La admiro.
La observo anonadado
mientras descansa tranquila y confiada,
echada de forma delicada
en nuestro lecho común.
La observo y la admiro,
embelesado de tanta belleza.
La veo, inclinada con mimo
cual reina de Saba, rodeado su cuerpo
de gasas de colores llamativos
imposibles de ignorar.
Todopoderosa en su palacio de cristal.
La admiro en silencio,
para no despertarla de tan placentero sueño
Y me captura en su trampa
hábilmente tejida,
como un arácnido –cauteloso y precavido
en este reino de falsa
ensoñación– que esconde
su telaraña, y me atrapa
en el lienzo inanimado
que un espectador anónimo emborrona
con pinceladas de amargura
y brillos de ilusión.
mientras descansa tranquila y confiada,
echada de forma delicada
en nuestro lecho común.
La observo y la admiro,
embelesado de tanta belleza.
La veo, inclinada con mimo
cual reina de Saba, rodeado su cuerpo
de gasas de colores llamativos
imposibles de ignorar.
Todopoderosa en su palacio de cristal.
La admiro en silencio,
para no despertarla de tan placentero sueño
Y me captura en su trampa
hábilmente tejida,
como un arácnido –cauteloso y precavido
en este reino de falsa
ensoñación– que esconde
su telaraña, y me atrapa
en el lienzo inanimado
que un espectador anónimo emborrona
con pinceladas de amargura
y brillos de ilusión.
Me despierto...
Me despierto de un sueño negro y eterno.
Me despierto…
La angustia se adueña de mí
y me lleva al infierno de las emociones,
un abismo en las entrañas
que se esconde,
se oculta de tu mirada mágica
que lo transformaría en pureza.
Me despierta la zozobra
del barquito velero que atraviesa
un mar de sensaciones,
el piélago que esta relación
hace parecer oscuro y sombrío.
Me despierto y te extraño.
Añoro el escaso tiempo que compartimos.
Deseo con ansia tu regreso.
Me despierto…
Y ya no estás conmigo.
Te sueño en otro mundo ambiguo,
donde tú eres mi jaula codiciada,
eres el lecho anhelado
donde posar las alas
de este pájaro herido.
Te sueño y alcanzo tu cumbre.
Y me despierto,
para soñarte de nuevo
en la realidad que se estremece
y duerme su vida en tu letargo perpetuo.
Me despierto…
La angustia se adueña de mí
y me lleva al infierno de las emociones,
un abismo en las entrañas
que se esconde,
se oculta de tu mirada mágica
que lo transformaría en pureza.
Me despierta la zozobra
del barquito velero que atraviesa
un mar de sensaciones,
el piélago que esta relación
hace parecer oscuro y sombrío.
Me despierto y te extraño.
Añoro el escaso tiempo que compartimos.
Deseo con ansia tu regreso.
Me despierto…
Y ya no estás conmigo.
Te sueño en otro mundo ambiguo,
donde tú eres mi jaula codiciada,
eres el lecho anhelado
donde posar las alas
de este pájaro herido.
Te sueño y alcanzo tu cumbre.
Y me despierto,
para soñarte de nuevo
en la realidad que se estremece
y duerme su vida en tu letargo perpetuo.
Mi ángel.
Mi ángel.
Mi ángel se quedó dormido
en mis brazos de algodón.
Mi ángel cerró sus ojos
y apagó la estela de su estrella.
Se durmió.
Abandonó este mundo
hacia un nuevo despertar
en el paraíso de la esperanza.
Escondió su rostro.
Se encerró en su cajita de cristal
¿Cuánto daño le hice?
¿Qué terrible herida infringí
en su delicado corazón?
Como quisiera decirle algo,
olvidar que le mentí
y llorar…
para exculparme de tanto dolor.
Besar su torso desnudo,
y borrar la pena de su alma,
y… soñarnos juntos.
Mi ángel marchó
caminando hacia el cielo.
Mi ángel huyó.
Mi ángel…
ya no volvió.
Mi ángel se quedó dormido
en mis brazos de algodón.
Mi ángel cerró sus ojos
y apagó la estela de su estrella.
Se durmió.
Abandonó este mundo
hacia un nuevo despertar
en el paraíso de la esperanza.
Escondió su rostro.
Se encerró en su cajita de cristal
¿Cuánto daño le hice?
¿Qué terrible herida infringí
en su delicado corazón?
Como quisiera decirle algo,
olvidar que le mentí
y llorar…
para exculparme de tanto dolor.
Besar su torso desnudo,
y borrar la pena de su alma,
y… soñarnos juntos.
Mi ángel marchó
caminando hacia el cielo.
Mi ángel huyó.
Mi ángel…
ya no volvió.
Sólo tú (100 palabras)
Sólo tú me das la vida,
ese soplo de aire que necesito
para seguir viviendo y sentirme libre
en este loco universo del amor.
Sólo quiero oírte, escuchar tu voz,
sentir la vibración de las palabras que, delicadas,
se asoman en tus labios.
Quiero sentir tus suspiros
estrellándose en mi piel;
experimentar el clímax,
la sensación única.
El aroma de tu cabello, rodeándome,
saluda con descaro a este triste corazón
que, en silencio, te espera;
que, aterrado, te aguarda
hasta que decidas entregarme tu alma,
hasta que sueñes conmigo
y me llores…
Y será mi libertad
y quizás tu liberación…
ese soplo de aire que necesito
para seguir viviendo y sentirme libre
en este loco universo del amor.
Sólo quiero oírte, escuchar tu voz,
sentir la vibración de las palabras que, delicadas,
se asoman en tus labios.
Quiero sentir tus suspiros
estrellándose en mi piel;
experimentar el clímax,
la sensación única.
El aroma de tu cabello, rodeándome,
saluda con descaro a este triste corazón
que, en silencio, te espera;
que, aterrado, te aguarda
hasta que decidas entregarme tu alma,
hasta que sueñes conmigo
y me llores…
Y será mi libertad
y quizás tu liberación…
Te vi (100 palabras)
Te vi y mis ojos, tristes y enamorados, se cruzaron con tu mirada: indignada por la circunstancia, dolida por mi verdad, herida por la sinceridad de mis palabras, enamorada de un sueño imposible… siempre transparente y llena de vida.
Te vi y mi corazón se fragmentó en mil pedazos cuando te giraste para no verme, cuando bajaste el rostro ignorando mi presencia y huiste otra vez. Te vas, cuando en realidad quieres acercarte. Huyes, y en verdad quisieras besarme como aquella noche de locura.
Te vi y, al mismo tiempo, te perdí de nuevo. Te vi, te soñé, te amé.
Te vi y mi corazón se fragmentó en mil pedazos cuando te giraste para no verme, cuando bajaste el rostro ignorando mi presencia y huiste otra vez. Te vas, cuando en realidad quieres acercarte. Huyes, y en verdad quisieras besarme como aquella noche de locura.
Te vi y, al mismo tiempo, te perdí de nuevo. Te vi, te soñé, te amé.





