Go back home
Cuando apago el ordenador, cojo el bolso, la cazadora, mi libro y me pongo los cascos, me invade una sensación de... ¿cómo sería? ¿alivio?, si, algo así. Me gusta ese momento.
No sólo porque acabe mi jornada laboral, sino porque es el momento de compartir unas risas en el metro [supongo que medio Metro Norte estará hasta las narices del típico grupo de escandalosos que entran todos los días corriendo al metro y se dedican a charlar mientras medio vagón se entera de su conversación]. También me gusta volverme sola, y así poder abstraerme del mundo escuchando música o simplemente leyendo, ahora a Hermann Hesse y su Lobo Estepario..., supongo que igual que Harry Haller tengo mis días antisociales, días en los que la introspección y la apatía me apetecen más que nada.
Siempre lo hago. Siempre observo a la gente en el metro, en el tren, en el bus... Disfruto imaginándoles historias, novios, fantasías..., disfruto intentando adivinar sus pensamientos..., están cabreados, felices, estresados, ahm! si, esa sonrisa es que esta noche ha tenido una ración de sexo estupenda, anda que no se le nota, cabrona! :-) Y sonrío y me río conmigo misma y vuelvo a mi libro o tarareo moviendo los labios la canción con la que Usher que me hace mover de un lado al otro el pie...
There's always that one person that will always have your heart
You never see it coming cause you're blinded from the start
Know that you're that one for me, it's clear for everyone to see
Ooh baby, you will always be my boo!

Y suena el móvil y eres tú. Un extraño que he conocido en el autobus que cojo cada mañana. Miradas, sonrisas y ahora eres una voz, un nombre, un móvil, unos ojos preciosos pero con una historia detrás... Porque tienes pareja Miguel, y una nena pequeña. Y eres muy joven pero has vivido muy deprisa y ahora dices que te gusto, que quieres conocerme, que pasarías una y dos noches conmigo, quizá más..., pero yo no quiero, ahora no. Ahora que sé que perteneces a otra y que tienes una familia, simplemente no quiero. Lo siento pero no tengo la menor intención de complicarme la vida. Y tú tienes bastante con la tuya. Así que apago el móvil y tú te apagas con él. Ojalá todo fuera tan fácil...
Pero en mi día antisocial sigo sonriendo. Estar así no significa estar triste. No tengo ningún motivo para ello, sé apreciar cada cosa que tengo y de momento, no me quejo. En el trabajo las cosas van bien, en un futuro espero que aún mejor. Fiestas y más fiestas. La última "caribeña" en casa de un compañero de curro, bailando los grandes éxitos de la pachanga tipical spanish-latina, con collares de hawaiana al cuello, mojitos, cubanos y rodeada de amigos. Siempre. La próxima: mañana, ¡concierto de la Mala María en Riviera! Si veis a alguna loka dándolo todo me aventuro a asegurar que será la muá! :-)
Así que bajo del metro, subo el volumen y voy hasta casa medio andando, medio corriendo, medio bailando y por supuesto siempre cantando, que una luna llena gigante y naranja me vigila a lo lejos y cuando escuche mi voz se acercará más ¡para guiñarme un ojo!
Las caricias estallan, este sentimiento está en el borde de una falla.
Quema, quémate esa yema, toca, toca!
Lo hacemos otra vez, yo me vuelvo loca...
Sonando: Linkin Park. Somewhere I belong.
No sólo porque acabe mi jornada laboral, sino porque es el momento de compartir unas risas en el metro [supongo que medio Metro Norte estará hasta las narices del típico grupo de escandalosos que entran todos los días corriendo al metro y se dedican a charlar mientras medio vagón se entera de su conversación]. También me gusta volverme sola, y así poder abstraerme del mundo escuchando música o simplemente leyendo, ahora a Hermann Hesse y su Lobo Estepario..., supongo que igual que Harry Haller tengo mis días antisociales, días en los que la introspección y la apatía me apetecen más que nada.
Siempre lo hago. Siempre observo a la gente en el metro, en el tren, en el bus... Disfruto imaginándoles historias, novios, fantasías..., disfruto intentando adivinar sus pensamientos..., están cabreados, felices, estresados, ahm! si, esa sonrisa es que esta noche ha tenido una ración de sexo estupenda, anda que no se le nota, cabrona! :-) Y sonrío y me río conmigo misma y vuelvo a mi libro o tarareo moviendo los labios la canción con la que Usher que me hace mover de un lado al otro el pie...
There's always that one person that will always have your heart
You never see it coming cause you're blinded from the start
Know that you're that one for me, it's clear for everyone to see
Ooh baby, you will always be my boo!

Y suena el móvil y eres tú. Un extraño que he conocido en el autobus que cojo cada mañana. Miradas, sonrisas y ahora eres una voz, un nombre, un móvil, unos ojos preciosos pero con una historia detrás... Porque tienes pareja Miguel, y una nena pequeña. Y eres muy joven pero has vivido muy deprisa y ahora dices que te gusto, que quieres conocerme, que pasarías una y dos noches conmigo, quizá más..., pero yo no quiero, ahora no. Ahora que sé que perteneces a otra y que tienes una familia, simplemente no quiero. Lo siento pero no tengo la menor intención de complicarme la vida. Y tú tienes bastante con la tuya. Así que apago el móvil y tú te apagas con él. Ojalá todo fuera tan fácil...
Pero en mi día antisocial sigo sonriendo. Estar así no significa estar triste. No tengo ningún motivo para ello, sé apreciar cada cosa que tengo y de momento, no me quejo. En el trabajo las cosas van bien, en un futuro espero que aún mejor. Fiestas y más fiestas. La última "caribeña" en casa de un compañero de curro, bailando los grandes éxitos de la pachanga tipical spanish-latina, con collares de hawaiana al cuello, mojitos, cubanos y rodeada de amigos. Siempre. La próxima: mañana, ¡concierto de la Mala María en Riviera! Si veis a alguna loka dándolo todo me aventuro a asegurar que será la muá! :-)
Así que bajo del metro, subo el volumen y voy hasta casa medio andando, medio corriendo, medio bailando y por supuesto siempre cantando, que una luna llena gigante y naranja me vigila a lo lejos y cuando escuche mi voz se acercará más ¡para guiñarme un ojo!
Las caricias estallan, este sentimiento está en el borde de una falla.
Quema, quémate esa yema, toca, toca!
Lo hacemos otra vez, yo me vuelvo loca...
Sonando: Linkin Park. Somewhere I belong.
Moléculas...
Cuando una historia es capaz de atravesar la pantalla y agarrarte el corazón con las dos manos, es imprescindible contárselo al mundo.

Celine: Quiero comprobar una cosa.
Jesse: ¿el qué?
Celine: quiero comprobar si sigues aquí o si te descompones en moléculas.
Jesse: ¿y cómo me va?
Celine: Sigues aquí...
Sonando: Just in time. Nina Simone.

Celine: Quiero comprobar una cosa.
Jesse: ¿el qué?
Celine: quiero comprobar si sigues aquí o si te descompones en moléculas.
Jesse: ¿y cómo me va?
Celine: Sigues aquí...
Sonando: Just in time. Nina Simone.
Un extraño y sus ojos...
Esta mañana me desperté pensando en ti y es absurdo. No te conozco de nada, absolutamente de nada. No sé cómo te llamas, ni qué edad tienes, ni a qué te dedicas, ni qué te gusta o qué te cabrea, ni qué pelis ves o con qué te emborrachas, pero pensé en ti, en tu cara, en tus deportivas, en tu culo, en tu chupa negra y sobretodo... en tu mirada.
Porque si hay algo que me pierda es tu mirada. Es lo único que tengo tuyo. Cada mañana, desde hace dos semanas, quizá más...
Apagué el despertador tres veces, hastiada, cabreada. Odio madrugar y más un jueves, con este puto frío y con un dolor de regla que me mata. No había sitio mejor para estar a las siete de la mañana que debajo de mis mantas, pero había que levantarse. De algo tengo que vivir, es la misma mierda de siempre. Madrugar, currar, y mientras tanto respirar.
Y en el desayuno me sorprendí pensándote. Apurando mi café y controlando el reloj de la televisión para no llegar tarde a nuestra cita. Esa que dura cinco minutos cada mañana. Me visto, me arreglo, cojo el libro y el ipod, doy al play, suena Alicia Keys y su no one, sonrío, miro el reloj, las ocho menos cinco, corre Laura o esta mañana no le verás!, me repito como una imbécil sin saber por qué quiero verle. Todo sigue siendo absurdo.
Pero salgo acelerada, me abrocho la cazadora hasta arriba, me coloco el bolso y bajo del cuarto a toda ostia. Camino firme, saltando obstáculos, niños que van al cole, coches, voy por mitad de la calle, te busco a lo lejos y te encuentro. De por qué mi pulso ya va a mil por hora no me preguntes, es completamente ilógico. Pero te he visto bajar la calle y ya sé que una vez más hoy me regalarás cinco minutos.

Llego a nuestra cita, la parada del bus. Y me esperas en la cola, como siempre. Y me miras, como siempre. Como vienes haciéndo desde hace días. Me miras de arriba a abajo. Repasas el modelito, las zapatillas, el culo, el pelo, los labios. Siento cómo me repasas y no puedo dejar de temblar. Hoy no.
Subimos al bus. Intento acercarme para saber cómo hueles pero una señora está en medio y no puedo. Te sientas, al final, como siempre también. Y yo me quedo de pie, bajo en la próxima, ya lo sabes. Y sigues mirándome, quieres que sepa que me miras, quieres que sea consciente. Lo soy, créeme. Por eso mi pulso no deja de latirme en la boca y mis manos tiemblan, aunque esto sin que tú lo sepas.
Y hoy decido ser valiente. No soy tímida, no sé por qué juego a parecerlo. Se nos acaba el tiempo, es mi parada. Pillo el metro aquí, tú sigues. Entonces te miro y ahí estás, a lo lejos, sentado al final, con tu mirada óscura, tan óscura como tus ojos, mirándome desde el fondo, observando, memorizando cada detalle. Y te respondo con los míos, para que sepas que también te miro, para que sepas que me intrigas y que aunque parezca mentira acabas de alegrar mi día.
Me bajo del bus. Siento cómo tu mirada me sigue a través del cristal, siento cómo me ves perderme escaleras abajo en el metro. Y no me atrevo a girarme. No tiene sentido. Pero sonrío porque sigo temblando y me gusta ser consciente de que vivo, que respiro y de que un desconocido es capaz de mover mis hilos...
Se acabó nuestra cita. ¿Mañana más? ¿Te volveré a ver? ¿Quién sabe? Yo me voy con mi sonrisa, con mi música y tu mirada en el bolsillo...
Sonando: Alicia Keys, No one.
Porque si hay algo que me pierda es tu mirada. Es lo único que tengo tuyo. Cada mañana, desde hace dos semanas, quizá más...
Apagué el despertador tres veces, hastiada, cabreada. Odio madrugar y más un jueves, con este puto frío y con un dolor de regla que me mata. No había sitio mejor para estar a las siete de la mañana que debajo de mis mantas, pero había que levantarse. De algo tengo que vivir, es la misma mierda de siempre. Madrugar, currar, y mientras tanto respirar.
Y en el desayuno me sorprendí pensándote. Apurando mi café y controlando el reloj de la televisión para no llegar tarde a nuestra cita. Esa que dura cinco minutos cada mañana. Me visto, me arreglo, cojo el libro y el ipod, doy al play, suena Alicia Keys y su no one, sonrío, miro el reloj, las ocho menos cinco, corre Laura o esta mañana no le verás!, me repito como una imbécil sin saber por qué quiero verle. Todo sigue siendo absurdo.
Pero salgo acelerada, me abrocho la cazadora hasta arriba, me coloco el bolso y bajo del cuarto a toda ostia. Camino firme, saltando obstáculos, niños que van al cole, coches, voy por mitad de la calle, te busco a lo lejos y te encuentro. De por qué mi pulso ya va a mil por hora no me preguntes, es completamente ilógico. Pero te he visto bajar la calle y ya sé que una vez más hoy me regalarás cinco minutos.

Llego a nuestra cita, la parada del bus. Y me esperas en la cola, como siempre. Y me miras, como siempre. Como vienes haciéndo desde hace días. Me miras de arriba a abajo. Repasas el modelito, las zapatillas, el culo, el pelo, los labios. Siento cómo me repasas y no puedo dejar de temblar. Hoy no.
Subimos al bus. Intento acercarme para saber cómo hueles pero una señora está en medio y no puedo. Te sientas, al final, como siempre también. Y yo me quedo de pie, bajo en la próxima, ya lo sabes. Y sigues mirándome, quieres que sepa que me miras, quieres que sea consciente. Lo soy, créeme. Por eso mi pulso no deja de latirme en la boca y mis manos tiemblan, aunque esto sin que tú lo sepas.
Y hoy decido ser valiente. No soy tímida, no sé por qué juego a parecerlo. Se nos acaba el tiempo, es mi parada. Pillo el metro aquí, tú sigues. Entonces te miro y ahí estás, a lo lejos, sentado al final, con tu mirada óscura, tan óscura como tus ojos, mirándome desde el fondo, observando, memorizando cada detalle. Y te respondo con los míos, para que sepas que también te miro, para que sepas que me intrigas y que aunque parezca mentira acabas de alegrar mi día.
Me bajo del bus. Siento cómo tu mirada me sigue a través del cristal, siento cómo me ves perderme escaleras abajo en el metro. Y no me atrevo a girarme. No tiene sentido. Pero sonrío porque sigo temblando y me gusta ser consciente de que vivo, que respiro y de que un desconocido es capaz de mover mis hilos...
Se acabó nuestra cita. ¿Mañana más? ¿Te volveré a ver? ¿Quién sabe? Yo me voy con mi sonrisa, con mi música y tu mirada en el bolsillo...
Sonando: Alicia Keys, No one.
Manzanas...
No me gusta escribir por escribir, no me gusta pasar por aquí cuando no tengo nada qué aportar o nada qué decir y quizá sí que hay mil historias nuevas y mil sensaciones muertas en mi piel..., y digo muertas porque ya no están. Se fueron igual que llegaron, y me alegro, no creas, esto no es un post de tristezas. Esto es la vida. Siempre tan volátil, tan fugaz...
¿En eso está la gracia? ¿en la cima de la locuras? ¿en la intensidad del momento? No lo sé, ultimamente no sé nada ni lo pretendo. No quiero saber, no quiero buscar, ni esperar... prefiero vivir sin ser tan intuítiva, sin ver las cosas venir, sin predecir de algún modo lo que va a pasar... Estoy harta de ser tan bruja, me da miedo... Quiero sorpresas, quiero gente con la capacidad de dejarme sin aliento, con las ganas de hacerme entornar las cejas admirando, alucinando, sonriendo..., siempre sonriendo. Porque en este mundo ya hay demasiadas lágrimas.

La gente llora porque se siente sola. La soledad... esa gran enfermedad del siglo XXI. Ayer mismo lo comprobaba mientras me miraba en unos ojos completamente pérdidos, llorosos, anhelantes de compañía... La señora a la que le alquilo el piso ha perdido a su marido hace tres meses y ahora vive sola, con su perro, y sus tres hijas ya casadas deben de estar muy ocupadas con sus vidas porque no se acuerdan mucho de su madre y de la soledad que la está matando... Ayer me rompió un poquito el alma, sentir así tan cerca, esa tristeza tan hiriente...
Otra gente llora porque tiene problemas. Pero problemas de verdad, no chorradas como por las que nos quejamos contínuamente, tengo un curro de mierda, me veo gorda, menganito pasa de mí, aquella me ha mirado mal, no están los zapatos que me quería comprar... No. Hay gente que llora con el corazón no con los ojos. Gente que llora porque tiene que llorar o explota, porque le duele la vida.
Si, a veces, duele y mucho... Sobre todo cuando te pone en encrucijadas, cuanto tienes qué elegir, qué tomar decisiones importantes, qué enfrentarte al miedo, mirarle fijamente y decir aquí estoy yo, aunque te tiemblen las piernas, aunque tu garganta no pueda articular palabra, porque sabes que a partir de ese momento, todo, todo, todo... cambiará para siempre.
...porque si no te tengo, falta algo de algún modo...
Sonando: Jamelia, Something about you.
¿En eso está la gracia? ¿en la cima de la locuras? ¿en la intensidad del momento? No lo sé, ultimamente no sé nada ni lo pretendo. No quiero saber, no quiero buscar, ni esperar... prefiero vivir sin ser tan intuítiva, sin ver las cosas venir, sin predecir de algún modo lo que va a pasar... Estoy harta de ser tan bruja, me da miedo... Quiero sorpresas, quiero gente con la capacidad de dejarme sin aliento, con las ganas de hacerme entornar las cejas admirando, alucinando, sonriendo..., siempre sonriendo. Porque en este mundo ya hay demasiadas lágrimas.

La gente llora porque se siente sola. La soledad... esa gran enfermedad del siglo XXI. Ayer mismo lo comprobaba mientras me miraba en unos ojos completamente pérdidos, llorosos, anhelantes de compañía... La señora a la que le alquilo el piso ha perdido a su marido hace tres meses y ahora vive sola, con su perro, y sus tres hijas ya casadas deben de estar muy ocupadas con sus vidas porque no se acuerdan mucho de su madre y de la soledad que la está matando... Ayer me rompió un poquito el alma, sentir así tan cerca, esa tristeza tan hiriente...
Otra gente llora porque tiene problemas. Pero problemas de verdad, no chorradas como por las que nos quejamos contínuamente, tengo un curro de mierda, me veo gorda, menganito pasa de mí, aquella me ha mirado mal, no están los zapatos que me quería comprar... No. Hay gente que llora con el corazón no con los ojos. Gente que llora porque tiene que llorar o explota, porque le duele la vida.
Si, a veces, duele y mucho... Sobre todo cuando te pone en encrucijadas, cuanto tienes qué elegir, qué tomar decisiones importantes, qué enfrentarte al miedo, mirarle fijamente y decir aquí estoy yo, aunque te tiemblen las piernas, aunque tu garganta no pueda articular palabra, porque sabes que a partir de ese momento, todo, todo, todo... cambiará para siempre.
...porque si no te tengo, falta algo de algún modo...
Sonando: Jamelia, Something about you.