Arte en las calles
Julian Beever realiza dibujos en las aceras de ciudades europeas, australianas y estadounidenses con una técnica llamada anamorfosi, es decir, pinta imágenes deformadas que al mirarlas desde el ángulo adecuado se pueden ver en tres dimensiones.
Como diría Sancho, para muestra un botón:


© Julian Beever
Y digo yo, para las que siempre vamos despistadas por la calle, ¿te lo encuentras de frente o en los pies?
Como diría Sancho, para muestra un botón:


© Julian Beever
Y digo yo, para las que siempre vamos despistadas por la calle, ¿te lo encuentras de frente o en los pies?
Estoy aprendiendo
Recibido de un amigo por mail. De autores desconocidos que están aprendiendo. A ellos me uno, pues vivir es aprender
He aprendido que no puedo hacer que alguien me ame, solo convertirme en alguien a quien se pueda amar; el resto ya depende de los otros.
He aprendido que por mucho que me preocupe por los demás, muchos de ellos no se preocuparan por mí.
He aprendido que se pueden requerir años para construir la confianza y únicamente segundos para destruirla.
He aprendido que lo que verdaderamente cuenta en la vida, no son las cosas que tengo alrededor sino las personas que tengo alrededor.
He aprendido que no debo compararme con lo mejor de lo que hacen los demás, sino con lo mejor que puedo hacer yo.
He aprendido que lo más importante no es lo que me sucede sino lo que hago al respecto.
He aprendido que hay cosas que puedo hacer en un instante, y que pueden ocasionar dolor durante toda una vida.
He aprendido que es importante practicar para convertirme en la persona que yo quiero ser.
He aprendido que es mucho más fácil reaccionar que pensar... y más satisfactorio pensar que reaccionar.
He aprendido que siempre debo despedirme de las personas que amo con palabras amorosas; podría ser la ultima vez que los veo.
He aprendido que puedo llegar mucho más lejos de lo que pensé posible.
He aprendido que soy responsable de lo que hago, cualquiera que sea el sentimiento que tenga.
He aprendido que por tan apasionada que sea la relación en un principio, la pasión se desvanece y algo más debe tomar su lugar.
He aprendido que los héroes son las personas que hacen aquello de lo que estén convencidos, a pesar de las consecuencias.
He aprendido que con los amigos podemos hacer cualquier cosa o no hacer nada y tener el mejor de los momentos.
He aprendido que a veces las personas que creo que me van a patear cuando estoy caído, son aquellas que me ayudan a levantar.
He aprendido que en muchos momentos tengo el derecho de estar enojado, pero no el derecho de ser cruel.
He aprendido que la verdadera amistad y el verdadero amor continúan creciendo a pesar de las distancias, aunque a veces lo dude.
He aprendido que simplemente porque alguien no me ama de la manera en que yo quisiera, no significa que no me ama a su manera.
He aprendido que la madurez tiene mas que ver con las experiencias que he tenido y lo que he aprendido de ellas, que con el número de años cumplidos.
He aprendido que nunca debo decirle a un niño que sus sueños son tontos; pocas cosas son tan humillantes y qué tragedia seria si él lo creyera.
He aprendido que por bueno que sea el buen amigo, tarde o temprano me voy a sentir lastimado por él y debo saber perdonarlo por ello.
He aprendido que no siempre es suficiente ser perdonado por los otros; a veces tengo que perdonarme a mí mismo.
He aprendido que por más fuerte que sea mi duelo, el mundo no se detiene por mi dolor.
He aprendido que mientras mis antecedentes y circunstancias pueden haber influenciado en lo que soy, yo soy responsable de lo que llego a ser.
He aprendido que no tengo que cambiar de amigos si comprendo que los amigos cambian.
He aprendido que dos personas pueden mirar a la misma cosa y ver algo totalmente diferente.
He aprendido que sin importar las consecuencias, cuando soy honesto conmigo mismo llego más lejos en la vida.
He aprendido que aun cuando pienso que no puedo dar más, cuando un amigo pide ayuda, logro encontrar la fortaleza para ayudarlo.
He aprendido que tanto escribir como hablar puede aliviar los dolores emocionales.
He aprendido que el paradigma en el que vivo no es la única opción que tengo.
He aprendido que los títulos sobre la pared no nos convierten en seres humanos decentes.
He aprendido que las personas se mueren demasiado pronto.
He aprendido que aunque la palabra amor pueda tener diferentes significados, pierde su valor cuando se usa con ligereza.
He aprendido que es muy difícil determinar donde fijar el límite entre no herir los sentimientos de los demás y defender lo que creo.
He aprendido mucho y quiero seguir haciéndolo. Porque he aprendido que me queda mucho por aprender.
He aprendido que no puedo hacer que alguien me ame, solo convertirme en alguien a quien se pueda amar; el resto ya depende de los otros.
He aprendido que por mucho que me preocupe por los demás, muchos de ellos no se preocuparan por mí.
He aprendido que se pueden requerir años para construir la confianza y únicamente segundos para destruirla.
He aprendido que lo que verdaderamente cuenta en la vida, no son las cosas que tengo alrededor sino las personas que tengo alrededor.
He aprendido que no debo compararme con lo mejor de lo que hacen los demás, sino con lo mejor que puedo hacer yo.
He aprendido que lo más importante no es lo que me sucede sino lo que hago al respecto.
He aprendido que hay cosas que puedo hacer en un instante, y que pueden ocasionar dolor durante toda una vida.
He aprendido que es importante practicar para convertirme en la persona que yo quiero ser.
He aprendido que es mucho más fácil reaccionar que pensar... y más satisfactorio pensar que reaccionar.
He aprendido que siempre debo despedirme de las personas que amo con palabras amorosas; podría ser la ultima vez que los veo.
He aprendido que puedo llegar mucho más lejos de lo que pensé posible.
He aprendido que soy responsable de lo que hago, cualquiera que sea el sentimiento que tenga.
He aprendido que por tan apasionada que sea la relación en un principio, la pasión se desvanece y algo más debe tomar su lugar.
He aprendido que los héroes son las personas que hacen aquello de lo que estén convencidos, a pesar de las consecuencias.
He aprendido que con los amigos podemos hacer cualquier cosa o no hacer nada y tener el mejor de los momentos.
He aprendido que a veces las personas que creo que me van a patear cuando estoy caído, son aquellas que me ayudan a levantar.
He aprendido que en muchos momentos tengo el derecho de estar enojado, pero no el derecho de ser cruel.
He aprendido que la verdadera amistad y el verdadero amor continúan creciendo a pesar de las distancias, aunque a veces lo dude.
He aprendido que simplemente porque alguien no me ama de la manera en que yo quisiera, no significa que no me ama a su manera.
He aprendido que la madurez tiene mas que ver con las experiencias que he tenido y lo que he aprendido de ellas, que con el número de años cumplidos.
He aprendido que nunca debo decirle a un niño que sus sueños son tontos; pocas cosas son tan humillantes y qué tragedia seria si él lo creyera.
He aprendido que por bueno que sea el buen amigo, tarde o temprano me voy a sentir lastimado por él y debo saber perdonarlo por ello.
He aprendido que no siempre es suficiente ser perdonado por los otros; a veces tengo que perdonarme a mí mismo.
He aprendido que por más fuerte que sea mi duelo, el mundo no se detiene por mi dolor.
He aprendido que mientras mis antecedentes y circunstancias pueden haber influenciado en lo que soy, yo soy responsable de lo que llego a ser.
He aprendido que no tengo que cambiar de amigos si comprendo que los amigos cambian.
He aprendido que dos personas pueden mirar a la misma cosa y ver algo totalmente diferente.
He aprendido que sin importar las consecuencias, cuando soy honesto conmigo mismo llego más lejos en la vida.
He aprendido que aun cuando pienso que no puedo dar más, cuando un amigo pide ayuda, logro encontrar la fortaleza para ayudarlo.
He aprendido que tanto escribir como hablar puede aliviar los dolores emocionales.
He aprendido que el paradigma en el que vivo no es la única opción que tengo.
He aprendido que los títulos sobre la pared no nos convierten en seres humanos decentes.
He aprendido que las personas se mueren demasiado pronto.
He aprendido que aunque la palabra amor pueda tener diferentes significados, pierde su valor cuando se usa con ligereza.
He aprendido que es muy difícil determinar donde fijar el límite entre no herir los sentimientos de los demás y defender lo que creo.
He aprendido mucho y quiero seguir haciéndolo. Porque he aprendido que me queda mucho por aprender.
Florestan Fernandes

“El sistema global creó también una subclase, los desclasificados, un factor asustador para el propio sistema. Esos que no fueron incorporados son indicios de que esta sociedad de clases está sujeta a perversiones y a desequilibrios fatales”
“… precisamos robustecer nuestra fe en la ciencia y en la capacidad del hombre de elevarse hasta ella, forjando en Brasil una nueva civilización”
Florestan Fernandes (São Paulo 1920 - 1995)
Nació en el seno de una humilde familia. La patrona de su madre (una lavandera analfabeta) lo llamaba Vicente porque consideraba que Florestan no era un nombre apropiado para un niño pobre.
Comenzó a trabajar a los seis años. A los nueve, debido a la necesidad de dedicarse exclusivamente al trabajo, tuvo que dejar los estudios. A los diecisiete años se sacó el curso de “madureza”, que le proporcionó el título para poder seguir estudiando. A los dieciocho entró en el Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de São Paulo. Todo esto lo consiguió gracias a su voluntad e inteligencia, ya que por el día trabajaba y por la noche estudiaba.
Aquí fue, según él, cuando Vicente comenzó a morir y llegó Florestan. Obtuvo la licenciatura en 1943, la maestría en Sociología y Antropología en 1947 y finalmente el doctorado en 1951. En 1944 había contraído matrimonio con Myriam, con la cual tuvo seis hijos.
Trabajó como profesor en la Universidad de São Paulo, pero debido a su militancia política en la universidad fue perseguido durante la dictadura militar de su país y tuvo que exiliarse en 1969 a Canadá, dando clases de sociología en la Universidad de Toronto y conferencias en universidades de diferentes países del mundo, como por ejemplo EE.UU. (Columbia y Yale) y Alemania.
Regresó a Brasil en 1972. Está considerado como uno de los creadores de la moderna sociología brasileña, pero no pudo volver a dar clases en la Universidad de São Paulo. El niño pobre que se había transformado en el mayor sociólogo brasileño había sido expulsado de la universidad y era un profesor “sin cátedra”. Gran luchador, fue uno de los fundadores del Partido de los Trabajadores (PT), siendo elegido como diputado en dos ocasiones(1987/90 y 1991/94).
Era un crítico severo del capitalismo, ya que no creía que las injusticias y la opresión generadas por la sociedad capitalista pudiesen ser resueltas por ese orden social. Fue un permanente militante de la lucha por la libertad, por la democracia de la mayoría y por la revolución socialista. Defendía ardorosamente la educación pública y gratuita en Brasil.
Como profesor se dedicó a formar personas para la tarea científica, inculcándoles la necesidad de la formación en profundidad, del rigor y de la disciplina para la investigación científica. Incentivaba el trabajo colectivo.
Uno de sus alumnos y amigo, aunque lo decepcionó políticamente, fue Fernando Henrique Cardoso, presidente de Brasil de 1995 a 2002. Una vez me contaron que al final de su vida, muy enfermo, FHC fue a visitarlo y le ofreció asistencia médica en Estados Unidos. Florestan simplemente le contestó que no quería recibir ninguna asistencia médica que no estuviese al alcance de cualquier brasileño. Cuando se estaba muriendo rechazó un trato privilegiado sin dudarlo un instante. La historia lo recuerda como un hombre íntegro.
“ Hecha la revolución en las escuelas, el pueblo la hará en las calles” Florestan Fernandes
Una emigrante

No tenía sentido quedarse allí. Ella quería casarse y tener hijos.
Pero no era la heredera de la ‘casa’, sino que lo era su hermano mayor. Por supuesto que podía quedarse en ella, cuidando de sus padres y trabajando para la casa. Su hermano y su cuñada nunca la echarían, así que no le faltaría ni comida ni un techo donde vivir. Pero la condición era que no podía casarse ya que su obligación era cuidarles a ellos, trabajar con ellos, vivir con ellos…
La única posibilidad de casarse y quedarse allí era si lo hacía con un heredero. Pero en el pueblo y alrededores no encontraba novio. No le gustaba el que la quería ni era querida por el que le gustaba.
Así que un día de 1959 se decidió. Un matrimonio amigo de la familia vivía en Barcelona y ellos le darían cobijo mientras encontraba un trabajo, es decir, una casa donde servir. Eso era a lo que aspiraban en aquel entonces las campesinas emigrantes.

Llegó a la Estación de Francia donde le estaban esperando, gracias a Dios. A la salida del andén la policía paraba a todo el mundo para preguntarles si alguien venía a buscarles y se responsabilizaban de ellas. Si no era así no podían entrar en la ciudad, pues les obligaban a subir a un tren de regreso a su origen. En aquellos años llegaban a Barcelona muchos emigrantes de otras zonas del estado huyendo de la miseria o de lugares donde no tenían espacio, buscando un trabajo, iniciando una nueva vida.
Así entró por primera vez en esta ciudad: franqueada por un matrimonio amigo después del permiso de la autoridad. Aquí inició una nueva vida. El principio fue duro, muy duro, emigrante en una ciudad desconocida, grande, muy grande, hostil.
En 1960 a través de unos conocidos comunes, conoció a un buen hombre con el que se casó tres meses después. Sí, tres meses, y después de una cita a ciegas. Que en aquel entonces ya existían.
Esos conocidos los invitaron por separado a su casa para que se conocieran y allí se encontraron. Él era un solterón de cuarenta años y ella era una solterona de más de treinta años. Quedaron para salir otro día, y otro, y otro… hasta que un día, después de tres meses saliendo, él le dijo algo así más o menos:
“Mira, tú quieres casarte y tener hijos y yo también. Nos llevamos bien y somos buenas personas. Con nuestra edad no tiene sentido esperar mucho y ahora sería un buen momento para casarnos. Yo tengo derecho a pedir unos días de vacaciones y no sé cuando volveré a tener esta oportunidad, así que si nos casamos ahora podemos ir al pueblo, tú conoces a mi familia y yo a la tuya”. Y así lo hicieron. Y así se enamoraron, creo, y tuvieron dos hijas.
¡¡¡Y es que mi padre era todo un romántico!!!
Katrina, ¿una sociedad modélica?
Es increíble lo que un huracán puede provocar en el país más poderoso del mundo. A un fenómeno natural se le ha añadido la falta de previsión, el desinterés previo al desastre y la mala conservación de los diques.
Se dice que en los momentos más críticos es cuando los dirigentes políticos se muestran públicamente como son en la realidad. Y también lo hace la población.
Para muestra un botón:
Un total de 300 soldados de la Guardia Nacional de Arkansas han llegado a Nueva Orleans procedentes de Irak para combatir el caos de la ciudad con la orden de "tirar a matar" a cualquier persona sorprendida en actos de pillaje.
Kathleen Blanco, la gobernadora de Luisiana, ha explicado a la prensa con tono firme que se trata de soldados "aguerridos, armados con fusiles de asalto M-16, que saben tirar y matar y en esta ocasión espero que lo hagan". El Periódico de Catalunya, 02 de septiembre de 2005
Las noticias que llegan están cargadas de caos, dolor, violencia, muerte; cuando lo normal en estos casos debería ser que toda la sociedad se volcase a ayudar a los damnificados ¿o no?
Parece que todos están más preocupados en cuantificar los daños económicos que los humanos. Llegan imágenes de colas enormes y personas desesperadas en busca de gasolina, saqueando, peleándose por unas zapatillas. Hombres del ejército armados hasta los dientes apuntando con sus fusiles. Presidente del gobierno rodeado de decenas de hombres mirando por una ventanilla de un avión… Este es sólo un pequeño aspecto de lo que podría, debería ser, un debate. ¡Y encima pretenden dar lecciones a todo el mundo!
Pero yo ahora mismo no dejo de pensar: ¿y esa es la sociedad que nos presentan como modelo? ¿Por qué?
Se dice que en los momentos más críticos es cuando los dirigentes políticos se muestran públicamente como son en la realidad. Y también lo hace la población.
Para muestra un botón:
Un total de 300 soldados de la Guardia Nacional de Arkansas han llegado a Nueva Orleans procedentes de Irak para combatir el caos de la ciudad con la orden de "tirar a matar" a cualquier persona sorprendida en actos de pillaje.
Kathleen Blanco, la gobernadora de Luisiana, ha explicado a la prensa con tono firme que se trata de soldados "aguerridos, armados con fusiles de asalto M-16, que saben tirar y matar y en esta ocasión espero que lo hagan". El Periódico de Catalunya, 02 de septiembre de 2005
Las noticias que llegan están cargadas de caos, dolor, violencia, muerte; cuando lo normal en estos casos debería ser que toda la sociedad se volcase a ayudar a los damnificados ¿o no?
Parece que todos están más preocupados en cuantificar los daños económicos que los humanos. Llegan imágenes de colas enormes y personas desesperadas en busca de gasolina, saqueando, peleándose por unas zapatillas. Hombres del ejército armados hasta los dientes apuntando con sus fusiles. Presidente del gobierno rodeado de decenas de hombres mirando por una ventanilla de un avión… Este es sólo un pequeño aspecto de lo que podría, debería ser, un debate. ¡Y encima pretenden dar lecciones a todo el mundo!
Pero yo ahora mismo no dejo de pensar: ¿y esa es la sociedad que nos presentan como modelo? ¿Por qué?