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El vuelo de la mariposa
Acerca de
No te echaré de menos por lo que hacemos, sino por lo que somos juntos.
Sindicación
 
La cebolla.
Estaba cercana la hora del mediodía, y me encontraba inmersa en la poco satisfactoria faena de preparar algo delicioso que en breve sería devorado. Inspeccioné la cámara frigorífica para coger mi ingrediente principal, la base de la exquisita salsa que mi marido adoraba para acompañar los tristes filetes de pollo. Descubrí una hermosa pieza de aquella maravilla de la naturaleza, ni redonda como una pelota de tenis, ni ovalada como  un huevo, sino más bien un término intermedio... La acaricié para detectar su tersura, el punto perfecto de dureza que me indicaba su excelente calidad. Dulcemente la desnudé, quitándole la fina gabardina color tierra que la protegía del resto del mundo. Yo la miraba y ella, mientras me mostraba su cuerpo compacto de cristalina blancura, enviaba hacia mis fosas nasales un peculiar aroma, entre dulce y ácido con ligeras notas picantes, que a mí me resultaba cálido y atrevido, como el más embriagador de los perfumes. Con un pequeño cuchillo de cocina, práctico y manejable, me dispuse a cortar en rodajas de mediano grosor tan suntuoso elemento. Ante mí se abría, en delicadas láminas de transparencia divina cada vez que se dejaba acariciar por el afilado filo; se extendía sobre la tabla de madera en magnánimas hojas de peculiar fragancia, por instantes más intensa. Llegó el momento del éxtasis, imposible ver mi adorado ingrediente, el rostro bañado por inertes lágrimas que acudían raudas a la llamada de las acres sustancias evaporadas de tan aprovechable bulbo.