De un día para otro, los sentimientos, tus sentimientos se han transformado en cenizas. Y el viento no ha tardado en llevárselas. De un día para otro has pasado de decirme te quiero, a casi negarme el saludo y tratarme como una completa desconocida.
Lo que antes eran ocho horas diarias de miradas y de sentimientos reprimidos, ahora se han convertido en gestos de indiferencia y frías evasivas.
Hablamos y lo único que puedes decirme es que ya no sientes nada, que ya no soy nada para ti. Y que formo parte ya de tu pasado.
Aún recuerdo tu mirada la primera vez que nos despertamos juntos. Todavía me acuerdo de tus primeras palabras al amanecer el día. Te pasaste varios minutos sentado a mi lado, sin decir nada, sólo mirando y disfrutando de mi presencia aún dormida. El silencio era suficiente para aprovechar ese momento. Y ahora…
Hoy vuelvo aquí, a ese sitio al que tantas veces dijiste querías acompañarme. Te morías por descubrir ese lugar tan especial que tan fácilmente me robaba la sonrisa y me iluminaba la cara.
Querías verlo conmigo y descubrir su secreto. Y yo, me moría por enseñártelo. Por hacerte partícipe de una realidad particular en la que tantos momentos y experiencias había vivido. Por enseñarte ese algo que aunque permanece aquí, me acompaña donde quiera que vaya. Mi estrella. Ésa que últimamente tanto echo de menos.
No puedo evitar descubrirme con la mirada triste, la mente perdida en pequeños momentos e incluso los ojos inundados en lágrimas. Soy nostálgica, sí. Me cuesta cerrar y volver a empezar. Dejar de lado esos pequeños detalles que sin saber por qué te acaban enseñando algo que antes no habías visto.
No es momento de aferrarse a eso que ya no existe si no de mirar hacia delante. Al principio, se hace duro. Todo cuesta un poco. Pero todo te trae una recompensa .
Las palabras duelen pero a veces son necesarias.
Ahora hay que cerrar esa puerta que con tanta ilusión dejaste que se abriera. Ahora hay que cerrar esa puerta para abrir esta otra ventana. Esta vez despacio, con más cuidado, pero con la mismas ganas. Tras cada puerta se esconde una persona y tras cada ventana una nueva ilusión.
¿Acaso ella no se merece volver a comenzar de cero, con las mismas ganas y el doble de ilusión?





