En boca cerrada no entran moscas (o “El señor Del Toro supongo...”)
Imaginen la situación. Ayer logro escaparme un rato antes del curso que estoy haciendo por las mañanas (cosas de trabajo que me tienen un poco apartado de toda actividad friki...a ver ese del fondo, que no aplauda!) y atenazado por el mono comicquero decido prescindir de una rápida comida e ir a por un poco de vicio antes de ir a trabajar.
Una vez en mi librería habitual ya saben ustedes como van estas cosas, uno deambula entre las estanterías buscando y rebuscando entre novedades y atrasados aquellos chutes de irrealidad que le hacen un poco mas llevadera la vida cotidiana y, como no, charla con los siempre atentos y amables libreros. Éstos están hechos de una pasta especial, nunca os enfadéis con ellos, no sabéis lo que tienen que aguantar los pobres (y os lo digo con conocimiento de causa, yo una vez pertenecí a esa rara especie).
En esta ocasión la conversación con mis libreros habituales de Madrid Comics discurría por los senderos habituales: se empieza hablando de tal o cual tebeo y no se sabe por donde va a acabar la cosa. Casualidades de la vida a los tres minutos la conversación derivó a las “grandes” películas de nuestra adolescencia (aquellas que recordamos todos como geniales...cuando en realidad eran infames), y en un rápido giro acabamos hablando de adaptaciones de cómic a la gran pantalla.
Charlábamos los tres, la mujer de Eloy, el jefe, el chico que está por las mañanas y yo (mi senilidad me impide acordarme de los nombres, mil perdones a los aludidos), y ella me decía que algunas películas son bastante aburridas y que solo gustan a los fans del cómic y que en la mayoría de las ocasiones ni eso. Nos metimos un poco con las últimas adaptaciones, con las que vimos el año pasado y las que están por venir, y surgió una que nos había gustado a todos: Hellboy.
Ella decía que, sin haber leído nada de lo publicado, había ido a verla y le había parecido entretenidísima, una adaptación que gustaba a los amantes del personaje y a los que no tenían ni idea de quien era. Yo, como buen bocazas que soy, expresé mi opinión.
La película me pareció muy buena la verdad, Ron Perlman ha nacido para ese papel y lo borda detrás de ese maquillaje, la historia es una buenísima adaptación que, en mi opinión, va más allá del cómic, notándose la mano de Mignola, y sin faltar al espíritu original. Algunas escenas son geniales, es una adaptación fiel, sin demasiadas licencias de esas que se suelen permitir el Hollywood por aquello de adaptar los personajes al medio. Prueba de que es una buena película (dentro del género, no la van a dar un Oscar) es que a mi chica le encantó, y mis padres y hermana disfrutaron con ella, todos ajenos al género y al mundillo como podréis imaginar. Peeeeeero ( y aquí viene lo bocazas que es uno) ...en algún momento se me hizo un poco lenta, demasiada información, quería contar demasiado y hacía que el ritmo narrativo bajara un poquito.
Imaginen de nuevo la situación, ella preguntándome si no me había gustado, yo diciendo que si, pero con esa pequeña peguita, y el otro desde el mostrador, entre risas que dice: “De verdad? Atrévete ahora machote!”. Risas generales. Yo que me vuelvo, y, subiendo las escaleras de la planta baja, aparece ni más ni menos que el mismísimo Guillermo Del Toro sonriendo!
Ya os podéis imaginar la cara idiota (más) que se me quedó.
Es una situación de esas que te sientes chiquitito, con ganas de que te trague la tierra ante el ridículo. Allí estaba yo, criticando al señor que había hecho la película, justo delante de sus narices, y Guillermo Del Toro, con una gran sonrisa y amable como pocos que se acerca y me pregunta que si me gustó Hellboy.
Pocas veces encontraremos personas como él. Simpático, amable, modesto... ayer me quedé totalmente alucinado la facilidad con la que conversamos durante un rato, sin ediosamiento por su parte, sobre cómics, sobre películas, sobre su trabajo, sobre el mío, aceptó mis críticas (incluso en alguna cosa me dio la razón!), hablamos de conocidos comunes, de la edición del DVD de Hellboy, nos echamos unas risas... tras un rato largo de charla se despidió amablemente, como un colega más, y yo no dejaba de estar alucinado.
Ya os digo, pocos como él encontraremos. No quiero ni pensar en lo que habría pasado si me pilla Garci hablando de una de sus películas....
Yo quiero ser como él de mayor.
Una vez en mi librería habitual ya saben ustedes como van estas cosas, uno deambula entre las estanterías buscando y rebuscando entre novedades y atrasados aquellos chutes de irrealidad que le hacen un poco mas llevadera la vida cotidiana y, como no, charla con los siempre atentos y amables libreros. Éstos están hechos de una pasta especial, nunca os enfadéis con ellos, no sabéis lo que tienen que aguantar los pobres (y os lo digo con conocimiento de causa, yo una vez pertenecí a esa rara especie).
En esta ocasión la conversación con mis libreros habituales de Madrid Comics discurría por los senderos habituales: se empieza hablando de tal o cual tebeo y no se sabe por donde va a acabar la cosa. Casualidades de la vida a los tres minutos la conversación derivó a las “grandes” películas de nuestra adolescencia (aquellas que recordamos todos como geniales...cuando en realidad eran infames), y en un rápido giro acabamos hablando de adaptaciones de cómic a la gran pantalla.
Charlábamos los tres, la mujer de Eloy, el jefe, el chico que está por las mañanas y yo (mi senilidad me impide acordarme de los nombres, mil perdones a los aludidos), y ella me decía que algunas películas son bastante aburridas y que solo gustan a los fans del cómic y que en la mayoría de las ocasiones ni eso. Nos metimos un poco con las últimas adaptaciones, con las que vimos el año pasado y las que están por venir, y surgió una que nos había gustado a todos: Hellboy.
Ella decía que, sin haber leído nada de lo publicado, había ido a verla y le había parecido entretenidísima, una adaptación que gustaba a los amantes del personaje y a los que no tenían ni idea de quien era. Yo, como buen bocazas que soy, expresé mi opinión.

La película me pareció muy buena la verdad, Ron Perlman ha nacido para ese papel y lo borda detrás de ese maquillaje, la historia es una buenísima adaptación que, en mi opinión, va más allá del cómic, notándose la mano de Mignola, y sin faltar al espíritu original. Algunas escenas son geniales, es una adaptación fiel, sin demasiadas licencias de esas que se suelen permitir el Hollywood por aquello de adaptar los personajes al medio. Prueba de que es una buena película (dentro del género, no la van a dar un Oscar) es que a mi chica le encantó, y mis padres y hermana disfrutaron con ella, todos ajenos al género y al mundillo como podréis imaginar. Peeeeeero ( y aquí viene lo bocazas que es uno) ...en algún momento se me hizo un poco lenta, demasiada información, quería contar demasiado y hacía que el ritmo narrativo bajara un poquito.
Imaginen de nuevo la situación, ella preguntándome si no me había gustado, yo diciendo que si, pero con esa pequeña peguita, y el otro desde el mostrador, entre risas que dice: “De verdad? Atrévete ahora machote!”. Risas generales. Yo que me vuelvo, y, subiendo las escaleras de la planta baja, aparece ni más ni menos que el mismísimo Guillermo Del Toro sonriendo!
Ya os podéis imaginar la cara idiota (más) que se me quedó.
Es una situación de esas que te sientes chiquitito, con ganas de que te trague la tierra ante el ridículo. Allí estaba yo, criticando al señor que había hecho la película, justo delante de sus narices, y Guillermo Del Toro, con una gran sonrisa y amable como pocos que se acerca y me pregunta que si me gustó Hellboy.
Pocas veces encontraremos personas como él. Simpático, amable, modesto... ayer me quedé totalmente alucinado la facilidad con la que conversamos durante un rato, sin ediosamiento por su parte, sobre cómics, sobre películas, sobre su trabajo, sobre el mío, aceptó mis críticas (incluso en alguna cosa me dio la razón!), hablamos de conocidos comunes, de la edición del DVD de Hellboy, nos echamos unas risas... tras un rato largo de charla se despidió amablemente, como un colega más, y yo no dejaba de estar alucinado.
Ya os digo, pocos como él encontraremos. No quiero ni pensar en lo que habría pasado si me pilla Garci hablando de una de sus películas....
Yo quiero ser como él de mayor.
Un repaso al 2004 (II): HABLANDO DE TEBEOS
El 2004 ha supuesto mi reencuentro con el mundillo del tebeo, en un año que ha resultado convulso a nivel editorial en España.
Sin duda la comidilla del año en los mentideros internáuticos (y alguno que otro impreso) ha sido el asunto Planeta-Pannini. El rumor que se apuntaba hace muchos años (aquello se empezó hará 5 o 6 años, en mis tiempos de librero ya se hablaba de ello) ha resultado ser cierto, y tras veinte años Planeta ha perdido los derechos de edición (y al parecer cualquier tipo de comercialización) de material Marvel en castellano. A día de hoy y para preocupación de libreros y coleccionistas, sigue dando que hablar la incógnita del destino que correrá el fondo editorial de Planeta, mientras los quioscos y librerías se van llenando de productos con el sello Marvel-Pannini sin apenas notar cambio alguno. En palabras de mi librero habitual: el mismo perro con distinto collar.
Por otra parte también pudimos asistir al modesto avance de las pequeñas y modestas editoriales, que empezaron a abrirse un hueco importante en las estanterías, sorprendiéndonos con materiales de importación inexplicablemente “ignorados por las grandes” y apostando por obras y autores nacionales de gran calidad. Esta situación, en mi modesta opinión friki, es comparable al pequeño “boom” que sufrió el mercado español hace unos años, cuando irrumpieron en el panorama comicquero Camaleón, la Línea Laberinto y otros, ofreciendo al público material patrio. Al contrario de entonces, las editorial independientes que han tomado el relevo en este tortuoso camino, parecen haber aprendido de los errores de las anteriores y abogan por una continuidad (más o menos factible) estable de futuro en el mercado, cuidando muy mucho la calidad de sus publicaciones y optando por materiales muy comerciales (y de renombre en muchas ocasiones) que aseguran unas ventas más o menos aceptables que no arruinan su futuro empresarial.
Prácticamente desapercibido ha pasado el empuje del cómic japonés en la amplia oferta de la que podemos disfrutar en estos momentos. El producto nipón, lejos del saturante auge que alcanzó en nuestro país hace años, está volviendo a ganar gran importancia en nuestro mercado. Afortunadamente esta nueva oleada llega con un poco más de criterio que la anterior. Ahora podemos disfrutar de productos de calidad, a los editores afortunadamente no les basta con la licencia de unas páginas que se leen del revés de personajes con coloridos peinados imposibles y estrafalarios y grandes ojos (con todos mis respetos), no se publica cualquier cosa para contentar a una masa otaku (si empleo “mangaka” se me ofenden) que no deja de ganar adeptos. Para regocijo de los adictos a este género (para mi es más correcto decir géneros/estética, soy de la opinión que manga es igual a cómic, o a tebeo, pero con unos géneros, estéticas y temáticas característicos) los que no lo somos empezamos a conocer y leer (y comprar!) obras y autores de gran calidad que provienen del país del sol naciente y que van más allá de Candy Candy, maestros tortuga, bichitos coleccionables y robots vengadores (con mi respeto y agradecimiento, mi generación creció con Heidi, Marco, Mazinger y Comando G entre otras. Conocimos antes, aún sin saberlo a Miyazaki que a Kirby, a Mazinger antes que a Spiderman).
También pudimos asistir a la caída de dos grandes teorías editoriales que hasta la fecha todos creíamos irrefutables.
Tras años y años quejándonos del negro futuro del cómic, que al nuevo público infantil-juvenil no le interesaba y nos había abandonado en pos de la televisión, consolas, internet, etc... hemos visto con asombro lo equivocadísimos que estábamos todos. La realidad ha demostrado que el joven lector no nos había abandonado, la industria le había abandonado a él. Hemos podido ver como revistas para ese público que llevaban un tiempo en librerías y quioscos (tienen más presencia en los segundos) reconsolidaban y como, ante el éxito de éstas, aparecían nuevas apuestas en la misma honda de distintas editoriales.
Entre estas apuestas, desde Italia, nos llegó un sorprendente éxito que de paso que tiraba por tierra la teoría de que las nuevas generaciones no se interesaban por los tebeos, nos hacía replantearnos (de nuevo) la teoría de que los cómics son “cosas de niños”. Witch, un “tebeo de niñas”, apareció y arrasó en los quioscos, cambiando el panorama editorial nacional (hay quienes nos atrevemos a decir que en esté éxito está la semilla del asunto Pannini), animando a muchos a acercase a este redescubierto mercado. Ojalá este resurgimiento traiga momentos y obras tan geniales y magistrales como las de la escuela Bruguera.
Mención también merecen las editoriales que apuestan por un material más “de autor”, un cómic (según ellos) más adulto, más culto, y más personal, que en nuestro país alcanza altas cotas de calidad y parece funcionar muy bien. Los autores más atrevidos y experimentales siguen disfrutando (y haciendo disfrutar) de un público fiel y poco a poco van captando otro tipo de público que habitualmente no se acerca a un cómic.
En general ha sido un buen año a nivel editorial, y hemos podido disfrutar de un catálogo amplio y de calidad, del mantenimiento, del nacimiento, y de las consolidaciones de proyectos editoriales que nos hacen presagiar a los más optimistas un 2005 aún mejor.
Sin duda la comidilla del año en los mentideros internáuticos (y alguno que otro impreso) ha sido el asunto Planeta-Pannini. El rumor que se apuntaba hace muchos años (aquello se empezó hará 5 o 6 años, en mis tiempos de librero ya se hablaba de ello) ha resultado ser cierto, y tras veinte años Planeta ha perdido los derechos de edición (y al parecer cualquier tipo de comercialización) de material Marvel en castellano. A día de hoy y para preocupación de libreros y coleccionistas, sigue dando que hablar la incógnita del destino que correrá el fondo editorial de Planeta, mientras los quioscos y librerías se van llenando de productos con el sello Marvel-Pannini sin apenas notar cambio alguno. En palabras de mi librero habitual: el mismo perro con distinto collar.
Por otra parte también pudimos asistir al modesto avance de las pequeñas y modestas editoriales, que empezaron a abrirse un hueco importante en las estanterías, sorprendiéndonos con materiales de importación inexplicablemente “ignorados por las grandes” y apostando por obras y autores nacionales de gran calidad. Esta situación, en mi modesta opinión friki, es comparable al pequeño “boom” que sufrió el mercado español hace unos años, cuando irrumpieron en el panorama comicquero Camaleón, la Línea Laberinto y otros, ofreciendo al público material patrio. Al contrario de entonces, las editorial independientes que han tomado el relevo en este tortuoso camino, parecen haber aprendido de los errores de las anteriores y abogan por una continuidad (más o menos factible) estable de futuro en el mercado, cuidando muy mucho la calidad de sus publicaciones y optando por materiales muy comerciales (y de renombre en muchas ocasiones) que aseguran unas ventas más o menos aceptables que no arruinan su futuro empresarial.
Prácticamente desapercibido ha pasado el empuje del cómic japonés en la amplia oferta de la que podemos disfrutar en estos momentos. El producto nipón, lejos del saturante auge que alcanzó en nuestro país hace años, está volviendo a ganar gran importancia en nuestro mercado. Afortunadamente esta nueva oleada llega con un poco más de criterio que la anterior. Ahora podemos disfrutar de productos de calidad, a los editores afortunadamente no les basta con la licencia de unas páginas que se leen del revés de personajes con coloridos peinados imposibles y estrafalarios y grandes ojos (con todos mis respetos), no se publica cualquier cosa para contentar a una masa otaku (si empleo “mangaka” se me ofenden) que no deja de ganar adeptos. Para regocijo de los adictos a este género (para mi es más correcto decir géneros/estética, soy de la opinión que manga es igual a cómic, o a tebeo, pero con unos géneros, estéticas y temáticas característicos) los que no lo somos empezamos a conocer y leer (y comprar!) obras y autores de gran calidad que provienen del país del sol naciente y que van más allá de Candy Candy, maestros tortuga, bichitos coleccionables y robots vengadores (con mi respeto y agradecimiento, mi generación creció con Heidi, Marco, Mazinger y Comando G entre otras. Conocimos antes, aún sin saberlo a Miyazaki que a Kirby, a Mazinger antes que a Spiderman).
También pudimos asistir a la caída de dos grandes teorías editoriales que hasta la fecha todos creíamos irrefutables.
Tras años y años quejándonos del negro futuro del cómic, que al nuevo público infantil-juvenil no le interesaba y nos había abandonado en pos de la televisión, consolas, internet, etc... hemos visto con asombro lo equivocadísimos que estábamos todos. La realidad ha demostrado que el joven lector no nos había abandonado, la industria le había abandonado a él. Hemos podido ver como revistas para ese público que llevaban un tiempo en librerías y quioscos (tienen más presencia en los segundos) reconsolidaban y como, ante el éxito de éstas, aparecían nuevas apuestas en la misma honda de distintas editoriales.
Entre estas apuestas, desde Italia, nos llegó un sorprendente éxito que de paso que tiraba por tierra la teoría de que las nuevas generaciones no se interesaban por los tebeos, nos hacía replantearnos (de nuevo) la teoría de que los cómics son “cosas de niños”. Witch, un “tebeo de niñas”, apareció y arrasó en los quioscos, cambiando el panorama editorial nacional (hay quienes nos atrevemos a decir que en esté éxito está la semilla del asunto Pannini), animando a muchos a acercase a este redescubierto mercado. Ojalá este resurgimiento traiga momentos y obras tan geniales y magistrales como las de la escuela Bruguera.
Mención también merecen las editoriales que apuestan por un material más “de autor”, un cómic (según ellos) más adulto, más culto, y más personal, que en nuestro país alcanza altas cotas de calidad y parece funcionar muy bien. Los autores más atrevidos y experimentales siguen disfrutando (y haciendo disfrutar) de un público fiel y poco a poco van captando otro tipo de público que habitualmente no se acerca a un cómic.
En general ha sido un buen año a nivel editorial, y hemos podido disfrutar de un catálogo amplio y de calidad, del mantenimiento, del nacimiento, y de las consolidaciones de proyectos editoriales que nos hacen presagiar a los más optimistas un 2005 aún mejor.
Un repaso al 2004 (I): SOY UN TIPO CON SUERTE

En un ataque de originalidad (y por capítulos para más inri) voy a hacer un repaso a este año que ha finalizado, del que solo puedo sacar una conclusión: después de todo no ha sido tan malo y...SOY UN TIPO CON SUERTE!
Pocos años han empezado de manera tan nefasta para mi como este difunto 2004. Sinceramente, tras una serie de catastróficas desdichas (éstas de verdad, nada que ver con el Lemony Snicket ese) dignas de tragedia griega, que ni siquiera aparecerían en la peor pesadilla de un guionista de culebrones venezolanos, aquí el que suscribe no tenía muchas ganas de verse, y le apetecía meterse en un agujero y no asomar la cabeza durante siglos.
Realmente el 2004 se presentaba muy negro, sin trabajo, sin un duro, hundido moral y sentimentalmente, de vuelta a un Madrid que se me antojaba extraño y hostil, triste, sin ilusión, y sin ninguna gana de rehacer mi antigua vida. Esa misma que había hipotecado hasta las cejas. Había apostado a la reina de corazones y los reyes de oros y copas me habían arreado con el as de bastos dejándome sin nada.
Una verdadera cuesta arriba, un partir prácticamente de cero, un volver a empezar lleno de apoyos (gracias!) pero con alguna que otra zancadilla en el camino.
Pero como Dios aprieta pero no ahora, no hay mal que cien años dure y nadie me puso velas negras esta vez (reíros, reíros, pero en ocasiones anteriores me las ponían de verdad!), sin que uno se de cuenta se ha levantado cabeza.
Profesionalmente la cosa se recupera y hay grandes proyectos de futuro, la economía se va remontando, sentimentalmente la cosa va bien, pero que muuuuuuuuy bien y en cuanto a frikadas varias la cosa promete... así que un año después me encuentro feliz, sonriente y proclamando a los cuatro vientos que soy afortunado, SOY UN TIPO CON SUERTE!
Resaca Turronera
Pues ya está, se acabaron las navidades.
Ya se fueron los Reyes Magos a sus casas en el Lejano Oriente a descansar tras un duro día de trabajo. Ellos si que se lo saben montar, si que viven bien. Curran un día al año y encima es ment....bueno, encima delegan, porque claro queridos niños, hay muchos amiguitos en el mundo a los que repartir ilusión y si no fuera por sus ayudantes y los papás que le echan una mano...
Por cierto, que si son los Reyes Magos del Lejano Oriente, ¿cómo es que no hay ningún chino o japonés? Deberían ser algo así como Melchor, Baltasar y Kuan Chan Kein, o Melchor, Gaspar y Chow Yu Fat ¿no? Los niños de hoy lo agradecerían, ¡el rey chino (o japonés, no soy racista) podría traer Plasteisions y Gueimbois!
En fin, que como decía ya se acabaron estos días de fiesta, familia, turrón y estrés consumista (con un ligero trasfondo religioso que a unos nos da lo mismo y otros ni se acuerdan) que todos llamamos navidad.
Los contenedores llenos de cartones de vistosos colores que hace unos días encerraban las ilusiones de los más pequeños, los frigoríficos repletos de sobras de comidas y cenas familiares, esa bandeja de turrones que no se termina de comer nadie, los cuerpos mutilados por las resacas, las tarjetas de crédito caninas, y el duro golpe contra la realidad que te recuerda que se acabó la tranquilidad y el escaqueo y que nos espera una larga temporada de curro antes de volver a disfrutar de unos días de vagancia absoluta...
Volvemos a la rutina diaria, pero aún nos queda el consuelo de poder disfrutar, aunque sea solo un ratito, de los regalitos que nos hacen en estas fechas.
Al contrario de lo que muchos (y sobre todo muchas) podrían pensar, este año no he recibido nada de carbón (y menos mal, que desde que pusimos el gas natural tengo varios sacos en un rincón sin saber que hacer con ellos, quizá se los deje en herencia a mis descendientes, de aquí a unos milenios se revalorizan seguro).
Este año los reyes fueron bastante frikis (exceptuando la ropita de rigor y el pedazo de reloj que me ha comprado mi niña! Jubilaré el que me regalaron en el Bruguer Quin), a la figura de Conan que ya adorna una de mis estanterías (el McFarlane haciendo tebeos es un manta, gracias a Tutatis que le dio por las figuritas), hay que añadir el bendito tomo de Mort Cinder, los tomitos de Ring Circus y un par de regalitos sorprendentes y curiosos.
Por una parte el amigo invisible que organizamos los primos en casa me trajo el libro The Art of The Incredibles, pedazo libro de bocetos, diseños e ilustraciones sobre esa gran película de Pixar que si no habéis visto ya estáis tardando.
Y por otra todos sabemos que el día uno de enero entramos en la era Panini, y el mundo no se ha acabado, y la verdad, no son tan malos como los pintaban (de momento, no nos confiemos, Aníbal Lecter parecía buena persona). De hecho son tan buenos que empezaron el año haciéndonos un regalito en su página web.
Cotilleando en su página, descaradamente hecha en Italia con un desatino increíble a la hora de traducirla y unos errores de diseño y maquetación realmente divertidos, pude fijarme en un pequeño detalle. El número 31 de la Biblioteca Marvel de Spiderman, una portada llena de nostalgia para mi generación, la casualidad había hecho coincidir que una de las primeras portadas que publicaba Panini coincidía con el primer tebeo de Spiderman que publicó Forum hace ya tantos años.
Una portada digna de un póster, no tanto por su arte, si no por su carga de nostalgia y simbolismo. Y así lo debió pensar también el webmaster de Panini, que sin dudarlo un momento colgó la imagen de la portada a un tamaño y resolución lo suficientemente grandes como para que ahora luzca en una de mis paredes aun tamaño de 70 por 100 centímetros.
Ya ven queridos frikis, Panini no es tan malo, me trajo un regalo de reyes. Permanezcan atentos a sus pantallas, esa web promete no dejar de sorprendernos.
Ya se fueron los Reyes Magos a sus casas en el Lejano Oriente a descansar tras un duro día de trabajo. Ellos si que se lo saben montar, si que viven bien. Curran un día al año y encima es ment....bueno, encima delegan, porque claro queridos niños, hay muchos amiguitos en el mundo a los que repartir ilusión y si no fuera por sus ayudantes y los papás que le echan una mano...
Por cierto, que si son los Reyes Magos del Lejano Oriente, ¿cómo es que no hay ningún chino o japonés? Deberían ser algo así como Melchor, Baltasar y Kuan Chan Kein, o Melchor, Gaspar y Chow Yu Fat ¿no? Los niños de hoy lo agradecerían, ¡el rey chino (o japonés, no soy racista) podría traer Plasteisions y Gueimbois!
En fin, que como decía ya se acabaron estos días de fiesta, familia, turrón y estrés consumista (con un ligero trasfondo religioso que a unos nos da lo mismo y otros ni se acuerdan) que todos llamamos navidad.
Los contenedores llenos de cartones de vistosos colores que hace unos días encerraban las ilusiones de los más pequeños, los frigoríficos repletos de sobras de comidas y cenas familiares, esa bandeja de turrones que no se termina de comer nadie, los cuerpos mutilados por las resacas, las tarjetas de crédito caninas, y el duro golpe contra la realidad que te recuerda que se acabó la tranquilidad y el escaqueo y que nos espera una larga temporada de curro antes de volver a disfrutar de unos días de vagancia absoluta...
Volvemos a la rutina diaria, pero aún nos queda el consuelo de poder disfrutar, aunque sea solo un ratito, de los regalitos que nos hacen en estas fechas.
Al contrario de lo que muchos (y sobre todo muchas) podrían pensar, este año no he recibido nada de carbón (y menos mal, que desde que pusimos el gas natural tengo varios sacos en un rincón sin saber que hacer con ellos, quizá se los deje en herencia a mis descendientes, de aquí a unos milenios se revalorizan seguro).
Este año los reyes fueron bastante frikis (exceptuando la ropita de rigor y el pedazo de reloj que me ha comprado mi niña! Jubilaré el que me regalaron en el Bruguer Quin), a la figura de Conan que ya adorna una de mis estanterías (el McFarlane haciendo tebeos es un manta, gracias a Tutatis que le dio por las figuritas), hay que añadir el bendito tomo de Mort Cinder, los tomitos de Ring Circus y un par de regalitos sorprendentes y curiosos.
Por una parte el amigo invisible que organizamos los primos en casa me trajo el libro The Art of The Incredibles, pedazo libro de bocetos, diseños e ilustraciones sobre esa gran película de Pixar que si no habéis visto ya estáis tardando.
Y por otra todos sabemos que el día uno de enero entramos en la era Panini, y el mundo no se ha acabado, y la verdad, no son tan malos como los pintaban (de momento, no nos confiemos, Aníbal Lecter parecía buena persona). De hecho son tan buenos que empezaron el año haciéndonos un regalito en su página web.
Cotilleando en su página, descaradamente hecha en Italia con un desatino increíble a la hora de traducirla y unos errores de diseño y maquetación realmente divertidos, pude fijarme en un pequeño detalle. El número 31 de la Biblioteca Marvel de Spiderman, una portada llena de nostalgia para mi generación, la casualidad había hecho coincidir que una de las primeras portadas que publicaba Panini coincidía con el primer tebeo de Spiderman que publicó Forum hace ya tantos años.
Una portada digna de un póster, no tanto por su arte, si no por su carga de nostalgia y simbolismo. Y así lo debió pensar también el webmaster de Panini, que sin dudarlo un momento colgó la imagen de la portada a un tamaño y resolución lo suficientemente grandes como para que ahora luzca en una de mis paredes aun tamaño de 70 por 100 centímetros.

Ya ven queridos frikis, Panini no es tan malo, me trajo un regalo de reyes. Permanezcan atentos a sus pantallas, esa web promete no dejar de sorprendernos.
Eisner ha muerto...

Esto de escribir post tristes, malas noticias y necrológicas está empezando a ser una mala costumbre en este blog, pero hay que decirlo: Will Eisner ha muerto.
A sus 87 años no ha salido del cuadruple bypass al que le habían sometido...
Que decir que no se haya dicho ya. Era un genio, “EL” genio. Maestro de maestros.
Y para mi no era el mejor: sigue siendo el mejor, seguirá siendo el mejor. No está muerto, estará siempre entre nosotros, con su obra y sus enseñanzas.
En alguna parte, en algún paraíso perdido, se habrá reunido con los otros maestros de la historieta que nos dejaron, para seguir dibujando y contando historias por toda la eternidad.