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Y cambian los cambios
Parada delante del mundo, y viéndolo girar...
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Sindicación
 
¡PaSeN Y LeaN!
Y yo que pensaba que sólo los que estudiamos derecho, teníamos que ir renovando conocimientos...
Mi prima, periodista desde hace años, no deja de hacerlo. Para ello, se ha inscrito en un taller de relato, (ella dice que para escribir mejor..a lo que yo pensé:¿Mejor?)
Y llegó su primer dia de "clase" y vuelta a la niñez, le mandaron deberes para casa... Se trataba de un relato que debia empezar con una frase muy peculiar... "Al llegar a mi casa y precisamente en el momento de abrir la puerta, me ví salir. Intrigado, decidí seguirme."
Interesante, ¿verdad?. Despues de muchas noches telefónicas, este es el resultado...¡Pasen y lean! Es mi prima...


Al llegar a mi casa, y precisamente en el momento de abrir la puerta, me vi salir. Intrigado, decidí seguirme. No sabía hacia dónde me dirigía, pero parecía despreocupado. Iba sólo unos pasos por detrás de mí, así que dejé unos metros de distancia; no quería descubrirme. Pensé que quizá verme persiguiéndome me molestaría, porque jamás me ha gustado sentirme observado.
La distancia me permitía examinarme con perspectiva. Alguna vez había tenido la extraña sensación de contemplarme desde fuera, pero nunca de una forma tan real. La verdad es que, visto desde aquí, no estaba tan mal. Los vaqueros me sentaban genial, aunque esa americana negra me hacía parecer mayor; me pregunté por qué la usaba tan a menudo.

Había momentos en los que caminaba tan rápido que me costaba seguir mi propio ritmo. Me preguntaba a dónde me dirigía con tanta prisa. Yo nunca tengo planes tan urgentes.

Bajaba por la calle que hay detrás de mi casa, que estaba llena de gente que volvía del trabajo, cuando vi de lejos a Ana, la chica del supermercado. Iba hablando por el móvil, y por eso no me reconoció. Menos mal, se habría llevado un susto tremendo, aunque, a decir verdad, no me extrañó, porque ya estoy acostumbrado a pasar desapercibido ante el resto del mundo. Después de tres años viviendo en el barrio, conozco a todos mis vecinos, pero jamás me saludan. No suelo hablar con nadie. Como dice mi novia, y supongo que es cierto, soy un tío insociable. Ella no, ella es el centro de las conversaciones en cualquier reunión, y cuando caminamos por la calle, jamás pasa inadvertida. Para mi familia, es la pareja perfecta. Para mí también lo sería, si no se empeñara en organizar nuestra vida.

Seguí tras de mí, por fin había salido de la calle y, como esperaba, nadie me había visto seguirme. Entonces me toqué con timidez la cabeza. Es un gesto que hago cuando estoy nervioso. Pensé que quizá me había descubierto. Me paré, y de pronto aceleré el paso. Me dispuse a correr tras de mí, pero era más rápido de lo que creía. Y cuando pensaba que me había perdido, volví a encontrarme. Parecía estar esperándome. Definitivamente, pensé, me he dado cuenta de que me sigo, porque me he parado en el escaparate de esa tienda de bebés que a mi novia tanto le gusta, con sus cunitas y sus pijamitas rosas y azules. Y yo odio esa tienda. Jamás me habría parado ahí. Así que estaba simplemente disimulando.

Comencé a girar la cabeza hacia donde estaba. Si seguía así, iba a verme cara a cara. Quise esconderme, pero me resultó imposible, no tenía tiempo. ¿Cómo es posible que no me reconociera? Ni siquiera me sorprendí al verme. Entonces la vi llegar. Empujaba un carrito como los de la tienda. Me besó en los labios y tampoco se dio cuenta de que estaba allí mismo, observando incrédulo la escena.
Extrañado, dirigí mi mirada hacia el escaparate y comprobé aterrado que sólo se reflejaban dos personas en aquel cristal: una era mi novia y la otra no era yo. De repente sentí un nudo asfixiante y miedo, mucho miedo. No podía pensar con claridad y me sentía completamente vacío. Aturdido, corrí a toda prisa en otra dirección, para alejarme de mí.


por Mar Calderón

Besos para todos!
No