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El vuelo de la mariposa
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No te echaré de menos por lo que hacemos, sino por lo que somos juntos.
Sindicación
 
¿Contra el terrorismo?, 12-M

Recién llegada a casa de la masiva manifestación contra el terrorismo, con el frío metido en el cuerpo y el cansancio acumulado sobre mis miembros, aún me pueden la rabia y la impotencia, la indignación introducida hasta la última terminación viva y sensible de mis nervios; me hierve la sangre en las yemas de los dedos...
La rabia y la impotencia es la que todos sentimos en estos momentos ante tan terribles acontecimientos, tras la visión de tan horribles escenas de dolor y desolación, es algo típico y normal respecto a lo ocurrido el 11-M. Lo único que se me ocurre pensar sobre ello es que ojalá seamos capaces de sentir lo mismo dentro de un tiempo, que nos acordemos de toda esa gente cuando poco a poco vayamos retomando nuestra vida normal, que cada uno encuentre su propia manera tanto de ayudar como de luchar para que no vuelvan a suceder esta clase de atrocidades, ya sea donando sangre de forma continuada para que las reservas estén siempre disponibles, ya sea formándose para colaborar ante posibles eventualidades, ya sea callándole la boca a quién trate de justificar un acto así, sin miedo, sin vergüenza de ser un ciudadano libre del mundo...
La indignación me la produce el haberme encontrado una situación que, sinceramente, no deseaba ni me esperaba; no consigo entender cómo nadie puede aprovecharse de algo así para hacer su propia campaña, para manifestarse tratando de convencer al resto de que el autor de la barbarie es quién él opina; de gente así, que se cree en posesión de la verdad única, no sé que podemos esperarnos. Yo me he manifestado en contra del terrorismo en general, y me he encontrado con un absurdo intento de manipulación, con una clara intención de convencernos a todos de algo que aún no está demostrado del todo y que, además, no era el momento adecuado. Yo creí que hoy no importaban las afinidades políticas, pero me he dado cuenta que, al parecer, siempre están ahí, al menos para los que no saben pensar un poquito más en los demás y sólo lo hacen en su propio beneficio. Y resulta que los peores son los que nos gobiernan.
Menos mal que todavía me queda el derecho de expresarme libremente para pedir un poco más de respeto para toda esa gente que hoy creía estar luchando por algo y se ha sentido, como yo, manipulado; y, sobre todo, toda la consideración y solidaridad que la educación nos permita hacia esas personas que cada día ven sus vidas truncadas por cuatro gilipollas que sólo saben utilizar la violencia para manifestar sus deseos, que no conocen esa poderosa arma que es la razón, que se demuestra con las vías de la comunicación, que nos llevan por los caminos del amor y la comprensión.
No me gustaría creer que estoy en lo cierto cuando me da por pensar que somos un país de ignorantes que nos conformamos con lo que nos echen, un conjunto de cobardes que nos dejamos manipular tan sólo a cambio de que nos den un poco de pan y un mucho de circo.