Volverás.
Abandonaste mi lecho, en busca de la verdad,
Para encontrar nuestro Santo Grial.
Me olvidaste para hallar el camino
De este sentimiento, tu razón, tu destino.
Ahora vives en un desierto seco de emociones;
Los oasis –remansos de esperanza– se mueren,
Ahogados por una espesa capa de indiferencia;
Las dunas del olvido cubren el árido paisaje
Que alguna vez protegió esta felicidad perdida.
Lamento el tiempo que perdí queriéndote.
Desprecio las noches vacías, soñándote.
¿Dónde fueron las lágrimas, navegantes del alma?
Son esclavas del sentimiento, de un amor estéril.
¿Acaso no era libre el camino? Lo fue.
Extraño la mirada que inundó mi vida de verde-esperanza.
Un rayo de sol espanta mi angustia amarga.
La luz me inquieta, me recuerda que te amo.
Sé que la distancia nos acercaré algún día,
Y la brisa del viento me traerá tu aroma de fresa.
Entonces volverás conmigo; a tu espacio de paz,
Donde soy tu princesa del cuento, tu estrella;
A mi horizonte, donde se aman el cielo y el mar
Para encontrar nuestro Santo Grial.
Me olvidaste para hallar el camino
De este sentimiento, tu razón, tu destino.
Ahora vives en un desierto seco de emociones;
Los oasis –remansos de esperanza– se mueren,
Ahogados por una espesa capa de indiferencia;
Las dunas del olvido cubren el árido paisaje
Que alguna vez protegió esta felicidad perdida.
Lamento el tiempo que perdí queriéndote.
Desprecio las noches vacías, soñándote.
¿Dónde fueron las lágrimas, navegantes del alma?
Son esclavas del sentimiento, de un amor estéril.
¿Acaso no era libre el camino? Lo fue.
Extraño la mirada que inundó mi vida de verde-esperanza.
Un rayo de sol espanta mi angustia amarga.
La luz me inquieta, me recuerda que te amo.
Sé que la distancia nos acercaré algún día,
Y la brisa del viento me traerá tu aroma de fresa.
Entonces volverás conmigo; a tu espacio de paz,
Donde soy tu princesa del cuento, tu estrella;
A mi horizonte, donde se aman el cielo y el mar





