Mía es la soledad, mío el reino del silencio
No sé si funcionará este exorcismo. No sé si darle forma a mis penas y a al dolor acumulado durante tanto tiempo me servirá para arrancármelo de dentro y empujarlo muy lejos o si por el contrario mis fantasmas se volverán sólidos desde la pantalla.
Hace tiempo que quiero sentarme frente al teclado y escribirte, convertirte en una historia que no vuelva a leer nunca más, por que la verdad se impone y ya no quedan en mis ojos, agotados de esperar, nada con que llorar.
Que ingenua fui pensando que podrías comprenderme, allí donde ni yo misma me comprendo. Que ingenua pensando que podrías trascender a esa parte de ti, tan frívola, tan arrogante, para liberar al hombre que yo esperaba.
Todo fue una ilusión, pero sabes, lo que yo amé de ti, nadie lo aprecia, nadie lo busca, nadie lo conoce. Te amaré siempre en aquello que nunca tendrás el valor de ser.
Cuánto siento tu vida, hueca, tu manera de correr hacia ninguna parte y tus excusas. Cuánto siento la profundidad insondable de mi herida. Cuánto dolor acumulado, que insoportable el porcentaje de tu ausencia y tu forma premeditada de olvidarme.
Hubo momentos en que tu sonrisa era tan bonita, tu voz tan sincera... como una puerta abierta a la esperanza, y ahora me pregunto ¿Cuál era tu verdad, cual era tu inicio, donde acabas de ser tú y empiezas a ser el fantasma que yo imaginé?
Después creció entre nosotros un océano de silencio cristalino, aislando nuestras vidas, separándonos, un océano de frío que al fin solidificado, sepultó el destino de ese amor que fue imposible, de un amor de papel, de una mentira, de un amor que solo encendió mi alma.
Mía es la soledad, siempre lo ha sido, mío el reino del silencio
Hace tiempo que quiero sentarme frente al teclado y escribirte, convertirte en una historia que no vuelva a leer nunca más, por que la verdad se impone y ya no quedan en mis ojos, agotados de esperar, nada con que llorar.
Que ingenua fui pensando que podrías comprenderme, allí donde ni yo misma me comprendo. Que ingenua pensando que podrías trascender a esa parte de ti, tan frívola, tan arrogante, para liberar al hombre que yo esperaba.
Todo fue una ilusión, pero sabes, lo que yo amé de ti, nadie lo aprecia, nadie lo busca, nadie lo conoce. Te amaré siempre en aquello que nunca tendrás el valor de ser.
Cuánto siento tu vida, hueca, tu manera de correr hacia ninguna parte y tus excusas. Cuánto siento la profundidad insondable de mi herida. Cuánto dolor acumulado, que insoportable el porcentaje de tu ausencia y tu forma premeditada de olvidarme.
Hubo momentos en que tu sonrisa era tan bonita, tu voz tan sincera... como una puerta abierta a la esperanza, y ahora me pregunto ¿Cuál era tu verdad, cual era tu inicio, donde acabas de ser tú y empiezas a ser el fantasma que yo imaginé?
Después creció entre nosotros un océano de silencio cristalino, aislando nuestras vidas, separándonos, un océano de frío que al fin solidificado, sepultó el destino de ese amor que fue imposible, de un amor de papel, de una mentira, de un amor que solo encendió mi alma.
Mía es la soledad, siempre lo ha sido, mío el reino del silencio
¿Vacaciones?
Llevo mucho tiempo sin encontrar tiempo para escribir nada... Para ser sincera, ni tiempo ni inspiración. Es como sumergirte bajo el agua, no oyes, no hueles, ves el mundo distorsionado y parece como sí todos tus sentidos se hubieran quedado dormidos.
Así me siento últimamente, bajo el agua, aguantando la respiración para sobrevivir, sin conseguir llegar nunca a la superficie. Demasiada agua sobre mi, demasiada presión...
Este verano no me voy de vacaciones, me he quedado en casa para cuidar de mis padres. Hoy por fin el neurólogo nos ha confirmado lo que ya sabíamos... mi padre tiene Alzheimer.
Nunca imaginé que esta maldita enfermedad pudiera llegar a ser tan cruel. Te roba tu vida, tus recuerdos, tu familia, todo aquello por lo que has luchado durante toda una vida, tus triunfos y tus fracasos, tu dignidad, la esencia de quien eres... Sólo quedan girando a tu alrededor una sucesión de personas a las que ya apenas reconoces, impotentes testigos de una vida que se está esfumando.
Si hubiera podido escoger, hubiera preferido otro tipo de final para él. Se me hace muy difícil verlo cada día, tan perdido, saber que mi padre ha muerto, y que lo que queda frente a mí es tan sólo una cáscara, unas facciones, un olor, un tacto, atrapados en un cuerpo que se resiste a marchar y que nos empeñamos en retener.
Hay ocasiones, cada vez más escasas, en las que un rayo de luz se asoma y me recuerda al padre que vive en mi memoria y ni siquiera entonces consigo llorar. Sigo bajo el agua, manteniendo la respiración, nadando sin pensar.
Probablemente si pienso, el océano de mis lágrimas contenidas chocará de frente contra el mundo y corro el riesgo de perder el rumbo en el torbellino, y entonces ¿quién será la fuerte, la responsable, la eficiente, la que puede con todo y todo lo supera?
Así me siento últimamente, bajo el agua, aguantando la respiración para sobrevivir, sin conseguir llegar nunca a la superficie. Demasiada agua sobre mi, demasiada presión...
Este verano no me voy de vacaciones, me he quedado en casa para cuidar de mis padres. Hoy por fin el neurólogo nos ha confirmado lo que ya sabíamos... mi padre tiene Alzheimer.
Nunca imaginé que esta maldita enfermedad pudiera llegar a ser tan cruel. Te roba tu vida, tus recuerdos, tu familia, todo aquello por lo que has luchado durante toda una vida, tus triunfos y tus fracasos, tu dignidad, la esencia de quien eres... Sólo quedan girando a tu alrededor una sucesión de personas a las que ya apenas reconoces, impotentes testigos de una vida que se está esfumando.
Si hubiera podido escoger, hubiera preferido otro tipo de final para él. Se me hace muy difícil verlo cada día, tan perdido, saber que mi padre ha muerto, y que lo que queda frente a mí es tan sólo una cáscara, unas facciones, un olor, un tacto, atrapados en un cuerpo que se resiste a marchar y que nos empeñamos en retener.
Hay ocasiones, cada vez más escasas, en las que un rayo de luz se asoma y me recuerda al padre que vive en mi memoria y ni siquiera entonces consigo llorar. Sigo bajo el agua, manteniendo la respiración, nadando sin pensar.
Probablemente si pienso, el océano de mis lágrimas contenidas chocará de frente contra el mundo y corro el riesgo de perder el rumbo en el torbellino, y entonces ¿quién será la fuerte, la responsable, la eficiente, la que puede con todo y todo lo supera?