El Vencejo Lizarres capitulo 3: Tres mujeres
Capitulo 3 Tres mujeres
Todavía no estás listo para detenerme, ¿verdad, Leitor? No tienes pruebas —dijo Malleus
Leitor le miró con ojos duros y verdes, pero no respondió.
—Si no la estás, entonces no hay motivo alguno para que me importe un bledo lo que creas, ¿no es así, Leitor?
Leitor se puso en pie con cara de disgusto. Tony se levantó bostezando y estirándose.
—Te hemos preguntado lo que vinimos a preguntarte —dijo Leitor, frunciendo el ceño —: Te hemos dicho más de lo que tú nos has dicho. Es igual. Ya me conoces, Malleus. Lo hayas hecho o no, te trataré con justicia absoluta y te daré casi toda clase de facilidades. No te culpo excesivamente por lo que..., pero eso no me impediría detenerte igual.
—Bueno, es una actitud justa —replicó Malleus, con voz serena—, pero me sentiría mejor si acabaras la copa.
Leitor se volvió hacia la mesa, tomó el vaso y lo vació lentamente. Luego alargó la mano y dijo:
—Buenas noches.
Se estrecharon los dos la mano ceremoniosamente. Tony y Malleus hicieron lo mismo. Malleus les abrió la puerta. Luego se desnudó, apagó la luz y se acostó.
Capitulo 3: Tres mujeres
Cuando Malleus llegó al despacho a las diez de la siguiente mañana, Bell estaba sentada ante su mesa, abriendo el correo matutino. Su cara de muchacho estaba pálida, bajo la piel tostada por el sol. Dejó sobre la mesa el puñado de cartas y la plegadera de metal blanco, y dijo en voz baja de aviso:
—La tienes ahí dentro.
—¿No te dije que no la dejaras venir? —se quejó Malleus, hablando también en voz baja.
Bell abrió más los ojos castaños, y su voz sonó tan irritada como la de él:
—Sí, pero no me dijiste cómo hacerlo —sus párpados se entornaron y dijo con voz cansada y bajando los hombros—: Y no rezongues, por favor, Malleus. He disfrutado de ella toda la noche.
Malleus se detuvo junto a la muchacha, le puso una mano en la cabeza y le atusó el pelo, con una caricia, desde la raya que lo partía en dos.
—Perdona, ángel mío, no he querido...
Se interrumpió cuando se abrió la puerta de su despacho, y dirigiéndose a la mujer que apareció en ella, dijo:
—Hola, Svetlana.
—¡Ay, Malleus! —dijo la mujer.
Era rubia, de poco más de treinta años. La belleza de su cara conoció probablemente su plenitud cinco años antes. A pesar de ser apretada de carnes, tenía el cuerpo bien modelado y exquisito. Iba vestida de negro desde el sombrero a los zapatos. Como luto, la ropa presentaba un aire de improvisación. Así que hubo hablado, retrocedió desde la puerta y quedó esperando a que Malleus entrara.
Este retiró la mano de la cabeza de Bell, entró en el segundo despacho y cerró la puerta. Svetlana se llegó a él rápidamente, ofreciéndole la afligida cara para que la besara. Lo rodeó con los brazos antes que Malleus la tuviera en los suyos. Después de besarse, él hizo un ligero movimiento como para soltarse, pero Svetlana le apretó la cara contra el pecho y comenzó a sollozar.
Malleus le acarició la redonda espalda, diciendo: «¡Pobre amor mío!» La voz era tierna, la mirada de los ojos entreabiertos, clavada sobre la mesa del que fue su socio, al otro lado de la habitación, era de cólera. Una mueca de impaciencia hizo que sus labios dejaran ver los dientes. Malleus apartó la barbilla para evitar el roce de la copa del sombrero.
—¿Has mandado a buscar al hermano y la hermana de Tikis? —preguntó.
—Sí, ha llegado esta mañana —las palabras sonaron apagadas por los sollozos y por la chaqueta de Malleus, sobre la que la boca se apoyaba.
—¡Malleus! —gimió—. ¿Le mataste tú?
Malleus rió agriamente con una sola sílaba:
—¡Ja!¿Quién te ha dado esa luminosa idea? —preguntó, fríamente.
—Pensé...
—Sé bueno conmigo, Malleus —dijo humildemente. Malleus, aún brillantes los ojos, se rió de ella.
—Has matado a mi marido, Malleus; sé bueno conmigo.
—¡Vamos, Svetlana, vamos! No llores.
Su cara no tenía expresión. Cuando Svetlana dejó de llorar, le acercó la boca a la oreja y dijo, en voz baja:
—No has debido venir aquí hoy, preciosa mía. No ha sido prudente. No puedes quedarte. Deberías estar en tu casa.
Svetlana se volvió, aún abrazada, se quedó mirándole a la cara y le preguntó:
—¿Vendrás esta noche?
—No, esta noche no —respondió Malleus, sacudiendo la cabeza dulcemente.
—¿Pronto?
—Sí.
—¿Cuándo?
—Tan pronto como pueda.
La besó en la boca, la llevó hasta la puerta, abrió ésta y dijo:
—Adiós, Svetlana —y después de inclinarse ante ella, cerró la puerta y volvió a su mesa.
Bell abrió la puerta y entró. Tenía intranquilos los ojos castaños. Habló en tono de indiferencia cuando preguntó:
—Bueno —preguntó en voz más alta—. ¿Qué tal te ha ido con la viuda?
—Cree que maté a Tikis —dijo, sin que nada se moviera salvo los labios.
—¿Para poder casarte con ella?
Malleus no respondió.
—La policía cree que maté a Thursby —dijo con desgana.
—¿Quien es? —dijo Bell.
—Y tú, ¿a quién crees que he matado? —preguntó Malleus.
Bell hizo caso omiso de la pregunta. Malleus continuó:
—Thursby es el fulano a quien Tikis tenía que seguir por cuenta de esa chica, la Arual Anara.
—¿Te vas a casar con Svetlana? —preguntó Bell, dejando caer la mirada hasta el pelo castaño desvaído.
—No digas tonterías.
Y al hablar, el cigarrillo apagado subió y bajó con el movimiento de los labios.
—Ella no cree que son tonterías. Y no tiene por qué creerlo, si se tienen en cuenta tus líos con ella.
—Nunca sé qué decirles a las mujeres si no llevo las cosas por ese camino —gruñó Malleus—. Y, además, no me gustaba como se aprovechaba de Tikis.
—Eso es mentira —dijo Bell—. Sabes perfectamente que Svetlana me parece un bicho, pero no me importaría ser un bicho si tuviera un cuerpo como el suyo.
Bell se mordió el labio, arrugó la frente e, inclinándose para verle mejor la cara, le preguntó:
—¿Crees que Svetlana pudo matarlo?
—¡Eres un ángel! —dijo tiernamente Malleus—. Un ángel delicioso y sin seso.
Bell sonrió con cierta acritud.
—¡Ah! ¿Sí? Supón que te digo que tu querida Svetlana no llevaba muchos minutos en casa cuando llegué a las tres de la madrugada para darle la noticia.
—¿Qué estás diciendo? —dijo Malleus, y los ojos se pusieron sobre aviso, aunque la boca continuó sonriendo.
—Me hizo esperar en la puerta mientras se desnudaba o acababa de desnudarse. Vi su ropa hecha un barullo, tirada sobre una silla. El sombrero y el abrigo estaban debajo de todo. La combinación, encima, todavía caliente. Me dijo que había estado dormida, pero no era verdad. Habría revuelto las ropas de la cama, pero en las sábanas no había arrugas.
Malleus le tomó una mano y la acarició con unas palmaditas:
—Eres un buen detective, amor mío, pero Svetlana no lo mató —dijo, sacudiendo la cabeza.
Bell apartó la mano de un tirón y dijo:
—Mírame, Malleus.
Malleus la miró, y rió de tal manera que en el rostro de Bell se mezclaron durante un momento el regocijo y la angustia.
—Me preocupas —dijo la muchacha, y según hablaba volvió a su rostro la expresión grave—. Siempre crees saber lo que estás haciendo, pero eres demasiado listo para tu propio bien, y un día lo vas a descubrir.
Malleus suspiró en broma y se acarició la mejilla con el brazo de la muchacha.
—Eso es lo que dice Leitor. Pero si consigues mantener lejos de mí a Svetlana, amor mío, creo que me las arreglaré para escapar con vida del resto de mis complicaciones.
—Hablando de complicaciones ha llamado Arual Anara.
—Ya era hora. ¿Qué dijo?
—Quiere verte —la muchacha cogió un papel en el que había escrito una nota con lápiz y dijo—: Está en el Coronet, en la California Street. Apartamento 1.001. Debes preguntar por miss Leblanc.
—Dame eso —dijo Malleus, alargando la mana.
Cuando Bell le dio la nota, sacó el mechero, lo encendió, lo aplicó al trozo de papel y mantuvo a éste entre los dedos por una esquina hasta que todo él, menos la esquina, quedó convertido en negra y rizada ceniza. Entonces lo tiró al suelo y lo convirtió en polvo con la suela del zapato.
Bell le estuvo mirando con ojos de censura. la sonrió y le dijo:
—No lo olvides, encanto.
Y salió de nuevo.
CONTINUARA....
Comentario:
buuuuuu venía por la continuación
besos
byebye

besos
byebye

Comentario:
Me tienes enganchada y haber como te las ingenias para resucirtar a Tikis.
Mil besos.
Mil besos.
Comentario:
¡Mira que matar a Tikis en el segundo capítulo!
No me lo esperaba de tí.
¿Qué nos queda a los demas?
No me lo esperaba de tí.
¿Qué nos queda a los demas?
Comentario:
snif, snif, murió tu amigo Tikis, Bueno descubramos pronto al asesino.
Besitos y hasta pronto byebye

Besitos y hasta pronto byebye

Comentario:
Espero que cuando llegues al capítulo 10 no hagas el blog de pago, pues me estoy enganchando...





