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en mi mundo...
experiencias, reflexiones y pensamientos varios no reflexionados...
Acerca de
difícil de saber / difícil de explicar / sencilla y complicada / quiero ser normal y no siempre lo consigo / quiero ser diferente pero soy como las demás
Sindicación
 
La Cartera
Durante unos años estuve repartiendo cartas. Sí, como cartera, no la del bolsillo, sino la de Correos.
Si alguien ha leído "El Cartero" de Bukowski se puede creer todo lo que cuenta... os lo aseguro, debe de ser igual en todo el mundo mundial!!
En cambio, con "El Cartero de Pablo Neruda" no he encontrado ninguna similitud. También es verdad que yo repartía en una gran ciudad... y todos los escritores a los que llevaba cartas no estaban nunca en casa, así que para que me firmaran un libro, aunque fuese el de certificados, tenía que ir como toda hija de vecino a los puestos de Sant Jordi.

Anécdotas las hay de todos los tipos, buenas y malas. La verdad es que yo en el fondo me lo pasaba bien callejeando y cotilleando con las vecinas y los porteros. No conocía a la gente en persona, pero me sabía su vida: si debían dinero, si conducían fatal y los tenían que multar, si tenían el novio en la mili, si iban a ir de boda...
En una ocasión casi pierdo la vida y terminé en brazos de un joven. Pero al final, con el susto, se me olvidó preguntarle el nombre. Con esa información podría intentar reconstruir su vida a través de la información postal y así saber si era un buen partido.
Tenía la mala costumbre de apoyar la espalda en la puerta mientras esperaba a que me abrieran. Estaba en una de esas puertas antiquísimas con zócalo, es decir, un gran portón de madera con una puerta pequeña en el centro que para entrar tienes que superar unos diez centímetros o más de madera. En ese momento se abre la puerta y yo me caigo recta hacia atrás sin poder restablecer el equilibrio porque mis piés están hasta los tobillos entorpecidos por esos malditos diez cientímetros. En cuestión de un segundo, cuando yo ya me sentía dándome el gran guarrazo en el suelo, me encuentro en brazos de un joven. Nos quedamos algo así como medio minuto en esa absurda posición, congelados del susto. Me pongo en pie, muy digna, y le doy las gracias mientras me disculpo educadamente por haberle caído encima... No sé que me hizo ponerme más colorada, el susto, la adrenalina o la situación.

Por lo visto mi especialidad eran las puertas (con el tiempo voy ampliando campos).
En otra ocasión entraba toda decidida a una portería que tenía dos grandes puertasde cristal que me permitían ver todo el interior. Siempre, salvo en día de limpieza, una de ellas estaba abierta. Yo llevaba un gran paquete de cartas entre los brazos para entregarle al portero. Lo estaba viendo de pie al lado de su mostrador hablando con una vecina. De repente veo como el portero se tira como si estuviese evitando que entrase un balón directo y con fuerza por detrás del mostrador. En ese momento llegaba decidida para traspasar el umbral de la puerta... que creía abierta... y oigo el zumbido del portero automático. En esta ocasión me quedé blanca.

Ya no estoy repartiendo.
Un día llamé desde el portal al timbre de un piso para que me abrieran la puerta de entrada a la escalera, que es donde suelen estar los buzones, mi objetivo. Sale una voz somnolienta de hombre y pregunta quién era. Yo contesté automáticamente: "la cartera", a lo que muy solícito me respondió: "lo siento, ¿pero que quiere que le haga?" Acostumbrada a preguntas de todo tipo, simplemente le contesté: "sólo abrirme la puerta, gracias", imaginando que alguien tan amable no podría fallarme. En efecto, oí: "Ah!! Sí, claro!" y un zumbido en la puerta.

Siempre me pregunté si ese hombre había leído "El Cartero" de Bukowski.
 
 
Comentario:
Gracias por tu visita. Me ha gustado mucho tu comentario.
Te escribo desde clase de 4º de ESO, porque sólo tengo 4 alumnos, y el resto están de excursión. De modo que hoy no doy Historia de la Iglesia, y nos dedicamos al ordenador.
Cartera..... debe ser muy interesante. Lo que has contado ya me lo parece.
Vendré a verte.
Saludos.
 
Comentario:
Seguro que durante esos años trabajando en la calle has acumulado miles de anécdotas, a ver si poco a poco nos las vas contando.

Besos
No