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COSAS POR HACER EN INGLATERRA
Antes era experta en hacer planes. Ahora, en echarlos a perder.
Acerca de
Aldara: Pseudónimo. La que escribía listas de cosas por hacer en libretas viejas hasta que la tecnología vino a socorrerla (o no). Quienes me leyeran en el anterior blog sabrán que me iba a Australia. En pocas semanas, ese viaje se convirtió en algo que ahora parece la vida de otra persona. Lo único que tengo ahora mismo es una carrera acabada y la capacidad individual de elegir por qué camino de cabras tirar.
Sindicación
 
Paredofagia.

Cuando tenía seis años me comí una pared.

Estaba en el patio, a la hora del recreo, y organicé un tren de esos que empiezan con tres niñas y van a su ritmo hasta que se le añaden los niños detrás, la historia adquiere velocidades peligrosas y pringa, sin lugar a dudas, el elemento de delante (id est, menda).
Me comí una pared de lleno, y me empezó a sangrar la nariz. A mí, que en toda la vida (de seis años) nunca me había sangrado la nariz, aquel borbotón torrencial se me apareció letal y, dramática como soy empecé a chillar. Supongo que pensé que si había de morir, al menos que se enterara todo el mundo. Una profesora vino corriendo en mi auxilio, y ni que decir tiene que al olor de la sangre acudió el alumnado en pleno de 1º de EGB y se reunió en corrillo para no perder detalle. “¡Sangre!” gritaban.
A mi madre no le tocaba vigilar patio aquel día, y yo necesitaba mimitos maternos más que nunca. Aquella vez me los merecía. Aquella vez, había motivos más que de sobras para que una madre le diera mimos a su hija hemorrágica terminal. Recuerdo que miré instintivamente hacia arriba, buscando la ventana de la clase, y la vi mirándome, pero sin pinta de ir ni a mover un dedo para bajar a socorrerme.
Saqué la conclusión que se esperaba de mi cabeza de seis años: “A mi madre le importo un rábano”. Estuve semanas con una depresión que seguramente provocó que hoy, a mis veintinueve, aún recuerde aquella mañana.
Y… hoy, a mis veintinueve, entiendo perfectamente la situación y de hecho, de estar en su lugar, habría actuado igual que ella: las criaturas tienen que espabilarse ellas solas. Aquí soy profesora, no madre, de modo que no voy a hacer diferencias, y la profesora a la que le toca vigilar ya se está ocupando de ella.

Es por eso por lo que no entiendo que a mis seis años mi madre tuviera eso tan claro y ahora, a mis veintinueve, no le de la gana de ver que cada uno se tiene que comer sus propias paredes, en esta vida, y se las tiene que comer solito/a. Y que aún así, la necesito por si me sale sangre; la necesito para darme mimitos y no decirme “ya te dije que no corrieras tanto, que te la ibas a dar”, que es algo de lo que ya me puedo dar cuenta yo.

…Y es por eso por lo que no acabo de mirarme al espejo y ver ninguna mujer ni nada que se le parezca. Esto de conseguir que mi madre adorada, admirada y cabezota entre en razón se me está convirtiendo en una misión vital. No quiero ni pensar en tener hijos hasta que las dos lleguemos a un acuerdo saludable acerca de qué hacer con el cordón umbilical, que se nos está alargando ya demasiado. Tanto, que inconscientemente se convierte en algo normal y tengo un 100% de posibilidades de hacer lo mismo con mi descendencia, y me da un miedo atroz. Y como hasta ahora aún soy hija, que no madre, soy consciente de la distancia que pondré entre mis hijos y yo, y de la de cosas que me perderé por cabezota.

Fíjense. Veintinueve años. Esta mañana, al despertarme, me sangraba la nariz. A mí no me sangra la nariz casi nunca, y menos sin motivo; pero me sangraba y se me ha presentado la madalena de Proust en estado líquido, pastoso, rojo oscuro. Y lo primero que me ha venido a la cabeza ha sido llamar a mi madre.
Luego he recordado que no nos hablamos.
No hemos evolucionado. No señor.

Llevo desde los seis años tan consciente de que comerse alguna pared que otra es inevitable, como obsesionada con que ella no me esté mirando desde la ventana de su clase.
 
Comentario:
Pues yo como de chica he sido traviesa desde que naci... (pero traviesa de abrirme la frente, unas cuantas veces)... mi madre estaba pendiente de mi, pq sabía que si iba al suelo, eran puntos...

Eso sí con 10 años... estabamos en un zoologico, y nos metimos (yo engañada) en la jaula de las cabras montesas (pero ellas no se veían) y nos pilló el guardia... (mi madre estaba de monitora) nos dijeron que nos iban a denunciar... yo no lo pasé tan mal en mi vida y mi madre cuando dijeron que de mi colegio habían detenido a tres, dijo: una es mi hija, sabía a ciencia cierta que yo estaba metida en el ajo.... y pasó de mi... que decepción más grande!!...
A pesar de aquello... mi vieja siempre está a mi lado, por si me caigo en cualquier sentido... tengo suerte!!

Un saludo
 
Comentario:
Yo recuerdo una anécdota de cuando también tendría unos 5 ó 6 años. Mi madre se fue a comprar a la tienda de la esquina y me dejó durmiendo pensando que no despertaría en los próximos 5 minutos. Pero desperté, y la ver que no había nadie en casa, pensé que mi madre me había abandonado. Me puse a aporrear la puerta llorando y llamando a mi madre. Una vecina me oyó llorar e intentaba consolarme detrás de la puerta pero yo estaba inconsolable. Cuando llegó mi madre no quería soltarme de ella en todo el día. Creo que viene de ahí el miedo a ser abandonada (por mi pareja, por mis amigos...) Por desgracia, mi madre falleció hace 5 años y la echo un montón de menos. Cuando leo como os dan la lata vuestras madres, me dais una envidia...
Besos y abrazos!!
 
Comentario:
GUILLE: Pared te vamos a dar un rato. Lo malo es que no hay (motivo pricipal y original de la colleja cibernauta) ande comentarte, que si no...
A.
(PS Menda sentirse pelín ridícula escribiendo esto en sus propios comentarios)
 
Comentario:
¡¡¡¡¡¡ Me apunto a la cibercolleja !!!!!!
A por él!!!!!!!!!!!!!!!!!! jajajjjajjajaja

 
Comentario:
¡¡¡¡¡¡ Me apunto a la cibercolleja !!!!!!
A por él!!!!!!!!!!!!!!!!!! jajajjjajjajaja

 
Comentario:
¡¡¡¡¡¡ Me apunto a la cibercolleja !!!!!!
A por él!!!!!!!!!!!!!!!!!! jajajjjajjajaja

 
Comentario:
nadie se interesa por el estado de la pobre pared?

 
Comentario:
Curioso...yo la perdí hace años. Y pese a que me ocurriría algo similar a lo que os leo, aún la extraño. Qué cosas...
 
Comentario:
ayyyyyyyyy, madre mía, me he pasao, casi me sale un comentario más largo q tu artículo, sorryyyyyyy, jejejjejejeje
 
Comentario:
De adolescente malacostumbré a mi madre a que era una chica que no salía apenas, por lo que, por extensión, se malacostumbró a verme siempre sin compañía masculina, de ese tipo que te metes digamos la lengua hasta el esófago. Pero a pesar de todo, ese día tendría que llegar. Y mi madre en esos momentos era enteramente un ave de rapiña, vigilante, amenazante, dominante. Me fastidió disfrutar de una posible relación (con la que yo sólamente soñaba, había pocas posibilidades de que pasara nada), pero claro, Ése no era suficiente para mí. Me fastidió mi relación con otro, dos meses que duró amargada por sus objeciones, porque Éseotro tampoco era suficiente para mí. Y cuando llegó el que sería mi marido, tampoco lo tragaba, y tuvo que ser mi hermano, diez años mayor que yo y que ya la tenía muy calada, el que le dijera (en medio de una acalorada discusión) que yo ya era adulta y que tenía que poder hacer lo que me diera la gana con estos temas. La verdad es que mi madre me ha facilitado mucho el tema de cortar el cordón umbilical: cuando convivimos no nos soportamos, y yo, cuando tomo alguna decisión "de adulta" nunca me acuerdo de ella.

Fíjate tú que ahora mismo está pasando una temporada en mi casa (ahora adora a mi marido), me ayuda mucho, me hace la comida, se queda con el niño... pero yo realmente sopeso si me merece la pena, porque me pone de una mala hostia cualquier observación suya sobre mi desorden, mi ocupación, mi forma de regañar al niño... vaya, que no la voy a echar, ni insinuárselo siquiera, ella tiene derechos adquiridos por carta de naturaleza, pero yo pienso que me lo tiene que notar, porque a mí eso de disimular se me da múmal.

Y otra cosa, los problemas difíciles se suelen solucionar cuando dejas de prestarles atención. Quizá tu madre tampoco ha sabido encontrar el equilibrio entre su madurez y los ramalazos de críos que nos entran a todos en cualquier momento de nuestra vida, como bien dice Hell.

Somos esclavos de nuestras necesidades. A veces basta con cambiarlas conscientemente para liberarnos de ellas. ¿Hasta qué punto necesitas esa reconciliación? No hagas depender de ella tu vida, porque entonces lo que haces es bloquear tu futuro, tú solita.

Un besazo muy fuerte desde el cálido sur.

No