Un repaso al 2004 (II): HABLANDO DE TEBEOS
El 2004 ha supuesto mi reencuentro con el mundillo del tebeo, en un año que ha resultado convulso a nivel editorial en España.
Sin duda la comidilla del año en los mentideros internáuticos (y alguno que otro impreso) ha sido el asunto Planeta-Pannini. El rumor que se apuntaba hace muchos años (aquello se empezó hará 5 o 6 años, en mis tiempos de librero ya se hablaba de ello) ha resultado ser cierto, y tras veinte años Planeta ha perdido los derechos de edición (y al parecer cualquier tipo de comercialización) de material Marvel en castellano. A día de hoy y para preocupación de libreros y coleccionistas, sigue dando que hablar la incógnita del destino que correrá el fondo editorial de Planeta, mientras los quioscos y librerías se van llenando de productos con el sello Marvel-Pannini sin apenas notar cambio alguno. En palabras de mi librero habitual: el mismo perro con distinto collar.
Por otra parte también pudimos asistir al modesto avance de las pequeñas y modestas editoriales, que empezaron a abrirse un hueco importante en las estanterías, sorprendiéndonos con materiales de importación inexplicablemente “ignorados por las grandes” y apostando por obras y autores nacionales de gran calidad. Esta situación, en mi modesta opinión friki, es comparable al pequeño “boom” que sufrió el mercado español hace unos años, cuando irrumpieron en el panorama comicquero Camaleón, la Línea Laberinto y otros, ofreciendo al público material patrio. Al contrario de entonces, las editorial independientes que han tomado el relevo en este tortuoso camino, parecen haber aprendido de los errores de las anteriores y abogan por una continuidad (más o menos factible) estable de futuro en el mercado, cuidando muy mucho la calidad de sus publicaciones y optando por materiales muy comerciales (y de renombre en muchas ocasiones) que aseguran unas ventas más o menos aceptables que no arruinan su futuro empresarial.
Prácticamente desapercibido ha pasado el empuje del cómic japonés en la amplia oferta de la que podemos disfrutar en estos momentos. El producto nipón, lejos del saturante auge que alcanzó en nuestro país hace años, está volviendo a ganar gran importancia en nuestro mercado. Afortunadamente esta nueva oleada llega con un poco más de criterio que la anterior. Ahora podemos disfrutar de productos de calidad, a los editores afortunadamente no les basta con la licencia de unas páginas que se leen del revés de personajes con coloridos peinados imposibles y estrafalarios y grandes ojos (con todos mis respetos), no se publica cualquier cosa para contentar a una masa otaku (si empleo “mangaka” se me ofenden) que no deja de ganar adeptos. Para regocijo de los adictos a este género (para mi es más correcto decir géneros/estética, soy de la opinión que manga es igual a cómic, o a tebeo, pero con unos géneros, estéticas y temáticas característicos) los que no lo somos empezamos a conocer y leer (y comprar!) obras y autores de gran calidad que provienen del país del sol naciente y que van más allá de Candy Candy, maestros tortuga, bichitos coleccionables y robots vengadores (con mi respeto y agradecimiento, mi generación creció con Heidi, Marco, Mazinger y Comando G entre otras. Conocimos antes, aún sin saberlo a Miyazaki que a Kirby, a Mazinger antes que a Spiderman).
También pudimos asistir a la caída de dos grandes teorías editoriales que hasta la fecha todos creíamos irrefutables.
Tras años y años quejándonos del negro futuro del cómic, que al nuevo público infantil-juvenil no le interesaba y nos había abandonado en pos de la televisión, consolas, internet, etc... hemos visto con asombro lo equivocadísimos que estábamos todos. La realidad ha demostrado que el joven lector no nos había abandonado, la industria le había abandonado a él. Hemos podido ver como revistas para ese público que llevaban un tiempo en librerías y quioscos (tienen más presencia en los segundos) reconsolidaban y como, ante el éxito de éstas, aparecían nuevas apuestas en la misma honda de distintas editoriales.
Entre estas apuestas, desde Italia, nos llegó un sorprendente éxito que de paso que tiraba por tierra la teoría de que las nuevas generaciones no se interesaban por los tebeos, nos hacía replantearnos (de nuevo) la teoría de que los cómics son “cosas de niños”. Witch, un “tebeo de niñas”, apareció y arrasó en los quioscos, cambiando el panorama editorial nacional (hay quienes nos atrevemos a decir que en esté éxito está la semilla del asunto Pannini), animando a muchos a acercase a este redescubierto mercado. Ojalá este resurgimiento traiga momentos y obras tan geniales y magistrales como las de la escuela Bruguera.
Mención también merecen las editoriales que apuestan por un material más “de autor”, un cómic (según ellos) más adulto, más culto, y más personal, que en nuestro país alcanza altas cotas de calidad y parece funcionar muy bien. Los autores más atrevidos y experimentales siguen disfrutando (y haciendo disfrutar) de un público fiel y poco a poco van captando otro tipo de público que habitualmente no se acerca a un cómic.
En general ha sido un buen año a nivel editorial, y hemos podido disfrutar de un catálogo amplio y de calidad, del mantenimiento, del nacimiento, y de las consolidaciones de proyectos editoriales que nos hacen presagiar a los más optimistas un 2005 aún mejor.
Sin duda la comidilla del año en los mentideros internáuticos (y alguno que otro impreso) ha sido el asunto Planeta-Pannini. El rumor que se apuntaba hace muchos años (aquello se empezó hará 5 o 6 años, en mis tiempos de librero ya se hablaba de ello) ha resultado ser cierto, y tras veinte años Planeta ha perdido los derechos de edición (y al parecer cualquier tipo de comercialización) de material Marvel en castellano. A día de hoy y para preocupación de libreros y coleccionistas, sigue dando que hablar la incógnita del destino que correrá el fondo editorial de Planeta, mientras los quioscos y librerías se van llenando de productos con el sello Marvel-Pannini sin apenas notar cambio alguno. En palabras de mi librero habitual: el mismo perro con distinto collar.
Por otra parte también pudimos asistir al modesto avance de las pequeñas y modestas editoriales, que empezaron a abrirse un hueco importante en las estanterías, sorprendiéndonos con materiales de importación inexplicablemente “ignorados por las grandes” y apostando por obras y autores nacionales de gran calidad. Esta situación, en mi modesta opinión friki, es comparable al pequeño “boom” que sufrió el mercado español hace unos años, cuando irrumpieron en el panorama comicquero Camaleón, la Línea Laberinto y otros, ofreciendo al público material patrio. Al contrario de entonces, las editorial independientes que han tomado el relevo en este tortuoso camino, parecen haber aprendido de los errores de las anteriores y abogan por una continuidad (más o menos factible) estable de futuro en el mercado, cuidando muy mucho la calidad de sus publicaciones y optando por materiales muy comerciales (y de renombre en muchas ocasiones) que aseguran unas ventas más o menos aceptables que no arruinan su futuro empresarial.
Prácticamente desapercibido ha pasado el empuje del cómic japonés en la amplia oferta de la que podemos disfrutar en estos momentos. El producto nipón, lejos del saturante auge que alcanzó en nuestro país hace años, está volviendo a ganar gran importancia en nuestro mercado. Afortunadamente esta nueva oleada llega con un poco más de criterio que la anterior. Ahora podemos disfrutar de productos de calidad, a los editores afortunadamente no les basta con la licencia de unas páginas que se leen del revés de personajes con coloridos peinados imposibles y estrafalarios y grandes ojos (con todos mis respetos), no se publica cualquier cosa para contentar a una masa otaku (si empleo “mangaka” se me ofenden) que no deja de ganar adeptos. Para regocijo de los adictos a este género (para mi es más correcto decir géneros/estética, soy de la opinión que manga es igual a cómic, o a tebeo, pero con unos géneros, estéticas y temáticas característicos) los que no lo somos empezamos a conocer y leer (y comprar!) obras y autores de gran calidad que provienen del país del sol naciente y que van más allá de Candy Candy, maestros tortuga, bichitos coleccionables y robots vengadores (con mi respeto y agradecimiento, mi generación creció con Heidi, Marco, Mazinger y Comando G entre otras. Conocimos antes, aún sin saberlo a Miyazaki que a Kirby, a Mazinger antes que a Spiderman).
También pudimos asistir a la caída de dos grandes teorías editoriales que hasta la fecha todos creíamos irrefutables.
Tras años y años quejándonos del negro futuro del cómic, que al nuevo público infantil-juvenil no le interesaba y nos había abandonado en pos de la televisión, consolas, internet, etc... hemos visto con asombro lo equivocadísimos que estábamos todos. La realidad ha demostrado que el joven lector no nos había abandonado, la industria le había abandonado a él. Hemos podido ver como revistas para ese público que llevaban un tiempo en librerías y quioscos (tienen más presencia en los segundos) reconsolidaban y como, ante el éxito de éstas, aparecían nuevas apuestas en la misma honda de distintas editoriales.
Entre estas apuestas, desde Italia, nos llegó un sorprendente éxito que de paso que tiraba por tierra la teoría de que las nuevas generaciones no se interesaban por los tebeos, nos hacía replantearnos (de nuevo) la teoría de que los cómics son “cosas de niños”. Witch, un “tebeo de niñas”, apareció y arrasó en los quioscos, cambiando el panorama editorial nacional (hay quienes nos atrevemos a decir que en esté éxito está la semilla del asunto Pannini), animando a muchos a acercase a este redescubierto mercado. Ojalá este resurgimiento traiga momentos y obras tan geniales y magistrales como las de la escuela Bruguera.
Mención también merecen las editoriales que apuestan por un material más “de autor”, un cómic (según ellos) más adulto, más culto, y más personal, que en nuestro país alcanza altas cotas de calidad y parece funcionar muy bien. Los autores más atrevidos y experimentales siguen disfrutando (y haciendo disfrutar) de un público fiel y poco a poco van captando otro tipo de público que habitualmente no se acerca a un cómic.
En general ha sido un buen año a nivel editorial, y hemos podido disfrutar de un catálogo amplio y de calidad, del mantenimiento, del nacimiento, y de las consolidaciones de proyectos editoriales que nos hacen presagiar a los más optimistas un 2005 aún mejor.
Comentario:
A ver si mis obligaciones de currito me sueltan un poquillo (si es que no puede ser la mala costumbre de comer que tenemos los humanos)y me pongo con un par de proyectillos que estan dando vueltas por mi mesa. Tu por si acaso hablales bien de mi a tus editores y diles que se pasen por aqui y me digan piropos como los que tu me dices :D jejeje
En cuanto a lo del repaso...tengo dos articulillos mas en cartera sobre el 2004, uno con Lo más mejor, y otro que levantará ampollas...coming soon: LO PEOR DE LO PEOR!
En cuanto a lo del repaso...tengo dos articulillos mas en cartera sobre el 2004, uno con Lo más mejor, y otro que levantará ampollas...coming soon: LO PEOR DE LO PEOR!
Comentario:
Muy interesante tu repaso al 2004 Vicen...
A ver si en el 2005 vemos algo tuyo publicado :)
Un saludote!
A ver si en el 2005 vemos algo tuyo publicado :)
Un saludote!
Comentario:
...pos no la verdá...qué era? comic? relato? tiene pinta de estar divertido, cuentanos qué es a tod@s plis
Comentario:
no eres tu quien escribio; "El freak" que vive en el atico y tiene un perro llamado fabriquitadecaca????





