A la vida, al dolor
Viendo los telediarios de Tele5 por la mañana temprano mientras me preparo el zumo de naranja y ando haciendo el tonto por el piso en esos minutos previos al despegue, vuelvo a encontrarme otra vez con la misma noticia. Unas veces por el suceso en sí, otras, a los años, por el juicio, el tener conocimiento de que un tipo la ha emprendido a golpes con una mujer hasta matarla es suficiente para recordarme en qué apeadero nos encontramos todos. Todo lo que se diga al respecto es siempre insuficiente, lo único que podemos hacer es esperar que al menos esta cruz no se la pasemos en herencia a los que vienen detrás y que la rueda de la violencia en la familia se vaya frenando desde ahora. Y, sin embargo, mientras veía las sempiternas imágenes de famiiliares de alguna víctima narrando detalles del suceso, ante mis ojos pasaba el recuerdo de la conversación que mantuve pocas horas antes con un chico de 19 años de Costa de Marfil que actualmente intenta iniciar una nueva vida en un Centro de Acogida.
En un momento dado de nuestra charla, le animé a que proponga algún tema de conversación y, después de buscar las palabras durante una eternidad (es curioso como lo más dificil en una conversación con las gentes de otra cultura no es la diferencia de idiomas, sino la diferencia entre los distintos dominios de los tiempos, compaginar nuestra eterna prisa con esa indiferencia ante el reloj) me pregunta.."¿por qué aquí en España...hombre, mujer....matrimonio..?" mientras me hace el universal gesto del dedo índice cruzando el gañote. Capto en seguida la cuestión y durante unos interminables minutos intento encontrar razones que no existen en ninguna parte, apelar a una vieja visión de la familia, a una oportuna incultura, pero sé que todo suena hueco. Derrotado por su mirada fija, acabo por preguntarle si en su país no existe ese fenómeno y, asustado, me hace saber con pocas palabras, algunos gestos y una mirada enorme que en su país la vida es algo demasiado serio como para privar de ella a la persona que comparte tu vida simplemente porque no sabes cuál es tu lugar.
Me pregunto qué pensarán estas personas que han llegado a su tierra prometida cuando ponen el telediario para ver cómo han quedado los partidos de futbol y se encuentran con la noticia de que un fulano ha machacado a la parienta porque ésta, con toda la razón del mundo, le había dado boleta. Como para pensarselo y dar media vuelta.
En un momento dado de nuestra charla, le animé a que proponga algún tema de conversación y, después de buscar las palabras durante una eternidad (es curioso como lo más dificil en una conversación con las gentes de otra cultura no es la diferencia de idiomas, sino la diferencia entre los distintos dominios de los tiempos, compaginar nuestra eterna prisa con esa indiferencia ante el reloj) me pregunta.."¿por qué aquí en España...hombre, mujer....matrimonio..?" mientras me hace el universal gesto del dedo índice cruzando el gañote. Capto en seguida la cuestión y durante unos interminables minutos intento encontrar razones que no existen en ninguna parte, apelar a una vieja visión de la familia, a una oportuna incultura, pero sé que todo suena hueco. Derrotado por su mirada fija, acabo por preguntarle si en su país no existe ese fenómeno y, asustado, me hace saber con pocas palabras, algunos gestos y una mirada enorme que en su país la vida es algo demasiado serio como para privar de ella a la persona que comparte tu vida simplemente porque no sabes cuál es tu lugar.
Me pregunto qué pensarán estas personas que han llegado a su tierra prometida cuando ponen el telediario para ver cómo han quedado los partidos de futbol y se encuentran con la noticia de que un fulano ha machacado a la parienta porque ésta, con toda la razón del mundo, le había dado boleta. Como para pensarselo y dar media vuelta.





