La tía Winnie.
Volviendo a aquella preciosa mañana de finales de Julio...
Giro la cabeza, desde el teclado, al mundo real -y la verdad es que "mundo real", dadas las circunstancias, era algo muy discutible- al oir la voz de Catherine detrás de mí.
-Bloody'ell, woman, you scared the livin' shit outta me- me dice. Le juro que descubrí al presunto resultado genético de meter los ADNs del Capitán Cavernícola y La Novia Cadáver de Tim Burton en una olla y remover durante un rato.
La miro y, aunque sé que es mi jefa y que me juego no sólo el puesto sino la vivienda (que vienen a estar situados en el mismo lugar), no puedo evitar soltar una carcajada: pelos descompuestos, taza de té en mano como si alguien se la hubiera dejado allí, cigarro colgándole de la comisura izquierda de los labios, sostenes A.W.O.L. (que viene querer decir que desertaron), y cara de ir a asesinar a alguien despiadadamente perforándole el estómago con la aspiradora.
-Wha'?- replica, con ese deje un tanto cholo de Hertfordshire, entre cockney y homie. -I ain' no mornin' person, ya know. I don' do mornings.
-That's great, 'cause me neither- le digo yo, que voy ya toda empolainada porque llevo desde las seis y media en pie.
-Ah yeah? So waddya doin' with all the slap on, love? -Cawen... ni que fuera delito ponerse maquillaje, oigan.
-I put it on just in case.
-Right. Cuppa tea, fag, let's sit down and check the things we gotta do today.
Me encanta esta mujer. Voy por el camino directísimo de convertirme en ella. Nos sentamos en una de las mesas del pub, encendemos un cigarro (mi primer cigarro del día, su tercer cigarro en diez minutos que lleva semiconsciente) y churrupamos té mientras confeccionamos una lista de cosas por hacer. ¡Mi hobbie preferido del mundo mundial! A punto estuve de preguntarle si por casualidad no se había leído mi blog. Creo que hasta solté alguna lagrimilla y todo.
ESTADO ACTUAL (AQUELLA MAÑANA) DE LA SITUACIÓN:
1. Mujeres blancas pseudo-solteras buscando cenicero con frenesí desmesurado. Una se pensaría que tiene que ser fácil encontrar un dichoso cenicero en un pub de fumadores empedernidos, pero no sirve cualquier cenicero, no: tiene que ser el dirty ashtray, establecido como institución. Parece una chorrada mayúscula, pero se entiende mejor después de tener que lavarlos. Puñetera gracia que hace. (Es decir, haberlos habíalos, pero todos limpios)
2. Catherine planea abrir el pub nuevo en tres días. Me cuenta cosas sobre el Prince of Wales, los abuelitos y las abuelitas que lo frecuentan, y que me hará la formación aquí, porque es un sitio más familiar y aunque la cague trescientas veces o me cargue vasos no pasa nada. Me cuenta que lleva cinco años en este pub, y que no quiere cerrarlo porque les destrozaría la vida a los pobres abuelos, y porque es uno de los poquísimos sitios tradicionales que quedan en el condado.
3. Pub nuevo y piso de arriba de pub nuevo (que era donde tenía que ir a vivir yo) en estado catastrófico. Hay que ir a limpiar y a reconstruir. Pa eso estamos, le digo. Tengo un desborde de adrenalina insólito y unas ganas de dejarme el cuello currando que cualquiera que me viera en aquel momento se habría pensado que soy masoquista. Energía quizá conseguida como resultado de haberme quedado completamente sin dinero. Tengo tres libras (sterling) que me tienen que durar hasta el final de la semana, en que cobraré. Estamos a lunes. Suerte que traje tabaco.
4. Auntie Winnie.
-Antes que nada tenemos que ir a buscar a la tía Winnie- me dice Catherine. Le ha cambiado la expresión de la cara. Parece que se haya despertado de golpe. Le pregunto si le pasa algo. Me dice que tiene que contarme un par de cosas sobre la tía Winnie antes de que la conozca, ya que va a pasar unas semanas con nosotros para ayudarnos a abrir el pub en condiciones.
Me come la intriga. No pregunto. En cuanto nos metemos en el coche de camino a la estación, me lo explica todo: Aunt Winnie es una mujer galesa de sesenta y algo, hermana de su madre. Tiene un carácter completamente insoportable y odia a todo el mundo. Se casó con un desgraciado (como la mayoría de mujeres inglesas de sustancia) que no se sabe aún qué hizo, pero lo metieron en la cárcel. Tiene tres hijos que no pueden ni verla, porque al parecer los trató mal.
"Dioses", pienso yo intentando poner cara de éstascosaspasanenlasmejoresfamilias, "en esta familia no necesitan ni encender la tele". Pero no soy nadie para juzgar. Tengo una historia personal demasiado enrevesada como para ponerme de Isabel la Católica en Jarripotilandia.
En medio de la carretera, Catherine frena de golpe. Debo explicarles algo sobre Catherine cuando conduce. Así, a primera vista, Catherine cuela en su perfecto papel de mujer blanca divorciada y mamá, pero en cuanto se sube al coche, sufre una especie de mutación severa, enciende el CD a toda leche y sólo escucha hip-hop. Y no cualquier hip-hop, no: hip-hop de ese recargao de palabras soeces y fuck-yous y fuck-you-toos y yo, dog, I gottastorydatellya, yo, yo, yo, mothafucka, yo, I lost my bitch 'cuz I ain't no hitch, yo, yo. Ni que decir tiene que mi estado de catatonismo ante semejante desbordamiento de ecos del Bronx recién importados apenas me dejó claridad visual y/o mental para percibir a lo que parecía, a primera vista, una ancianita venerable con una maleta en el arcén. En cuestión de segundos me doy cuenta de que saluda con la mano, ergo debe de ser la infame Aunt Winnie , y no puedo evitar descolocarme al darme cuenta de que está a punto de subirse al Bronxocoche con nosotras, y qué pensará al oir tremenda recua de insultos saliendo del CD.
Creo que me quedé en stand-by casi un minuto entero. Lo siguiente que recuerdo fueron las primeras palabras de Aunt Winnie:
-For fuck's sake, woman, I thought you was gonna leave me in da fuckin' middle of da road! Ain't you got an ashtray in this fuckin' car, or ya want me to flick the ash of me ciggie all over da place?
Los segundos siguientes, más stand-by. Aunt Winnie acababa de superar con creces mi imaginación. Hay gente en el mundo que ha nacido para hacer honor al dicho universal de que las apariencias engañan.
Dicho esto, también tengo que explicar que Aunt Winnie y yo conectamos desde el primer momento. Sí que era verdad que la buena mujer odiaba a todo el mundo, pero también que siempre tiene un motivo para llevarse mal con alguien. A mí, sin embargo, me pilló un cariño espatarrante... y yo a ella.
Así fue como pasé las dos semanas siguientes sin despegarme de su lado... ni ella del mío.
Giro la cabeza, desde el teclado, al mundo real -y la verdad es que "mundo real", dadas las circunstancias, era algo muy discutible- al oir la voz de Catherine detrás de mí.
-Bloody'ell, woman, you scared the livin' shit outta me- me dice. Le juro que descubrí al presunto resultado genético de meter los ADNs del Capitán Cavernícola y La Novia Cadáver de Tim Burton en una olla y remover durante un rato.
La miro y, aunque sé que es mi jefa y que me juego no sólo el puesto sino la vivienda (que vienen a estar situados en el mismo lugar), no puedo evitar soltar una carcajada: pelos descompuestos, taza de té en mano como si alguien se la hubiera dejado allí, cigarro colgándole de la comisura izquierda de los labios, sostenes A.W.O.L. (que viene querer decir que desertaron), y cara de ir a asesinar a alguien despiadadamente perforándole el estómago con la aspiradora.
-Wha'?- replica, con ese deje un tanto cholo de Hertfordshire, entre cockney y homie. -I ain' no mornin' person, ya know. I don' do mornings.
-That's great, 'cause me neither- le digo yo, que voy ya toda empolainada porque llevo desde las seis y media en pie.
-Ah yeah? So waddya doin' with all the slap on, love? -Cawen... ni que fuera delito ponerse maquillaje, oigan.
-I put it on just in case.
-Right. Cuppa tea, fag, let's sit down and check the things we gotta do today.
Me encanta esta mujer. Voy por el camino directísimo de convertirme en ella. Nos sentamos en una de las mesas del pub, encendemos un cigarro (mi primer cigarro del día, su tercer cigarro en diez minutos que lleva semiconsciente) y churrupamos té mientras confeccionamos una lista de cosas por hacer. ¡Mi hobbie preferido del mundo mundial! A punto estuve de preguntarle si por casualidad no se había leído mi blog. Creo que hasta solté alguna lagrimilla y todo.
ESTADO ACTUAL (AQUELLA MAÑANA) DE LA SITUACIÓN:
1. Mujeres blancas pseudo-solteras buscando cenicero con frenesí desmesurado. Una se pensaría que tiene que ser fácil encontrar un dichoso cenicero en un pub de fumadores empedernidos, pero no sirve cualquier cenicero, no: tiene que ser el dirty ashtray, establecido como institución. Parece una chorrada mayúscula, pero se entiende mejor después de tener que lavarlos. Puñetera gracia que hace. (Es decir, haberlos habíalos, pero todos limpios)
2. Catherine planea abrir el pub nuevo en tres días. Me cuenta cosas sobre el Prince of Wales, los abuelitos y las abuelitas que lo frecuentan, y que me hará la formación aquí, porque es un sitio más familiar y aunque la cague trescientas veces o me cargue vasos no pasa nada. Me cuenta que lleva cinco años en este pub, y que no quiere cerrarlo porque les destrozaría la vida a los pobres abuelos, y porque es uno de los poquísimos sitios tradicionales que quedan en el condado.
3. Pub nuevo y piso de arriba de pub nuevo (que era donde tenía que ir a vivir yo) en estado catastrófico. Hay que ir a limpiar y a reconstruir. Pa eso estamos, le digo. Tengo un desborde de adrenalina insólito y unas ganas de dejarme el cuello currando que cualquiera que me viera en aquel momento se habría pensado que soy masoquista. Energía quizá conseguida como resultado de haberme quedado completamente sin dinero. Tengo tres libras (sterling) que me tienen que durar hasta el final de la semana, en que cobraré. Estamos a lunes. Suerte que traje tabaco.
4. Auntie Winnie.
-Antes que nada tenemos que ir a buscar a la tía Winnie- me dice Catherine. Le ha cambiado la expresión de la cara. Parece que se haya despertado de golpe. Le pregunto si le pasa algo. Me dice que tiene que contarme un par de cosas sobre la tía Winnie antes de que la conozca, ya que va a pasar unas semanas con nosotros para ayudarnos a abrir el pub en condiciones.
Me come la intriga. No pregunto. En cuanto nos metemos en el coche de camino a la estación, me lo explica todo: Aunt Winnie es una mujer galesa de sesenta y algo, hermana de su madre. Tiene un carácter completamente insoportable y odia a todo el mundo. Se casó con un desgraciado (como la mayoría de mujeres inglesas de sustancia) que no se sabe aún qué hizo, pero lo metieron en la cárcel. Tiene tres hijos que no pueden ni verla, porque al parecer los trató mal.
"Dioses", pienso yo intentando poner cara de éstascosaspasanenlasmejoresfamilias, "en esta familia no necesitan ni encender la tele". Pero no soy nadie para juzgar. Tengo una historia personal demasiado enrevesada como para ponerme de Isabel la Católica en Jarripotilandia.
En medio de la carretera, Catherine frena de golpe. Debo explicarles algo sobre Catherine cuando conduce. Así, a primera vista, Catherine cuela en su perfecto papel de mujer blanca divorciada y mamá, pero en cuanto se sube al coche, sufre una especie de mutación severa, enciende el CD a toda leche y sólo escucha hip-hop. Y no cualquier hip-hop, no: hip-hop de ese recargao de palabras soeces y fuck-yous y fuck-you-toos y yo, dog, I gottastorydatellya, yo, yo, yo, mothafucka, yo, I lost my bitch 'cuz I ain't no hitch, yo, yo. Ni que decir tiene que mi estado de catatonismo ante semejante desbordamiento de ecos del Bronx recién importados apenas me dejó claridad visual y/o mental para percibir a lo que parecía, a primera vista, una ancianita venerable con una maleta en el arcén. En cuestión de segundos me doy cuenta de que saluda con la mano, ergo debe de ser la infame Aunt Winnie , y no puedo evitar descolocarme al darme cuenta de que está a punto de subirse al Bronxocoche con nosotras, y qué pensará al oir tremenda recua de insultos saliendo del CD.
Creo que me quedé en stand-by casi un minuto entero. Lo siguiente que recuerdo fueron las primeras palabras de Aunt Winnie:
-For fuck's sake, woman, I thought you was gonna leave me in da fuckin' middle of da road! Ain't you got an ashtray in this fuckin' car, or ya want me to flick the ash of me ciggie all over da place?
Los segundos siguientes, más stand-by. Aunt Winnie acababa de superar con creces mi imaginación. Hay gente en el mundo que ha nacido para hacer honor al dicho universal de que las apariencias engañan.
Dicho esto, también tengo que explicar que Aunt Winnie y yo conectamos desde el primer momento. Sí que era verdad que la buena mujer odiaba a todo el mundo, pero también que siempre tiene un motivo para llevarse mal con alguien. A mí, sin embargo, me pilló un cariño espatarrante... y yo a ella.
Así fue como pasé las dos semanas siguientes sin despegarme de su lado... ni ella del mío.
Milonga sentimental
Otros se quejan llorando
yo canto pa' no llorar...
No soy una persona sentimental.
Soy dramática, neurótica, y exagerada (aunque como todo el mundo sabe, mi Sra. Madre es setecientas mil quinientas ochenta y ocho veces más exagerada que yo), pero no soy dada a sentimentalismos. Especialmente cuando los siento de verdad; cuando la situación o las circunstancias del momento habrían dado para llorar cien cubos de fregar.
No se crean que no he intentado cambiar. No lo hago a propósito. Soy sentimentalmente torpe, por ponerlo de alguna manera.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. Complicado. He pedido una reducción de horas laborales a treinta horas (de las casi sesenta que estaba haciendo, hora arriba, hora abajo) y Catherine me ha dicho que sí, porque Catherine es un ángel y porque menda ha currado más que un albañil japonés en Iraq… Sin embargo, Catherine, como todo bicho viviente (incluyendo menda) tiene su lado oscuro… y su lado oscuro es el de contratante. A saber: Catherine necesita llevar el negocio y hacer pasta, of course, y menda necesita más tiempo para poder preparar las clases particulares de español que está dando, así que mucho me temo que reducción de horas acabe en anulación de horas, antes o después. Ya se verá, ya se verá, pero a un mes de las Navidades y con todo el trabajo que va a haber en el pub, menda se está buscando ya otro curro ipso facto, for if the flies.
2. Pre-navideño. (¿Qué? ¡Pero si falta un mes!) En este God’s Forsaken Place (Lugar Dejao Delamanodenuestroseñor), como hace un frío of the big cup y ya se nos hace de noche a las cuatro –de la tarde-, va a ser como que las Navidades empiezan antes y no acaban nunca.
Carajo.
Menda, que odia las Navidades con pasión exacerbada, no pensó en mencionado dato de interés vital al pillar avión y aterrizar aquí. Y ya ser de idiotas, dado que Harry Potter ser oriundo de por aquí y Harry Potter casi siempre salir en Navidades, o salir en oferta en Navidades, o similar. Pero claro, ser difícil dato de aparecer en cerebro a cuarenta grados (centígrados) a la sombra en pleno Julio, así que menda tener excusa por tener momentos tan rubios.
En fin, que el Pueblecito Jarripoteño en que menda se encuentra exiliada ya está cubierto de árboles disfrazados con luces de colores, Merry Christmas y Seasons Greetings y Best Wishes y todo el blá y re-blá que se puedan imaginar.
Ante semejante despliegue de fervor jesucrístico –supuestamente, vamos- en un país que consideraba protestante tirando a agnosticísimo, sólo se me ocurre una palabra:
Puaj. Con triple jota. Puajjj.
Resultado: cada vez que menda salir de casa, menda recordar, inconscientemente, el gran dicho español “No querías pan, toma tres tazas”.
3. Nostálgico inevitable. Echo de menos Barcelona, sobre todo ahora que doy clases de español, me he vuelto a conectar a las redes y tengo mucho más acceso a todo tipo de material e información en la Lengua del Imperio. (eh, que era por decir algo, que nadie me venga aquí apuntando con la nueve milímetros).
Echo de menos a mi hermano, cada día, cada cinco minutos. Echo de menos que venga a mi piso-cajazapatos y nos sentemos un rato y juegue con Macgaiber (aaaghhh, echo de menos a Macgaiber!) y hablemos de todo y de nada y nos demos consejos mutuamente.
Si mis padres y mi hermano supieran ni la mitad de cuánto les echo de menos, se pensarían que no soy su hija, que se la han cambiado. Pero llevo siglos añorándolos, de cerca o de lejos… qué le vamos a hacer.
4. En otro orden de cosas, carencia completa y total de Boldams en Jarripotilandia ha forzado a menda, a lo largo de estos meses, a buscar alternativas. Alternativas que detallo a continuación:
a) Fosters (lager) re-puaj. No digo que sabe a meaos porque siempre habrá la mens cogitans de turno que vendrá a decirme "ah, pero, ¿los has probao?" Pero si los meaos saben a algo, seguro que es un sabor idéntico al de la Fosters. Además, dadas las circunstancias (léase confluencia de procedencias de Fosters y de exmarido) no tengo estómago para productos antipódicos.
b)Brebaje denominado en lenguaje estándar “Stella Artois”, más comúnmente conocida por estos lares como “The Wife Beater” (Cuentan las malas lenguas, que suelen ser las mejores, que los tíos que beben la susodicha cerveza le pegan a las respectivas parientas cuando llegan a casa. Y digo yo… ¿No será por la cantidad de pintas que se meten, que no tanto por cómo se llame la birra?).
Porque yo bebí de eso el primer par de semanas y pegar no pegué a nadie. Más bien me pegaron unos dolores de cabeza del Carajo Veintinueve, como dicen en mi pueblo. Así que tachada de la lista de alternativas.
c)Worthington’s. (¿Lo he escrito bien?). Chospe que quiere parecer cerveza pero se asemeja mucho más a lo que ocurre cuando mezclas aceite con Fairy. Ni lo intenten, ya se lo digo ahora. Eso sí, actividad entretenida es observar a los clientes del pub:
(primera pinta): “A pint of Worthington’s, please, love”
(segunda pinta): “Pint-o-Worthys, love”
(tercera): “A pintaffweeersssingten, love, my daaahling boootyful, hehe…”
En fin. Comprenderán por qué renegué después del primer sorbo.
d) Guinness. (Sin comentarios. Es más barato y sabe mejor el café recalentao de tres días a temperatura ambiente. Temperatura ambiente de aquí es invariablemente bajo cero, les aviso)
Esperanzas mermando hasta expirar, decidí, una buena noche, tirar por el vino. Yo nunca he sido gran –ni pequeña, vamos- amante del vino, pero un día me dio por probar un Pinot Grigio fresquito así, como quien no quiere la cosa… y qué vicio, oigan…
Quién me ha visto y quién me ve. Ya me podía haber dao por el vino en España, que era mucho más barato. Pues no, voy y me vuelvo señorona en el país menos recomendado.
Así que ahora mi Boldam es el Pinot. (Horror, horror. Intenté pasarme al lambrusco alegre, feliz y barato de toda mi vida de estudiante, y no funcionó. Después de probar vino bueno, mi hígado se ha vuelto de un pijo insoportable)
COSAS POR HACER:
0. Dejar el vino (en la nevera; dejarlo en la nevera y no olvidármelo fuera, quiero decir. Que caliente es una porquería.)
0.1. Dejar de beber por las noches a fin de evitar sueños psicodélicos en que mi hígado me pide un conjunto de Versache para Navidades.
1. Comprar cargamento de ibuprofeno 200mg (a falta de pan, léase 600mg. Los ingleses son seres extraños: con tres de 200mg puedo hacer una de 600mg, sin embargo no hay de 600mg porque no es legal. Suerte que las matemáticas básicas aún flotan por algún lado de mi cerebrillo cafre, que si no...)
2. Dejar de toser.
3. Dejar de fumar, (en aras de conseguir punto anterior).
4. Apagar el que me estoy fumando ahora, (en virtud de los dos puntos anteriores, se entiende)
5. Dejar de decir chocheces, ya que en este God's Forsaken Place lo único que se puede hacer a estas horas de la noche, con el frío que cae y la carencia trágica de atracciones culturales (y de liquidez para llevarlas a cabo en los Londons, en su defecto), lo más divertido que hay es contar colillas y botellas de vino vacías...
... Y cantar rancheras y milongas, for the good old days' sake...
Spanish Tapas (Mode d'emploi)
Cosas por hacer en Hertfordshire.... (cuando eres neurótica y gallega pero aún no has descubierto por qué orden)
Es curiosa, la manera que tiene alguna gente de complicarse la vida. El caso es casi típico, dentro de las excentricidades: cuando te crees que tienes toda la vida enfocada, resuelta y encaminada (te vienen muchos más adjetivos de esos que utilizan las madres, pero no te quieres ir por las ramas) un día te despiertas y te das cuenta de que esa vida no era la tuya. ¿Qué leches estabas pensando? Probablemente lo mismo que cuando te metiste en derecho (y tuviste que dejarlo, porque no lo soportabas), lo mismo que cuando te apuntaste a aquel gimnasio (y no fuiste más de dos veces porque te sentías como un hámster, tanta ruedita y tanta historia), lo mismo que cuando decidiste dejar los estudios para empezar arte dramático (y a tu madre casi se la tienen que llevar en ambulancia, del ataque de nervios)... y bueno, quizá lo mismo en que pensabas en todos y cada uno de los momentos de tu vida en que, como se denomina terminológicamente en psicología, la has cagado.
PRINCIPALES DATOS DE INTERÉS RELACIONADOS CON EL GRAN FRACASO:
1. Casarse con el que no toca y no contarle al gran amor de tu vida lo que sentías por él, por miedo a perder su amistad. (Típico caso de mujer que deja al marido y se larga con mejor amigo... de ella, no de él).
2. Luchar por visado a Australia para reunirse con futuro-exmarido sin pararse a pensar si será buena idea o no.
3. Llamar a futuro ex-marido a Australia nada más recibir visado y decirle que no sólo no vas, sino que tampoco quieres que venga él. Que le quieres, pero no como le querría una esposa. Que el roce hace el cariño, pero que para amar se necesitan armas muy diferentes. Armas con las que no cuentas, para él.
4. Sentarte un día rodeada de cajas de mudanza y no saber adónde llevártelas.
5. Aguantar chaparrón de familia ultra-conservadora, que lleva peor la historia de la primera separación conyugal de todas las generaiones de ambos apellidos que el propio marido ultrajado-abandonado.
6. Aguantar chaparrones varios de gente que se cree con derecho a juzgarte y a inmiscuirse en tu vida y tus decisiones.
7. Llorar todo lo que hay que llorar por ser la mala de la película.
8. Llorar todo lo que hay que llorar por haber echado todo a perder: marido, proyectos de futuro, vida en Australia, ilusiones de padres, etcétera.
9. Dejar de llorar y darte cuenta de que no te puedes quedar en Barcelona: la pena es demasiado grande, los recuerdos demasiado numerosos, las recriminaciones, demasiado frecuentes y las caras de "esta cría está loca" que te dedica todo el mundo, demasiado evidentes.
10. Pensar, como buena gallega, que llorar para toda la vida no ser buen plan de vida. Pensar en sitio donde las chapuzas emocionales sean pan de cada día y nadie juzgue a nadie ya por ellas. Pensar en lugar extranjero no católico con posibilidades de futuro.
11. Dar con país perfecto, a modo de piedra filosofal, que convertirá toda la mierda que cargas en la espalda en oro (o porexpan, a las malas, que al menos no pesa tanto): Inglaterra.
12. Llegar con una maleta grande, un bolso pesadísimo, una guitarra, reliquia del matrimonio roto, y un portátil que será tu mejor amigo, porque sin duda, estás en uno de esos momentos de la vida en que lo único que merece la pena es contarlo.
Y bien... día tras día, te dedicas a tejer horas que se convierten en una lista de cosas por hacer en Hertfordshire cuando eres gallega y neurótica y fumadora compulsiva y no tienes ni idea de lo que va a pasar mañana.
En Galicia non se chora: emígrase.
Y es precisamente ahí, justo ahí, donde colocas tu banderita con un gran cero en el medio: cero como resultado obtenido hasta la fecha, y cero como símbolo del comienzo de tu vida (que no la de ninguna otra persona).
Lo curioso del caso es que ni te imaginas lo que está por llegar.
PRINCIPALES DATOS DE INTERÉS RELACIONADOS CON EL GRAN FRACASO:
1. Casarse con el que no toca y no contarle al gran amor de tu vida lo que sentías por él, por miedo a perder su amistad. (Típico caso de mujer que deja al marido y se larga con mejor amigo... de ella, no de él).
2. Luchar por visado a Australia para reunirse con futuro-exmarido sin pararse a pensar si será buena idea o no.
3. Llamar a futuro ex-marido a Australia nada más recibir visado y decirle que no sólo no vas, sino que tampoco quieres que venga él. Que le quieres, pero no como le querría una esposa. Que el roce hace el cariño, pero que para amar se necesitan armas muy diferentes. Armas con las que no cuentas, para él.
4. Sentarte un día rodeada de cajas de mudanza y no saber adónde llevártelas.
5. Aguantar chaparrón de familia ultra-conservadora, que lleva peor la historia de la primera separación conyugal de todas las generaiones de ambos apellidos que el propio marido ultrajado-abandonado.
6. Aguantar chaparrones varios de gente que se cree con derecho a juzgarte y a inmiscuirse en tu vida y tus decisiones.
7. Llorar todo lo que hay que llorar por ser la mala de la película.
8. Llorar todo lo que hay que llorar por haber echado todo a perder: marido, proyectos de futuro, vida en Australia, ilusiones de padres, etcétera.
9. Dejar de llorar y darte cuenta de que no te puedes quedar en Barcelona: la pena es demasiado grande, los recuerdos demasiado numerosos, las recriminaciones, demasiado frecuentes y las caras de "esta cría está loca" que te dedica todo el mundo, demasiado evidentes.
10. Pensar, como buena gallega, que llorar para toda la vida no ser buen plan de vida. Pensar en sitio donde las chapuzas emocionales sean pan de cada día y nadie juzgue a nadie ya por ellas. Pensar en lugar extranjero no católico con posibilidades de futuro.
11. Dar con país perfecto, a modo de piedra filosofal, que convertirá toda la mierda que cargas en la espalda en oro (o porexpan, a las malas, que al menos no pesa tanto): Inglaterra.
12. Llegar con una maleta grande, un bolso pesadísimo, una guitarra, reliquia del matrimonio roto, y un portátil que será tu mejor amigo, porque sin duda, estás en uno de esos momentos de la vida en que lo único que merece la pena es contarlo.
Y bien... día tras día, te dedicas a tejer horas que se convierten en una lista de cosas por hacer en Hertfordshire cuando eres gallega y neurótica y fumadora compulsiva y no tienes ni idea de lo que va a pasar mañana.
En Galicia non se chora: emígrase.
Y es precisamente ahí, justo ahí, donde colocas tu banderita con un gran cero en el medio: cero como resultado obtenido hasta la fecha, y cero como símbolo del comienzo de tu vida (que no la de ninguna otra persona).
Lo curioso del caso es que ni te imaginas lo que está por llegar.





