Corazón de caramelo
Cuando mis ojos cierran su puerta a la luz
la oscuridad se abre el camino, libre,
y se instala en incómodo silencio.
Me abruma.
Observa mi ritmo latente
y lo hace suyo,
para tratar de poseerme
y tomar sin derecho su trono.
Hoy sucedió de otro modo.
Se durmió un lucero.
Luego, el otro.
Pero no era la noche quien me esperaba
para desnudarme el alma y el cuerpo.
Era otra la mirada eterna.
Eran otros los ojos que deseaban.
La curiosidad me obligó a sentirlos
y analizar la profundidad
de esos cristales que intentaban
pintar un corazón de caramelo
en mis entrañas.
Y percibí el todo en la nada,
lo dulce de su sentir,
la rigidez en el mirar,
la musical ternura de su voz,
su belleza,
el silencio oportuno en su espera.
Y percibí su olor..
Y me desnudó en los sueños,
ahuyentando de mi alma los miedos.
Y encendió en mi cintura
las pasiones dormidas.
Y mordió mis labios.
Y deseó.
Y amó.
Hoy sucedió así,
que mis ojos se vieron por dentro
y descubrieron la realidad de un amor.
Engalanaron el corazón
con telas de raso y satén.
Envolvieron mi cuerpo
en cautivador aroma de ébano y café.
la oscuridad se abre el camino, libre,
y se instala en incómodo silencio.
Me abruma.
Observa mi ritmo latente
y lo hace suyo,
para tratar de poseerme
y tomar sin derecho su trono.
Hoy sucedió de otro modo.
Se durmió un lucero.
Luego, el otro.
Pero no era la noche quien me esperaba
para desnudarme el alma y el cuerpo.
Era otra la mirada eterna.
Eran otros los ojos que deseaban.
La curiosidad me obligó a sentirlos
y analizar la profundidad
de esos cristales que intentaban
pintar un corazón de caramelo
en mis entrañas.
Y percibí el todo en la nada,
lo dulce de su sentir,
la rigidez en el mirar,
la musical ternura de su voz,
su belleza,
el silencio oportuno en su espera.
Y percibí su olor..
Y me desnudó en los sueños,
ahuyentando de mi alma los miedos.
Y encendió en mi cintura
las pasiones dormidas.
Y mordió mis labios.
Y deseó.
Y amó.
Hoy sucedió así,
que mis ojos se vieron por dentro
y descubrieron la realidad de un amor.
Engalanaron el corazón
con telas de raso y satén.
Envolvieron mi cuerpo
en cautivador aroma de ébano y café.





