El Vencejo Lizarrés(Novela negra)
Capitulo 1: Malleus y Tikis
Malleus aplasto la colilla de su Pall Mall sin filtro en un cenicero atestado y abrio el cajon inferior de su escritorio de donde saco una botella con cocteles Manhattan ya hechos y un vaso de papel.
El ruidillo del tecleo, el débil retinglar del timbre y el apagado rumor del carro de la máquina de escribir de Bell llegaban a través de la puerta cerrada. En alguna oficina cercana vibraba sordamente el motor de una máquina.Sobre la mesa de Malleus humeaba un el cenicero colmado de fláccidas colillas. El tablero amarillo de la mesa, el secante verde y los papeles que sobre él había,estaban espolvoreados de copos grises de ceniza. Una ventana con cortinas color garbanzo, entreabierta unas ocho o diez pulgadas, dejaba entrar del patio un aire que olía a amoníaco. Los copos de ceniza temblaban y se arrastraban lentamente sobre la mesa en la corriente.
Malleus se sirvio un coctel, guardo la botella en el cajon de su escritorio y se dejo caer en su silla giratoria, girando a continuacion para acabar con los pies sobre la mesa.
El tintineo de la maquina de Bel se interrumpio de repente y tras unos instantes de murmullo, Malleus oyo el suave repiqueteo unos zapatos de tacon , unos golpecitos en la jamba y el rostro moreno y limpio de Bell asomo por la puerta.
-¿Qué hay cariño?
Era una muchacha larguirucha y tostada por el sol. El vestido de fina lana se le ceñía dando la impresión de estar mojado. Los ojos, castaños y traviesos, brillaban en una cara luminosa de muchacho. Acabó de cerrar la puerta tras de sí, se apoyó en ella y dijo:
—Ahí fuera hay una chica que te quiere ver. Se llama Arual Anara.
—¿Cliente?
—Supongo. En cualquier caso, querrás verla. Es un bombón.
—Adentro con ella, amor mío —dijo Malleus—, ¡adentro!
Bell volvió a abrir la puerta y salió al primer despacho, conservando una mano sobre la bola de la puerta, en tanto que decía:
—¿Quiere usted pasar, miss Anara?
Una voz dijo «gracias» tan quedamente que sólo una perfecta articulación hizo inteligible la palabra, y una mujer joven pasó por la puerta. Avanzó despacio, como tanteando el piso, mirando a Malleus con ojos del color del cobalto, a la vez tímidos y penetrantes.
Era alta, maciza, de caderas esculpidas con sesiones de disco gym. Se mantenía derecha y era alta de pecho. Iba vestida en dos tonos de azul, elegidos pensando en los ojos. El pelo que asomaba por debajo del sombrero azul era de color rojo oscuro, y los llenos labios, de un rojo más encendido. A través de su sonrisa brillaba la blancura de los dientes.
Malleus se levantó, saludó inclinándose y señaló con la mano de gruesos dedos el sillón de IKEA Lingkoping junto a la mesa.
—Gracias —dijo la muchacha en un murmullo, antes de sentarse en el borde de madera del sillón.
Malleus se dejó caer en su sillón giratorio y le hizo dar un cuarto de vuelta para quedar de frente a la muchacha, sonriendo cortésmente. Sonreía sin separar los labios.
Malleus se meció en su sillón y preguntó:
—Bien, ¿en qué puedo servirle, miss Anara?
Ella contuvo la respiración, le miró, tragó saliva y dijo apresuradamente:
—¿Podría usted...? He pensado... Yo..., es decir...
Se mordisqueó el labio interior con dientes brillantes y calló. Sólo los ojos oscuros hablaban ahora, suplicando.
Malleus sonrió y asintió con la cabeza como si la comprendiera, pero placenteramente, cual si de nada grave se tratara, y dijo:
—¿Por qué no me lo cuenta todo, desde el principio, y entonces sabremos qué hay que hacer? Remóntese todo lo que pueda.
—Fue en Logroño.
—Sí.??
—No sé en dónde estará ella. Bueno, quiero decir en qué parte de la rioja. Se trata de mi sobrina Aileen, sus padres están en Tenerife en un golf spa y todavia no saben nada. Lo que ha ocurrido los mataría. Tengo que llevarla a casa antes que vuelvan.
-Continue por favor- dijo Malleus
-Vera al parecer conocio a un americano, un tal Floyd Thursby en las fiestas del vino de Arnedo. Venian con un grupo de viajes Halcon a los Sanfermines, pero no encontraron alojamiento en Pamplona y acabaron en el club las cocodrilas al lado de la estacion de Tafalla
Se interrumpió y se llevó la mano a la boca con ademán de temor, cuando se abrió la puerta.
El hombre que había abierto la puerta dio un paso y dijo:
—¡Ah, perdón! —y quitándose cl sombrero de color castaño comenzó a salir de espaldas.
—Está bien, Tikis —le dijo Malleus—. Pasa. Miss Anara, es mi socio, mister Sellares;Tikis Sellares
Tikis Sellares volvió a entrar en el despacho. Cerró la puerta, inclinó la cabeza y sonrió a la muchacha, en tanto que hacía unas vagas florituras de cortesía con el sombrero.
—La sobrina de miss Anara Aileen —dijo Malleus— se ha escapado de casa, , con un sujeto llamado Floyd Thursby. Miss Anara quiere que encontremos a su sobrina, que la separemos de él y que la hagamos volver a casa. ¿No es así? —dijo mirando a la muchacha.
—Sí, tengo una cita con el en el hotel Blanca de navarra —dijo ella, con voz poco clara.
Malleus le hizo un guiño a su socio.
Tikis avanzó unos pasos y se quedó de pie junto a una esquina de la mesa. Mientras la muchacha contemplaba el bolso, Tikis la miraba a ella. Sus ojillos castaños fueron examinándola apreciativamente, desde la cara inclinada hasta los pies, y de vuelta hasta la cara. Miró entonces a Malleus y le hizo un gesto de silbar con manifiesta aprobación.
Malleus alzó dos dedos del brazo del sillón para hacer un fugaz ademán de advertencia y dijo:
—No va a sernos difícil. Se trata, sencillamente, de mandar a un hombre esta noche al hotel para que siga a Thursby cuando se vaya, y que lo haga hasta que nos lleve adonde esté su sobrina. Si ella va con él y usted la puede convencer de que vuelva a casa, tanto mejor. Si no, si ella no quiere dejarle después que la hayamos encontrado, bueno, ya encontraremos la manera de arreglarlo.
—Mister Malefica, ¿podría usted o mister Sellares...? —preguntó, haciendo un ademán de súplica con las manos—. ¿No podría uno de ustedes dos encargarse de ello personalmente? No es que crea que otro hombre que ustedes pudieran mandar fuera incompetente, pero ¡tengo tanto miedo de lo que pueda ocurrir a Aileen! Le tengo miedo a él. ¿No podrían ustedes? Claro, comprendo que tendría que pagar más. —Abrió el bolso con dedos nerviosos y puso dos billetes de cien euros sobre la mesa—. ¿Bastará con eso?
—Sí —dijo Tikis—. Yo mismo me encargaré del asunto.
La muchacha se puso de pie impulsivamente y le ofreció la mano:
—¡Gracias, gracias! —exclamó, y luego le dio la mano a Malleus, repitiendo—: ¡Muchas gracias!
—De nada —dijo Malleus, inclinándose sobre la mano—. Es un placer. Nos facilitaría el trabajo que usted se encontrara con Thursby abajo, o que se dejara ver con él en el vestíbulo un momento.
—Así lo haré —prometió, y les dio las gracias a los dos socios una vez más.
—Y no trate de buscarme —le advirtió Tikis—. Descuide, que ya la veré yo a usted.
Malleus acompañó a la muchacha hasta la puerta del pasillo. Cuando volvió junto a su mesa. Tikis indicó con un gesto los billetes de cien euros y dejó oír un ruido de satisfacción.
—Son buenos —dijo. Cogió uno de ellos, lo dobló y se lo guardó en el bolsillo del chaleco, añadiendo—: Y había hermanos gemelos en el bolso.
Malleus se guardó el otro billete antes de sentarse, y entonces dijo:
—Bueno, no la vayas a apretar demasiado. ¿Qué te parece?
—¡Preciosa! ¡Que no la apriete! —dijo con una risotada repentina carente de alegría—. Puede que tú la vieras antes que yo, Malleus; pero fui yo quien habló primero.
Tikis se metió las manos en los bolsillos del pantalón y comenzó a columpiarse sobre los talones.
—Lo pasarás muy rebién con ella, seguro —contestó Malleus, sonriendo rijosamente y dejando ver la punta de los colmillos—. Tienes talento. Seguro que lo tienes.
Y comenzó a liar un cigarrillo.
Capitulo 2: Muerte en la niebla
En la oscuridad sonó el timbre de un teléfono. Después de que hubo sonado tres veces, se oyó el chirrido de los muelles de una cama; unos dedos palparon sobre la madera, algo pequeño y duro cayó con ruido sordo sobre la alfombra, los muelles chirriaron nuevamente, y una voz de hombre exclamó:
—¿Diga?... Sí, soy yo...¿cómo? ¿ Tikis Sellares muerto?... Sí... En quince minutos. Gracias.
Sonó el ruidillo de un interruptor, y la luz de un globo que colgaba del techo, sostenido por tres cadenas doradas, inundó el cuarto. Malleus, descalzo y con un pijama Masana del raton Mickey , se sentó sobre el borde de la cama. Miró malhumoradamente al teléfono que había en la mesilla mientras sus manos cogían un estuche de papel de fumar color chocolate y una bolsa de tabaco Borkum Riff vainilla.
CONTINUARA
Comentario:
Que mariconeta con el tabaco a sabor vainilla, bueno ya debe de ser metrosexual.....
Comentario:
Increiblemente bueno.
Nos tardes en poner la continuacion.
Mil besos.
Nos tardes en poner la continuacion.
Mil besos.





