El tiempo no me espera
Powered by Castpost

Apostando serio y fuerte,
En la primera tanda me tocó la vida.
Los árbitros aportaron su rutina
Y eran las venas quiénes portaban la suerte.
Y bolas, y más bolas repletas de mierda
Embadurnando de sí la enmoquetada mesa…
Los números al azar, y las manos…
Las manos compradas y espesas.
Todo el valor al postor más potente
Que los débiles ni siquiera gastan fuerzas
Para escupir, sonreír, llorar u oponerse.
Las miserias se idean veloces en cada era.
Laberintos de poder, de wisky caro…
Semejantes perdedores, vulnerables adictos…
Octogenarios negociantes con puro habano
Sala incubadora de dolor, de destrezas desbocadas en ríos
De alcohol y regencias de peces gordos.
Paga mi fianza, apuesta por mi número
Tira tu dinero, tira la copa y mancha la mesa…
¿Mi rastro? Lo apuesto, no pierdo nada, y ni me esmero…
¿Quién nunca pierde? El que apuesta por el tiempo.
La mierda cambia de lugar
Powered by Castpost
Me sigo mordiendo las uñas con el mismo desquicie que gastaba en la niñez. Corro el riesgo de llegar al hueso, pero pienso en la neblina absurda y funesta que embadurna todo y muerdo, masco y machaco mis dedos. Sé de sobra que el seguro no me cubrirá los gastos de una prótesis nueva de plástico o acero inoxidable, pero no lo pienso, me entrego primero a la infección.
Hace tiempo dejé de acariciar la televisión, de mirarla con aprecio, de prestarla la atención como miembro más que es de la familia. Son escombros de un vertedero de extrarradio, y aunque la poesía en ocasiones se abraza a la impureza de la basura más sucia, ésta no posee –ni poseerá- el gusto de colindar, y mucho menos, bailar con ella. Pensaba que todo era inventado e interpretado en un plató hecho reality show con realidad falseada, pero… no creía llegar a estos extremos. Y es que cuando enciendes el botón, saliente y desgastado de apretar, sólo verás un habituado hecho vacilante y monotemático en todas las cadenas del país, para posteriormente quemarlo y empezar a prender otro… y comenzar a forjar las brasas.
Los besos falsos, las sonrisas forzadas, las informaciones dudosas, los días convertidos en noches, sueldos caros y floreros hechos azafatas usando ropa que tapa exclusivamente sus vergüenzas. De todos es sabido que el corazón se aferra a lo perdido, que los labios urgentes no quieren después soltar dos besos pausados, que todo es falso y deprisa. El tiempo es oro en televisión, como si un panadero no tuviese horarios que seguir y se quedase a echar horas por amor al arte de elevación de la levadura al contacto con el calor. Me revienta la importancia que se le da al medio, la seriedad que se le otorga a un programa de entretenimiento y lo medido que está cada milímetro, segundo, palabra y rizos de las presentadoras de telediario o telemagazine; porque no las diferencio, ninguna me da la credibilidad precisa tras un objetivo acoplado a una montura pagada por la mirada de la sociedad con déficit de personalidad.
Sobra decir lo alto que estamos pagando esta liberación del medio digital (debería decir de comunicación, pero es lo que menos hace, comunicar), quién iba a decir a mi generación que Topo Gigio era un salido por andar entre los pechos de la oxigenada Xuxa, que Bésame Licia era una cursilada idealista por tratarse de una animación manga con protagonistas que se amaban y que Willy Fog no podría emprender hoy día su viaje puesto que sólo está bien visto viajar en primera pagando unos precios desorbitados no al alcance de todos.
No cambian las épocas, los que cambiamos somos nosotros, los que estamos y los que están por venir. Espero que dentro de unos años, cuando se apague este volcán que nos calcina, tengamos otra visión de lo que ahora denominamos mierda, o por lo menos, las moscas ya no ronden y el olor empiece a cesar… o cambie de lugar.





