Quisiera.
Quisiera gritar
a los cuatro vientos
cuánto te quiero.
Quisiera callar
y decirte al oído
lo que por ti siento.
Quisiera tenerte a mi lado
y sentirte,
mas sólo son ilusiones
de un corazón triste.
a los cuatro vientos
cuánto te quiero.
Quisiera callar
y decirte al oído
lo que por ti siento.
Quisiera tenerte a mi lado
y sentirte,
mas sólo son ilusiones
de un corazón triste.
Posesión
Ríen tus ojos traviesos, de niño,
-ojos en otro mundo perdidos-.
Besan tus labios el aire,
encendidos de pasión, puro fuego;
renaciendo de cenizas dormidas.
Toma mis manos de amante.
Olvida mi nombre, mi voz.
Levanta el vuelo, ya no estoy.
Odiarás el paso del tiempo,
perderá tu memoria estos días,
¿alcanzará, quizás , tu destino
rosas para adorar mi regazo?,
¿robará con pasión y descaro,
incluso este corazón perdido?
Olvida mi nombre, mi voz.
Levanta el vuelo, ya no
puedo olvidar tu rostro.
Amo profundamente esa
rebeldía innata.
-ojos en otro mundo perdidos-.
Besan tus labios el aire,
encendidos de pasión, puro fuego;
renaciendo de cenizas dormidas.
Toma mis manos de amante.
Olvida mi nombre, mi voz.
Levanta el vuelo, ya no estoy.
Odiarás el paso del tiempo,
perderá tu memoria estos días,
¿alcanzará, quizás , tu destino
rosas para adorar mi regazo?,
¿robará con pasión y descaro,
incluso este corazón perdido?
Olvida mi nombre, mi voz.
Levanta el vuelo, ya no
puedo olvidar tu rostro.
Amo profundamente esa
rebeldía innata.
Autorretrato 2.
¿Quién eres?
Soy un alma que llora poesía,
que nada en un mar de letras danzantes
y notas de amor.
Soy la sangre nueva de una generación
que lucha en su propia hoguera de vanidades.
Mi corazón vive cautivado,
eternamente amando otros corazones
que suplican mi atención.
Llueve en mis sueños cansinos.
Otrora brilló un sol de esplendor crecido
y surgió la armonía en el reino del caos.
Cada día nacen ilusiones
siempre vivas de esperanza.
Cada noche mueren, soñando el mañana,
en el anhelo de ese despertar
que inicia el nuevo ciclo.
Me inspira el llanto de un pájaro,
una duda, la risa del viento,
las palabras hermosas del cielo.
Con la tristeza, siempre eterna,
surge mi verso, mi protesta.
Es el camino mi guía.
Me desconcierta. Me domina.
El sendero lleva las riendas
de una vida que no persigue final.
Me acompaña la aventura
hacia un futuro apasionado,
buscando ese alma singular
que me comprenda en el silencio.
Soy mujer,
soy la reina de mi mundo,
soy princesa de los cuentos amargos.
Temo el dolor ajeno.
rechazo el sufrimiento.
Vivo y muero.
Imagino un mundo en paz.
La realidad difumina el espejismo.
¿Quién eres?
Simplemente, soy quién soy.
Soy un alma que llora poesía,
que nada en un mar de letras danzantes
y notas de amor.
Soy la sangre nueva de una generación
que lucha en su propia hoguera de vanidades.
Mi corazón vive cautivado,
eternamente amando otros corazones
que suplican mi atención.
Llueve en mis sueños cansinos.
Otrora brilló un sol de esplendor crecido
y surgió la armonía en el reino del caos.
Cada día nacen ilusiones
siempre vivas de esperanza.
Cada noche mueren, soñando el mañana,
en el anhelo de ese despertar
que inicia el nuevo ciclo.
Me inspira el llanto de un pájaro,
una duda, la risa del viento,
las palabras hermosas del cielo.
Con la tristeza, siempre eterna,
surge mi verso, mi protesta.
Es el camino mi guía.
Me desconcierta. Me domina.
El sendero lleva las riendas
de una vida que no persigue final.
Me acompaña la aventura
hacia un futuro apasionado,
buscando ese alma singular
que me comprenda en el silencio.
Soy mujer,
soy la reina de mi mundo,
soy princesa de los cuentos amargos.
Temo el dolor ajeno.
rechazo el sufrimiento.
Vivo y muero.
Imagino un mundo en paz.
La realidad difumina el espejismo.
¿Quién eres?
Simplemente, soy quién soy.
Carta de amor
Querido admirado y secreto amor,
Hoy, tres años después de haberte conocido, me decido a confesarte mis temores, las pequeñas emociones que provocas en mí. Me parece cercano aquel día lluvioso y triste de otoño, como si ayer mismo hubieras entrado en mi vida, arrebatándome la poca seguridad que en mi mismo pudiera conservar.
Somos, desde entonces, dos buenos amigos, casi a buen seguro, los mejores amigos. Pero mi corazón se estremece cuando intento contarte mi mayor secreto, cuando decido dar el paso y contarte mi oscura verdad; mas no puedo hacerlo. De repente, cuando muevo los labios para iniciar la conversación, se me silencian las palabras, se pierden en el contexto más absurdo que puedas imaginar Y no te digo lo que deseaba decir.
Así que he llegado a la conclusión de que pudiera ser más fácil exponerlo en un papel, y luego ya veré si te lo mando vía postal o, al final, me armo de valor -tras ver mis sentimientos escritos, como si fueran de otro- y te lo cuento. Para empezar quisiera remitirme al día en que fuimos presentados, no pude dejar de mirarte, de observar tus musculosos brazos, tu sonrisa gentil y sincera, el verde aguamarina de tus almendrados ojos, ese culito perfecto y respingón, en fin, ¿qué no resaltaré de tu cuerpo, si todo es lo que tanto me gusta?
No faltó más que congeniáramos desde el principio, que nuestros caracteres fueran tan afines como el oasis que dejaría de existir si no fuera por el extenso desierto que lo rodea. Y me enamoré. No pude -ni quise- evitarlo. Para mí, la oscuridad desapareció, se convirtió en constante luz, el bello despertar de los amantes tras una intensa noche de amor... Lo que ocurre es complicado de explicar. Creí que era sencillo, pero ahora me doy cuenta que hablar de los sentimientos propios no es como contarle un cuento a un niño, no se trata tan sólo de plantar las ideas y soltar la moraleja al final, requiere una ardua tarea de interiorización, de concienciarse de la propia situación.
Cuando estoy a tu lado, no soy yo, sino el muchacho rubio e inocente que se refugia en tu experiencia, que te escucha y trata de aprender cada día una nueva forma de sobrevivir. Y soy feliz, porque estoy a tu lado, porque el día se hace grande y eterno, dispuesto a expirar su tiempo junto a ti. Pero no soy del todo yo. Cuando llega la noche, y tu presencia se pierde en el horizonte, entonces dirijo mis pasos al local donde trabajo de noche, me gusta cantar y bailar, actúo ante cientos de personas que disfrutan del espectáculo. Entonces sí que soy yo, no Luis, sino Lyss.
Cuando Luis entra en el camerino, y se viste, se sienta a maquillarse, lenta y pausadamente, se extiende la crema, y se empolva el rostro con cierta melancolía -pensando en ti, siempre en ti-, se da color en las mejillas, en los párpados, en los labios. Llega, por fin, el gran momento, el instante más sublime e intenso del proceso, cuando se aplica la máscara de pestañas; y, como por arte de magia, se convierte en la radiante Lyss.
Es entonces cuando más te quiero, cuando te adoro como la mujer apasionada y atenta que soy. Ahora soy libre de amarte, de desearte y soñarte. Este es nuestro momento, donde nadie tiene posición parea criticarnos, ni atreverse a opinar de nuestro amor, donde nada se entromete en nuestras tristes vidas. Ahora soy libre y dueñ@ de mis actos y pasiones. Pero, como nada es perfecto, me faltas tú.
Por fin lo he dicho, te quiero y te extraño, te adoro y me escapo. ¿Dónde mora la felicidad?, ¿dónde nace la ilusión y duerme la esperanza? Cuando llegue nuestro tiempo, estaré allí, esperándote.
Un beso,
Lyss.
Hoy, tres años después de haberte conocido, me decido a confesarte mis temores, las pequeñas emociones que provocas en mí. Me parece cercano aquel día lluvioso y triste de otoño, como si ayer mismo hubieras entrado en mi vida, arrebatándome la poca seguridad que en mi mismo pudiera conservar.
Somos, desde entonces, dos buenos amigos, casi a buen seguro, los mejores amigos. Pero mi corazón se estremece cuando intento contarte mi mayor secreto, cuando decido dar el paso y contarte mi oscura verdad; mas no puedo hacerlo. De repente, cuando muevo los labios para iniciar la conversación, se me silencian las palabras, se pierden en el contexto más absurdo que puedas imaginar Y no te digo lo que deseaba decir.
Así que he llegado a la conclusión de que pudiera ser más fácil exponerlo en un papel, y luego ya veré si te lo mando vía postal o, al final, me armo de valor -tras ver mis sentimientos escritos, como si fueran de otro- y te lo cuento. Para empezar quisiera remitirme al día en que fuimos presentados, no pude dejar de mirarte, de observar tus musculosos brazos, tu sonrisa gentil y sincera, el verde aguamarina de tus almendrados ojos, ese culito perfecto y respingón, en fin, ¿qué no resaltaré de tu cuerpo, si todo es lo que tanto me gusta?
No faltó más que congeniáramos desde el principio, que nuestros caracteres fueran tan afines como el oasis que dejaría de existir si no fuera por el extenso desierto que lo rodea. Y me enamoré. No pude -ni quise- evitarlo. Para mí, la oscuridad desapareció, se convirtió en constante luz, el bello despertar de los amantes tras una intensa noche de amor... Lo que ocurre es complicado de explicar. Creí que era sencillo, pero ahora me doy cuenta que hablar de los sentimientos propios no es como contarle un cuento a un niño, no se trata tan sólo de plantar las ideas y soltar la moraleja al final, requiere una ardua tarea de interiorización, de concienciarse de la propia situación.
Cuando estoy a tu lado, no soy yo, sino el muchacho rubio e inocente que se refugia en tu experiencia, que te escucha y trata de aprender cada día una nueva forma de sobrevivir. Y soy feliz, porque estoy a tu lado, porque el día se hace grande y eterno, dispuesto a expirar su tiempo junto a ti. Pero no soy del todo yo. Cuando llega la noche, y tu presencia se pierde en el horizonte, entonces dirijo mis pasos al local donde trabajo de noche, me gusta cantar y bailar, actúo ante cientos de personas que disfrutan del espectáculo. Entonces sí que soy yo, no Luis, sino Lyss.
Cuando Luis entra en el camerino, y se viste, se sienta a maquillarse, lenta y pausadamente, se extiende la crema, y se empolva el rostro con cierta melancolía -pensando en ti, siempre en ti-, se da color en las mejillas, en los párpados, en los labios. Llega, por fin, el gran momento, el instante más sublime e intenso del proceso, cuando se aplica la máscara de pestañas; y, como por arte de magia, se convierte en la radiante Lyss.
Es entonces cuando más te quiero, cuando te adoro como la mujer apasionada y atenta que soy. Ahora soy libre de amarte, de desearte y soñarte. Este es nuestro momento, donde nadie tiene posición parea criticarnos, ni atreverse a opinar de nuestro amor, donde nada se entromete en nuestras tristes vidas. Ahora soy libre y dueñ@ de mis actos y pasiones. Pero, como nada es perfecto, me faltas tú.
Por fin lo he dicho, te quiero y te extraño, te adoro y me escapo. ¿Dónde mora la felicidad?, ¿dónde nace la ilusión y duerme la esperanza? Cuando llegue nuestro tiempo, estaré allí, esperándote.
Un beso,
Lyss.
Dónde escapa el amor
¿Dónde escapa el amor, cuando se muere?
¿Qué camino elige
para vagar sin destino?
¿Dónde va el amor, cuando se acaba?
Y, si el cielo se enfada,
¿qué les pasa a las almas perdidas
que -errantes- callan?
Se hace dueño, el silencio,
de los sueños torturados,
de los amantes condenados
a una vida de soledad.
Muere la angustia.
Grita la muerte
desde su escondite secreto.
Nace algo del infierno,
del submundo triste y negado.
Se encienden los cielos en fuego,
ávidos de pasión.
Sangran las nubes, la angustia
que los hombres no saben dominar.
Si vuelves alguna vez a mí...
Si decides volver...
Que sea para quedarte,
y devolverme la paz.
Para esquivar la tornasolada luz
que ahora cubre mi corazón.
Que la quietud de este momento
nos regrese a una nube de gloria,
a la inquieta armonía del mar.
¿Qué camino elige
para vagar sin destino?
¿Dónde va el amor, cuando se acaba?
Y, si el cielo se enfada,
¿qué les pasa a las almas perdidas
que -errantes- callan?
Se hace dueño, el silencio,
de los sueños torturados,
de los amantes condenados
a una vida de soledad.
Muere la angustia.
Grita la muerte
desde su escondite secreto.
Nace algo del infierno,
del submundo triste y negado.
Se encienden los cielos en fuego,
ávidos de pasión.
Sangran las nubes, la angustia
que los hombres no saben dominar.
Si vuelves alguna vez a mí...
Si decides volver...
Que sea para quedarte,
y devolverme la paz.
Para esquivar la tornasolada luz
que ahora cubre mi corazón.
Que la quietud de este momento
nos regrese a una nube de gloria,
a la inquieta armonía del mar.
Autorretrato Lírico
Despiertas de un sueño ligero y te sientes volar,
cual mimetismo batesiano te tornas mariposa audaz.
Inicias un vuelo inquieto, transgresor,
multicolor saeta que de la crisálida nació.
Tras dulce velo te escondes, voluptuosa,
y mora la angustia en cueva oscura.
Arañas pedacitos del tiempo
que, codicioso, te roba la vida
y te embarga la añoranza
de vivir bajo el sol.
Se libera el corazón cautivo,
anegado de palabras y sueños,
son fragmentos de un recuerdo
que la memoria traiciona.
Obedeces un rumbo perdido
que te lleva a un oasis cristalino
donde contemplar tu reflejo:
ojos de miel sobre nívea piel,
enmarcado el rostro
por hebras de oro y sepia,
guedejas de ámbar y canela.
El viento suave te envuelve
en aroma de sándalo y almizcle;
suaves notas florales
te hacen cálida y provocativa.
Una lágrima, que cae rendida,
te transporta al mundo real.
Y despiertas...
en la exquisita aspiración del alma.
Mujer fuerte y ligera que sueña,
brama el viento, gritas en silencio,
callas tu amor secreto..
mientras pliegas las alas bajo un árbol del camino
que te abraza y te evita la furia,
que te atrapa en un traje de mar.
Aun sin alas para volar
posees la fuerza para ser libre,
para alcanzar el gris azul del cielo.
Mariposa simple, de espontáneo proceder.
Mariposa ingenua, que vive y sueña.
Mariposa risueña,
vuela lejos, para siempre volver...
cual mimetismo batesiano te tornas mariposa audaz.
Inicias un vuelo inquieto, transgresor,
multicolor saeta que de la crisálida nació.
Tras dulce velo te escondes, voluptuosa,
y mora la angustia en cueva oscura.
Arañas pedacitos del tiempo
que, codicioso, te roba la vida
y te embarga la añoranza
de vivir bajo el sol.
Se libera el corazón cautivo,
anegado de palabras y sueños,
son fragmentos de un recuerdo
que la memoria traiciona.
Obedeces un rumbo perdido
que te lleva a un oasis cristalino
donde contemplar tu reflejo:
ojos de miel sobre nívea piel,
enmarcado el rostro
por hebras de oro y sepia,
guedejas de ámbar y canela.
El viento suave te envuelve
en aroma de sándalo y almizcle;
suaves notas florales
te hacen cálida y provocativa.
Una lágrima, que cae rendida,
te transporta al mundo real.
Y despiertas...
en la exquisita aspiración del alma.
Mujer fuerte y ligera que sueña,
brama el viento, gritas en silencio,
callas tu amor secreto..
mientras pliegas las alas bajo un árbol del camino
que te abraza y te evita la furia,
que te atrapa en un traje de mar.
Aun sin alas para volar
posees la fuerza para ser libre,
para alcanzar el gris azul del cielo.
Mariposa simple, de espontáneo proceder.
Mariposa ingenua, que vive y sueña.
Mariposa risueña,
vuela lejos, para siempre volver...





