La isla
Vivo en una isla de fuego
que en la noche me quema el alma.
Vivo en un mundo de sueños
que evocan fantasmas
del pasado…
que abrazan mi esencia,
la envuelven en manto de dolor,
de pena, de melancolía.
Vivo en una isla de llanto
que me nubla la vista.
Nada veo.
No percibo el camino.
No hallo la salida
a esa angustia que me ata
a tu ausente figura.
Duermo sobre el fuego
que arde en mi isla,
y no sueño…
Duermo para despertarme
y volar
hacia futuros destinos.
Alguien me tiende la mano
y, sin dudar, me uno
a ese abrazo amistoso.
Una segunda mano me eleva
hasta el cielo…
Me siento transportada.
Amanece mi día
en la isla de fuego,
pero algo ha variado,
¿su rumbo?.
Las lágrimas son gotas de agua
acariciando mi rostro.
Los sonidos que acuden son risas.
La luz domina esta isla.
La vida me duele.
Aún me duele en el alma.
Pero ya no es lo mismo.
La noche se ilumina de estrellas.
El silencio canta.
La vida sigue doliendo,
pero ya no es lo mismo.
Cierro los ojos para vivir las emociones
que, cautas, se esconden.
Cierro los ojos
y me inunda la paz.
Pero… el éxtasis
me obliga a mirar.
Cuando los luceros tristes
se presentan de nuevo al mundo
sonríen…
Y una voz al fondo
me devuelve a la realidad:
-¿Qué tal el día?-
No puedo evitar la respuesta:
-Vámonos,
nos espera la isla.
Vamos, que quiero quemarme.
Quiero el rojo de la ilusión.
Quiero reírme siempre.
Quiero soñar, quiero…-
-Vayamos entonces,
que tengo sed…-
Vivo en una isla de luz,
de gaviotas blancas,
de ángeles que callan.
Vivo en la isla…
donde tu voz es eterna,
es mariposa que vuela,
es el sonido de mis alas,
es magia…





