29 F
Miro el calendario, buscando fechas, intentando, esta vez..., adelantarlo, y entonces, lo veo. Hoy es 29 de Febrero.
Pienso que debería salir a la calle, pintarme los labios de rojo y cenar arroz en un chino. Tal vez también debería ponerme mis deportivas, echarme el perfume más caro y peinarme los rizos a lo afro. O montarme en el coche, ir rumbo a mi pueblo, bajar las ventanas según llego y dejar que me golpee el aire limpio y fresco.
29 de Febrero, no habrá otro en cuatro años...
Creo que el wisky con cocacola seguirá siendo mi mejor opción, pocos adornos, un bolso grande y un bar dónde bailar cualquier canción. Sí, es igual, esta vez no importa la música, porque sé que no le prestaré demasiada atención.

No quiero escuchar nada en especial, no quiero mirar demasiado los mismos ojos, no quiero ser yo, sólo inventarme. No quiero pensar si beso, quizá ni siquiera quiera besar. Sólo bailar. Pediré que pongan Shake, y sólo si Otis Redding la canta, moveré mis caderas, mi cuello e incluso mis pies.
29 de febrero, viernes, y una luna que desnudar...
O quizá debería quedarme en mi sillón, charlar con mi madre, mientras mi padre, juega con mis dedos y comenta sonriendo lo blanca que vengo siempre de Madrid. Salir al balcón, ver el cielo plagado de estrellas, todas esas que no se ven en mi ciudad, todas esas que parecen no existir y, sin embargo, me están esperando siempre que vuelvo allí...
El calendario marca una fecha especial, y yo ayer tenía miedo de caer al vacío, meterme en ese número, desaparecer y hasta el 2012 no volver. Pero entonces, me rebelé contra ese fantasma pesimista y pensé, no pasa nada Laura, siempre que suenes tus dedos... ¡plaff! aquí estarás otra vez, con el pelo más rojo que nunca y un camino que recorrer.
Quizá arrastre la misma certeza de siempre:
...sé que hay fuegos que no queman aunque arden...
29 de febrero, viernes, podría ser noche de aquelarre...
Sonando: Intergalactic, Beastie Boys.
Pienso que debería salir a la calle, pintarme los labios de rojo y cenar arroz en un chino. Tal vez también debería ponerme mis deportivas, echarme el perfume más caro y peinarme los rizos a lo afro. O montarme en el coche, ir rumbo a mi pueblo, bajar las ventanas según llego y dejar que me golpee el aire limpio y fresco.
29 de Febrero, no habrá otro en cuatro años...
Creo que el wisky con cocacola seguirá siendo mi mejor opción, pocos adornos, un bolso grande y un bar dónde bailar cualquier canción. Sí, es igual, esta vez no importa la música, porque sé que no le prestaré demasiada atención.

No quiero escuchar nada en especial, no quiero mirar demasiado los mismos ojos, no quiero ser yo, sólo inventarme. No quiero pensar si beso, quizá ni siquiera quiera besar. Sólo bailar. Pediré que pongan Shake, y sólo si Otis Redding la canta, moveré mis caderas, mi cuello e incluso mis pies.
29 de febrero, viernes, y una luna que desnudar...
O quizá debería quedarme en mi sillón, charlar con mi madre, mientras mi padre, juega con mis dedos y comenta sonriendo lo blanca que vengo siempre de Madrid. Salir al balcón, ver el cielo plagado de estrellas, todas esas que no se ven en mi ciudad, todas esas que parecen no existir y, sin embargo, me están esperando siempre que vuelvo allí...
El calendario marca una fecha especial, y yo ayer tenía miedo de caer al vacío, meterme en ese número, desaparecer y hasta el 2012 no volver. Pero entonces, me rebelé contra ese fantasma pesimista y pensé, no pasa nada Laura, siempre que suenes tus dedos... ¡plaff! aquí estarás otra vez, con el pelo más rojo que nunca y un camino que recorrer.
Quizá arrastre la misma certeza de siempre:
...sé que hay fuegos que no queman aunque arden...
29 de febrero, viernes, podría ser noche de aquelarre...
Sonando: Intergalactic, Beastie Boys.
My blood
Hace tiempo que no me pego una buena sesión de rap en los cascos, es el momento. Mi cuerpo me lo está pidiendo. Hip hop como antioxidante. Siempre.
Para empezar busco una canción que encontré la semana pasada. "Coge el teléfono" de Leyenda Urbana. Empiezo a disfrutar con el ritmo pegadizo hasta que una frase me llama la atención y le doy atrás para volver a escucharla: "sólo te llama la atención mi sangre cuando se derrama..."

Hijo de puta, pienso. Es cierto, él es así..., hay gente así. Te buscan cuando te ven débiles, te quieren cuando saben que pueden moldearte a su antojo, huelen el miedo en tu piel y cual vampiros anhelan tu sangre fresca..., tu sangre recién derramada pero por el golpe ajeno. Son tan cobardes que nunca serán ellos los que te muerdan el cuello...
No sé si me importa o no.
Me quedo con la frase, me quedo con la idea, me quedo con mis paranoias y por supuesto con la certeza de que ya no necesito tus colmillos.
Sonando: Coge el teléfono. Leyenda Urbana.
Para empezar busco una canción que encontré la semana pasada. "Coge el teléfono" de Leyenda Urbana. Empiezo a disfrutar con el ritmo pegadizo hasta que una frase me llama la atención y le doy atrás para volver a escucharla: "sólo te llama la atención mi sangre cuando se derrama..."

Hijo de puta, pienso. Es cierto, él es así..., hay gente así. Te buscan cuando te ven débiles, te quieren cuando saben que pueden moldearte a su antojo, huelen el miedo en tu piel y cual vampiros anhelan tu sangre fresca..., tu sangre recién derramada pero por el golpe ajeno. Son tan cobardes que nunca serán ellos los que te muerdan el cuello...
No sé si me importa o no.
Me quedo con la frase, me quedo con la idea, me quedo con mis paranoias y por supuesto con la certeza de que ya no necesito tus colmillos.
Sonando: Coge el teléfono. Leyenda Urbana.
Crazy...
Puedo ser lo que quiera. Esta vez puedo. Créeme.
No escribo esto para convencerme a mí misma, tampoco pondría la mano en el fuego, nada tiene un carácter absoluto, nunca sabes hacia donde te arrastrarán las circunstancias. Pero hoy te digo, a ti, que puedo.
Y me vestiré los pies, el cuerpo y hasta un poco el corazón..., ese que tuviste tanto tiempo en tus bolsillos, sin prestarle demasiada atención, ni sacarle a pasear. Me vestiré el corazón de gala, como en las grandes ocasiones, le pondré algo de rouge, los tacones de aguja y el perfume más caro. Y seré yo quien le lleve de viaje y le muestre que, en ocasiones, no es verdad eso que cantaba Sabina: "al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver...".
Puedo y quiero besar labios de los que ya conozco el sabor, puedo y quiero comprobar si esa lengua sigue moviéndose igual, puedo quererte sin quererte, más que nada porque ya no me queda amor para entregarte.

Te contaré cuentos, porque ya no eres dueño de mis verdades, te miraré con ganas porque no sé mirarte de otro modo. Pero se me esfumó la admiración..., la fe, la esperanza, el brillo de unos ojos que nunca se apagaban...
Y me moveré coqueta y te sonreiré, y cuando me preguntes te diré que sí y cruzaré los dedos tras mi espalda. LLenaré el bolso de caricias y las repartiré por tu precioso cuerpo, provocando tu placer, encendiendo el mío y guardándome el alma debajo de la piel..., que hay cosas que de mí..., tú, ya no puedes tener.
Puedo y sé que puedo, y lo sé porque cuando las sensaciones se llevan al límite, cuando se ha exprimido hasta la última lágrima, cuando te han estrujado el corazón hasta dejartelo sin sangre, cuando han ahogado sus latidos a golpe de desengaño, se puede estar segura de lo que yo ahora escribo.
Y me pondré mi peluca rosa como Natalie y te sonreiré golosa, y te diré te quiero en silencio, porque por un instante me gustará mentirme y creer es cierto, que el tiempo no ha pasado, que somos felices, que aún soy Aliena y tu el chulo al que yo quise.
Hoy: puedo porque quiero. Y no sabes cómo me alegro.
Sonando: Hands Clean. Alanis Morrisette.
No escribo esto para convencerme a mí misma, tampoco pondría la mano en el fuego, nada tiene un carácter absoluto, nunca sabes hacia donde te arrastrarán las circunstancias. Pero hoy te digo, a ti, que puedo.
Y me vestiré los pies, el cuerpo y hasta un poco el corazón..., ese que tuviste tanto tiempo en tus bolsillos, sin prestarle demasiada atención, ni sacarle a pasear. Me vestiré el corazón de gala, como en las grandes ocasiones, le pondré algo de rouge, los tacones de aguja y el perfume más caro. Y seré yo quien le lleve de viaje y le muestre que, en ocasiones, no es verdad eso que cantaba Sabina: "al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver...".
Puedo y quiero besar labios de los que ya conozco el sabor, puedo y quiero comprobar si esa lengua sigue moviéndose igual, puedo quererte sin quererte, más que nada porque ya no me queda amor para entregarte.

Te contaré cuentos, porque ya no eres dueño de mis verdades, te miraré con ganas porque no sé mirarte de otro modo. Pero se me esfumó la admiración..., la fe, la esperanza, el brillo de unos ojos que nunca se apagaban...
Y me moveré coqueta y te sonreiré, y cuando me preguntes te diré que sí y cruzaré los dedos tras mi espalda. LLenaré el bolso de caricias y las repartiré por tu precioso cuerpo, provocando tu placer, encendiendo el mío y guardándome el alma debajo de la piel..., que hay cosas que de mí..., tú, ya no puedes tener.
Puedo y sé que puedo, y lo sé porque cuando las sensaciones se llevan al límite, cuando se ha exprimido hasta la última lágrima, cuando te han estrujado el corazón hasta dejartelo sin sangre, cuando han ahogado sus latidos a golpe de desengaño, se puede estar segura de lo que yo ahora escribo.
Y me pondré mi peluca rosa como Natalie y te sonreiré golosa, y te diré te quiero en silencio, porque por un instante me gustará mentirme y creer es cierto, que el tiempo no ha pasado, que somos felices, que aún soy Aliena y tu el chulo al que yo quise.
Hoy: puedo porque quiero. Y no sabes cómo me alegro.
Sonando: Hands Clean. Alanis Morrisette.