Crónicas Expocómicas (vol. I)
DIARIO DE GUERRA DEL POSTEADOR, Jueves 25
La cita friki en territorios madrileños ha empezado. Todo está listo y preparado, todas las armas dispuestas para la acción. En cualquier momento haré acto de presencia en territorio enemigo, en cuanto las obligaciones de mi alter ego, mi tapadera, lo permitan.
Rayos, yo debía tener dos días libres para poder moverme con tranquilidad entre las hordas frikis, pero los maravillosos jefes de mi parte humana me obligan a asistir a un curso inútil por la mañana, y empalmarlo con una dura (y larga) jornada de trabajo...
Trabajo malhumorado y gruñón (como solo yo se estarlo) mientras pienso en las filas enemigas haciéndose cada vez más fuertes y captando nuevos adeptos para su causa, cuando mi queridísimo jefe me informa amablemente que no solo no libraré el viernes, si no que deberé estar allí a las siete de la mañana...y hoy no saldré hasta las doce de la noche...
Hago un esfuerzo supremo y envaino el cuter que tengo en esos momentos entre manos...él no es parte de esta guerra, solo es un peón inocente...pero no dejo de pensar en lo que ciertos señores feudales hacían con los mensajeros portadores de malas noticias...
Horas después cojo un transporte hasta mi guarida, pasa la media noche ya, entro y de un salto acrobático digno de Steve Rogers, me lanzo a la cama, agarrando la cena en pleno vuelo...cuando mi cabeza se posa en la almohada ya tengo el pijama puesto, el estomago lleno y llevo décimas de segundo dormido.
La cita friki en territorios madrileños ha empezado. Todo está listo y preparado, todas las armas dispuestas para la acción. En cualquier momento haré acto de presencia en territorio enemigo, en cuanto las obligaciones de mi alter ego, mi tapadera, lo permitan.
Rayos, yo debía tener dos días libres para poder moverme con tranquilidad entre las hordas frikis, pero los maravillosos jefes de mi parte humana me obligan a asistir a un curso inútil por la mañana, y empalmarlo con una dura (y larga) jornada de trabajo...
Trabajo malhumorado y gruñón (como solo yo se estarlo) mientras pienso en las filas enemigas haciéndose cada vez más fuertes y captando nuevos adeptos para su causa, cuando mi queridísimo jefe me informa amablemente que no solo no libraré el viernes, si no que deberé estar allí a las siete de la mañana...y hoy no saldré hasta las doce de la noche...
Hago un esfuerzo supremo y envaino el cuter que tengo en esos momentos entre manos...él no es parte de esta guerra, solo es un peón inocente...pero no dejo de pensar en lo que ciertos señores feudales hacían con los mensajeros portadores de malas noticias...
Horas después cojo un transporte hasta mi guarida, pasa la media noche ya, entro y de un salto acrobático digno de Steve Rogers, me lanzo a la cama, agarrando la cena en pleno vuelo...cuando mi cabeza se posa en la almohada ya tengo el pijama puesto, el estomago lleno y llevo décimas de segundo dormido.
Expocómic 2004

Pues ya está aquí, ya ha llegado la Expocómic de este año. Y tras varios años ausente por motivos laborales y cambios de residencia, en esta edición pienso ir a frikear todo lo que pueda y más.
Mañana no se si podré acudir, espero escaparme un ratito, y darme un garbeo por ahí. En todo caso estaré por allí el viernes, sábado y domingo asistiendo a las charlas y mesas redondas, a las ruedas de prensa y a alguna que otra proyección, presentación y sesión de firmas. De todo ello pienso iros dando buena cuenta y abundante material gráfico (las cámaras digitales son el horror, a que si?, se hacen fotos a mansalva y de cualquier cosa!)
Pues ya sabéis, si me reconocéis por allí os podéis acercar que no muerdo (mucho), y ser atrapado por mi objetivo indiscreto, compartir una charla, echarnos unas risas, hacerme firmar un millonario contrato en exclusiva, compartir unos algos en un bar, reclamarme el dinero que os debo, o simplemente frikear juntos.
Tutorial: cómo hacer que tus pinceles duren más.
Ayer, aprovechando que libraba y tenía que hacer unas cosillas por Madrid centro, fui también a comprar un poco de vicio a Madrid Comics (al fin me hice con Rapaces completo) y algo de material para hacer monigotes a Pontes.
Total, la ruína.
Por si uno no tuviera poco con la cantidad de vicios de los que disfruta (hay que ver que caros que son los tebeos, los libros, la música,...) encima le da por hacer monigotes. Y claro, aquí el señor es muy sibarita y no puede utilizar folios, tinta Pelikan y pinceles de los de un euro el manojo. No, que va, el señorito tiene que usar papel caballo, tinta Windsor&Newton y pinceles de pelo de marta.
Y la tinta y el papel no son excesivamente caros, pero los dichosos pinceles...caray con los cuatro pelos!
Lo siento por los más ecologistas, pero para la tinta china no hay nada como los pelillos de marta en el extremo de un cacho de palo. Pobres bichos, con lo majos que son, pero es que dan un trazo genial y duran siglos!
Eso si, tras lustros de uso, cuando notas que empieza a ser necesario su cambio, comienzas a temer tu visita a la tienda, sabes que te espera sablazo seguro.
Harto de gastarme mis eurillos en cuatro pelillos de bichejo pinchados en un palo, me puse a elucubrar y he dado con la ecológica solución: COMPRARSE UNA MARTA ENTERA.
Aunque parezca una idea descabellada no lo es tanto. En un par de años la tendremos amortizada además un bichillo así de chiquitín no puede comer mucho, así que el gasto será mínimo.
Te la compras, la crías con mimo y pasión, la mantienes sana y alegre, para que su pelaje luzca siempre lustroso... Así, cuando tu pincel necesite un cambio, será tan fácil como darle un pequeño pellizquito (seguido de unos mimos para que no se mosqueé, que tiene pinta de arrear buenos bocaos el bicho) y reemplazar los cuatro pelos de tu ajado pincel por los nuevos y lustrosos de cosecha propia.
Con este método conseguiremos un considerable ahorro y evitaremos el sacrificio innecesario de muchos bichitos, tendremos la mascota más molona del barrio (aunque con alguna calva que otra), tendremos nuestros pinceles siempre listos para la batalla, y, muy importante, tendremos, además de un cariñoso compañero de juegos, una nueva e inagotable fuente de excusas para nuestro editor: mire usté que mi marta se ha comido los originales, mire usté que resulta que no se dejaba coger y no tenia pinceles, mire usté que fui a darla un pellizquito y me han tenido que amputar media mano....
En fin, que todo sea por ser ecológico y ahorrativo.
Para seguir en esta línea estoy trabajando en métodos para ahorrar en papel y tinta, se admiten sugerencias, todo sea por que no sigan talando árboles y masacrando calamares.
POSTDATA: Tuve una novia que se llamaba Marta con una hermosísima cabellera. No lo intenteis, no vale, además se suelen enfadar por los pellizquitos.
Total, la ruína.
Por si uno no tuviera poco con la cantidad de vicios de los que disfruta (hay que ver que caros que son los tebeos, los libros, la música,...) encima le da por hacer monigotes. Y claro, aquí el señor es muy sibarita y no puede utilizar folios, tinta Pelikan y pinceles de los de un euro el manojo. No, que va, el señorito tiene que usar papel caballo, tinta Windsor&Newton y pinceles de pelo de marta.
Y la tinta y el papel no son excesivamente caros, pero los dichosos pinceles...caray con los cuatro pelos!
Lo siento por los más ecologistas, pero para la tinta china no hay nada como los pelillos de marta en el extremo de un cacho de palo. Pobres bichos, con lo majos que son, pero es que dan un trazo genial y duran siglos!
Eso si, tras lustros de uso, cuando notas que empieza a ser necesario su cambio, comienzas a temer tu visita a la tienda, sabes que te espera sablazo seguro.
Harto de gastarme mis eurillos en cuatro pelillos de bichejo pinchados en un palo, me puse a elucubrar y he dado con la ecológica solución: COMPRARSE UNA MARTA ENTERA.
Aunque parezca una idea descabellada no lo es tanto. En un par de años la tendremos amortizada además un bichillo así de chiquitín no puede comer mucho, así que el gasto será mínimo.
Te la compras, la crías con mimo y pasión, la mantienes sana y alegre, para que su pelaje luzca siempre lustroso... Así, cuando tu pincel necesite un cambio, será tan fácil como darle un pequeño pellizquito (seguido de unos mimos para que no se mosqueé, que tiene pinta de arrear buenos bocaos el bicho) y reemplazar los cuatro pelos de tu ajado pincel por los nuevos y lustrosos de cosecha propia.
Con este método conseguiremos un considerable ahorro y evitaremos el sacrificio innecesario de muchos bichitos, tendremos la mascota más molona del barrio (aunque con alguna calva que otra), tendremos nuestros pinceles siempre listos para la batalla, y, muy importante, tendremos, además de un cariñoso compañero de juegos, una nueva e inagotable fuente de excusas para nuestro editor: mire usté que mi marta se ha comido los originales, mire usté que resulta que no se dejaba coger y no tenia pinceles, mire usté que fui a darla un pellizquito y me han tenido que amputar media mano....
En fin, que todo sea por ser ecológico y ahorrativo.
Para seguir en esta línea estoy trabajando en métodos para ahorrar en papel y tinta, se admiten sugerencias, todo sea por que no sigan talando árboles y masacrando calamares.
POSTDATA: Tuve una novia que se llamaba Marta con una hermosísima cabellera. No lo intenteis, no vale, además se suelen enfadar por los pellizquitos.
Estrés, virus, telebasura y El Coche Fantástico.
Estrés, estrés, estrés, estrés, estrés, estrés, estrés, estrés, estrés, estrés, estrés, estrés, estrés, estrés, estrés, estrés, estrés, estrés, estrés, estrés, estrés... y ya pasa de estrés a es-cuatro o es-cinco por lo menos! (perdón por el chiste, la neurona no me hace buena conexión ya).
Llevo un par de semanas lo que se dice a piñón fijo en el trabajo(s), trabajando en horarios raros, sin librar, haciendo cursos extraños que seguramente no sirvan para nada, y para colmo pegándome con los malditos viruses que me traen frito: los míos que no se acaban de curar del todo y los de mi máquina, que decidió coger uno en solidaridad con el dueño. Y claro está, uno además quiere tener vida social, y eso es un poco incompatible con la vida friki, y he dejado esto un poco abandonado (y ciertos dibujillos, pero estoy en ello, no teman).
Pero que nadie se preocupe (o monte una fiesta) por ello, que aquí he vuelto a la carga, para que los dos o tres lectores que tengo y que visitan esto ansiosos día a día en busca de nuevos posts (y que nunca dejan comentarios, ejem ejem) tengan algo que echarse a la boca, o los ojos en este caso.
Mientras termino mi próximo, y extenso me temo, post didáctico-moralizante a la par que ameno y entretenido del mundillo friki-comicquero, emularé a los chicos de Adlo y os dejaré con unos de los retazos más frikis y desconcertantes extraídos de lo más profundo de mi disco duro.
Hagan ejercicio retrospectivo, aquellos calurosos veranos de nuestra infancia, pantalones cortos, descamisados, de vacaciones en la playa, en el pueblo, en el campo, cuando solo había dos cadenas de televisión y la hora de la siesta, tras el telediario, era una autentica fiesta para las futuras mentes frikis, por aquel entonces infantiles, que no quiere decir que ahora las tengamos más desarrolladas...
Terminábamos de comer y corríamos delante del televisor, que por aquel entonces era todavía en blanco y negro en algunos casos, y esperábamos ansiosos la aventura diaria del héroe-es de ese verano...
“...UNA TREPIDANTE AVENTURA DE UN HOMBRE QUE NO EXISTE EN UN MUNDO LLENO DE PELIGROS...MICHAEL KNIGHT, UN JOVEN SOLITARIO EMBARCADO EN UNA CRUZADA PARA SALVAR LA CAUSA DE LOS INOCENTES, LOS INDEFENSOS, LOS DÉBILES, DENTRO DE UN MUNDO DE CRIMINALES QUE OPERAN AL MARGEN DE LA LEY...”
Veíamos el coche negro con la luz esa que pusieron todos los horterillas en el morro de su coche (auténticos pioneros del tunning oigan!), y al tipo de la chaquetilla de cuero y los andares extraños y nos emocionábamos...
Aquello si era vida, aquello si era televisión, no lo que hay ahora. Sobremesas repletas de aventurilla y emoción, y no como la de hoy en día: peloteo, cotilleo y reality shows varios...
Las mentes bienpensantes de este país discuten ahora sobre la telebasura y se preocupan por la (para mi nefasta) influencia que están causando en las tiernas mentes infantes, y pretenden abogar por una televisión de calidad, como la de antes, con contenidos que no causen daños irreversibles en los cerebros infantiles.
Llevan razón. Mi generación crecimos con niñas que eran abandonadas a su suerte con su abuelo ermitaño que vivía entre cabras en medio del monte y no se hablaba con nadie, con robots destructores que lanzaban sus pechos a malvados hermafroditas, con niños que se escapaban de casa para buscar a una madre que les había dejado totalmente tirados, con grupos de chicos que convertían el salón de su casa en laboratorios llenos de sustancias y mecheros bunsen, con erizos y panaderos que siempre sonreían y cantaban a las nubes y a los pajaritos, con muñecos de trapo que constituían la primera pareja de hecho de la historia, con prófugos del ejército con muy mala puntería que se tomaban la justicia por su mano, con grupos de elite que enseguida mandaban al francotirador al tejado por si las moscas, con tipos en coches sofisticados que pasaban de llamar a la policía y acababan ellos solitos con el malo...
Eso era televisión de calidad, lo demás son tonterías.
Imágenes como esta no podían causar ningún daño a nadie. El señor Knight era un buen ejemplo para todos, aunque no usara camiseta.
Y a pesar de las extrañas posturitas era un tipo guay, todos le adorábamos y pese a las negativas de nuestros padres insistíamos en levantarnos los cuellos de las chaquetas y de vez en cuando gritábamos a nuestros relojes “Kilt, te necesito!”.
Aquello era televisión de calidad, acorde con los gustos del público y sin terribles efectos secundarios lobotomizantes.
Y hay que reconocer que El Coche Fantástico, obra maestra del entretenimiento lúdico festivo, marcó época y fue pionera en más de un sentido:
precursora e inspiradora del mundillo del tunning,
fuente inagotable de merchandise pirata,
maestra en crossovers imposibles (por sus episodios desfilaron, entre otras, jovencísimas Julias Roberts y Geenas Davis),
y, en general, obra cumbre de la horterez friki, cutre y chorra como ella misma.
Eso era televisión de calidad, para todos los públicos.
La verdad, mirándolo ahora a mis treinta añitos, me pregunto como hemos salido una generación tan “normal”...
Llevo un par de semanas lo que se dice a piñón fijo en el trabajo(s), trabajando en horarios raros, sin librar, haciendo cursos extraños que seguramente no sirvan para nada, y para colmo pegándome con los malditos viruses que me traen frito: los míos que no se acaban de curar del todo y los de mi máquina, que decidió coger uno en solidaridad con el dueño. Y claro está, uno además quiere tener vida social, y eso es un poco incompatible con la vida friki, y he dejado esto un poco abandonado (y ciertos dibujillos, pero estoy en ello, no teman).
Pero que nadie se preocupe (o monte una fiesta) por ello, que aquí he vuelto a la carga, para que los dos o tres lectores que tengo y que visitan esto ansiosos día a día en busca de nuevos posts (y que nunca dejan comentarios, ejem ejem) tengan algo que echarse a la boca, o los ojos en este caso.
Mientras termino mi próximo, y extenso me temo, post didáctico-moralizante a la par que ameno y entretenido del mundillo friki-comicquero, emularé a los chicos de Adlo y os dejaré con unos de los retazos más frikis y desconcertantes extraídos de lo más profundo de mi disco duro.
Hagan ejercicio retrospectivo, aquellos calurosos veranos de nuestra infancia, pantalones cortos, descamisados, de vacaciones en la playa, en el pueblo, en el campo, cuando solo había dos cadenas de televisión y la hora de la siesta, tras el telediario, era una autentica fiesta para las futuras mentes frikis, por aquel entonces infantiles, que no quiere decir que ahora las tengamos más desarrolladas...
Terminábamos de comer y corríamos delante del televisor, que por aquel entonces era todavía en blanco y negro en algunos casos, y esperábamos ansiosos la aventura diaria del héroe-es de ese verano...
“...UNA TREPIDANTE AVENTURA DE UN HOMBRE QUE NO EXISTE EN UN MUNDO LLENO DE PELIGROS...MICHAEL KNIGHT, UN JOVEN SOLITARIO EMBARCADO EN UNA CRUZADA PARA SALVAR LA CAUSA DE LOS INOCENTES, LOS INDEFENSOS, LOS DÉBILES, DENTRO DE UN MUNDO DE CRIMINALES QUE OPERAN AL MARGEN DE LA LEY...”
Veíamos el coche negro con la luz esa que pusieron todos los horterillas en el morro de su coche (auténticos pioneros del tunning oigan!), y al tipo de la chaquetilla de cuero y los andares extraños y nos emocionábamos...

Aquello si era vida, aquello si era televisión, no lo que hay ahora. Sobremesas repletas de aventurilla y emoción, y no como la de hoy en día: peloteo, cotilleo y reality shows varios...
Las mentes bienpensantes de este país discuten ahora sobre la telebasura y se preocupan por la (para mi nefasta) influencia que están causando en las tiernas mentes infantes, y pretenden abogar por una televisión de calidad, como la de antes, con contenidos que no causen daños irreversibles en los cerebros infantiles.
Llevan razón. Mi generación crecimos con niñas que eran abandonadas a su suerte con su abuelo ermitaño que vivía entre cabras en medio del monte y no se hablaba con nadie, con robots destructores que lanzaban sus pechos a malvados hermafroditas, con niños que se escapaban de casa para buscar a una madre que les había dejado totalmente tirados, con grupos de chicos que convertían el salón de su casa en laboratorios llenos de sustancias y mecheros bunsen, con erizos y panaderos que siempre sonreían y cantaban a las nubes y a los pajaritos, con muñecos de trapo que constituían la primera pareja de hecho de la historia, con prófugos del ejército con muy mala puntería que se tomaban la justicia por su mano, con grupos de elite que enseguida mandaban al francotirador al tejado por si las moscas, con tipos en coches sofisticados que pasaban de llamar a la policía y acababan ellos solitos con el malo...
Eso era televisión de calidad, lo demás son tonterías.

Imágenes como esta no podían causar ningún daño a nadie. El señor Knight era un buen ejemplo para todos, aunque no usara camiseta.

Y a pesar de las extrañas posturitas era un tipo guay, todos le adorábamos y pese a las negativas de nuestros padres insistíamos en levantarnos los cuellos de las chaquetas y de vez en cuando gritábamos a nuestros relojes “Kilt, te necesito!”.
Aquello era televisión de calidad, acorde con los gustos del público y sin terribles efectos secundarios lobotomizantes.
Y hay que reconocer que El Coche Fantástico, obra maestra del entretenimiento lúdico festivo, marcó época y fue pionera en más de un sentido:
precursora e inspiradora del mundillo del tunning,

fuente inagotable de merchandise pirata,


maestra en crossovers imposibles (por sus episodios desfilaron, entre otras, jovencísimas Julias Roberts y Geenas Davis),

y, en general, obra cumbre de la horterez friki, cutre y chorra como ella misma.
Eso era televisión de calidad, para todos los públicos.
La verdad, mirándolo ahora a mis treinta añitos, me pregunto como hemos salido una generación tan “normal”...
