"Empiece por no escuchar a su gente"
Josep M. Rosanas
Profesor de IESE y de la Universitat Pompeu Fabra
(...) más que negocios buenos o malos, lo que hay son empresas mal llevadas o bien llevadas.
El factor clave siempre es la gestión. Un buen negocio mal llevado puede dar beneficios una temporada todo lo más, pero una empresa bien llevada acaba por dar beneficios siempre.
Para llegar a ser un empresario inepto de verdad es necesario haber forjado el carácter desde niño.
No es suficiente con la dosis alícuota de idiotez con que graciosamente nos dota el destino. Un empresario inútil debe haber cultivado con perseverancia desde su mimada infancia la soberbia y su más perversos derivados: el narcisismo directivo, la persistencia en el error y el ensimismamiento.
Él sabe que es único, un líder. Y cuando la situación se deteriora es capaz de encontrar el culpable enseguida antes de caer en la vergonzosa tentación de la autocrítica.
¿Cómo evitar la creación de riqueza? Buscando el beneficio a corto y evitando cualquier tentación de invertir esfuerzo y fondos a largo plazo, de creación de valor para todos y de preocupación por el bien colectivo. Y de ese modo, será fácil que además de fracasar como gestor, pueda ser odiado cordialmente por sus empleados, socios y, si se aplica, hasta por la familia y los amigos.
¿Cuál es el primer principio de hundimiento empresarial? Seguir la moda del mercado. Si copia, aunque sea al mejor, acaba siendo como mucho copia mediocre. Copiar es ya ir atrasado.
Los estudios de mercado sólo son buenos si sirven para adelantarse al mercado. Si sólo siguen al mercado, siempre llegas tarde y, de paso, puedes olvidarte de las buenas ideas que tiene tu propia gente. El mercado no lo es todo ni lo decide todo. También están las personas, su equipo.
Una idea fundamental: ignore a sus empleados. Que trabajen y callen. Usted no les paga para tener ideas sino para que ejecuten las suyas, siempre brillantes.
¿Ideas para desmotivar empleados? Jamás caiga en el error de que le importen las personas que trabajan con usted. Le son prescindibles como seres humanos más allá de su productividad. Cuanto menos vínculo tenga con ellos, mejor. Y se se limita a un contrato de seis meses, en vez de un año, perfecto: dependerán de usted y los tendrá sometidos.
¿Algún atajo más hacia la bancarrota? Sea muy mediático y preocúpese de la fachada de su negocio antes que de la solidez de las vigas. Utilice muchas palabritas acabadas en -ing, inútiles pero muy efectistas: benchmarking, branding, reengineering, ABC costing,...
SIN SOBRARSE
Si usted tiene que tomar una decisión, una de las viejas teorías dela estratagema es imaginar cuál sería la peor consecuencia de equivocarse. Si piensa en qué hacer con su vida, comience por imaginarse exactamente qué es lo que no quiere hacer y qué sucedería si errara.
El profesor Rosanas, que es y ha sido profesor en varios centros de excelencia empresarial, aplica este viejo principio del Sun Tzu (El Arte de la Guerra) al quehacer cotidiano en el mundo económico en el sugerente libro "Cómo destrozar la propia empresa y creerse maravilloso" (Editorial Granica).

Fuente: La Vanguardia
Profesor de IESE y de la Universitat Pompeu Fabra
(...) más que negocios buenos o malos, lo que hay son empresas mal llevadas o bien llevadas.
El factor clave siempre es la gestión. Un buen negocio mal llevado puede dar beneficios una temporada todo lo más, pero una empresa bien llevada acaba por dar beneficios siempre.
Para llegar a ser un empresario inepto de verdad es necesario haber forjado el carácter desde niño.
No es suficiente con la dosis alícuota de idiotez con que graciosamente nos dota el destino. Un empresario inútil debe haber cultivado con perseverancia desde su mimada infancia la soberbia y su más perversos derivados: el narcisismo directivo, la persistencia en el error y el ensimismamiento.
Él sabe que es único, un líder. Y cuando la situación se deteriora es capaz de encontrar el culpable enseguida antes de caer en la vergonzosa tentación de la autocrítica.
¿Cómo evitar la creación de riqueza? Buscando el beneficio a corto y evitando cualquier tentación de invertir esfuerzo y fondos a largo plazo, de creación de valor para todos y de preocupación por el bien colectivo. Y de ese modo, será fácil que además de fracasar como gestor, pueda ser odiado cordialmente por sus empleados, socios y, si se aplica, hasta por la familia y los amigos.
¿Cuál es el primer principio de hundimiento empresarial? Seguir la moda del mercado. Si copia, aunque sea al mejor, acaba siendo como mucho copia mediocre. Copiar es ya ir atrasado.
Los estudios de mercado sólo son buenos si sirven para adelantarse al mercado. Si sólo siguen al mercado, siempre llegas tarde y, de paso, puedes olvidarte de las buenas ideas que tiene tu propia gente. El mercado no lo es todo ni lo decide todo. También están las personas, su equipo.
Una idea fundamental: ignore a sus empleados. Que trabajen y callen. Usted no les paga para tener ideas sino para que ejecuten las suyas, siempre brillantes.
¿Ideas para desmotivar empleados? Jamás caiga en el error de que le importen las personas que trabajan con usted. Le son prescindibles como seres humanos más allá de su productividad. Cuanto menos vínculo tenga con ellos, mejor. Y se se limita a un contrato de seis meses, en vez de un año, perfecto: dependerán de usted y los tendrá sometidos.
¿Algún atajo más hacia la bancarrota? Sea muy mediático y preocúpese de la fachada de su negocio antes que de la solidez de las vigas. Utilice muchas palabritas acabadas en -ing, inútiles pero muy efectistas: benchmarking, branding, reengineering, ABC costing,...
SIN SOBRARSE
Si usted tiene que tomar una decisión, una de las viejas teorías dela estratagema es imaginar cuál sería la peor consecuencia de equivocarse. Si piensa en qué hacer con su vida, comience por imaginarse exactamente qué es lo que no quiere hacer y qué sucedería si errara.
El profesor Rosanas, que es y ha sido profesor en varios centros de excelencia empresarial, aplica este viejo principio del Sun Tzu (El Arte de la Guerra) al quehacer cotidiano en el mundo económico en el sugerente libro "Cómo destrozar la propia empresa y creerse maravilloso" (Editorial Granica).

Fuente: La Vanguardia





