logotipo

img_google
COSAS POR HACER EN INGLATERRA
Antes era experta en hacer planes. Ahora, en echarlos a perder.
Acerca de
Aldara: Pseudónimo. La que escribía listas de cosas por hacer en libretas viejas hasta que la tecnología vino a socorrerla (o no). Quienes me leyeran en el anterior blog sabrán que me iba a Australia. En pocas semanas, ese viaje se convirtió en algo que ahora parece la vida de otra persona. Lo único que tengo ahora mismo es una carrera acabada y la capacidad individual de elegir por qué camino de cabras tirar.
Sindicación
 
Secretos guardados.

“I guess I should warn you. If I turn out to be particularly clear, you’ve probably misunderstood what I’ve said”
(Dr Alan Greenspan, Chairman. Federal Reserve Board.)


Mil o dos mil jueves después del jueves por la noche en que os conocisteis te ves, una noche de esas de calor en medio de Barcelona, caminando por el Raval mientras todas tus neuronas corren, desestabilizadas, haciendo que cunda el pánico en todo tu cuerpo, y tropezándote contra tu propia lengua.

-Nos conocemos desde hace mucho tiempo, ¿verdad? – No sabes cómo has llegado a ese punto de honestidad máxima, de desesperación por decirle lo que ni sabías que estaba ahí, y que ahora no puedes seguir negando. No tienes nada que perder. Después de todo, te vas a ir. Te vas para siempre al otro lado del mundo, y las posibilidades de que os volváis a ver se reducen con cada minuto que pasa, y que os acerca más al vuelo que lo ha de llevar de vuelta a su país. De repente, te vuelve a invadir esa sensación de los últimos días, de las últimas semanas: que te estás muriendo de algo terminal, que te quedan apenas dos semanas de vida, que te tienes que despedir de las personas que te importan y dejar las cosas claras con todo el mundo para irte en paz.
-Qué es lo que me quieres decir – te mira. Te conoce tanto, que estás segura de que al menos lo intuye. Lo tiene que intuir, como mínimo. Bastará con ser sutil, con dejarle caer una pista y esperar feedback, sea del tipo que sea. No sabes adónde te puede llevar una confesión de tan tremendo tamaño, pero la necesidad de hacerla se impone sobre lo imposible de las circunstancias (tú, casada con otro, uno bueno, uno que te adora aunque no sepa quién eres. Él, tu camarada, tu confesor, un amigo de siempre, uno con historial, con subidas y bajadas, con recuerdos perennes asociados. Uno que ha dado encanto a tu vida de una manera mágica e inexplicable) Sé sutil. Él lo entenderá.
-Que me gustas-. Le farfullas.
-Ya, y tú a mí también-, te sonríe.
-No me refiero a eso. Me atraes físicamente, también. Mucho. Desde siempre.

Cavilas un segundo sobre los posibles significados del adjetivo “sutil” y si tus últimas palabras se ajustan a alguna de las definiciones.
Te sonrojas. Torpe. Culpable. Perdida.
Él deja de sonreír.
Lo que sigue es una noche que dura cinco años (de recuerdos, de palabras, de conversaciones, de recapitulación de hechos) o un minuto (fugaz, como si la felicidad que te envuelve fuera esa felicidad última de quien no necesita más en su vida y puede morir por la mañana.)
Y por la mañana, te preguntas, qué pasará. Lo pensarás mañana, cuando llegue, te dices, mientras las mejillas se te pierden entre sus manos y todo lo que habías construido, todos tus planes de futuro, todo el esfuerzo de aquellos cuatro años persiguiendo una vida que no era la tuya, ciega, inútil, necia, todo, absolutamente todo, se va borrando más rápido de lo que puedes llegar a controlar.
Por la mañana te das cuenta: le has estado poniendo los cuernos al amor de tu vida con tu propio marido. Has estado enamorada de él siempre; tan enamorada como muerta de miedo de llevarte la patada de tu vida, porque él era demasiado para ti. Demasiado de todo. No podía ser. No podía haberse fijado en ti de esa manera.
Te retuerces en la cama, qué haces, qué vas a hacer ahora. No puedes seguir y fingir que no ha pasado. Ha pasado, y ha quedado marcado. Por las paredes, por los zapatos, por los rincones, por su cara y la tuya. En tu estómago.
Te invade otro pensamiento: quizá para él era una de esas asignaturas pendientes, antes de decir adiós. Por la amistad que os ha unido.
Pasáis el día sin hablar mucho. Pasas el día sintiendo demasiado. Tanto, que crees que vas a vomitarlo todo de golpe, que es demasiado sentir para una sola persona. Empiezas a abrir los ojos a la persona que habías estado escondiendo durante tanto tiempo: tú.
Por la noche, caminando por las Ramblas, te dice, como quien no quiere la cosa:
-Perdona por no haber hablado mucho hoy… estoy intentando digerir todo esto. Llevo tantos años enamorado de ti, desde que nos conocimos, que ya había perdido toda esperanza.
Arrancas a llorar como una imbécil. Todo se ha ido a la mierda. Toda tu vida, tal como la conocías, ha dejado de existir completamente. Estás tan hundida y eres tan feliz, que se te ha dormido hasta la última terminación nerviosa. Flotas. Nadas. Existes.
-¿Por qué….? ¿Por… qué no dijiste nada antes? ¡Viniste a mi boda! ¡Con tu novia!- te oyes gritarle, en medio de las Ramblas, templadas, casi vacías.
-¿Qué querías que dijera? No quería perderte. No me lo podía permitir, y si todo lo que podía ser era tu amigo y tú eras feliz con él … aprendí a conformarme. Eras demasiado. Demasiado… de todo. Nunca pensé que te fijarías en mí de esa manera.

Luego hay meses de duda. Te tienes que marchar, no puedes seguir en ese escenario de la Barcelona de los recuerdos. Te atosigará. Te perseguirá. Te marchas, y decides fiarte de que lo que dijo era verdad.
Y unos cuantos meses y un millón de conversaciones lo devuelven a tu lado, y era verdad.
Lo que sigue, sigue siguiendo aún hoy. Vuestro conocimiento de las realidades cotidianas del otro no ha afectado ni un ápice a la magia de aquel segundo primer jueves por la noche. Es lo que te ha llevado exactamente hasta donde estás: donde querías estar. Tienes la mente clara, clarísima y el corazón lleno, llenísimo. Ocho o nueve meses después has pagado por tu error, has asumido las consecuencias, has pensado y cavilado hasta la náusea y sigues sintiéndote mal, pero sin poder arrepentirte. Sigues con la certeza de que hiciste lo que tenías que hacer, y de que ésta, la que empiezas a saborear ahora, era la vida que te tocaba; la que llamas tu casa porque al otro le querías; le quieres, pero a éste lo adoras, lo amas, admiras e idolatras cada minuto de vida con una conciencia jamás antes experimentada.
Y encuentras tu boda de verdad. La de los días, la de cada día.
 
Comentario:
una historia que es envidiable por el final feliz, me alegro por ti, por él, por el tiempo y la madurez de la decisión.

un beso desde mi caja.
pandora.
 
Comentario:
Vaya, de sentimientos está el mundo lleno, amigos que son amores, maridos que son amigos, amigos que no lo son y que finjen serlo... uff es más fácil ser lo que uno no es supongo, encuentra una menos resistencia.
Un beso
 
Comentario:
Yo me he hecho un poco de lío... Entonces ahora estás con ese amor? o estás sola?
Eres increible para describir sentimientos!
Un abrazo
 
Comentario:
A mí lo que me ha encantado a lo bruto ha sido eso de "le estaba poniendo los cuernos al amor de tu vida con tu propio marido"...

...de verdad, son palabras que condensan mil ideas. Me has abierto un poquito más el entendiemiento.

Merci.

Y un puñao de besos y abrazos.
 
Comentario:
Se le anuda a uno el estómago, se le planta una sonrisa boba y mientras vuelve a releer tu post, alguien me pregunta que qué estoy leyendo con esa cara de imbécil.

Y yo qué sé, respondo, una cosa fantástica. De verdad, una cosa maravillosa.

Solo se me ocurre que es el aliento mas tierno y cuajado de ilusión que había leído y sentido en mucho tiempo.
 
Comentario:
Good on you my brave and beloved teacher
 
Comentario:
Me has dejado demasiado tocada como para comentarte. He tenido que leerlo en dos etapas porque me has hecho salir a correr hacia la caja de los pañuelos. Sabes perfectamente hasta qué punto conozco esos sentimientos. El final no ha sido el mismo. Te sonará raro, prepotente, o simplemente estúpido, pero envidio ese final; siempre he deseado sentirme así por alguien, y aunque me queda mucha vida por delante, tal y como tengo planteada mi vida me parece que ya he elegido otro The End... me puedo atrever a muchas cosas, pero precisamente a dejar mi vida libre para lo que tenga que venir, me parece que no. Al menos ahora estoy en una etapa tranquila.

Muchos besos, muchos abrazos, mucho cariño desde el cálido sur. Eres magistral describiendo el alma.
No