nuevo frente a él, qué le diría, como me mostraría, fría, distante, herida, indiferente..., pero ahora no pienso nada de eso, me da exactamente igual y no porque no me importe, está más que claro que sigo enamorada hasta decir basta. Pero he llegado a una conclusión y es lo único que pienso hacer: vivir.
Y vivir sin hacerme tantas preguntas, sin pasarme los días preocupada por esto y por aquello, sin intentar controlar cada paso que doy, sin que me importe tanto lo que diga la gente, al fin y al cabo es mi vida, sólo tengo esta y haré con ella lo que se me venga en gana. Cada uno que viva la suya, que intente ser feliz en la medida en que le sea posible, y que amen, porque los días y más aún las noches son demasiado insípidas y frías sin nadie con quien compartirlas...
No volveré a justificar ningún paso que dé, me basta con andar, es más que suficiente, es mejor que vivir con miedo, aunque algunos miedos sean inevitables, como el de volver a mirarme en sus ojos...
Porque ya no sólo hay charlas por msn, también mensajes para ver qué tal, porque esta semana estuve en casa, mala con fiebre. Y finalmente el viernes un mensaje para vernos, esa misma noche, después de cuatro meses...
No fui. Pero tuve que armarme de valor para rechazar esa propuesta. Verle por fin, hablar de todo o puede que de nada... No fui pero el sólo hecho de pensar que quizá pronto le tenga cerca me hace temblar, me pone nerviosa, feliz quizá y sobre todo me hace ver que una vez más nada sale como nosotros planeamos, que la vida siempre termina sorprendiéndonos y que en la mayoría de los casos “uno siempre encuentra su destino por los caminos que emprende para evitarlo...”.
Hace un mes o así que no escribo en el blog. Tengo acumuladas unas cuantas historias, y no puedo decir esta vez que no tienen mucha importancia porque realmente en este último mes y pico han pasado cosas que no sé..., que no imaginaba, que no soñaba y que precisamente por eso quizá las valoro más y las disfruto plenamente.
Mi amiga Lucía dice que todo en esta vida es cíclico, dice algo así como que las historias de amor se repiten, que los estados de ánimo varían igual que lo hace la luna y que tarde o temprano los sueños se cumplen, pero sólo los verdaderos, sólo los que nacen de nuestras entrañas, de lo más recóndito de nuestro alma, porque el resto, son espejismos, meros caprichos y como tales, desaparecen y se diluyen en el tiempo...

En mi vida he deseado muchas cosas, he tenido muchos “caprichos”. Algunos se realizaron y otros fracasaron en el intento. También ha pasado mucha gente por mis ojos, algunos para quedarse, otros sólo se reflejaron un instante, y sólo dos consiguieron convertirse en la única imagen que era capaz de proyectar mirase donde mirase...
Uno de ellos estuvo en mi piel años y años, exactamente ocho. Y pienso que aunque ahora ese sentimiento es muy diferente, seguiré toda mi vida enamorada de él de una forma u otra porque como dice la canción “hay huellas que ni con el mar...”. Pero eso ahora no duele, al contrario, me alegro de haberle conocido y de que sea uno de mis mejores amigos.
Pero ÉL si duele, no ha dejado de doler desde que le conozco y aún me pregunto por qué y tengo muchas respuestas pero no sé cuál es la acertada y sé que yo misma no sabré responderme. Sé que es el tiempo, el día a día, y él quienes deben ofrecerme la solución, para bien o para mal.
Se fue de mi vida sin siquiera una despedida, o quizá llevaba mucho tiempo despidiéndose poco a poco y no supe o no quise verlo. Pasé un tiempo maldiciendo, llorando, después esperando, pensando que todo cambiaría, que sólo era un mal sueño, más tarde resignada, triste pero capaz. Y finalmente respirando vida, una vida sin él, pero siempre y digo siempre, amando, porque nunca conseguí borrarle, ni siquiera un instante.
Hace un par de semanas volvió. Apareció sin más por msn, cuando esa opción ni entraba en mi imaginación. Habló como si nada hubiera pasado, pero sabiendo qué palabras decir, de qué hablar y qué temas no tocar, al menos ahora no. Yo tampoco lo hice, no es el momento de reproches ni de pedir explicaciones, la verdad, lo pasé tan mal en esa época que no quiero nada que tenga que ver con ella, ni siquiera las razones de su adiós, entre otras cosas porque él mismo a demostrado que no era un adiós, porque ha vuelto...
¿Para qué? No lo sé, y los primeros días me volvía loca pensándolo, intentando encontrar una razón lógica. Imaginando cómo sería estar de nuevo frente a él, qué le diría, como me mostraría, fría, distante, herida, indiferente..., pero ahora no pienso nada de eso, me da exactamente igual y no porque no me importe, está más que claro que sigo enamorada hasta decir basta. Pero he llegado a una conclusión y es lo único que pienso hacer: vivir.
Y vivir sin hacerme tantas preguntas, sin pasarme los días preocupada por esto y por aquello, sin intentar controlar cada paso que doy, sin que me importe tanto lo que diga la gente, al fin y al cabo es mi vida, sólo tengo esta y haré con ella lo que se me venga en gana. Cada uno que viva la suya, que intente ser feliz en la medida en que le sea posible, y que amen, porque los días y más aún las noches son demasiado insípidas y frías sin nadie con quien compartirlas...
No volveré a justificar ningún paso que dé, me basta con andar, es más que suficiente, es mejor que vivir con miedo, aunque algunos miedos sean inevitables, como el de volver a mirarme en sus ojos...
Porque ya no sólo hay charlas por msn, también mensajes para ver qué tal, porque esta semana estuve en casa, mala con fiebre. Y finalmente el viernes un mensaje para vernos, esa misma noche, después de cuatro meses...
No fui. Pero tuve que armarme de valor para rechazar esa propuesta. Verle por fin, hablar de todo o puede que de nada... No fui pero el sólo hecho de pensar que quizá pronto le tenga cerca me hace temblar, me pone nerviosa, feliz quizá y sobre todo me hace ver que una vez más nada sale como nosotros planeamos, que la vida siempre termina sorprendiéndonos y que en la mayoría de los casos “uno siempre encuentra su destino por los caminos que emprende para evitarlo...”.