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Malleus maleficarum
Experimentos literarios, martillo de herejes y kultura basura
Acerca de
Malleus Maleficarum, (martillo de herejes) fue el libro de cabecera de la Inquision. Es posiblemente el libro mas espantoso jamas escrito.Este blog puede superarlo. Al menos no ha hecho falta emplear arboles muertos, son las ventajas de la publicacion electronica.
Sindicación
 
El Vencejo Lizarres capitulo 3: Tres mujeres



Capitulo 3 Tres mujeres

Todavía no estás listo para detenerme, ¿verdad, Leitor? No tienes pruebas —dijo Malleus

Leitor le miró con ojos duros y verdes, pero no respondió.

—Si no la estás, entonces no hay motivo alguno para que me importe un bledo lo que creas, ¿no es así, Leitor?

Leitor se puso en pie con cara de disgusto. Tony se levantó bostezando y estirándose.

—Te hemos preguntado lo que vinimos a preguntarte —dijo Leitor, frunciendo el ceño —: Te hemos dicho más de lo que tú nos has dicho. Es igual. Ya me conoces, Malleus. Lo hayas hecho o no, te trataré con justicia absoluta y te daré casi toda clase de facilidades. No te culpo excesivamente por lo que..., pero eso no me impediría detenerte igual.

—Bueno, es una actitud justa —replicó Malleus, con voz serena—, pero me sentiría mejor si acabaras la copa.
Leitor se volvió hacia la mesa, tomó el vaso y lo vació lentamente. Luego alargó la mano y dijo:
—Buenas noches.

Se estrecharon los dos la mano ceremoniosamente. Tony y Malleus hicieron lo mismo. Malleus les abrió la puerta. Luego se desnudó, apagó la luz y se acostó.

Capitulo 3: Tres mujeres


Cuando Malleus llegó al despacho a las diez de la siguiente mañana, Bell estaba sentada ante su mesa, abriendo el correo matutino. Su cara de muchacho estaba pálida, bajo la piel tostada por el sol. Dejó sobre la mesa el puñado de cartas y la plegadera de metal blanco, y dijo en voz baja de aviso:
—La tienes ahí dentro.
—¿No te dije que no la dejaras venir? —se quejó Malleus, hablando también en voz baja.
Bell abrió más los ojos castaños, y su voz sonó tan irritada como la de él:
—Sí, pero no me dijiste cómo hacerlo —sus párpados se entornaron y dijo con voz cansada y bajando los hombros—: Y no rezongues, por favor, Malleus. He disfrutado de ella toda la noche.
Malleus se detuvo junto a la muchacha, le puso una mano en la cabeza y le atusó el pelo, con una caricia, desde la raya que lo partía en dos.
—Perdona, ángel mío, no he querido...
Se interrumpió cuando se abrió la puerta de su despacho, y dirigiéndose a la mujer que apareció en ella, dijo:
—Hola, Svetlana.
—¡Ay, Malleus! —dijo la mujer.
Era rubia, de poco más de treinta años. La belleza de su cara conoció probablemente su plenitud cinco años antes. A pesar de ser apretada de carnes, tenía el cuerpo bien modelado y exquisito. Iba vestida de negro desde el sombrero a los zapatos. Como luto, la ropa presentaba un aire de improvisación. Así que hubo hablado, retrocedió desde la puerta y quedó esperando a que Malleus entrara.

Este retiró la mano de la cabeza de Bell, entró en el segundo despacho y cerró la puerta. Svetlana se llegó a él rápidamente, ofreciéndole la afligida cara para que la besara. Lo rodeó con los brazos antes que Malleus la tuviera en los suyos. Después de besarse, él hizo un ligero movimiento como para soltarse, pero Svetlana le apretó la cara contra el pecho y comenzó a sollozar.

Malleus le acarició la redonda espalda, diciendo: «¡Pobre amor mío!» La voz era tierna, la mirada de los ojos entreabiertos, clavada sobre la mesa del que fue su socio, al otro lado de la habitación, era de cólera. Una mueca de impaciencia hizo que sus labios dejaran ver los dientes. Malleus apartó la barbilla para evitar el roce de la copa del sombrero.

—¿Has mandado a buscar al hermano y la hermana de Tikis? —preguntó.
—Sí, ha llegado esta mañana —las palabras sonaron apagadas por los sollozos y por la chaqueta de Malleus, sobre la que la boca se apoyaba.
—¡Malleus! —gimió—. ¿Le mataste tú?

Malleus rió agriamente con una sola sílaba:
—¡Ja!¿Quién te ha dado esa luminosa idea? —preguntó, fríamente.
—Pensé...
—Sé bueno conmigo, Malleus —dijo humildemente. Malleus, aún brillantes los ojos, se rió de ella.
—Has matado a mi marido, Malleus; sé bueno conmigo.
—¡Vamos, Svetlana, vamos! No llores.

Su cara no tenía expresión. Cuando Svetlana dejó de llorar, le acercó la boca a la oreja y dijo, en voz baja:
—No has debido venir aquí hoy, preciosa mía. No ha sido prudente. No puedes quedarte. Deberías estar en tu casa.
Svetlana se volvió, aún abrazada, se quedó mirándole a la cara y le preguntó:
—¿Vendrás esta noche?
—No, esta noche no —respondió Malleus, sacudiendo la cabeza dulcemente.
—¿Pronto?
—Sí.
—¿Cuándo?
—Tan pronto como pueda.
La besó en la boca, la llevó hasta la puerta, abrió ésta y dijo:
—Adiós, Svetlana —y después de inclinarse ante ella, cerró la puerta y volvió a su mesa.

Bell abrió la puerta y entró. Tenía intranquilos los ojos castaños. Habló en tono de indiferencia cuando preguntó:
—Bueno —preguntó en voz más alta—. ¿Qué tal te ha ido con la viuda?
—Cree que maté a Tikis —dijo, sin que nada se moviera salvo los labios.
—¿Para poder casarte con ella?
Malleus no respondió.

—La policía cree que maté a Thursby —dijo con desgana.
—¿Quien es? —dijo Bell.
—Y tú, ¿a quién crees que he matado? —preguntó Malleus.
Bell hizo caso omiso de la pregunta. Malleus continuó:
—Thursby es el fulano a quien Tikis tenía que seguir por cuenta de esa chica, la Arual Anara.

—¿Te vas a casar con Svetlana? —preguntó Bell, dejando caer la mirada hasta el pelo castaño desvaído.
—No digas tonterías.
Y al hablar, el cigarrillo apagado subió y bajó con el movimiento de los labios.
—Ella no cree que son tonterías. Y no tiene por qué creerlo, si se tienen en cuenta tus líos con ella.
—Nunca sé qué decirles a las mujeres si no llevo las cosas por ese camino —gruñó Malleus—. Y, además, no me gustaba como se aprovechaba de Tikis.
—Eso es mentira —dijo Bell—. Sabes perfectamente que Svetlana me parece un bicho, pero no me importaría ser un bicho si tuviera un cuerpo como el suyo.

Bell se mordió el labio, arrugó la frente e, inclinándose para verle mejor la cara, le preguntó:
—¿Crees que Svetlana pudo matarlo?
—¡Eres un ángel! —dijo tiernamente Malleus—. Un ángel delicioso y sin seso.
Bell sonrió con cierta acritud.
—¡Ah! ¿Sí? Supón que te digo que tu querida Svetlana no llevaba muchos minutos en casa cuando llegué a las tres de la madrugada para darle la noticia.
—¿Qué estás diciendo? —dijo Malleus, y los ojos se pusieron sobre aviso, aunque la boca continuó sonriendo.
—Me hizo esperar en la puerta mientras se desnudaba o acababa de desnudarse. Vi su ropa hecha un barullo, tirada sobre una silla. El sombrero y el abrigo estaban debajo de todo. La combinación, encima, todavía caliente. Me dijo que había estado dormida, pero no era verdad. Habría revuelto las ropas de la cama, pero en las sábanas no había arrugas.

Malleus le tomó una mano y la acarició con unas palmaditas:
—Eres un buen detective, amor mío, pero Svetlana no lo mató —dijo, sacudiendo la cabeza.
Bell apartó la mano de un tirón y dijo:
—Mírame, Malleus.

Malleus la miró, y rió de tal manera que en el rostro de Bell se mezclaron durante un momento el regocijo y la angustia.

—Me preocupas —dijo la muchacha, y según hablaba volvió a su rostro la expresión grave—. Siempre crees saber lo que estás haciendo, pero eres demasiado listo para tu propio bien, y un día lo vas a descubrir.

Malleus suspiró en broma y se acarició la mejilla con el brazo de la muchacha.
—Eso es lo que dice Leitor. Pero si consigues mantener lejos de mí a Svetlana, amor mío, creo que me las arreglaré para escapar con vida del resto de mis complicaciones.

—Hablando de complicaciones ha llamado Arual Anara.
—Ya era hora. ¿Qué dijo?
—Quiere verte —la muchacha cogió un papel en el que había escrito una nota con lápiz y dijo—: Está en el Coronet, en la California Street. Apartamento 1.001. Debes preguntar por miss Leblanc.
—Dame eso —dijo Malleus, alargando la mana.

Cuando Bell le dio la nota, sacó el mechero, lo encendió, lo aplicó al trozo de papel y mantuvo a éste entre los dedos por una esquina hasta que todo él, menos la esquina, quedó convertido en negra y rizada ceniza. Entonces lo tiró al suelo y lo convirtió en polvo con la suela del zapato.
Bell le estuvo mirando con ojos de censura. la sonrió y le dijo:

—No lo olvides, encanto.

Y salió de nuevo.



CONTINUARA....
 
El Vencejo Lizarrés(Novela negra) Segundo capitulo Muerte en la niebla
Muerte en la niebla

Malleus se rascó la nuca y comenzó a vestirse.. Así que se hubo atado los zapatos, cogió el teléfono, llamó al 4.500 de Graystone y pidió un taxi.. En el momento en que se metía en el bolsillo el tabaco, las llaves y el dinero, sonó el timbre de la puerta.

En el lugar donde la Yerri Street sirve de techumbre a la Puy Terrace, antes de bajar hacia el Barrio Chino, Malleus pagó y despidió el taxi. La niebla nocturna de San Lizarrisco, sutil, pegajosa y penetrante, esfuminaba la calle. A unas yardas de distancia de donde Malleus había despedido el taxi, un pequeño grupo de hombres miraba hacia un callejón. Dos mujeres y un hombre estaban parados en la otra acera de Yerri Street, mirando también hacia el callejón. Se veían caras en las ventanas.

Malleus echó a andar Yerri Street arriba, hacia el callejón en donde estaba el grupo. Un policía uniformado, extendió el brazo y preguntó:
—¿Qué busca usted aquí?
—Soy Malleus Malefica. Tony Polhaus me ha llamado por teléfono.
—¡Claro que es usted Malleus! —dijo el guardia, bajando el brazo—. Así, de golpe, no le reconocí... Bueno, pues allí los tiene usted —añadió, señalando con rápido ademán con el pulgar—. Mal asunto.
—Sí que es malo —dijo Malleus, al mismo tiempo que echaba a andar por el callejón.

El callejón acababa en una valla, formada por listones horizontales sin cepillar, que llegaba hasta la cintura. El callejón descendía en fuerte pendiente desde la valla hasta el cartel de anuncio del Eroski.

El larguero superior de la valla estaba arrancado de uno de los postes y colgaba del que había en el extremo opuesto. Como a cinco metros de la cima de la pendiente se veía una piedra achatada que sobresalía. En el recoveco que formaba con el suelo al salir estaba Tikis Sellares, caído, de espaldas.

Uno de los hombres le saludó con un «hola, Malleus», y trepó hasta el callejón precedido por su sombra, que corrió delante de él cuesta arriba.

—Imaginé que querrías verlo antes que nos lo llevásemos —dijo al salvar la valla rota.
—Gracias, Tony —dijo Malleus—. ¿Qué ha ocurrido?

Tony Polhaus se punzó con un sucio dedo la tetilla izquierda y dijo:
—Le acertaron en el mismo corazón..., con esto. —Y sacó del bolsillo del gabán un revólver chato y se lo alargó a Malleus. _ Un «Webley». Es inglés, ¿no?

Malleus quitó el codo del poste y se inclinó para examinar el arma, pero no la tocó.
—Sí, un revólver «Webley-Fosbery», automático. Eso es. Calibre 38, ocho tiros. Ya no los fabrican. ¿Cuántas balas le faltan?
Tony volvió a pincharse el pecho con el dedo y añadió:
—Una.
—Debía de estar ya muerto cuando rompió la valla. ¿Has visto esto antes? —preguntó, alzando el revólver. Malleus afirmó con la cabeza y dijo, sin mostrar interés:
—He visto revólveres «Webley-Fosbery».
Y luego dijo, hablando rápidamente:
—Le mataron aquí, ¿eh? Estaba de espaldas a la valla, en donde estás tú ahora. El que le disparó estaba aquí. —Pasó por delante de Tony, dando la vuelta, y alzó una mano a la altura del pecho con el brazo extendido y el dedo índice apuntando—: Hace fuego contra él y Tikis cae contra la valla, se lleva la parte superior al caer a través de ella y rueda por la cuesta hasta que esa piedra le detiene. ¿Fue así?

—Así fue —Tony respondió muy despacio, juntando las cejas—. El fogonazo le chamuscó el abrigo.
—¿Quién le encontró?
—El camarero del Bar Reynols. Bajaba por Yerri Street y en el momento en que llegó a este lugar un automóvil viró y arrojó hasta aquí la luz de los faros de su Hyunday tuneado. Vio rota la valla, paró para investigar y le encontró.
—¿Nadie oyó el tiro?
—¡Por el amor de Dios, Malleus!! ¡Acabamos de llegar! Alguien tiene que haber oído el disparo. Ya lo encontraremos.
Dio media vuelta y pasó una pierna por encima de la valla:
—¿Bajas para verlo antes de que se lo lleven?
—No —dijo Malleus.
Tony, a caballo sobre la valla, se detuvo y miró a Malleus con ojuelos de extrañeza.
—Ya lo has visto tú —dijo Malleus—. Todo lo que yo pudiera descubrir ya lo habrás visto.
Sin dejar de mirar a Malleus, Tony asintió con expresión de duda y pasó de nuevo la pierna por encima de la valla, en dirección contraria.
—Tikis llevaba su revólver en la pistolera de la cadera —dijo—. No ha sido disparado. Tenía abrochado el abrigo. Llevaba encima cien euros ¿Estaba trabajando en algo?

Malleus vaciló un momento y asintió.
—¿Bien? —preguntó Tony.
—Estaba siguiendo a un sujeto llamado Floyd Thursby —dijo Malleus, y describió a Thursby tal y como miss Anara se lo había descrito a él.
—¿Por qué?
Malleus metió las manos en los bolsillos del abrigo y miró a Tony, guiñando los ojos soñolientos.
—¿Por qué? —repitió Tony, impacientemente.
—Es un inglés, quizá. No sé exactamente qué se trae entre manos. Estábamos tratando de averiguar en dónde vive.
Malleus sonrió ligeramente y sacó una mano del bolsillo para dar una palmada sobre el hombro de Tony:
—No me apures —dijo, y volvió a meter la mano en el bolsillo—. Voy a darle la noticia a la mujer de Tikis.
—Es triste que lo mataran así. Tikis tenía defectos, como todos los tenemos, pero seguro que también tendría cualidades.
—Seguro que sí —asintió Malleus en un tono de voz que no quería decir absolutamente nada, y salió del callejón. Malleus utilizó un teléfono de un drug-store que permanecía abierto toda la noche en la esquina de las calles Yerry y Puy Terrace.

— Bell Preciosa —dijo un poco después de lograr la comunicación—, a Tikis le han pegado un tiro... Sí, sí, está muerto... Bueno, no te excites... Sí... Tendrás que darle a Svetlana la noticia... No, no; Lo tienes que hacer tú... Buena chica... Y no la dejes que vaya por la oficina... Dile que ya la veré, en cualquier momento... Sí, pero no me comprometas a nada... Eso es. Eres un ángel. Adiós.

El despertador barato marcaba las tres y cuarenta cuando Malleus volvió a encender el globo suspendido del techo. Dejó caer el abrigo y el sombrero, fue a la cocina y regresó a la alcoba con un vaso y una botella grande de Bacardi. Se sirvió un trago y se lo bebió de pie. Dejó la botella y el vaso sobre la mesa, se sentó en la cama mirando hacia ellos y lió un cigarro.

Se había bebido ya el tercer vaso de Bacardi y estaba encendiendo el quinto cigarrillo cuando sonó el timbre de la puerta. Las manecillas del despertador marcaban las cuatro y treinta minutos.

Malleus suspiró, se levantó de la cama y fue hasta la puerta del cuarto de baño. Apretó el botón que en la tabla del teléfono interior abría desde arriba la puerta de la calle.
—Hola, Tony —le dijo al detective alto y barrigudo con quien había estado hablando en la Yerri Street—. Hola, teniente Leitor —le dijo al hombre que acompañaba a Tony—. Pasad.

—¿Le diste la noticia a la mujer de Tikis, Malleus?
Malleus dejó oír un ruido posiblemente afirmando.
—¿Cómo lo ha tomado?
—No sé nada de mujeres —dijo Malleus, sacudiendo la cabeza.
—¡No sabes poco! —dijo Tony, en voz queda.

El teniente Leitor puso las manos sobre las rodillas y se inclinó hacia delante.

—¿Qué armas sueles llevar encima? —preguntó.
—Ninguna. No me gustan gran cosa. Claro, en el despacho hay algunas.
—Me gustaría ver una de ellas —dijo el teniente—. ¿No tendrás aquí alguna por casualidad?
—¿Qué buscas, Leitor? —dijo con voz tan dura y fría como sus ojos- Hace ya mucho tiempo que no lloro cuando no le caigo simpático a un policía.

—Nada más que esto —dijo, tratando de pronunciar cada palabra muy claramente y subrayando cada una de ellas con golpes de la punta de los dedos—. A Thursby le han pegado un tiro, justo delante de su hotel, a los treinta y cinco minutos de irte tú de la Yerri Street.

—Y no fuiste a casa de Tikis para decírselo a su mujer —continuó el teniente—. Llamamos y contestó Bell, y nos dijo que tú la habías mandado allí.

 
El Vencejo Lizarrés(Novela negra)


Capitulo 1: Malleus y Tikis

Malleus aplasto la colilla de su Pall Mall sin filtro en un cenicero atestado y abrio el cajon inferior de su escritorio de donde saco una botella con cocteles Manhattan ya hechos y un vaso de papel.

El ruidillo del tecleo, el débil retinglar del timbre y el apagado rumor del carro de la máquina de escribir de Bell llegaban a través de la puerta cerrada. En alguna oficina cercana vibraba sordamente el motor de una máquina.Sobre la mesa de Malleus humeaba un el cenicero colmado de fláccidas colillas. El tablero amarillo de la mesa, el secante verde y los papeles que sobre él había,estaban espolvoreados de copos grises de ceniza. Una ventana con cortinas color garbanzo, entreabierta unas ocho o diez pulgadas, dejaba entrar del patio un aire que olía a amoníaco. Los copos de ceniza temblaban y se arrastraban lentamente sobre la mesa en la corriente.

Malleus se sirvio un coctel, guardo la botella en el cajon de su escritorio y se dejo caer en su silla giratoria, girando a continuacion para acabar con los pies sobre la mesa.

El tintineo de la maquina de Bel se interrumpio de repente y tras unos instantes de murmullo, Malleus oyo el suave repiqueteo unos zapatos de tacon , unos golpecitos en la jamba y el rostro moreno y limpio de Bell asomo por la puerta.

-¿Qué hay cariño?

Era una muchacha larguirucha y tostada por el sol. El vestido de fina lana se le ceñía dando la impresión de estar mojado. Los ojos, castaños y traviesos, brillaban en una cara luminosa de muchacho. Acabó de cerrar la puerta tras de sí, se apoyó en ella y dijo:

—Ahí fuera hay una chica que te quiere ver. Se llama Arual Anara.
—¿Cliente?
—Supongo. En cualquier caso, querrás verla. Es un bombón.
—Adentro con ella, amor mío —dijo Malleus—, ¡adentro!

Bell volvió a abrir la puerta y salió al primer despacho, conservando una mano sobre la bola de la puerta, en tanto que decía:

—¿Quiere usted pasar, miss Anara?

Una voz dijo «gracias» tan quedamente que sólo una perfecta articulación hizo inteligible la palabra, y una mujer joven pasó por la puerta. Avanzó despacio, como tanteando el piso, mirando a Malleus con ojos del color del cobalto, a la vez tímidos y penetrantes.

Era alta, maciza, de caderas esculpidas con sesiones de disco gym. Se mantenía derecha y era alta de pecho. Iba vestida en dos tonos de azul, elegidos pensando en los ojos. El pelo que asomaba por debajo del sombrero azul era de color rojo oscuro, y los llenos labios, de un rojo más encendido. A través de su sonrisa brillaba la blancura de los dientes.

Malleus se levantó, saludó inclinándose y señaló con la mano de gruesos dedos el sillón de IKEA Lingkoping junto a la mesa.

—Gracias —dijo la muchacha en un murmullo, antes de sentarse en el borde de madera del sillón.

Malleus se dejó caer en su sillón giratorio y le hizo dar un cuarto de vuelta para quedar de frente a la muchacha, sonriendo cortésmente. Sonreía sin separar los labios.

Malleus se meció en su sillón y preguntó:

—Bien, ¿en qué puedo servirle, miss Anara?

Ella contuvo la respiración, le miró, tragó saliva y dijo apresuradamente:

—¿Podría usted...? He pensado... Yo..., es decir...

Se mordisqueó el labio interior con dientes brillantes y calló. Sólo los ojos oscuros hablaban ahora, suplicando.

Malleus sonrió y asintió con la cabeza como si la comprendiera, pero placenteramente, cual si de nada grave se tratara, y dijo:

—¿Por qué no me lo cuenta todo, desde el principio, y entonces sabremos qué hay que hacer? Remóntese todo lo que pueda.

—Fue en Logroño.
—Sí.??
—No sé en dónde estará ella. Bueno, quiero decir en qué parte de la rioja. Se trata de mi sobrina Aileen, sus padres están en Tenerife en un golf spa y todavia no saben nada. Lo que ha ocurrido los mataría. Tengo que llevarla a casa antes que vuelvan.

-Continue por favor- dijo Malleus

-Vera al parecer conocio a un americano, un tal Floyd Thursby en las fiestas del vino de Arnedo. Venian con un grupo de viajes Halcon a los Sanfermines, pero no encontraron alojamiento en Pamplona y acabaron en el club las cocodrilas al lado de la estacion de Tafalla

Se interrumpió y se llevó la mano a la boca con ademán de temor, cuando se abrió la puerta.

El hombre que había abierto la puerta dio un paso y dijo:

—¡Ah, perdón! —y quitándose cl sombrero de color castaño comenzó a salir de espaldas.
—Está bien, Tikis —le dijo Malleus—. Pasa. Miss Anara, es mi socio, mister Sellares;Tikis Sellares

Tikis Sellares volvió a entrar en el despacho. Cerró la puerta, inclinó la cabeza y sonrió a la muchacha, en tanto que hacía unas vagas florituras de cortesía con el sombrero.

—La sobrina de miss Anara Aileen —dijo Malleus— se ha escapado de casa, , con un sujeto llamado Floyd Thursby. Miss Anara quiere que encontremos a su sobrina, que la separemos de él y que la hagamos volver a casa. ¿No es así? —dijo mirando a la muchacha.
—Sí, tengo una cita con el en el hotel Blanca de navarra —dijo ella, con voz poco clara.

Malleus le hizo un guiño a su socio.

Tikis avanzó unos pasos y se quedó de pie junto a una esquina de la mesa. Mientras la muchacha contemplaba el bolso, Tikis la miraba a ella. Sus ojillos castaños fueron examinándola apreciativamente, desde la cara inclinada hasta los pies, y de vuelta hasta la cara. Miró entonces a Malleus y le hizo un gesto de silbar con manifiesta aprobación.

Malleus alzó dos dedos del brazo del sillón para hacer un fugaz ademán de advertencia y dijo:

—No va a sernos difícil. Se trata, sencillamente, de mandar a un hombre esta noche al hotel para que siga a Thursby cuando se vaya, y que lo haga hasta que nos lleve adonde esté su sobrina. Si ella va con él y usted la puede convencer de que vuelva a casa, tanto mejor. Si no, si ella no quiere dejarle después que la hayamos encontrado, bueno, ya encontraremos la manera de arreglarlo.

—Mister Malefica, ¿podría usted o mister Sellares...? —preguntó, haciendo un ademán de súplica con las manos—. ¿No podría uno de ustedes dos encargarse de ello personalmente? No es que crea que otro hombre que ustedes pudieran mandar fuera incompetente, pero ¡tengo tanto miedo de lo que pueda ocurrir a Aileen! Le tengo miedo a él. ¿No podrían ustedes? Claro, comprendo que tendría que pagar más. —Abrió el bolso con dedos nerviosos y puso dos billetes de cien euros sobre la mesa—. ¿Bastará con eso?

—Sí —dijo Tikis—. Yo mismo me encargaré del asunto.
La muchacha se puso de pie impulsivamente y le ofreció la mano:
—¡Gracias, gracias! —exclamó, y luego le dio la mano a Malleus, repitiendo—: ¡Muchas gracias!
—De nada —dijo Malleus, inclinándose sobre la mano—. Es un placer. Nos facilitaría el trabajo que usted se encontrara con Thursby abajo, o que se dejara ver con él en el vestíbulo un momento.
—Así lo haré —prometió, y les dio las gracias a los dos socios una vez más.
—Y no trate de buscarme —le advirtió Tikis—. Descuide, que ya la veré yo a usted.

Malleus acompañó a la muchacha hasta la puerta del pasillo. Cuando volvió junto a su mesa. Tikis indicó con un gesto los billetes de cien euros y dejó oír un ruido de satisfacción.
—Son buenos —dijo. Cogió uno de ellos, lo dobló y se lo guardó en el bolsillo del chaleco, añadiendo—: Y había hermanos gemelos en el bolso.

Malleus se guardó el otro billete antes de sentarse, y entonces dijo:
—Bueno, no la vayas a apretar demasiado. ¿Qué te parece?
—¡Preciosa! ¡Que no la apriete! —dijo con una risotada repentina carente de alegría—. Puede que tú la vieras antes que yo, Malleus; pero fui yo quien habló primero.
Tikis se metió las manos en los bolsillos del pantalón y comenzó a columpiarse sobre los talones.
—Lo pasarás muy rebién con ella, seguro —contestó Malleus, sonriendo rijosamente y dejando ver la punta de los colmillos—. Tienes talento. Seguro que lo tienes.
Y comenzó a liar un cigarrillo.

Capitulo 2: Muerte en la niebla

En la oscuridad sonó el timbre de un teléfono. Después de que hubo sonado tres veces, se oyó el chirrido de los muelles de una cama; unos dedos palparon sobre la madera, algo pequeño y duro cayó con ruido sordo sobre la alfombra, los muelles chirriaron nuevamente, y una voz de hombre exclamó:

—¿Diga?... Sí, soy yo...¿cómo? ¿ Tikis Sellares muerto?... Sí... En quince minutos. Gracias.

Sonó el ruidillo de un interruptor, y la luz de un globo que colgaba del techo, sostenido por tres cadenas doradas, inundó el cuarto. Malleus, descalzo y con un pijama Masana del raton Mickey , se sentó sobre el borde de la cama. Miró malhumoradamente al teléfono que había en la mesilla mientras sus manos cogían un estuche de papel de fumar color chocolate y una bolsa de tabaco Borkum Riff vainilla.

CONTINUARA
 
La increible historia del hombre menguante



EL 29 de Mayo desarrolle la dieta definitiva:

LA DIETA GEORGE CLOONEY o LA DIETA CAMINO DE SANTIAGO EN BICI….

El objetivo de esta revolucionaria dieta estaba claro:

Según la ficha del sindicato de actores George pesa 77 Kg y yo peso 82, el objetivo es Clooneyarlo…

Mi peso actual es 78,3 KG….

Pero eso no es todo…

A poco de iniciar la dieta,tome un vuelo de Alitalia, donde hice el famoso chiste del Buona Sera…

En el el “Corriere de la Sera” (que mania tienen estos Italianos con la cera), salia una foto de George de vacaciones en su casa del lago Como “leggemente ingrassato” subido en una moto…

Un “ingrassamento ligerro” ha de ser como minimo UN PAR DE KILOS….

JAJAJAJA George te he superado….tanta pasta…tanto relax…no podras luchar contra mi estress


 
Leccion uno del curso online de señor del mal


Como dijo uno de los malos mas malos de la historia, el “tongzi” Mao Zedong, del que se cuenta que provoco la muerte de mas de 60 millones de personas…

“Toda larga marcha empieza por un pequeño paso”

Asi que empezaremos por hacer el mal a baja intensidad…

Empezaremos por alguien a quien odiemos, asi hacer el mal nos sera mas facil…

En la direccion:

http://www.comoteodio.com/

Pometen:
La venganza es un plato que, frío, sabe mejor”.
"SERVICIO GRATUITO"
A llegado la hora de tomar venganza en contra de todos aquellos a quien odias y que en alguna ocasión te lastimaron
TU NO TIENES QUE HACER NADA, EL SISTEMA LO HARA POR TI
lo único que tienes que hacer es escribir los correos de esas personas que odias, y elegir un método de fastidio
todos los métodos son electrónicos y tu identidad nunca será revelada
por lo tanto ninguno de tus enemigos sabrá que tu lo fastidiaste.

Escribe aqui una lista de los correos de la gente a la que quieras fastidiar

Puedes:

Enviarle SPAM todos los días a su cuenta de correo
Llenarle su buzón con PORNOGRAFÍA
Enviarle VIRUS y TROYANOS de diversos tipos
Enviarle MILES DE CORREOS mentándole la madre

Puedes elegir la duracion del fastidio, e incluso eliminarlo si ha entrado en razon y te ha reconocido como señor del mal y lider maximo y absoluto.


Cartas tipo , mensajes de odio personalizado….


Tipo 1

Y también odio de ti, que con tu mirada me infundiste tus temores, tus miedos, tu mediocridad, si, eres mediocre, a pesar que te esfuerzas para ser mejor, no dejas de ser mediocre, un mediocre que busca atención con su pose de loco, de incomprendido, de intelectualoide rebelde, y no se de que mierda más. Te odio porque no tienes fuerza de voluntad, porque prometes mucho y cumples poco, porque vives otro mundo, por mucho que eso te lastime, y me lastime. Te odio porque hablas cuando debes callar y callas cuando debes hablar, o cuando quieres decir algo, te odio porque tu personalidad incompleta es como una esponja, tomando todo lo que ves, todo lo que escuchas, lo que otros sienten, te odio porque te reprimes y me reprimes, porque tienes miedo de mostrarte tal como eres, aunque te digan enfermo, te odio porque por mas que lo intentas no puedes ser como todos, como ninguno, te odio porque me limitas, porque me escondes, porque no me dejas bailar, porque no me dejas beber hasta morir, o llevarme a la cama a cuanta mujer se me puso al alcance "porque buscabas algo más", te odio porque no me dejaste disfrutar de las cosas aún sabiendo que a veces las necesitaba, por no dejarme ser como todos, o por dejarme ser como todos; que solo se dejan llevar a donde los días los llevan, porque aunque no quiera admitirlo me hiciste responsable, te odio porque no piensas en mi y siempre piensas en los demás, te odio porque me hiciste depender de otros para ser feliz, porque me obligaste a vivir "en función de:", te odio porque me has hecho sufrir mucho con tus ideas estúpidas sobre la vida, sobre la amistad, sobre el amor, sobre tus sueños, sobre mi. Te odio, tú eres a quien más odio, y lo sabes mejor que nadie, y no puedes escapar de mi odio... porque siempre te veré este maldito espejo..


Aunque no lo parezca duele un monton….

Exraido de :

http://chacho.blogia.com/2004/112601-odio.php

Tipo 2

Te odio, porque sin querer hacías el camino, el camino que tuve que seguir, porque no conocía otro. Te odio por ser tú, o lo que la vida estaba haciendo de ti, por escapar de todo, por ser sincero, por no sentir....te odio a ti, por tus mentiras, por tu falta de originalidad, por tu comodidad para dejar las cosas sin resolver, te odio, porque creí en ti, porque me hiciste creer en ti, o por dejarte engañar y no querer ser devorado por la soledad, por callar, por jugar.

Te odio....te odio a ti, aunque no debiera, te odio por la astucia, que al final te llevó a donde no querías ir, te odio porque la suerte no estuvo contigo, ni yo tampoco, te odio porque me llevaste, por haberme seguido... y te odio a ti, que me enseñaste que no todos pueden hacer lo que quieren, y se sacrifican los sueños para continuar con el "destino", aunque sepas que la soledad es el único destino al final de todos los caminos, te odio porque me pusiste alas de papel y luego las arrugaste en silencio, te odio porque no tienes fuerzas para creer que puedes hacer lo que quieres, te odio porque te conformas con nada, y me enseñaste a sentir así , odio tus pasos, los pasos que nunca diste y los pasos que nunca darás, odio tu inocencia y tu resignación, tu orgullo destruído y la forma como te humillas.

Te odio a ti, cuando me dices que no es un juego y quieres borrar mis desconfianzas, mis miedos con un sucio beso que no es mas que tu saliva juntándose con la mía, odio tu forma de abrazarme por las noches, así, fuerte, como vendiéndome tus caricias que antes probaron otras, que después probarán muchas,... y odio cuando me hablas seriamente, de madurez, de amistad, huevadas, sabes que nada es verdad, y sabes que te odio pero tienes miedo de saberlo y al final...tampoco te importa porque tu también me odias. Odio tu música, tus drogas, odio cuando sonríes, cuando me miras, cuando me hablas...odio tu mundo, tus amigos tus enemigos, tus ideales, tus sueños, tus miedos...y te odio mas cuando me dices que me quieres.

Te odio a ti, que huyes para no decir lo que yo ya sé, te odio porque no tienes el valor para decirme frente a frente lo que estás pensando, lo que estás sintiendo, lo que estás haciendo, te odio porque olvidas fácil, te diviertes, porque tienes un pasado, porque tienes un presente, odio cuando sonríes estúpidamente cuando sabes que me has fallado, y ríes como loco, demente perdido, y con tu sonrisa quieres tapar el hoyo, te odio porque sabes que te entiendo y al final tal vez tienes razón, te odio porque no estas aquí.