Un café para la tristeza
Para curar las heridas del alma siempre es bueno una caricia.
Hoy llueve, las gotas chocan una tras otra en los cristales de mi ventana. Estaba leyendo pero al ver la lluvia se me antojo salir a caminar, tome la sombrilla. La calle estaba desierta, los coches pasaban muy rápido, algunos hasta me salpicaron el agua en plena cara, ni aún así deje de caminar. A las pocas calles escampo, guarde mi sombrilla.
Una chica solitaria en las calles inundadas, unas veces tenia que cruzar la calle para seguir avanzando, otras deshacer el camino andado y buscar otro. Paso a paso comprendi que a veces hay que buscar otros caminos o retroceder para conseguir lo que se desea.
Al final mi recompensa fué un capuccino calienito y espumoso.
Hoy llueve, las gotas chocan una tras otra en los cristales de mi ventana. Estaba leyendo pero al ver la lluvia se me antojo salir a caminar, tome la sombrilla. La calle estaba desierta, los coches pasaban muy rápido, algunos hasta me salpicaron el agua en plena cara, ni aún así deje de caminar. A las pocas calles escampo, guarde mi sombrilla.
Una chica solitaria en las calles inundadas, unas veces tenia que cruzar la calle para seguir avanzando, otras deshacer el camino andado y buscar otro. Paso a paso comprendi que a veces hay que buscar otros caminos o retroceder para conseguir lo que se desea.
Al final mi recompensa fué un capuccino calienito y espumoso.





