eN Lo Que Me He CoNVeRTiDo
Quizás no me importaría contar aquí lo que ha sido mi vida hasta ahora, y no me importaría escribir mis dudas y mis problemas, porque la verdad es que nunca me ha importado abrir mi corazón y enseñarlo como si fuese el escaparate de una tienda de ropa, con su moda de nueva temporada.
Pero el caso es que he cambiado, para bien o para mal, para sorpresa de los que me conocen, o quizás para confirmar lo que ya les ronda por la cabeza, me he convertido en alguien diferente. Alguien a quien no le importa ser quien es, y alguien a quien no se le calla con decirle lo que quiere oir. Últimamente expreso lo que me molesta, y lo llevo al extremo de la discusión, en perjuicio de la gente que me quiere, que es sobre quien deposito mi rabia y mi sed de enfrentamiento cuando estoy enfadada conmigo misma.
Con respecto a los que han dejado de importarme, me encantaría que no fuese así, me gustaría, por extraño que parezca, seguir sintiéndome mal ante los desprecios de las personas que siempre me han hecho llorar, personas que en el nombre de la amistad, se han aprovechado de mi estupidez y mi ingenuidad.
Cuando eres pequeño, siempre en un grupo hay una persona, ala que no le importa dar todo. Recuerdo que en mi grupo de amigas ocurrió algo. De repente quedábamos para ir a dar una vuelta, La vuelta consistía en andar por la calle céntrica de la ciudad, parar en algún burguer king y hablar y mirar descaradamente a algún grupo de chicos a los que les hubiéramos llamado la atención.
Yo me sentía completamente fuera de lugar. Creí recordar que días antes, solo salíamos para tomar una pizza en casa de alguna amiga por su cumpleaños y de repente me vi ahí, como si mi vida hubiese cambiado de repente. Como te sientes cuando en el colegio te pones malo un par de días, y vuelves con la sensación de que todo y todos son diferentes.
Me convertí de pronto en la tonta que había sido siempre, la que siempre escucha a los demás, la que siempre lo da todo y la que nunca recibe nada a cambio. Hasta hace un par de meses, no era sino el reflejo de mi infancia. Ahora ya no quiero eso. Ahora soy la que pasa de todo, la que ve las disputas desde fuera y la que se inmiscuye solo cuando quiere.
Ahora soy la que no se calla, la que no discute, la que llora ante los desprecios, la que sonríe ante un problema de difícil solución porque le encantan los retos… Ahora soy yo, lo que quiero ser y lo que los que me quieren estaban esperando que fuera para que no lo pasara mal.
Ahora solo me duelen aquellos a quien quiero, y solo me hacen llorar aquellos me quieren. Y aunque a veces me comporto como una niña malcriada y mi despotismo ante mis padres, mi novio y mis amigos, me invitan a perder a aquellos a quien mas necesito, me lo perdonan porque me conocen y porque saben que por ellos daría mi vida.
La vida es un tren de largo recorrido, sin paradas para poder cambiar de opinión sobre el destino de tu viaje. Pero recuerda que siempre puedes cambiar de vagón si elegiste uno que no te convenía.
Pero el caso es que he cambiado, para bien o para mal, para sorpresa de los que me conocen, o quizás para confirmar lo que ya les ronda por la cabeza, me he convertido en alguien diferente. Alguien a quien no le importa ser quien es, y alguien a quien no se le calla con decirle lo que quiere oir. Últimamente expreso lo que me molesta, y lo llevo al extremo de la discusión, en perjuicio de la gente que me quiere, que es sobre quien deposito mi rabia y mi sed de enfrentamiento cuando estoy enfadada conmigo misma.
Con respecto a los que han dejado de importarme, me encantaría que no fuese así, me gustaría, por extraño que parezca, seguir sintiéndome mal ante los desprecios de las personas que siempre me han hecho llorar, personas que en el nombre de la amistad, se han aprovechado de mi estupidez y mi ingenuidad.
Cuando eres pequeño, siempre en un grupo hay una persona, ala que no le importa dar todo. Recuerdo que en mi grupo de amigas ocurrió algo. De repente quedábamos para ir a dar una vuelta, La vuelta consistía en andar por la calle céntrica de la ciudad, parar en algún burguer king y hablar y mirar descaradamente a algún grupo de chicos a los que les hubiéramos llamado la atención.
Yo me sentía completamente fuera de lugar. Creí recordar que días antes, solo salíamos para tomar una pizza en casa de alguna amiga por su cumpleaños y de repente me vi ahí, como si mi vida hubiese cambiado de repente. Como te sientes cuando en el colegio te pones malo un par de días, y vuelves con la sensación de que todo y todos son diferentes.
Me convertí de pronto en la tonta que había sido siempre, la que siempre escucha a los demás, la que siempre lo da todo y la que nunca recibe nada a cambio. Hasta hace un par de meses, no era sino el reflejo de mi infancia. Ahora ya no quiero eso. Ahora soy la que pasa de todo, la que ve las disputas desde fuera y la que se inmiscuye solo cuando quiere.
Ahora soy la que no se calla, la que no discute, la que llora ante los desprecios, la que sonríe ante un problema de difícil solución porque le encantan los retos… Ahora soy yo, lo que quiero ser y lo que los que me quieren estaban esperando que fuera para que no lo pasara mal.
Ahora solo me duelen aquellos a quien quiero, y solo me hacen llorar aquellos me quieren. Y aunque a veces me comporto como una niña malcriada y mi despotismo ante mis padres, mi novio y mis amigos, me invitan a perder a aquellos a quien mas necesito, me lo perdonan porque me conocen y porque saben que por ellos daría mi vida.
La vida es un tren de largo recorrido, sin paradas para poder cambiar de opinión sobre el destino de tu viaje. Pero recuerda que siempre puedes cambiar de vagón si elegiste uno que no te convenía.
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