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Deséame tanto como me sueñas
Desahogos textuales para calmar la mente, mitigar los sentimientos y evadir realidades.
Acerca de
Como las mariposas vuelan hacia un destino para poder sobrevivir, yo vuelo hacia algún lugar para encontrar mi propio destino.
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Otras mariposas que encuentro en el camino
Sindicación
 
Reencontrar

Sientes que al estar, lejos de tu hogar,
Muchas cosas hay que replantear,
En alguien muy distinto te haz llegado a transformar
Te vuelves ha encontrar
Y buscas amistad, en la gran ciudad
Quieres comenzar con serenidad,
Y lo que ayer iba del revés
Mas claro que agua ves
Te vuelves a mirar, te empiezas a reencontrar
Por la vida vas, seguro y decidido
Pero menos mal que acabaras perdido
Perderse no es ningún error
A veces es mejor
Te vuelves a buscar, te empiezas a reencontrar.

Esperando estas, desde tiempo atrás,
Y ella va a llegar, ella es todo y más
La miras vives por ella y das al final te entregaras
Te vuelves a aceptar, te empiezas a reencontrar
Por la vida vas seguro y decidido
Pero menos mal que acabaras perdido
Perderse no es ningún error a veces es mejor
Te vuelves a inventar, te empiezas a reencontrar.

 
El ¿don? de la sonrisa
Hoy sonrío porque el día lo merece; sonrío porque las cosas hay que aprovecharlas; sonrío porque es la única forma de enfrentarme a la tristeza. A mi tristeza.

No debería estar triste. Ahora no. No es tiempo de eso. Es tiempo de sonreír y de vivir. Río y río y vuelvo a reír. Pero en el fondo, muy en el fondo, no paro de llorar. Paradoja o realidad. A veces, las máscaras no son suficientes para tapar más allá.

Hago lo que quiero, vivo como siempre he deseado. A mi aire, sin dar explicaciones. Hoy contigo y mañana... mañana aún está muy lejos. A saber quién se me cruza en el camino.

Tú me sonríes y yo te devuelvo la sonrisa. Tú me miras y yo no dejo de mirarte. Tú te metes en mi cama y yo no te echo de ella. Pero sabiendo que nunca irá más allá.

Hoy me dejo llevar para vivir sin pensar. Hasta que descubra lo que quiero. Hasta que me re-descubra a mí misma. Hasta que...

Hoy río, sonrío y vuelvo a sonreír.
 
Esa palabra llamada soledad
Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, que todo lo sabe, el término soledad es un palabra con muy diversas acepciones.

- Soledad. La soledad puede ser una carencia voluntaria o involuntaria de compañía. Yo tengo una carencia, no sé si porque así lo quiero o porque me lo han impuesto, de algo que no acabo de saber qué es.

- Soledad. La soledad puede ser un lugar desierto, o tierra no habitada. En estos momentos, me siento como un desierto en el que ni siquiera hay un pequeño oasis.

- Soledad. La soledad puese ser el pesar o la melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o algo. Yo me identifico con esa melancolía porque también perdí y he perdido a alguien y a menudo sigo perdiendo algo.

- Soledad, la soledad puede ser una copla, una danza o un tonada andaluza. De esto sí que no siento nada.

A todo esto yo le quiero añadir una acepción personal y quizá la que más me vale por ser una mezcla de todas o mejor dicho, un resultado de cada una de ellas.

- Soledad. La soledad es ese estado que tan insignificante te hace sentir pero que a la vez, más te hace conocerte a ti misma. La soledad es una pena que tiene como resultado una alegría: hacerte crecer aún más por dentro.

De ahí mi silogismo:

SOLEDAD + TRISTEZA (PENA) = AUTOREDESCUBRIMIENTO

 
No me llames amor, llámame capricho
No quiero pensar; dicen que es mejor no intentar buscar un porqué. A veces, tratar de encontrar una razón te hace demasiado daño. No hay nada peor que buscar donde sólo hay vacío. Pero no puedo evitarlo.

De un día para otro, los sentimientos, tus sentimientos se han transformado en cenizas. Y el viento no ha tardado en llevárselas. De un día para otro has pasado de decirme te quiero, a casi negarme el saludo y tratarme como una completa desconocida.

Lo que antes eran ocho horas diarias de miradas y de sentimientos reprimidos, ahora se han convertido en gestos de indiferencia y frías evasivas.

Hablamos y lo único que puedes decirme es que ya no sientes nada, que ya no soy nada para ti. Y que formo parte ya de tu pasado.

Aún recuerdo tu mirada la primera vez que nos despertamos juntos. Todavía me acuerdo de tus primeras palabras al amanecer el día. Te pasaste varios minutos sentado a mi lado, sin decir nada, sólo mirando y disfrutando de mi presencia aún dormida. El silencio era suficiente para aprovechar ese momento. Y ahora…

Hoy vuelvo aquí, a ese sitio al que tantas veces dijiste querías acompañarme. Te morías por descubrir ese lugar tan especial que tan fácilmente me robaba la sonrisa y me iluminaba la cara. Querías verlo conmigo y descubrir su secreto. Y yo, me moría por enseñártelo. Por hacerte partícipe de una realidad particular en la que tantos momentos y experiencias había vivido. Por enseñarte ese algo que aunque permanece aquí, me acompaña donde quiera que vaya. Mi estrella. Ésa que últimamente tanto echo de menos.

No puedo evitar descubrirme con la mirada triste, la mente perdida en pequeños momentos e incluso los ojos inundados en lágrimas. Soy nostálgica, sí. Me cuesta cerrar y volver a empezar. Dejar de lado esos pequeños detalles que sin saber por qué te acaban enseñando algo que antes no habías visto.

No es momento de aferrarse a eso que ya no existe si no de mirar hacia delante. Al principio, se hace duro. Todo cuesta un poco. Pero todo te trae una recompensa .

Las palabras duelen pero a veces son necesarias.

Ahora hay que cerrar esa puerta que con tanta ilusión dejaste que se abriera. Ahora hay que cerrar esa puerta para abrir esta otra ventana. Esta vez despacio, con más cuidado, pero con la mismas ganas. Tras cada puerta se esconde una persona y tras cada ventana una nueva ilusión.

¿Acaso ella no se merece volver a comenzar de cero, con las mismas ganas y el doble de ilusión?

 
Un gris por dentro y por fuera.
Hoy el sol está escondido. Le cuesta asomarse entre tanta nube gris. Unas vienen y otras van y él no acaba de aparecer.

Hoy los rayos de luz no me iluminan y el cielo está más triste que nunca.

Son las cinco de la tarde. Debería estar trabajando pero no me apetece. Cualquier excusa es buena para posponer ese "nada" que estoy haciendo. Me faltan ganas y ánimo para ironizar. Por eso, en el espacio de intimidad que me permite mi ordenador, busco un rato para pensar y adivinar cómo me siento. Las muchas palabras y recuerdos que entran y salen de mi cabeza no son suficientes para conseguirlo.
Quizá porque es lunes, porque está nublado o tal vez porque ni siquiera me siento.

Trato de pensar qué ha pasado; qué es lo que he hecho mal y siempre llego a la misma conclusión. Estoy perdida.

Sin las explicaciones necesarias y con los demasiados silencios, es difícil no perderse. Y ese rumbo que parecía haber encontrado, se desvanece a medida que transcurre esta desapacible tarde de lunes.

Tocada, dolida y desilusionada, como me sentí hace unos meses, vuelvo a buscar un algo que me haga ocultar las lágrimas y sacar unas sonrisa. Al menos, riendo, las decepciones se llevan mejor.

Hoy es un día gris por dentro y por fuera. Aún faltan unas horas para acabarlo pero ya pienso en mañana. Mañana es martes y seguro que el cielo me devuelve la sonrisa, mi sonrisa.