Mi nuevo blog
Desde hace tiempo no escribo en este blog, el más reciente, de 2008 es:
http://exxistencias.blogspot.com
en él recupero cosas de éste, recopilo cosas que me gustan y escribo alguna que otra cosa nueva.
http://exxistencias.blogspot.com
en él recupero cosas de éste, recopilo cosas que me gustan y escribo alguna que otra cosa nueva.
Noche de sábado (3 y final)
Se levantó, dejándola unos instantes tirada en el sofá, abierta y encelada por completo. La observó unos segundos y tendió su mano para que se levantara. Sentía su coño palpitar y cuando se levantó, se abrazó a él, pegando sus cuerpos y notó su excitación a través de la tela, clavándose en su vientre.
-"¿Vas a follarme ya o seguirás volviéndome loca...?",-preguntó, desafiante mientras se deshacía de su blusa dejándola caer al suelo. Su mano buscó la entrepierna, palpando unos momentos su dura polla a través del pantalón. Sonrió y la besó. Intenso, como él sabía hacer, atrapando su lengua entre sus dientes sin dejarla escapar. Los dedos de Marta agarraron con fuerza su sexo, atrapándolo y apretó con fuerza. Entendió que mientras no soltase su lengua, ella no soltaría su presa y soltó.
-"Puta...",-le espetó a la cara obligándola a apartar las manos de su cuerpo para darle entonces una palmada en el culo y entonces se sentó en el sofá, acercándola a él y colocándola entre sus piernas le bajó las bragas hasta las rodillas, volviendo a acariciar su sexo por debajo de la falda que aún llevaba puesta. -"Ahora deberías estar en mis rodillas y ponerte el culo como un tomate, pero seguro que te encantaría y no me da la gana darte ese gustazo..."
Ella soltó una carcajada mientras él le bajaba las bragas hasta los pies, haciendo que se las quitase. Se miraron a los ojos y no supo ni porqué ni cómo entendió lo que quería que hiciese.
Se inclinó hacia delante, dejando caer sus abundantes pechos cubiertos por el sujetador de encaje blanco y desabrochó su pantalón, sacando la polla de su escondite. Dura, brillante, la piel tan tensa que parecía que podía romperse en cualquier momento, acarició aquel tronco de carne con suavidad y firmeza a la vez, moviendo la piel arriba y abajo mientras su boca se acercaba a los labios de él rozándolos levemente con la lengua.
-"Dime lo que quieres ahora Marta",-la susurró.
-"Lo sabes de sobra...",-dijo, algo cortada, intentando colocarse sobre él. La frenó.
-"No. Dilo".
-"Jooooo...",-le negaba su premio,-"Venga, que ya lo sabes...",-se quejó mientras continuaba acariciándole. Se agachó colocándose en cuclillas entre sus piernas y acercó la polla a su boca, dejándole sentir su aliento en ella, sin llegar a tocarla. La dejó hacer.
-"Estoy tan caliente como tú, ya lo ves, pero si no lo dices puede que la noche termine de una manera muy distinta a la que esperas...",-dijo. Le miró furiosa y le ignoró, su lengua lamió el rosado trono. Quería hacer que perdiese el control y que lo olvidara. Le agarró de las coletas tirando de ellas y levantó su cabeza. -"Estoy hablando en serio",-la jugada de Marta no estaba saliendo bien.
Ella claudicó. -"Quiero que me folles-"dijo mirándole a los ojos enfadada y tremendamente excitada a la vez. Se puso en pie, esperando.-"Idiota".
-"Ven aquí anda...",-dijo, quitándose el pantalón. La invitó a sentarse sobre él y lo hizo, despacio, degustando ansiosa la sensación de cómo se abría paso en su interior. Suspiró y apoyó la frente en su hombro. Clavó su polla entera hasta desaparecer dentro de ella y comenzo a moverse así.
Sus manos acariciaban los pechos de ella, sus hombros, sus caderas, su trasero, el pelo de las coletas que tanto le gustaban... sus respiraciones no tardaron en llevar el mismo ritmo. Las caderas de ella se movían cada vez más deprisa, delante y detrás, arriba y abajo... ya no había palabras, sólo gemidos, suspiros y jadeos... sintió que iba a correrse en breve, sus juegos previos habían funcionado a la perfección. Y lo hizo, mirándole a los ojos, teniéndole dentro y las contracciones y espasmos al llegar el orgasmo atraparon su polla dentro de ella y él sonrió, sintiendo su carne aprisionada y abrasada por una intensa oleada de calor que salía de su vientre...
Se abrazó a su cuerpo y continuó moviéndose muy despacio y él acarició su rostro...
-"Tu cara y tu mirada cuando te corres son increíbles..."
-"¿Vas a follarme ya o seguirás volviéndome loca...?",-preguntó, desafiante mientras se deshacía de su blusa dejándola caer al suelo. Su mano buscó la entrepierna, palpando unos momentos su dura polla a través del pantalón. Sonrió y la besó. Intenso, como él sabía hacer, atrapando su lengua entre sus dientes sin dejarla escapar. Los dedos de Marta agarraron con fuerza su sexo, atrapándolo y apretó con fuerza. Entendió que mientras no soltase su lengua, ella no soltaría su presa y soltó.
-"Puta...",-le espetó a la cara obligándola a apartar las manos de su cuerpo para darle entonces una palmada en el culo y entonces se sentó en el sofá, acercándola a él y colocándola entre sus piernas le bajó las bragas hasta las rodillas, volviendo a acariciar su sexo por debajo de la falda que aún llevaba puesta. -"Ahora deberías estar en mis rodillas y ponerte el culo como un tomate, pero seguro que te encantaría y no me da la gana darte ese gustazo..."
Ella soltó una carcajada mientras él le bajaba las bragas hasta los pies, haciendo que se las quitase. Se miraron a los ojos y no supo ni porqué ni cómo entendió lo que quería que hiciese.
Se inclinó hacia delante, dejando caer sus abundantes pechos cubiertos por el sujetador de encaje blanco y desabrochó su pantalón, sacando la polla de su escondite. Dura, brillante, la piel tan tensa que parecía que podía romperse en cualquier momento, acarició aquel tronco de carne con suavidad y firmeza a la vez, moviendo la piel arriba y abajo mientras su boca se acercaba a los labios de él rozándolos levemente con la lengua.
-"Dime lo que quieres ahora Marta",-la susurró.
-"Lo sabes de sobra...",-dijo, algo cortada, intentando colocarse sobre él. La frenó.
-"No. Dilo".
-"Jooooo...",-le negaba su premio,-"Venga, que ya lo sabes...",-se quejó mientras continuaba acariciándole. Se agachó colocándose en cuclillas entre sus piernas y acercó la polla a su boca, dejándole sentir su aliento en ella, sin llegar a tocarla. La dejó hacer.-"Estoy tan caliente como tú, ya lo ves, pero si no lo dices puede que la noche termine de una manera muy distinta a la que esperas...",-dijo. Le miró furiosa y le ignoró, su lengua lamió el rosado trono. Quería hacer que perdiese el control y que lo olvidara. Le agarró de las coletas tirando de ellas y levantó su cabeza. -"Estoy hablando en serio",-la jugada de Marta no estaba saliendo bien.
Ella claudicó. -"Quiero que me folles-"dijo mirándole a los ojos enfadada y tremendamente excitada a la vez. Se puso en pie, esperando.-"Idiota".
-"Ven aquí anda...",-dijo, quitándose el pantalón. La invitó a sentarse sobre él y lo hizo, despacio, degustando ansiosa la sensación de cómo se abría paso en su interior. Suspiró y apoyó la frente en su hombro. Clavó su polla entera hasta desaparecer dentro de ella y comenzo a moverse así.
Sus manos acariciaban los pechos de ella, sus hombros, sus caderas, su trasero, el pelo de las coletas que tanto le gustaban... sus respiraciones no tardaron en llevar el mismo ritmo. Las caderas de ella se movían cada vez más deprisa, delante y detrás, arriba y abajo... ya no había palabras, sólo gemidos, suspiros y jadeos... sintió que iba a correrse en breve, sus juegos previos habían funcionado a la perfección. Y lo hizo, mirándole a los ojos, teniéndole dentro y las contracciones y espasmos al llegar el orgasmo atraparon su polla dentro de ella y él sonrió, sintiendo su carne aprisionada y abrasada por una intensa oleada de calor que salía de su vientre...
Se abrazó a su cuerpo y continuó moviéndose muy despacio y él acarició su rostro...
-"Tu cara y tu mirada cuando te corres son increíbles..."
Noche de sábado (2)
-"Zorrita descarada...",-queria ponerse serio pero no podía. Ella sacó la lengua burlona, un instante.-"Vas a dejar de reirte...",-comenzó a acariciar sus pechos por encima del sujetador. Los masajeaba y pellizcaba los pezones suavemente, como solía hacerlo todo, de manera contundente pero suave. Sus bragas estaban mojadas, su sexo palpitaba y tenía ganas de sentirse llena, sus caderas ya no podía estar quietas, sus movimientos eran ligeros, apenas perceptibles... Dejó de reir, sí, y de nuevo pasó a suspirar y gemir. Se miraban a los ojos mientras la tocaba. Medio echado sobre su cuerpo, acariciaba su sexo por encima de las bragas mojadas mientras la otra mano se deslizaba por el resto de su piel, las piernas, los muslos, los brazos, el vientre, los pechos, el cuello, los labios, las mejillas, el cabello negro recogido en los lazos que caía sobre el pecho... ya no se reía no.
Su respiración se aceleraba, le deseaba cada vez más. Sus enormes ojos castaños, casi negros no se apartaban de los de ella. Echó a un lado la tela de las bragas con una mano mientras la otra comenzó a acariciar el pubis, el clítoris, los labios... buscando las zonas más sensibles, atento a sus reacciones. Entonces cerró los ojos.
-"No, mírame Marta... mírame a los ojos",-dijo. Lo tomó como una orden.
Los abrió de nuevo pero cada vez que un escalofrío de placer provocado por sus caricias nacía en su sexo, recorría su espalda erizando su piel y los cerraba de nuevo. -"Abre los ojos y mírame",-repetía. Y ella obedecía y volvía a intentarlo, pero no podía mantenerlos abiertos, quería concentrarse en sentir... y de nuevo él insistía en ello, hasta que ella se quejó y se removió como una niña malcriada y caprichosa porque no quería hacerlo ni que siguiera insistiendo en ello. Se rió ante esa reacción y ella se enfadó, queriendo levantarse.
-"No, no, no",-negó, sujetando el cuerpo de ella contra el sofá apoyando sus manos en los pechos.-"La señorita va a estar aquí tranquilita hasta que yo quiera". Se relajó y continuó acariciándola, metiendo los dedos en su interior, descubriendo su coño empapado, los sacaba, volvía a meterlos, moviéndolos dentro de ella y haciendo que gimiese cada vez más fuerte. Su otra mano se entretenía con su clítoris. Se volvía loca.
-"Eres una... te encanta que te den órdenes y te obliguen a hacer cosas... por eso te rebelas, para provocarlo, está más que claro... quieres que te soben, que te usen como a una cualquiera pero haciendote sentir a la vez que eres única... te vistes como yo quiero, te abres de piernas y te mojas en el momento que empiezo a meterte mano... y eso pasa con otros también, lo sé... sé que ahora mismo estás deseando que saque mi polla y te la meta en la boca y en ese coño tan caliente tuyo... Marta, Marta... qué zorra eres...",- Sus palabras la excitaban todavía más, sus caderas se movían cada vez más fuerte y deprisa, buscando el orgasmo. -"Y cómo me gustas..."
Mordía su labio inferior mirándole a los ojos siempre que podía, respiraba de manera acelerada, quería correrse, quería que la follase en ese mismo instante, pero no había manera. El estaba excitado, pero se estaba tomando su tiempo, todo con una calma que empezaba a desesperarla... y eso también la excitaba.
Noche de sábado (1)
Recibió la llamada de vicente por la tarde para preguntar sus planes para esa noche, querí salir a cenar con ella y si era posible, pasar la noche juntos. Marta había quedado para cenar con sus amigas pero como verle resultaba ciertamente complicado por su trabajo, siempre viajando fuera y como las noches eran siempre placenteras con él, comentó que podía recogerla después de cenar e ir a tomar algo.
Le preguntó como vestiría... conociéndole entendió que su pregunta era una invitación, una sugerencia para vestir como "a él le gustaba"... como cada cual, tenía sus fetiches y desde luego no era la ropa que ella pensaba llevar a la cena esa noche.
-"Pantalón y camiseta negros, nada a tu gusto, pero si me prometes que esta noche será estupenda prometo cambiarme para cuando me recojas en casa". El aceptó.
Así que después de cenar y tomar una copa con sus amigas, volvió a casa a cambiarse. El cambio de horario al de invierno les vendría de perlas, la noche sería una hora más larga.
Bajó y una amplia sonrisa pícara se dibujo en la cara de Vicente... la falda cruzada gris, por la rodilla, con algo de vuelo, blusa blanca, chaquetita de punto negra, zapatos como los de colegio de monjas, medias color carne y sus fetiches principales: coletas con unos lazos negros y lo que no se veía, las bragas de algodón blanco.
Ella sabia que no le gustaban las niñas y si hubiese dudado un solo instante que su "perversión" era esa no hubiese vuelto a verle nunca, pero le encantaba que una mujerona hecha y derecha se "disfrazase" de esa manera para él.
-"Cómo me conoces cabrona...",-rió, encendiendo el motor tras observarla de arriba a abajo unos segundos. Ella nunca había tenido problema en vestir al gusto de su partenaire, le gustaba agradar.
Charlaron sobre su último viaje, las vacaciones de ella, el nuevo viaje previsto de él.
Al salir del coche, en el garaje, se acercó a ella acorralándola contra la pared, en silencio, olisqueándola como haría un animal en celo, acercando sus labios sin llegar a tocar la piel de su cuello, erizando su vello y humedeciendo su sexo. Acarició el pelo recogido en una de las coletas. Estaba muy excitado, no tenía ni que tocarle ni que decirselo para que ella lo notase. Le tomó la mano y la llevó a su apartamento.
Ella imaginaba que en cuanto entrasen por la puerta no la dejaría escapar, pero se equivocó. La acompañó al salón, cogió su chaqueta y su bolso y lo guardó en un armarito de la entrada, mientras ella se acomodaba en el sofá... sirvió un vodka con naranja para ella y su copa y se sentó junto a Marta. Le pidió que le contase de sus últimos "amigos" y experiencias. Empezó a contarle lo más reciente y él no tardó en empezar a acariciar la pierna más cercana a la de él, deslizando su mano por debajo de la falda, subiéndola poco a poco hacia arriba, por la cara interior de su muslo. Llegó hasta las bragas, sin tocarla y le dejó ahí...
-"Eres perfecta para el frio, una estufita, con acercar las manos aquí uno se las caliente enseguida con el calor que desprendes...",-comentó riendo. Ella se incorporó para acercarse a él con intención de besarle. Le gusta cómo lo hace, es de los únicos a los que ella besa por propia iniciativa. Pero no se dejó. Le paró diciéndola que estuviese quieta y le dejase hacer. Ella volvió a sentarse.
Hizo que abriese las piernas un poco más, colocando una de ellas sobre las suyas y metió los dedos debajo de las bragas. Encontró su sexo y comenzó a jugar con él... Marta llevaba unos días muy caliente y ese día se había levantado aún más excitada así que enseguida consiguió que su humedad se transformase en mucho más. No tardó en empezar a suspirar y gemir. Los dedos de él se deslizaban por la carne mojada, lentos, suavemente y notaba como su sexo se hinchaba por momentos, como su excitación crecía a pasos agigantados. Paró y la tomó por las caderas, tirando hacia él y colocándola tumbada, una pierna apoyada en el suelo y la otra en el respaldo del sofá, quitándole los zapatos y se metió entre ellas subiendo su falda hasta la cintura dejando ver las blancas bragas y desabrochó su blusa, dejando al aire el pecho cubierto por un sujetador de encaje blanco. Metido entre sus piernas, vestido por completo, le miraba a los ojos y ella correspondía, haciendo lo mismo y riéndose.
Le preguntó como vestiría... conociéndole entendió que su pregunta era una invitación, una sugerencia para vestir como "a él le gustaba"... como cada cual, tenía sus fetiches y desde luego no era la ropa que ella pensaba llevar a la cena esa noche.
-"Pantalón y camiseta negros, nada a tu gusto, pero si me prometes que esta noche será estupenda prometo cambiarme para cuando me recojas en casa". El aceptó.
Así que después de cenar y tomar una copa con sus amigas, volvió a casa a cambiarse. El cambio de horario al de invierno les vendría de perlas, la noche sería una hora más larga.
Bajó y una amplia sonrisa pícara se dibujo en la cara de Vicente... la falda cruzada gris, por la rodilla, con algo de vuelo, blusa blanca, chaquetita de punto negra, zapatos como los de colegio de monjas, medias color carne y sus fetiches principales: coletas con unos lazos negros y lo que no se veía, las bragas de algodón blanco.
Ella sabia que no le gustaban las niñas y si hubiese dudado un solo instante que su "perversión" era esa no hubiese vuelto a verle nunca, pero le encantaba que una mujerona hecha y derecha se "disfrazase" de esa manera para él.
-"Cómo me conoces cabrona...",-rió, encendiendo el motor tras observarla de arriba a abajo unos segundos. Ella nunca había tenido problema en vestir al gusto de su partenaire, le gustaba agradar.
Charlaron sobre su último viaje, las vacaciones de ella, el nuevo viaje previsto de él.
Al salir del coche, en el garaje, se acercó a ella acorralándola contra la pared, en silencio, olisqueándola como haría un animal en celo, acercando sus labios sin llegar a tocar la piel de su cuello, erizando su vello y humedeciendo su sexo. Acarició el pelo recogido en una de las coletas. Estaba muy excitado, no tenía ni que tocarle ni que decirselo para que ella lo notase. Le tomó la mano y la llevó a su apartamento.
Ella imaginaba que en cuanto entrasen por la puerta no la dejaría escapar, pero se equivocó. La acompañó al salón, cogió su chaqueta y su bolso y lo guardó en un armarito de la entrada, mientras ella se acomodaba en el sofá... sirvió un vodka con naranja para ella y su copa y se sentó junto a Marta. Le pidió que le contase de sus últimos "amigos" y experiencias. Empezó a contarle lo más reciente y él no tardó en empezar a acariciar la pierna más cercana a la de él, deslizando su mano por debajo de la falda, subiéndola poco a poco hacia arriba, por la cara interior de su muslo. Llegó hasta las bragas, sin tocarla y le dejó ahí...
-"Eres perfecta para el frio, una estufita, con acercar las manos aquí uno se las caliente enseguida con el calor que desprendes...",-comentó riendo. Ella se incorporó para acercarse a él con intención de besarle. Le gusta cómo lo hace, es de los únicos a los que ella besa por propia iniciativa. Pero no se dejó. Le paró diciéndola que estuviese quieta y le dejase hacer. Ella volvió a sentarse.
Hizo que abriese las piernas un poco más, colocando una de ellas sobre las suyas y metió los dedos debajo de las bragas. Encontró su sexo y comenzó a jugar con él... Marta llevaba unos días muy caliente y ese día se había levantado aún más excitada así que enseguida consiguió que su humedad se transformase en mucho más. No tardó en empezar a suspirar y gemir. Los dedos de él se deslizaban por la carne mojada, lentos, suavemente y notaba como su sexo se hinchaba por momentos, como su excitación crecía a pasos agigantados. Paró y la tomó por las caderas, tirando hacia él y colocándola tumbada, una pierna apoyada en el suelo y la otra en el respaldo del sofá, quitándole los zapatos y se metió entre ellas subiendo su falda hasta la cintura dejando ver las blancas bragas y desabrochó su blusa, dejando al aire el pecho cubierto por un sujetador de encaje blanco. Metido entre sus piernas, vestido por completo, le miraba a los ojos y ella correspondía, haciendo lo mismo y riéndose.Menos lobos, caperucito

"En el momento en que se cerrara la puerta de tu casa conmigo dentro, estarias perdida.
No iba a quedar habitacion sin tu olor".
Mi respuesta, "Si? Yo creo que vas de farol... como la mayoría... muchas ganas de boquilla... y cuando digo que sí, se rajan... "
Mi foto favorita

Autoretrato
Diciembre 2004
Otra vez
Apareces en mi vida de nuevo
y te dejo entrar, en realidad,
casi te arrastro hacia mí
te abro las puertas de mi vida de par en par
Abro los brazos
abro las piernas
mi sexo ya está húmedo
y lo más importante:
abro mi alma
y sé que de nuevo

atarás mis brazos
te meterás entre mis piernas
invadirás mi sexo
y lo peor:
mancharás mi alma
limpiarás tus miserias en mi
y volverás a volar
lejos...
y te dejo entrar, en realidad,
casi te arrastro hacia mí
te abro las puertas de mi vida de par en par
Abro los brazos
abro las piernas
mi sexo ya está húmedo
y lo más importante:
abro mi alma
y sé que de nuevo

atarás mis brazos
te meterás entre mis piernas
invadirás mi sexo
y lo peor:
mancharás mi alma
limpiarás tus miserias en mi
y volverás a volar
lejos...
En una nube
Ya conocia en persona a H. pero nunca había tenido nada más que unos cafés y una buena charla... y me había quedado con las ganas, he de reconocerlo. Y esta tarde, me desquité... aunque tengo ganas de más...
Quedamos en un apartamento por horas, él no tenía mucho tiempo. Me había dado unas indicaciones que, seguí para agradarle y por puro morbo... me rasure completamente y escribí la palabra de seguridad en mi pubis "basta"... si la pronunciaba, debía parar de inmediato. Confiaba en no tener que usarla.
Como había indicado, le espere de rodillas, desnuda completamente, con los "accesorios" para una sesión colocados a mi lado, junto a mi cuerpo los más fáciles y más alejados los más difíciles para mí... el orden fue este, de cerca a lejos: cuerda, muñequeras, consolador (no quise dejarlo en primer lugar, pero desde luego es mi preferido), mordaza, pinzas, cera, fusta.
En mis manos, que estaban situadas a la espalda, un pañuelo para taparme los ojos.
Dejé la puerta sin cerrar y entró a los pocos minutos de haberle mandado un sms diciéndole dónde estaba. La cabeza alta, la mirada al suelo, vi su pantalón claro, sus botas (siempre va en moto) y le escuché cerrar la puerta tras de sí y dejar sus cosas en el sofá de cuero que había junto a la puerta. Yo estaba nerviosa.
Un "buenas tardes perrita" me encendió. Paseó a mi alrededor, observándome. Yo estaba cada vez más excitada, más nerviosa, deseosa de haber dado una buena primera impresión.
Comentó que le gustaba la colocación y el repertorio de "accesorios de perrita"... y tomó el pañuelo en las manos, preguntando "¿y esto?" que no hacía falta en realidad ya que estaba todo hablado previamente... "por si quieres taparme los ojos" le dije. Lo tomó y lo hizo.
Me deshizo de mi sentido de la vista y permanecí quieta, de rodillas, con las manos a la espalda hasta que me indicó que cambiase mi posición a cuatro patas. Obedecí de inmediato, sé que a él no le gustan las vacilaciones. Colocándose detrás de mí hizo que abriese más las piernas y acaricio mi grupa, mi sexo húmedo. Me daba vergüenza que me descubriese excitada y esperaba un comentario sobre eso, pero no lo hizo.
Me ordenó caminar despacio hacia delante hasta que me dijese que parase. Lo hice, lo más despacio y elegantemente que pude, hasta encontrarme con sus botas y entonces me ordenó parar e incorporarme. Entonces vió escrita sobre mi pubis rasurado "BASTA", la palabra de seguridad.
Quedé frente a él, con las manos a la espalda de nuevo. Me susurraba cosas al oído, me llamaba "perrita", "pequeña marta" y comenzó a atar mis pechos... sus nudos no eran al azar, por lo que sé, gusta del bondage y se notaba en su hacer, sobre todo en las lazadas de la espalda... cuando pasaba la cuerda por mi nuca, mis manos sujetaron mi pelo en lo alto de la cabeza para facilitar su labor... le gustó el detalle y me dijo que mantuviese la posición... ató mis pechos y, pasó la cuerda por mi sexo y mi culo, hundiéndola en la carne.
Una pinza se clavó en cada pezón... y sus manos acariciándome... dolía, pero era ese dolor tan especial, mezclado con la excitación, ese dolor confuso que se transforma en oleadas de sensaciones placenteras... palmeó suavemente mis pechos, en los lados y con el movimiento las pinzas se clavaban en mi carne... "¿duele?", -me preguntó. El mismo contestaba a esas preguntas: "sí, te duele pero te gusta"...
Me ordenó volver a colocarme a cuatro patas... lo hice, notando como la cuerda tiraba clavándose en mi sexo... me gustaba... dejando los brazos separados, los pechos colgando atados y pinzados los pezones, las piernas abiertas sentí la fusta, suave en mi culo.
Azotaba con cuidado, pero de manera firme. Me ordenaba abrir la boca y sacar la lengua bien fuera, para mojar la lengueta de la fusta en ella. Después, cambió a algo con lo que el golpe era más amplio. No ví que era, pero sentía como si fuese una palmeta bastante ancha y gruesa, una zapatilla o algo así... daba igual, me gustaba mucho y mi coño me delataba cuando lo acariciaba... fustazos en la planta de mi pies. MI culo, mis muslos.
Colocó otras pinzas en la piel de mi pechos, dos en cada uno... dulce mordedura... recuerdos, sensaciones de antaño... y de repente, la mordaza en mi boca... sus palabras "ahora no habrá palabra de seguridad" producen un momento de miedo... "si tienes que parar, levanta el brazo izquierdo"...,-aclara. Se rié... se ha dado cuenta de mi susto ante la primera parte de la frase. Un par de pinzas en los labios de mi coño... qué delicia... se da cuenta... "esto te gusta eh..."
La cera derretida sobre mis riñones... un respingo... dolor? sí, pero no tanto como sorpresa o placer... cera sobre mi culo, de nuevo las zona lumbar...
sufrimiento? sí, porque ha parado y no puedo suplicar que siga derramando la cera en mi piel, con la mordaza colocada en mi boca. Noto la punta del consolador en la entrada de mi coño. "Te gusta que te follen a cuatro patas, verdad?".
Ordena que me tumbe boca arriba, las manos en la nuca. Obedezco. Abre mis piernas y las levanta, dejando las plantas de los pies hacia arriba. Los golpea con la fusta y mantengo la posición, aguanto el castigo que infringe sin quejarme, sin moverme.
Comenta que soy un bello espectáculo, que ojalá se le hubiese ocurrido traer algún espectador... un pálpito en mi coño ante esa posibilidad... soy una zorra.
Me acaricia de nuevo, con sus dedos y con el consolador, que mete dentro de mí para dejarlo ahí, sujeto por la cuerda que aún taladra mi sexo, una cuerda fina, blanca, que esta empapada de mí.
Me quita la mordaza. Bajo las piernas hasta apoyar las plantas de los pies en el suelo. Quiere que me abra al máximo. Lo hago.
Golpetea con la fusta mi sexo, mi pubis, mi clítoris... suave pero firme... creo que me volverá loca si sigue así... me ordena abrir la boca y sacar la lengua. Espero la fusta de nuevo pero no es así. Es algo... mayor, más rígido, con un extraño sabor... es la suela de su bota. Me siento humillada, sucia. Pero lo admito, me excita.

Deseo que esté satisfecho, no he rehusado lamer la suela... me masturba con el consolador, despacio, profundo, mientras su otra mano juguetea con el clitoris... ahora me ordena que yo misma estire de las pinzas de los pezones hasta mi limite... lo hago, estiro y estiro hasta que no puedo más, siento que la piel va a romperse, pero no duele tanto porque esta llenado mi coño, follándolo con el consolador azul...
quiero correrme.
Lo hago, previamente habiendo obtenido su permiso... me ordena hacerlo en silencio... ufff, que difícil para mí. Pero lo hago, me deshago mientras sigue acariciándome y jugando con el consolador en mi coño y no dejo de tirar de las pinzas, mordiéndo mis labios para no dejar escapar ningun gemido.
Mi respiración se relaja... me acaricia. Acerca el consolador a mi boca y me ordena limpiarlo. Lo hago. Lamo y limpio mis propios jugos. PIdo permiso para soltar las pinzas. Lo tengo. Las quita con cuidado y va al lavabo a mojarse las manos... así, frescas y húmedas, las pasa por mi piel, calmándola... ahora mismo lamería sus pies, agradecida.
Me hace incorporarme y me libera del bondage. Comenta sus dudas en alto:"¿ahora debería meterte en la ducha y hacer que te meases encima o, por el contrario, mearte yo?"...
como mi respuesta,no sé si esperada o no, es que no tengo ganas de mear, decide hacerlo él.
Sin quitarme el pañuelo de los ojos, me guía protector hasta la ducha, donde me dice me siente o permanezca de pie, como prefiera. Me coloco en cuclillas... y no tardo en sentir el caliente orín en mis muslos...me dice que ira subiendo hasta que yo le pida parar... lo hace cuando llega a la altura de mis pechos, sin que yo tenga que decirle nada... me hace darme la vuelta... termina y me lava con cuidado. Le pregunto si me estoy portando bien. Dice que sí.
Salimos del baño y me conduce de nuevo hasta un punto de la habitación. Tiene que irse. Me indica que me coloque en posición de espera (como cuando estás de rodillas en un tatami, con las piernas algo separadas, un pie sobre el otro, las manos sobre los muslos, hacia arriba las palmas). Coloca mi teléfono móvil en mi mano. Me dice que permanezca asi hasta que me llame para darme permiso para moverme.
Estoy sorprendida y sigo excitada. Se mueve a mi alrededor un rato, hablándome. Me halaga por cómo mantengo la posición, quieta, erguida.
Se despide. Sale y cierra la puerta.
Pasan los minutos y quedo quieta, esperando, escuchando los ruidos de los otros vecinos. Cuando suena el teléfono, contesto sin quitarme la venda de los ojos... tengo permiso para levantarme.
Quedamos en un apartamento por horas, él no tenía mucho tiempo. Me había dado unas indicaciones que, seguí para agradarle y por puro morbo... me rasure completamente y escribí la palabra de seguridad en mi pubis "basta"... si la pronunciaba, debía parar de inmediato. Confiaba en no tener que usarla.
Como había indicado, le espere de rodillas, desnuda completamente, con los "accesorios" para una sesión colocados a mi lado, junto a mi cuerpo los más fáciles y más alejados los más difíciles para mí... el orden fue este, de cerca a lejos: cuerda, muñequeras, consolador (no quise dejarlo en primer lugar, pero desde luego es mi preferido), mordaza, pinzas, cera, fusta. En mis manos, que estaban situadas a la espalda, un pañuelo para taparme los ojos.
Dejé la puerta sin cerrar y entró a los pocos minutos de haberle mandado un sms diciéndole dónde estaba. La cabeza alta, la mirada al suelo, vi su pantalón claro, sus botas (siempre va en moto) y le escuché cerrar la puerta tras de sí y dejar sus cosas en el sofá de cuero que había junto a la puerta. Yo estaba nerviosa.
Un "buenas tardes perrita" me encendió. Paseó a mi alrededor, observándome. Yo estaba cada vez más excitada, más nerviosa, deseosa de haber dado una buena primera impresión.
Comentó que le gustaba la colocación y el repertorio de "accesorios de perrita"... y tomó el pañuelo en las manos, preguntando "¿y esto?" que no hacía falta en realidad ya que estaba todo hablado previamente... "por si quieres taparme los ojos" le dije. Lo tomó y lo hizo.
Me deshizo de mi sentido de la vista y permanecí quieta, de rodillas, con las manos a la espalda hasta que me indicó que cambiase mi posición a cuatro patas. Obedecí de inmediato, sé que a él no le gustan las vacilaciones. Colocándose detrás de mí hizo que abriese más las piernas y acaricio mi grupa, mi sexo húmedo. Me daba vergüenza que me descubriese excitada y esperaba un comentario sobre eso, pero no lo hizo.
Me ordenó caminar despacio hacia delante hasta que me dijese que parase. Lo hice, lo más despacio y elegantemente que pude, hasta encontrarme con sus botas y entonces me ordenó parar e incorporarme. Entonces vió escrita sobre mi pubis rasurado "BASTA", la palabra de seguridad.
Quedé frente a él, con las manos a la espalda de nuevo. Me susurraba cosas al oído, me llamaba "perrita", "pequeña marta" y comenzó a atar mis pechos... sus nudos no eran al azar, por lo que sé, gusta del bondage y se notaba en su hacer, sobre todo en las lazadas de la espalda... cuando pasaba la cuerda por mi nuca, mis manos sujetaron mi pelo en lo alto de la cabeza para facilitar su labor... le gustó el detalle y me dijo que mantuviese la posición... ató mis pechos y, pasó la cuerda por mi sexo y mi culo, hundiéndola en la carne. Una pinza se clavó en cada pezón... y sus manos acariciándome... dolía, pero era ese dolor tan especial, mezclado con la excitación, ese dolor confuso que se transforma en oleadas de sensaciones placenteras... palmeó suavemente mis pechos, en los lados y con el movimiento las pinzas se clavaban en mi carne... "¿duele?", -me preguntó. El mismo contestaba a esas preguntas: "sí, te duele pero te gusta"...
Me ordenó volver a colocarme a cuatro patas... lo hice, notando como la cuerda tiraba clavándose en mi sexo... me gustaba... dejando los brazos separados, los pechos colgando atados y pinzados los pezones, las piernas abiertas sentí la fusta, suave en mi culo.
Azotaba con cuidado, pero de manera firme. Me ordenaba abrir la boca y sacar la lengua bien fuera, para mojar la lengueta de la fusta en ella. Después, cambió a algo con lo que el golpe era más amplio. No ví que era, pero sentía como si fuese una palmeta bastante ancha y gruesa, una zapatilla o algo así... daba igual, me gustaba mucho y mi coño me delataba cuando lo acariciaba... fustazos en la planta de mi pies. MI culo, mis muslos.
Colocó otras pinzas en la piel de mi pechos, dos en cada uno... dulce mordedura... recuerdos, sensaciones de antaño... y de repente, la mordaza en mi boca... sus palabras "ahora no habrá palabra de seguridad" producen un momento de miedo... "si tienes que parar, levanta el brazo izquierdo"...,-aclara. Se rié... se ha dado cuenta de mi susto ante la primera parte de la frase. Un par de pinzas en los labios de mi coño... qué delicia... se da cuenta... "esto te gusta eh..."
La cera derretida sobre mis riñones... un respingo... dolor? sí, pero no tanto como sorpresa o placer... cera sobre mi culo, de nuevo las zona lumbar...
sufrimiento? sí, porque ha parado y no puedo suplicar que siga derramando la cera en mi piel, con la mordaza colocada en mi boca. Noto la punta del consolador en la entrada de mi coño. "Te gusta que te follen a cuatro patas, verdad?".
Ordena que me tumbe boca arriba, las manos en la nuca. Obedezco. Abre mis piernas y las levanta, dejando las plantas de los pies hacia arriba. Los golpea con la fusta y mantengo la posición, aguanto el castigo que infringe sin quejarme, sin moverme.
Comenta que soy un bello espectáculo, que ojalá se le hubiese ocurrido traer algún espectador... un pálpito en mi coño ante esa posibilidad... soy una zorra.
Me acaricia de nuevo, con sus dedos y con el consolador, que mete dentro de mí para dejarlo ahí, sujeto por la cuerda que aún taladra mi sexo, una cuerda fina, blanca, que esta empapada de mí.
Me quita la mordaza. Bajo las piernas hasta apoyar las plantas de los pies en el suelo. Quiere que me abra al máximo. Lo hago.
Golpetea con la fusta mi sexo, mi pubis, mi clítoris... suave pero firme... creo que me volverá loca si sigue así... me ordena abrir la boca y sacar la lengua. Espero la fusta de nuevo pero no es así. Es algo... mayor, más rígido, con un extraño sabor... es la suela de su bota. Me siento humillada, sucia. Pero lo admito, me excita.

Deseo que esté satisfecho, no he rehusado lamer la suela... me masturba con el consolador, despacio, profundo, mientras su otra mano juguetea con el clitoris... ahora me ordena que yo misma estire de las pinzas de los pezones hasta mi limite... lo hago, estiro y estiro hasta que no puedo más, siento que la piel va a romperse, pero no duele tanto porque esta llenado mi coño, follándolo con el consolador azul...
quiero correrme.
Lo hago, previamente habiendo obtenido su permiso... me ordena hacerlo en silencio... ufff, que difícil para mí. Pero lo hago, me deshago mientras sigue acariciándome y jugando con el consolador en mi coño y no dejo de tirar de las pinzas, mordiéndo mis labios para no dejar escapar ningun gemido.
Mi respiración se relaja... me acaricia. Acerca el consolador a mi boca y me ordena limpiarlo. Lo hago. Lamo y limpio mis propios jugos. PIdo permiso para soltar las pinzas. Lo tengo. Las quita con cuidado y va al lavabo a mojarse las manos... así, frescas y húmedas, las pasa por mi piel, calmándola... ahora mismo lamería sus pies, agradecida.
Me hace incorporarme y me libera del bondage. Comenta sus dudas en alto:"¿ahora debería meterte en la ducha y hacer que te meases encima o, por el contrario, mearte yo?"...
como mi respuesta,no sé si esperada o no, es que no tengo ganas de mear, decide hacerlo él.
Sin quitarme el pañuelo de los ojos, me guía protector hasta la ducha, donde me dice me siente o permanezca de pie, como prefiera. Me coloco en cuclillas... y no tardo en sentir el caliente orín en mis muslos...me dice que ira subiendo hasta que yo le pida parar... lo hace cuando llega a la altura de mis pechos, sin que yo tenga que decirle nada... me hace darme la vuelta... termina y me lava con cuidado. Le pregunto si me estoy portando bien. Dice que sí.
Salimos del baño y me conduce de nuevo hasta un punto de la habitación. Tiene que irse. Me indica que me coloque en posición de espera (como cuando estás de rodillas en un tatami, con las piernas algo separadas, un pie sobre el otro, las manos sobre los muslos, hacia arriba las palmas). Coloca mi teléfono móvil en mi mano. Me dice que permanezca asi hasta que me llame para darme permiso para moverme.
Estoy sorprendida y sigo excitada. Se mueve a mi alrededor un rato, hablándome. Me halaga por cómo mantengo la posición, quieta, erguida.
Se despide. Sale y cierra la puerta.
Pasan los minutos y quedo quieta, esperando, escuchando los ruidos de los otros vecinos. Cuando suena el teléfono, contesto sin quitarme la venda de los ojos... tengo permiso para levantarme.
Fondona y femenina (nota escrita el 27-3-05 en otro blog...)
Las cosas claras y por su nombre: Sí, yo estoy gorda. En el anuncio ese de Dove que te dan "a elegir", cuando lo veo, siempre digo lo mismo "Fondona y Femenina", nada de escoger, se puede ser las dos cosas a la vez, yo lo soy.
A mi no me molesta reconocer que estoy gorda, pues no, es una realidad con la que vivo día a día, desde niña y no creo que sea nada malo mientras no te afecte a la salud.
Lo que me fastidia es que se use el término "gorda" de manera despectiva, que es como se usa realmente, como si por serlo, fuesemos "personas de tercera", fuesemos desechos de esta sociedad, que es como me hacen sentir muchas veces. Como si la grasa o la celulitis nos hubiese anulado el cerebro vamos...
Es duro estar en una parada de autobús, esperando y que pase alguien en el coche y te grite un "GOOOOOOORDAAAAAA" al pasar delante de tí. Imagináos la vergüenza (propia y ajena) que se siente en ese momento. Te dan ganas de morirte. O pasar por delante de alguien y que sin venir a cuenta, suelte lo mismo: "GORDA!!!", o "VACA", "FOCA", "BALLENA", "SEBOSA"... (los apelativos son miles). O estar en una cafetería, y escuchar a los de al lado (normalmente son mujeres), diciéndo "pues Fulanita está más gorda que ésta", "no no, yo creo que no, que ahora ha perdido peso", "pues con lo mona que es es una pena que esté tan gorda"....
O entrar a una tienda y que te digan, a los 2 minutos de haber entrado y sin haber pedido nada: "perdona, es que tu talla no la trabajamos"... o soportar a un jefe o compañer@s de "insulto fácil", que no tienen otra cosa con la que "desacreditarte" más que al físico y escuchar cosas como: "gorda inútil" y otras lindezas.
Vamos, que no es fácil vivir el día a día en una sociedad tan sumamente corta de miras con los kilos de más. Y cansarte de escuchar: "haz dieta", "haz deporte", "haz tal...", "no hagas cual"...
Humanidad escúchame de una puñetera vez: yo hacía deporte, yo estoy a dieta crónica... y siempre fui gorda. Nací gorda y gorda me muero, COÑO.
Quiero aceptarme a mí misma. Quiero que mi autoestima no dependa de mis kilos de más. En realidad, creo que si estuviese delgada, mis complejos serían otros, seguramente. Cuando estaba más delgada (pero igualmente, era la gorda del grupo, de la clase, del bloque, etc), antes de las depres, del cambio de metabolismo, etc, etc, etc, también estaba acomplejada por el físico y sobre todo porque no tenía pecho (una 80-85B)... ahora que tengo una 105C estoy feliz en ese sentido, algo es algo, jeje.
Y quiero que el resto me acepte también, tal y como soy, físicamente. Es fácil y bonito decir: "la que se tiene que aceptar eres tú"... sí, así es, pero vivo en una sociedad y esos días en los que yo me veo estupenda, siempre hay cosas y personas que te recuerdan que "te sales de la norma".
Soy consciente de que he sido rechazada como candidata en puestos de trabajo por mi físico y sé que mucha gente no se da la oportunidad de conocerme porque mi físico, sin más, no entra en sus cánones de belleza (sinceramente, éstos últimos no me interesan una mierda, con esa actitud).
Sé que estoy perdiendome muchas cosas cuando tengo mis épocas "raras" y me da por no salir por miedo a que me miren, se rían de mí... cuando alguien que me conoce por aquí quiere conocerme en persona y yo voy dando largas... porque me da miedo que me vea y sentirme rechazada... ¿parece increible? Pues es mi día a día, mi lucha interna y casi nunca gano...
Menos mal que cuando lo hago, cuando salgo de mi caparazón, de mi refugio, suelo encontrarme con gente que no se guía por estúpidos recelos sobre el físico (yo, lo prometo, no lo hago) y sí lo hace por lo que siente de verdad y entonces tienen la suerte (toma modestia!!!!) de conocerme... tan mal no estaré cuando puedo contar todo lo que cuento, entre otras cosas, no?...
¡qué coño!, soy una GRAN MUJER -no se ve en mis fotos????-, SEXY, MORBOSA Y SENSUAL, DIVERTIDA, MUY INTELIGENTE Y BUENA PERSONA.
Y al que no le guste, que no mire. DIGOOOOO!!!
A mi no me molesta reconocer que estoy gorda, pues no, es una realidad con la que vivo día a día, desde niña y no creo que sea nada malo mientras no te afecte a la salud.
Lo que me fastidia es que se use el término "gorda" de manera despectiva, que es como se usa realmente, como si por serlo, fuesemos "personas de tercera", fuesemos desechos de esta sociedad, que es como me hacen sentir muchas veces. Como si la grasa o la celulitis nos hubiese anulado el cerebro vamos...
Es duro estar en una parada de autobús, esperando y que pase alguien en el coche y te grite un "GOOOOOOORDAAAAAA" al pasar delante de tí. Imagináos la vergüenza (propia y ajena) que se siente en ese momento. Te dan ganas de morirte. O pasar por delante de alguien y que sin venir a cuenta, suelte lo mismo: "GORDA!!!", o "VACA", "FOCA", "BALLENA", "SEBOSA"... (los apelativos son miles). O estar en una cafetería, y escuchar a los de al lado (normalmente son mujeres), diciéndo "pues Fulanita está más gorda que ésta", "no no, yo creo que no, que ahora ha perdido peso", "pues con lo mona que es es una pena que esté tan gorda"....
O entrar a una tienda y que te digan, a los 2 minutos de haber entrado y sin haber pedido nada: "perdona, es que tu talla no la trabajamos"... o soportar a un jefe o compañer@s de "insulto fácil", que no tienen otra cosa con la que "desacreditarte" más que al físico y escuchar cosas como: "gorda inútil" y otras lindezas.
Vamos, que no es fácil vivir el día a día en una sociedad tan sumamente corta de miras con los kilos de más. Y cansarte de escuchar: "haz dieta", "haz deporte", "haz tal...", "no hagas cual"...
Humanidad escúchame de una puñetera vez: yo hacía deporte, yo estoy a dieta crónica... y siempre fui gorda. Nací gorda y gorda me muero, COÑO.
Quiero aceptarme a mí misma. Quiero que mi autoestima no dependa de mis kilos de más. En realidad, creo que si estuviese delgada, mis complejos serían otros, seguramente. Cuando estaba más delgada (pero igualmente, era la gorda del grupo, de la clase, del bloque, etc), antes de las depres, del cambio de metabolismo, etc, etc, etc, también estaba acomplejada por el físico y sobre todo porque no tenía pecho (una 80-85B)... ahora que tengo una 105C estoy feliz en ese sentido, algo es algo, jeje.
Y quiero que el resto me acepte también, tal y como soy, físicamente. Es fácil y bonito decir: "la que se tiene que aceptar eres tú"... sí, así es, pero vivo en una sociedad y esos días en los que yo me veo estupenda, siempre hay cosas y personas que te recuerdan que "te sales de la norma".
Soy consciente de que he sido rechazada como candidata en puestos de trabajo por mi físico y sé que mucha gente no se da la oportunidad de conocerme porque mi físico, sin más, no entra en sus cánones de belleza (sinceramente, éstos últimos no me interesan una mierda, con esa actitud).
Sé que estoy perdiendome muchas cosas cuando tengo mis épocas "raras" y me da por no salir por miedo a que me miren, se rían de mí... cuando alguien que me conoce por aquí quiere conocerme en persona y yo voy dando largas... porque me da miedo que me vea y sentirme rechazada... ¿parece increible? Pues es mi día a día, mi lucha interna y casi nunca gano...Menos mal que cuando lo hago, cuando salgo de mi caparazón, de mi refugio, suelo encontrarme con gente que no se guía por estúpidos recelos sobre el físico (yo, lo prometo, no lo hago) y sí lo hace por lo que siente de verdad y entonces tienen la suerte (toma modestia!!!!) de conocerme... tan mal no estaré cuando puedo contar todo lo que cuento, entre otras cosas, no?...
¡qué coño!, soy una GRAN MUJER -no se ve en mis fotos????-, SEXY, MORBOSA Y SENSUAL, DIVERTIDA, MUY INTELIGENTE Y BUENA PERSONA.
Y al que no le guste, que no mire. DIGOOOOO!!!
El correo se calienta... pero no quema.
From: "_G">
To: sirena
Subject: Cita.
Date: Mon, 07 Aug 2006 21:48:48 +0000
hi bicho!
te ofrezco una burrada pero es morbosa y me apetece, el sábado noche trabajo, salgo a las 7 y nada me apetece más que comprar churros y llevarte mi porra, echarme a tu lado y hacerte todo lo q me de la gana...q te parece? te apetece joder por la mañanita? la putada es q yo estare toda la nooooooooooche pensándolo...
ya me diras peke
From: "sirena>
To: G
Subject: RE: Cita
Date: Tue, 08 Aug 2006 23:29:05 +0200
Te espero de inocente señorita sorprendida por una visita a esas horas y que se dejará hacer cositas?
De zorra ninfomana loca por sentir...?
Rosa, negro, blanco, nada...?
From: "_G">
To: sirena
Subject: RE: Cita
Date: Wed, 09 Aug 2006 23:22:50 +0000
me paso el dia con la polla dura...no, no me ayudas...parezco un viejo verde...mmmmmmm no me ayudas jejeje
me encanta.... vistete muy puta
From: "sirena>
To: G
Subject: RE: Cita
Date: Wed, 10 Aug 2006 22:45:11 +0200
Todo el día empalmado... y yo todo el día mojada... en celo... y agosto, como siempre, tan asqueroso, todo el mundo fuera de Madrid... al final me tiraré al primero que me lo proponga... jajajajaja.
Espero que cojas los churritos en la churrería que hay cerca de mi casa... están de vicio ahí.
Chocolate o hago café en casa? Aunque tu porra no la mojarás en chocolate precisamente...
sino en mí y te aseguro que saldrá empapada...
contribuirás a ello, a mojarme mas?
No necesito disfrazarme de puta para serlo, eso lo sabes... o te hace falta que me ponga lencería sexy para excitarte conmigo??? uy uy uy...
A lo mejor te sorprendo... te dejarás hacer bichito?. Prometo ser muy guarra si tú prometes hacer que me corra intensamente... llevo una temporadita que no llego a tener esa serie de orgasmos que me caracteriza... habrá que esforzarse un poquito más... con mi ex no llegué a correrme, tendrás que arreglarme eso.. no?
Cómo me tratarás? Dulce o severo? He sido mala y merezco sufrir o soy una niña buena a la que premiarás?... te dejo pincitas, la fusta y una cuerda para que me ates a mano o sólo usarás tus manos para acariciarme?
un lametón... y unas totitos para que te acuerdes de mi cuerpo...
De: _G>
Enviado el: Friday, August 11, 2006 9:05:22 PM
Para: sirena
Asunto: fotos
pero q guarra eres!!!!!!!!!!!!! mmmmmmmmmmmmmmm y lo mucho q me gusta a mí joder!!!
he visto las fotos y algunas son la ostia...es una pena q no pueda ver estas cosas mientras me mamas o te follo como la puta q eres
me apetece atarte y azotarte con ganas.....dime que sí anda....mmmmmmmmmmmmmm
besos cabrona
To: sirena
Subject: Cita.
Date: Mon, 07 Aug 2006 21:48:48 +0000
hi bicho!
te ofrezco una burrada pero es morbosa y me apetece, el sábado noche trabajo, salgo a las 7 y nada me apetece más que comprar churros y llevarte mi porra, echarme a tu lado y hacerte todo lo q me de la gana...q te parece? te apetece joder por la mañanita? la putada es q yo estare toda la nooooooooooche pensándolo...
ya me diras peke
From: "sirena>
To: G
Subject: RE: Cita
Date: Tue, 08 Aug 2006 23:29:05 +0200
Te espero de inocente señorita sorprendida por una visita a esas horas y que se dejará hacer cositas?
De zorra ninfomana loca por sentir...?
Rosa, negro, blanco, nada...?
From: "_G">
To: sirena
Subject: RE: Cita
Date: Wed, 09 Aug 2006 23:22:50 +0000
me paso el dia con la polla dura...no, no me ayudas...parezco un viejo verde...mmmmmmm no me ayudas jejeje
me encanta.... vistete muy puta
From: "sirena>To: G
Subject: RE: Cita
Date: Wed, 10 Aug 2006 22:45:11 +0200
Todo el día empalmado... y yo todo el día mojada... en celo... y agosto, como siempre, tan asqueroso, todo el mundo fuera de Madrid... al final me tiraré al primero que me lo proponga... jajajajaja.
Espero que cojas los churritos en la churrería que hay cerca de mi casa... están de vicio ahí.
Chocolate o hago café en casa? Aunque tu porra no la mojarás en chocolate precisamente...
sino en mí y te aseguro que saldrá empapada...
contribuirás a ello, a mojarme mas?
No necesito disfrazarme de puta para serlo, eso lo sabes... o te hace falta que me ponga lencería sexy para excitarte conmigo??? uy uy uy...
A lo mejor te sorprendo... te dejarás hacer bichito?. Prometo ser muy guarra si tú prometes hacer que me corra intensamente... llevo una temporadita que no llego a tener esa serie de orgasmos que me caracteriza... habrá que esforzarse un poquito más... con mi ex no llegué a correrme, tendrás que arreglarme eso.. no?
Cómo me tratarás? Dulce o severo? He sido mala y merezco sufrir o soy una niña buena a la que premiarás?... te dejo pincitas, la fusta y una cuerda para que me ates a mano o sólo usarás tus manos para acariciarme?
un lametón... y unas totitos para que te acuerdes de mi cuerpo...
De: _G>
Enviado el: Friday, August 11, 2006 9:05:22 PM
Para: sirena
Asunto: fotos
pero q guarra eres!!!!!!!!!!!!! mmmmmmmmmmmmmmm y lo mucho q me gusta a mí joder!!!
he visto las fotos y algunas son la ostia...es una pena q no pueda ver estas cosas mientras me mamas o te follo como la puta q eres
me apetece atarte y azotarte con ganas.....dime que sí anda....mmmmmmmmmmmmmm
besos cabrona
Hazme callar
¿Quieres?


Frase del día

El: "Podríamos quedar para ir al cine, tomar un cafe... ¿no?"
Ella. "¿Para qué...?"
Él: "¿Sólo me quieres para follar?
Ella: (silencio...)
Él: "joder, eres como un tío..."
El cuarto oscuro
Me recogió en el coche y en cuanto subí, metió su mano bajo mi falda, mientras me abrochaba el cinturón, comprobando si llevaba bragas o no.
-"Hoy sí llevas",-dijo, besándome.
Pensé que querría que me las quitase pero no, no dijo nada, arrancó y salimos hacia la carretera. En el primer semáforo en rojo paramos junto a un camión. Me subió la falda hasta dejar la liga de las medias al descubierto y el conductor pudo verlo, sonriéndose. De camino, charlando animados, me metía mano por debajo de la falda de vez en cuando, y yo le dejaba hacer.
Cuando llegamos a nuestro destino de esa noche. No era la primera vez que acudí a un local liberal, pero como hacía tantos años y sólo había ido 2 ó 3 veces, me sentía novata y algo nerviosa. Y él estaba encantado con esa situación.
Entramos. Nos recibió una rubia altísima y estupenda con una sonrisa de oreja a oreja. Aunque habíamos pensado que no habría gente ya que la fecha coincidía con salida de vacaciones, nos encontramos con bastante gente ya en la barra. En las mesas, repartidas por toda la sala, había sentadas parejas charlando y tomando una copa. Les imitamos. Bebí a sorbos mi Absolut con naranja mientras él me acariciaba y me contaba cosas del lugar. Una cortina cubriendo el hueco de la puerta, al fondo de la sala, por donde entraba y salía gente de vez en cuando, me hizo pensar que aquel era el cuarto oscuro... y acerté.
-“Vamos, entremos”...,-me dijo.
-“No, no, aún no”...,-dije nerviosa,- “déjame que termine la copa”.
Él refunfuñando, aceptó. Yo continué jugueteando con él, haciéndome la estrecha en algunos momentos, como si me diese vergüenza que me vieran dejándome meter mano. Le encantaba el juego. Al final, me cogió de la mano y me llevó hasta allí. Corrió la cortina y entró, sin soltarme la mano. Estaba oscuro, pero al abrir la cortina pude ver que había bastante más gente de la que había imaginado. Así, en un rápido vistazo, en el rincón de frente a la puerta había un grupito que creí distinguir eran 2 parejas y en la otra esquina, una pareja follando. El resto no me dio tiempo a verlo, aunque cada vez que entraba o salí alguien la luz dejaba ver instantes de las escenas que allí se vivían.
Me apoyó contra la pared y me besó, lamió mi cuello, apretó mis pechos por encima de la tela, metió la mano por debajo de la falda subiéndomela y deslizando los dedos entre mis bragas para empezar a acariciar mi sexo ya húmedo. Mientras, escuchaba los gemidos en general, las palabras obscenas a mí alrededor y las que me dirigía mi amante mientras me tocaba, calentándome, haciéndome sentir bien en aquel lugar hasta entonces fantasía para mí y no tardé en “meterme en situación”, apoyada contra la pared, deslizándome hacia abajo hasta quedarme en cuclillas con las piernas abiertas, a la altura de su entrepierna, la falda subida, mostrando las medias, el liguero, mis bragas de raso negro.
Ahí permanecí mirándole, provocándole, sin moverme, sin tocarle, hasta que desabrocho los botones de la bragueta y se sacó la polla, ya bastante consistente y la ofreció a mi boca, y acepté gustosa tomándola entre mis manos, acariciándola con fuerza desde el primer momento, como a él le gusta, y abriendo mi boca para recibirle en ella. No tardó en gemir, tan escandaloso como es siempre, característica que me gusta en un hombre, que demuestre que siente sin complejos y mis labios continuaron apretando, la lengua jugueteando.
Pocos minutos después, me hizo levantarme y dándome la vuelta me colocó contra la pared, levantándome la falda y bajándome las bragas hasta las rodillas. Iba a follarme y yo encantada, la situación era muy morbosa y aunque no creía que nadie nos estuviese mirando, ya que cada uno estábamos a lo nuestro, no tardé en darme cuenta de que me equivocaba.
Continuaban las embestidas de mi amigo, sus manos agarrando mis caderas como le gusta, deslizándose hacia arriba en un momento, pegando su cuerpo al mío para sacar mis pechos del sujetador y la camiseta, por encima de la tela, cuando noté una tercera mano en mi cuerpo... dude una fracción de segundo y entonces en esa postura, vi la polla de otro tío a mi lado, cerca de mi cara y mi amigo “invitándome” a tomarla...
-“Vamos, demuéstrale lo que sabes hacer...”,-me alentó.
Y lo hice. Cogí aquella polla desconocida con la mano, ni miré la cara de aquel hombre y empecé con a masajearla, acariciarla, moverla rítmicamente arriba y abajo, apretándola y la lleve a mi boca... sus gemidos, sus frases sobre lo bien que lo hacía no tardaron en llegar. Me excitaba, mi ego (y mi clítoris) crecía por momentos... escuchaba mis propios gemidos, ahogados en algunos momentos por la polla en mi boca y me excitaba imaginándome observada por el resto.
No me suponía que escuchar frases de esas que sólo pensabas que escucharías en una película porno me pondría tan cachonda...
yo era simplemente, en esos momentos, un cuerpo al que follarse y con el que disfrutar, no había nada más, daba igual, algo totalmente impersonal, carente de sentimientos, una situación casi humillante, sexo puro y duro, sólo buscando placer...
–“¿A que lo hace bien?. Es la mejor con la que he estado...”,-decía mi amigo, que seguía follándome, cada vez más duro, más excitado. Yo sabía que la situación le apetecía pero creo que no imaginábamos ninguno de los dos que sería tan excitante.
-“Buenísimo...”,-respondía el otro como podía entre gemidos, acariciándome suavemente la espalda, la cara, los pechos... –“Preciosa, qué bonita eres...”,-me decía él y me daba una risa que tenía que contener.
Y entonces, otras manos en mi espalda, otra polla al otro lado de mi cara... y la cogí con la otra mano. Era bastante grande, y comencé a masturbarle mientras seguía con la otra en la boca. Mi amigo dejó de follarme y me incorporé un momento para deshacerme de las bragas, ayudada por mi amigo y los dos desconocidos, metiéndolas en el bolsillo de su camisa, volviendo a ponerme en cuclillas al momento, y me vi entre los dos, intercambiando mi boca de sitio hasta que uno de ellos, el primero que se había acercado, se empezó a tocar él mismo, deprisa, hasta correrse.
En ese momento, ya estaba ocupada con la siguiente y mi amigo volvía a agarrarme por las caderas para follarme y escuchaba a aquel tipo decirme toda clase de obscenidades, comentando con mi amigo lo magníficas que le parecían mis caderas, acariciándolas, mis pechos y dejándose hacer por mi boca y mis manos y agacharse hasta mi oído y susurrarme que iba a follarme hasta que gritara cuando acabase mi amigo, lo que me ponía más caliente todavía y me olvidase del todo de donde estaba, del resto... en ese momento estaba chorreando.
Mi amigo se corrió encima de mi trasero, me limpió con un pañuelo y me hizo incorporarme, agarrándome por detrás, como para no dejarme escapar, alejándome un poco del otro hombre.
-“Al final vas a hacer que me ponga celoso...”,-me susurró. -“Menos mal que eras tímida... si te dejo un poco más, te los tiras a todos”.
Reí. Yo misma estaba sorprendida de cómo me había “liberado” de mi vergüenza y mis recelos. Me coloqué la ropa y salimos de allí de la mano, a tomar la segunda copa.
Tras una visita a la zona del jacuzzi donde mi amigo y yo nos hartamos de follarnos, tocarnos y tras mantener un intercambio con otra pareja mayor que nosotros, no digno de extenderme más, nos vestimos y volvimos a subir, a las 5 de la mañana ya, a la zona de la barra y las mesitas. Estaba prácticamente vacía. Y con la tercera copa en la mesa, quiso que volviésemos a entrar al cuarto oscuro. Acepté. No había nadie. Y se sentó, ofreciéndome de nuevo su sexo de nuevo excitado. Me senté en un taburete frente a él, entre sus piernas y volví a lamer su polla... mientras lo hacía, una pareja entró y se colocó junto a nosotros. Minutos después me encontré de nuevo con la polla de un desconocido entre mis manos.
Mientras masturbaba al hombre con mi mano y la boca y con la otra lo hacía a mi amigo, la mujer, rubia, a la que ya había visto pasar antes, vestida con una minifalda minúscula en la zona del jacuzzi, se apoyaba contra él, a su espalda, mirando y acariciándole, deslizando su mano hasta mi en algunos momentos, suave, despacio, acariciándome unos instantes y volvió a su chico.
No sé en qué momento me levanté y me acerqué a ella, olvidándome de mi amigo y el otro hombre y la agarré por la cintura, acercándola contra mí, y ella se dejó hacer. Pegados nuestros cuerpos nos miramos y nos besamos, ignorándoles a ellos.
Mi mano se deslizó hasta su culo y ella hizo lo mismo. Ellos nos miraban mientras seguían masturbándose. Baje mis labios por su cuello y llegué al escote de su camiseta. Debajo no llevaba sujetador... eso lo descubrí cuando se la bajé para acariciar con mis labios su pequeño pecho, lamiendo el pezón duro y tieso que me presentaba delante... gemía, muy fuerte, fruto de mis caricias. Mientras, su chico me acariciaba y mi amigo la besó en la boca. Estaba sorprendida, lo que desde luego no entraba en mis planes esa noche era liarme con una mujer.
Nos dejamos y volvimos cada uno con nuestra pareja. Y follamos por última vez, esa noche.
-"Hoy sí llevas",-dijo, besándome.
Pensé que querría que me las quitase pero no, no dijo nada, arrancó y salimos hacia la carretera. En el primer semáforo en rojo paramos junto a un camión. Me subió la falda hasta dejar la liga de las medias al descubierto y el conductor pudo verlo, sonriéndose. De camino, charlando animados, me metía mano por debajo de la falda de vez en cuando, y yo le dejaba hacer.
Cuando llegamos a nuestro destino de esa noche. No era la primera vez que acudí a un local liberal, pero como hacía tantos años y sólo había ido 2 ó 3 veces, me sentía novata y algo nerviosa. Y él estaba encantado con esa situación.
Entramos. Nos recibió una rubia altísima y estupenda con una sonrisa de oreja a oreja. Aunque habíamos pensado que no habría gente ya que la fecha coincidía con salida de vacaciones, nos encontramos con bastante gente ya en la barra. En las mesas, repartidas por toda la sala, había sentadas parejas charlando y tomando una copa. Les imitamos. Bebí a sorbos mi Absolut con naranja mientras él me acariciaba y me contaba cosas del lugar. Una cortina cubriendo el hueco de la puerta, al fondo de la sala, por donde entraba y salía gente de vez en cuando, me hizo pensar que aquel era el cuarto oscuro... y acerté.
-“Vamos, entremos”...,-me dijo.
-“No, no, aún no”...,-dije nerviosa,- “déjame que termine la copa”.
Él refunfuñando, aceptó. Yo continué jugueteando con él, haciéndome la estrecha en algunos momentos, como si me diese vergüenza que me vieran dejándome meter mano. Le encantaba el juego. Al final, me cogió de la mano y me llevó hasta allí. Corrió la cortina y entró, sin soltarme la mano. Estaba oscuro, pero al abrir la cortina pude ver que había bastante más gente de la que había imaginado. Así, en un rápido vistazo, en el rincón de frente a la puerta había un grupito que creí distinguir eran 2 parejas y en la otra esquina, una pareja follando. El resto no me dio tiempo a verlo, aunque cada vez que entraba o salí alguien la luz dejaba ver instantes de las escenas que allí se vivían.
Me apoyó contra la pared y me besó, lamió mi cuello, apretó mis pechos por encima de la tela, metió la mano por debajo de la falda subiéndomela y deslizando los dedos entre mis bragas para empezar a acariciar mi sexo ya húmedo. Mientras, escuchaba los gemidos en general, las palabras obscenas a mí alrededor y las que me dirigía mi amante mientras me tocaba, calentándome, haciéndome sentir bien en aquel lugar hasta entonces fantasía para mí y no tardé en “meterme en situación”, apoyada contra la pared, deslizándome hacia abajo hasta quedarme en cuclillas con las piernas abiertas, a la altura de su entrepierna, la falda subida, mostrando las medias, el liguero, mis bragas de raso negro.
Ahí permanecí mirándole, provocándole, sin moverme, sin tocarle, hasta que desabrocho los botones de la bragueta y se sacó la polla, ya bastante consistente y la ofreció a mi boca, y acepté gustosa tomándola entre mis manos, acariciándola con fuerza desde el primer momento, como a él le gusta, y abriendo mi boca para recibirle en ella. No tardó en gemir, tan escandaloso como es siempre, característica que me gusta en un hombre, que demuestre que siente sin complejos y mis labios continuaron apretando, la lengua jugueteando.
Pocos minutos después, me hizo levantarme y dándome la vuelta me colocó contra la pared, levantándome la falda y bajándome las bragas hasta las rodillas. Iba a follarme y yo encantada, la situación era muy morbosa y aunque no creía que nadie nos estuviese mirando, ya que cada uno estábamos a lo nuestro, no tardé en darme cuenta de que me equivocaba.
Continuaban las embestidas de mi amigo, sus manos agarrando mis caderas como le gusta, deslizándose hacia arriba en un momento, pegando su cuerpo al mío para sacar mis pechos del sujetador y la camiseta, por encima de la tela, cuando noté una tercera mano en mi cuerpo... dude una fracción de segundo y entonces en esa postura, vi la polla de otro tío a mi lado, cerca de mi cara y mi amigo “invitándome” a tomarla...
-“Vamos, demuéstrale lo que sabes hacer...”,-me alentó.
Y lo hice. Cogí aquella polla desconocida con la mano, ni miré la cara de aquel hombre y empecé con a masajearla, acariciarla, moverla rítmicamente arriba y abajo, apretándola y la lleve a mi boca... sus gemidos, sus frases sobre lo bien que lo hacía no tardaron en llegar. Me excitaba, mi ego (y mi clítoris) crecía por momentos... escuchaba mis propios gemidos, ahogados en algunos momentos por la polla en mi boca y me excitaba imaginándome observada por el resto.
No me suponía que escuchar frases de esas que sólo pensabas que escucharías en una película porno me pondría tan cachonda...
yo era simplemente, en esos momentos, un cuerpo al que follarse y con el que disfrutar, no había nada más, daba igual, algo totalmente impersonal, carente de sentimientos, una situación casi humillante, sexo puro y duro, sólo buscando placer...
–“¿A que lo hace bien?. Es la mejor con la que he estado...”,-decía mi amigo, que seguía follándome, cada vez más duro, más excitado. Yo sabía que la situación le apetecía pero creo que no imaginábamos ninguno de los dos que sería tan excitante.
-“Buenísimo...”,-respondía el otro como podía entre gemidos, acariciándome suavemente la espalda, la cara, los pechos... –“Preciosa, qué bonita eres...”,-me decía él y me daba una risa que tenía que contener.
Y entonces, otras manos en mi espalda, otra polla al otro lado de mi cara... y la cogí con la otra mano. Era bastante grande, y comencé a masturbarle mientras seguía con la otra en la boca. Mi amigo dejó de follarme y me incorporé un momento para deshacerme de las bragas, ayudada por mi amigo y los dos desconocidos, metiéndolas en el bolsillo de su camisa, volviendo a ponerme en cuclillas al momento, y me vi entre los dos, intercambiando mi boca de sitio hasta que uno de ellos, el primero que se había acercado, se empezó a tocar él mismo, deprisa, hasta correrse. En ese momento, ya estaba ocupada con la siguiente y mi amigo volvía a agarrarme por las caderas para follarme y escuchaba a aquel tipo decirme toda clase de obscenidades, comentando con mi amigo lo magníficas que le parecían mis caderas, acariciándolas, mis pechos y dejándose hacer por mi boca y mis manos y agacharse hasta mi oído y susurrarme que iba a follarme hasta que gritara cuando acabase mi amigo, lo que me ponía más caliente todavía y me olvidase del todo de donde estaba, del resto... en ese momento estaba chorreando.
Mi amigo se corrió encima de mi trasero, me limpió con un pañuelo y me hizo incorporarme, agarrándome por detrás, como para no dejarme escapar, alejándome un poco del otro hombre.
-“Al final vas a hacer que me ponga celoso...”,-me susurró. -“Menos mal que eras tímida... si te dejo un poco más, te los tiras a todos”.
Reí. Yo misma estaba sorprendida de cómo me había “liberado” de mi vergüenza y mis recelos. Me coloqué la ropa y salimos de allí de la mano, a tomar la segunda copa.
Tras una visita a la zona del jacuzzi donde mi amigo y yo nos hartamos de follarnos, tocarnos y tras mantener un intercambio con otra pareja mayor que nosotros, no digno de extenderme más, nos vestimos y volvimos a subir, a las 5 de la mañana ya, a la zona de la barra y las mesitas. Estaba prácticamente vacía. Y con la tercera copa en la mesa, quiso que volviésemos a entrar al cuarto oscuro. Acepté. No había nadie. Y se sentó, ofreciéndome de nuevo su sexo de nuevo excitado. Me senté en un taburete frente a él, entre sus piernas y volví a lamer su polla... mientras lo hacía, una pareja entró y se colocó junto a nosotros. Minutos después me encontré de nuevo con la polla de un desconocido entre mis manos.
Mientras masturbaba al hombre con mi mano y la boca y con la otra lo hacía a mi amigo, la mujer, rubia, a la que ya había visto pasar antes, vestida con una minifalda minúscula en la zona del jacuzzi, se apoyaba contra él, a su espalda, mirando y acariciándole, deslizando su mano hasta mi en algunos momentos, suave, despacio, acariciándome unos instantes y volvió a su chico.
No sé en qué momento me levanté y me acerqué a ella, olvidándome de mi amigo y el otro hombre y la agarré por la cintura, acercándola contra mí, y ella se dejó hacer. Pegados nuestros cuerpos nos miramos y nos besamos, ignorándoles a ellos.
Mi mano se deslizó hasta su culo y ella hizo lo mismo. Ellos nos miraban mientras seguían masturbándose. Baje mis labios por su cuello y llegué al escote de su camiseta. Debajo no llevaba sujetador... eso lo descubrí cuando se la bajé para acariciar con mis labios su pequeño pecho, lamiendo el pezón duro y tieso que me presentaba delante... gemía, muy fuerte, fruto de mis caricias. Mientras, su chico me acariciaba y mi amigo la besó en la boca. Estaba sorprendida, lo que desde luego no entraba en mis planes esa noche era liarme con una mujer.
Nos dejamos y volvimos cada uno con nuestra pareja. Y follamos por última vez, esa noche.
SMS
Mensaje 1
"Ni te imaginas las ganas q tengo d agarrarme a tus caderas y follarte fuerte y duro,llenarme la polla d tu flujo y volver a empezar mmm t deseo nena"
Desde G 19:37 29/7/06
Msjs bandeja salida
"Ya qda menos...comprobaras si llevo bragas cuando suba al coche?".
Estado mensaje: Enviado 29/7/06 22:12
"Ni te imaginas las ganas q tengo d agarrarme a tus caderas y follarte fuerte y duro,llenarme la polla d tu flujo y volver a empezar mmm t deseo nena"
Desde G 19:37 29/7/06
Msjs bandeja salida
"Ya qda menos...comprobaras si llevo bragas cuando suba al coche?".
Estado mensaje: Enviado 29/7/06 22:12
Hoy (para ir abriendo boca)
Me esperas en ese hotel, sobre las 20 h. Quieres que vaya sin ropa interior, con zapatos de tacón...
Entraré en la habitación y no podré verte, dejaré mis cosas y me sentaré en la cama, cerraré los ojos y me dejaré llevar.
No sé quien eres, no sé cómo eres, no sé qué pasara...
Estoy nerviosa
Excitada.
Frase del día
Como sigas poniendo esa cara de zorra
vas a hacer que me corra...
vas a hacer que me corra...
Kitarosem me tiene...
Ese día llegaba cansado después de un árduo día de trabajo, después de abrir la puerta entré con la idea fija de darme una buena ducha. Cuándo abrí la puerta me encontré con Sirena, estaba quitándose el maquillaje, su culo parado detrás de las enaguas se exibía pomposo, el colaless se perdía entre sus nalgas morenas.- Hola, como te fué - preguntó sin dejar de hacer lo que hacía.
- Bien, estoy algo cansado.....
Me desvestí siguiendo la idea que traía del trabajo, una ducha, al pasar entre el WC y Sirena mi piel se rozó con la suya, ella sin moverse, replicó.
- Huy...que llegaste atropellador....
Me quedé congelado, su piel suave y cálida me invitaba a tocarla, me puse tras de ella, y como las manos de un pulpo acaricié su suave piel, sus nalgas rebozaban deseo, cálidas y lánguidas se dejaban tocar, mi verga entrando en ebullición se detenía entre esos dos hermosos pedazos de carne, ubicándose sobre sus glúteos, descansando en su ano ardiente y resbaloso por las cremas que en su cuerpo untaba...
- huuuummm , qué rico está, me gusta cuando se endurece entre mis nalgas.-
No había tiempo para una ducha, ya había entrado en trance sexual, mi cuerpo se remecía al roce de su piel, carnosa y atrapante, resbalosa como la crema misma. Me hacerqué aún más apretando con mis manos sus nalgas, y apunté groseramente hacia su ano, oscuro y rosado, y dejé resbalar mi pene a sus anchas sobre sus carnes, el jugetéo hizo que por abajo de su enagua se dibujaran sus pezones, los que ergidos clamaban por ser tomados.
Mis manos abiertas los cubrieron con sensualidad, dejando resbalar los tirantes sobre sus hombros, los que aunque anchos, no lograron detener la caída, aflorando un bello par de senos de pezones ergidos, los que se fascinaban al roce sútil de mis manos, besé su cuello llamándo a su piel a deseos carnales, que vivos relucían sobre su piel erizada.
Sirena gemía con sus labios apretados, haciendo rechinar sus dientes, los que se clavaban en sus labios inchados de placer, cada caricia hacía que sus dientes se enterraran en la delicada piel, la que ante las arremetidas de mi cuerpo los hacían sangrar, volteó su cuello buscando mis labios, dulces como la miel su sangre enrojecía mis labios.
Aprovechando la crema que untaba en su cuerpo, empape mis manos de ella y la deslicé hacia sus glúteos ergidos hacia mi, untándolos hasta que mis dedos resbalaron al interior de su ano hambriento, introduciéndose creando ligeros jadeos de dolor y placer, luego mi verga buscó con esméro hasta lograr fijar su envestida en el oscuro y erógeno misterio, entre gemidos fuí abriendo sus carnes, notando como sus labios dejaban escapar sangre caliente entre sus plieges, hasta topar el fondo, que al llegar, dejó que resbalara suavemente, sin oponer ninguna resistencia, mi cuerpo mojado de excitación calentaba mi alma, las enbestidas fueron cada vez más furiosas, entre gritos y agradecimientos, ella se sometía al máximo placer supremo, sus carnes entregadas, dibujaban mi verga en su interior, a cada embestida ella se aferraba al lavamanos empujando con brío hacia mi, permaneciendo enterrada por mi, hasta que en un grito furioso dejó escapar lágrimas de placer mientras yo me debatía entre espásmos de placer hasta llenar la oscura caverna, que agitada, no dejaba de empujar, mi semen caliente brotaba entre sus carnes, dibujándose como gotas de crema batida, que a reflujos intermitentes no dejaba de correr. hasta caer de rodillas por el dolor y la fricción de sus nalgas, ardiendo por en entrar y salir, hasta abandonar el interior de su cuerpo y dedicarme a observar como el chorro cremoso se deslizaba entre sus nalgas, un panorama desolador, dos, carnudas nalgas desfallecían entre gemidos y susurros.
Después de observar sus carnes, me metí en la ducha, con un gran ardor, pero satisfecho por haber cumplido mi misión, ella terminó de desvestirse y me acompaño en un baño revasado de placeres y besos de satisfacción, dejando correr el agua libre por nuestros cuerpos.
-Delicioso baño eh Sirena?....
Kitarosem....... humedeciendo tus sueños.
http://www.kitarosem.blogspot.com/
En la cocina (2)
Lo hace... bebe el dorado liquido mezclado con mis flujos. Vuelvo a dejar la copa en la encima y le miro, entre mis piernas. Quiero que me folle ya, dejarnos de preámbulos, estoy demasiado caliente.
Pero no, él no tiene eso pensado y me hace levantarme, colocándome contra la mesa de la cocina, doblada sobre ella, desde el lateral y me pide que permanezca así y no me mueva.
Espero. Permanezco en la misma postura, en angulo recto sobre la mesa y mi mano se abre paso por debajo de mi cuerpo hasta llegar a mi clitoris y comienzo a jugar con él, ese trocito de carne endurecido y tremendamente caliente que tanto me hace disfrutar. Lo froto, despacio, mojando los dedos en mi humedad, disfrutando de esos minutos de espera.
Regresa. Mi mano continúa acariciándome.
-¿No puedes aguantarte? ¿Tan salida estás?,-comenta mientras retiro la mano y la acerco a mi boca, degustando mi sabor, oliéndome. Sonrío, me encanta ser tan zorra...
-Te vas y me dejas aquí, sola...,-digo, -me aburría...
- Ahora dejarás de aburrite, te lo aseguro... ,-suena amenazadoramente placentero su comentario.
Coloca un pañuelo cubriendo mis ojos. Me encanta, me excita sobremanera.
Tengo la cabeza apoyada sobre mesa, que ya no está fría debido al contacto con mi pìel caliente y me ordena subirla y abrir la boca. Lo hago. Un consolador de un interesante tamaño invade mi boca. Lo coloca de manera que está apoyado de pie sobre la mesa y yo lo tengo metido en la boca, sin poder deshacerme de él, aunque lo sacase de mi boca completamente, quedaría pegado a mi cara.
-Lame,-dice. Y lo hago. Como si fuese su polla, ansiosa, glotona, mis labios lo rodean, lo ensalivan, arriba y abajo... arriba y abajo... él debe estar viendo el espectáculo porque no me toca, no hace nada. -Cómetelo entero, hasta la base... ,-y empuja mi cabeza y trago, con algo de dificultad, todo lo que puedo, hasta que llega a mi garganta y allí lo intento aguantar hasta que llega una arcada y tengo que subir... repetimos la operación otra vez. Ahora me dice que lo mantenga en la boca.
Me agarra del tobillo izquierdo y noto como lo ata pegado a la pata de la mesa. Lo mismo con el izquierdo. Mis manos quedan atadas al momento por encima de la mesa, a las otras patas. Me tiene a su disposición, no puedo escapar, atada y con un consolador en la boca, el coño y el culo expuestos... noto los espasmos de excitación contínua en mi coño. El roce de las ataduras en la piel, notar la leve presión en la carne hace salir mi lado más animal.
Me tiene ansiosa, expectante, tremendamente caliente y sus manos me acarician ahora, recorren mis anchas caderas, mi enorme trasero, mis muslos... Quiero que me folle, ya, lo deseo tanto...¿porqué se demora, porque me hace esperar?
Pero no, él no tiene eso pensado y me hace levantarme, colocándome contra la mesa de la cocina, doblada sobre ella, desde el lateral y me pide que permanezca así y no me mueva.
Espero. Permanezco en la misma postura, en angulo recto sobre la mesa y mi mano se abre paso por debajo de mi cuerpo hasta llegar a mi clitoris y comienzo a jugar con él, ese trocito de carne endurecido y tremendamente caliente que tanto me hace disfrutar. Lo froto, despacio, mojando los dedos en mi humedad, disfrutando de esos minutos de espera.Regresa. Mi mano continúa acariciándome.
-¿No puedes aguantarte? ¿Tan salida estás?,-comenta mientras retiro la mano y la acerco a mi boca, degustando mi sabor, oliéndome. Sonrío, me encanta ser tan zorra...
-Te vas y me dejas aquí, sola...,-digo, -me aburría...
- Ahora dejarás de aburrite, te lo aseguro... ,-suena amenazadoramente placentero su comentario.
Coloca un pañuelo cubriendo mis ojos. Me encanta, me excita sobremanera.
Tengo la cabeza apoyada sobre mesa, que ya no está fría debido al contacto con mi pìel caliente y me ordena subirla y abrir la boca. Lo hago. Un consolador de un interesante tamaño invade mi boca. Lo coloca de manera que está apoyado de pie sobre la mesa y yo lo tengo metido en la boca, sin poder deshacerme de él, aunque lo sacase de mi boca completamente, quedaría pegado a mi cara.
-Lame,-dice. Y lo hago. Como si fuese su polla, ansiosa, glotona, mis labios lo rodean, lo ensalivan, arriba y abajo... arriba y abajo... él debe estar viendo el espectáculo porque no me toca, no hace nada. -Cómetelo entero, hasta la base... ,-y empuja mi cabeza y trago, con algo de dificultad, todo lo que puedo, hasta que llega a mi garganta y allí lo intento aguantar hasta que llega una arcada y tengo que subir... repetimos la operación otra vez. Ahora me dice que lo mantenga en la boca.
Me agarra del tobillo izquierdo y noto como lo ata pegado a la pata de la mesa. Lo mismo con el izquierdo. Mis manos quedan atadas al momento por encima de la mesa, a las otras patas. Me tiene a su disposición, no puedo escapar, atada y con un consolador en la boca, el coño y el culo expuestos... noto los espasmos de excitación contínua en mi coño. El roce de las ataduras en la piel, notar la leve presión en la carne hace salir mi lado más animal.
Me tiene ansiosa, expectante, tremendamente caliente y sus manos me acarician ahora, recorren mis anchas caderas, mi enorme trasero, mis muslos... Quiero que me folle, ya, lo deseo tanto...¿porqué se demora, porque me hace esperar?
En la cocina (1)
Acompaño a Ivan a la cocina y me apoyo en la pared mientras él saca la botella de cava del frigorífico y sirve 2 copas, tendiéndome una y brindando en silencio. Me mira con esos dos profundos abismos negros que tiene por ojos y mantengo la mirada, desafiante, retándole, aunque no sin esfuerzo, me intimida un poco.
Bebo mientras me mira, me estudia de arriba a abajo, me observa detenidamente. Sonrío nerviosa, dejando la copa a su lado, sobre la encima azul de la cocina, donde Ivan está apoyado.
-"Desnúdate",-me dice. Miro al suelo algo cortada y me sonrío. Comienza el juego...
-"Desnúdame tú...",-le digo, con naturalidad, volviendo a coger mi copa, rozándole con mi cuerpo. Sin dejarme volver a mi posición me agarra por la muñeca de la mano libre y la lleva hasta su entrepierna. La acaricio suavemente.
-"¿Quieres esto? Pues empieza a portarte bien... sé buena y desnúdate, ahora... Agarro con fuerza su paquete, que noto caliente y ya endurecido. Aprieto. Bebo un sorbo de mi copa. Acerco mi boca a su labios,- "¿Vas a obligarme?",-le reto.
Suelta mi mano y entonces me agarra del cuello, llevándome contra la pared, brusco pero sin violencia. Mete su mano por debajo de la falda, busca las bragas,- "abre las piernas, puta",-me ordena. Lo hago, permaneciendo quieta, la mano de la copa algo levantada, sujetándola para no tirarla. Baja mis bragas de un tirón seco, hasta la mitad de los muslos, con un leve crujido, como si las hubiese desgarrado. -"Las zorras como tú no deberían llevar bragas, las mojas enseguida...",-me susurra mientras me gira, quitándome la copa de la mano y haciendo que me apoye contra la pared, con el culo algo hacia fuera. Y siento su mano en mi trasero en el primer golpe, y sigue un segundo azote, -"no hagas que me quite el cinturón Marta, sé que no te gusta". Tiene razón y los humos se me bajan un poquito... y ya estoy tremendamente excitada.
De nuevo me gira y entonces comienza a desabrochar mi camisa, deshaciéndose de ella y dejándola sobre la encimera. -"La falda y las bragas, fuera". Desabrocho el botón de mi falda. El, mientras, saca mis pechos de la tela del sujetador y acaricia los tímidos y rosados pezones, los pellizca, juguetea con ellos. Los mantiene agarrados en un pellizco suave y yo desabrocho la cremallera de la falda y la dejo caer hasta mis pies. Me quedo parada, tiene mis pezones agarrados y no puedo moverme así. Entonces, comienza a estirar de ellos hacia abajo, obligándome a agacharme. "¿Te he dicho que pares?",-me dice, tirando de ellos hasta que llego a la falda y consigo quitármela, así como las bragas. Los coge y los deja junto a la camisa en la encimera.
Sigo de pie, apoyada contra la pared, con los pezones doloridos y el coño mojado. Rellena la copa de cava y la acerca a mis pechos. Toma el derecho y moja el pezón en el cava fresco, que calma el dolorcillo. Repite la operación con el izquierdo y luego los lame. Después, acerca la copa a mis labios, dándome de beber como lo haría con una niña pequeña. Bebo y cuando levanta la copa hace que el cava caiga más deprisa y resbale por la comisura de mis labios, por mi cara, mi cuello, mis pechos... lo lame, lo bebe todo, seca mi piel con su lengua y sus labios. Se aparta de mí y se quita la camisa, dejándola amontonada con el resto de mi ropa. Me acerca a una silla, blanca y me dice que me siente con las piernas abiertas, mostrándole mi sexo.
Lo hago. Me siento sobre el frio asiento, casi en el borde, y abro las piernas. Mis manos abren los labios un momento, mostrándolo abierto. Luego las dejo sobre los muslos y le veo observarme... mi coño al aire, rezumando humedad, rosado, abierto... de repente me siento avergonzada y miro hacia otro lado. El se da cuenta. Y se agacha frente a mi y comienza a jugar con él... acaricia los labios, los estira, desliza los dedos por la humedad y pierde un par de ellos en mi interior, haciéndome gemir. Aprieta mi clítoris, lo toma entre sus dedos, lo estira. Y finalmente, hunde su cabeza entre mis muslos y lame, succiona, mordisquea, estira... tomo la copa y dejo caer el cava desde mi ombligo: "Bébeme",-le digo.
Bebo mientras me mira, me estudia de arriba a abajo, me observa detenidamente. Sonrío nerviosa, dejando la copa a su lado, sobre la encima azul de la cocina, donde Ivan está apoyado.
-"Desnúdate",-me dice. Miro al suelo algo cortada y me sonrío. Comienza el juego...
-"Desnúdame tú...",-le digo, con naturalidad, volviendo a coger mi copa, rozándole con mi cuerpo. Sin dejarme volver a mi posición me agarra por la muñeca de la mano libre y la lleva hasta su entrepierna. La acaricio suavemente.
-"¿Quieres esto? Pues empieza a portarte bien... sé buena y desnúdate, ahora... Agarro con fuerza su paquete, que noto caliente y ya endurecido. Aprieto. Bebo un sorbo de mi copa. Acerco mi boca a su labios,- "¿Vas a obligarme?",-le reto.
Suelta mi mano y entonces me agarra del cuello, llevándome contra la pared, brusco pero sin violencia. Mete su mano por debajo de la falda, busca las bragas,- "abre las piernas, puta",-me ordena. Lo hago, permaneciendo quieta, la mano de la copa algo levantada, sujetándola para no tirarla. Baja mis bragas de un tirón seco, hasta la mitad de los muslos, con un leve crujido, como si las hubiese desgarrado. -"Las zorras como tú no deberían llevar bragas, las mojas enseguida...",-me susurra mientras me gira, quitándome la copa de la mano y haciendo que me apoye contra la pared, con el culo algo hacia fuera. Y siento su mano en mi trasero en el primer golpe, y sigue un segundo azote, -"no hagas que me quite el cinturón Marta, sé que no te gusta". Tiene razón y los humos se me bajan un poquito... y ya estoy tremendamente excitada.
De nuevo me gira y entonces comienza a desabrochar mi camisa, deshaciéndose de ella y dejándola sobre la encimera. -"La falda y las bragas, fuera". Desabrocho el botón de mi falda. El, mientras, saca mis pechos de la tela del sujetador y acaricia los tímidos y rosados pezones, los pellizca, juguetea con ellos. Los mantiene agarrados en un pellizco suave y yo desabrocho la cremallera de la falda y la dejo caer hasta mis pies. Me quedo parada, tiene mis pezones agarrados y no puedo moverme así. Entonces, comienza a estirar de ellos hacia abajo, obligándome a agacharme. "¿Te he dicho que pares?",-me dice, tirando de ellos hasta que llego a la falda y consigo quitármela, así como las bragas. Los coge y los deja junto a la camisa en la encimera.
Sigo de pie, apoyada contra la pared, con los pezones doloridos y el coño mojado. Rellena la copa de cava y la acerca a mis pechos. Toma el derecho y moja el pezón en el cava fresco, que calma el dolorcillo. Repite la operación con el izquierdo y luego los lame. Después, acerca la copa a mis labios, dándome de beber como lo haría con una niña pequeña. Bebo y cuando levanta la copa hace que el cava caiga más deprisa y resbale por la comisura de mis labios, por mi cara, mi cuello, mis pechos... lo lame, lo bebe todo, seca mi piel con su lengua y sus labios. Se aparta de mí y se quita la camisa, dejándola amontonada con el resto de mi ropa. Me acerca a una silla, blanca y me dice que me siente con las piernas abiertas, mostrándole mi sexo.
Lo hago. Me siento sobre el frio asiento, casi en el borde, y abro las piernas. Mis manos abren los labios un momento, mostrándolo abierto. Luego las dejo sobre los muslos y le veo observarme... mi coño al aire, rezumando humedad, rosado, abierto... de repente me siento avergonzada y miro hacia otro lado. El se da cuenta. Y se agacha frente a mi y comienza a jugar con él... acaricia los labios, los estira, desliza los dedos por la humedad y pierde un par de ellos en mi interior, haciéndome gemir. Aprieta mi clítoris, lo toma entre sus dedos, lo estira. Y finalmente, hunde su cabeza entre mis muslos y lame, succiona, mordisquea, estira... tomo la copa y dejo caer el cava desde mi ombligo: "Bébeme",-le digo.Yo también tengo gatos...
Pero los míos no "fastidian" la foto...


Hoy me apetece...

Cerrar los ojos,
sentir la venda sobre ellos...
perder el sentido de la vista por un tiempo.

Quedarme quieta, esperando
y entonces sentir las manos
recorrer toda la piel de mi cuerpo

Bocas...
labios, besos, lenguas, dientes,
saliva, mordiscos, succión, caricias...
Qué viene el Papa!!!!! Arrepentíos PECADORES

El hotelito
Después de cenar algo, tomar un helado y un par de copas en mi pub favorito (escondidos en mi rincón "especial" en el cual se había dedicado a meter disimuladamente la mano por debajo de mi falda y a masturbarme), fuimos a su hotel.
Y tenía un encanto especial, la típica habitación de motel norteamericana, enmoquetada, muebles antiguos, la lámpara... me sentí un poco como transportada al "Fetish Motel" y la situación me pareció aún más morbosa.
Víctor había dejado la ventana abierta y a pesar de todo, el calor seguía en la habitación así que me asomé apoyándome en el alfeizar.
La vista era de un jardin junto a un aparcamiento. Subía del riego del césped y me sentí agusto. El andó por la habitación trasteando y yo seguí asomada allí, apoyada en la ventana esperando... se colocó detrás de mí, pegando su pelvis a mi culo y permanecí quieta, sonriéndome, esperando a ver qué iba a hacer.
Comenzó a tocarme suavemente, por encima de la falda negra, subiéndola poco a poco... hasta descubrir la piel desnuda de los muslos, acariciándolos, y se frotó contra mi cuerpo... sus manos no paraban: mi culo, mis caderas, mis pechos apartando la camiseta negra y apretándolos por encima del sujetador negro.
Yo, continué inmóvil y sin decir nada, pero no fría, mis bragas empezaban a mojarse. Pero no tardó en desahacerse de ellas.
Sus dedos buscaron mi sexo, se metieron en mi coño, resbalaron por la raja caliente y empecé a gemir, a moverme, a contonear las caderas de manera inconsciente y escuché la cremallera de su pantalón al bajar. Se apartó de mí, y seguí sin mirar, limitándome a inclinarme más aún sobre la ventana, poniendo mi culo desnudo en pompa, ofreciendo mi coño, sin mirarle, sin apartarme de la ventana.
La falda subida sobre mis riñones, la camiseta desabrochada y los pechos sobre el alfeizar y me penetró... me encanta follar medio vestida y me dio igual si nos oían, follando ahí en la ventana. Al contrario, me excitaba la idea de que alguien nos viese o nos escuchase.
.
Estaba tan caliente y mojada que notaba su polla perforar mi coñó con rapidez, resbalando rápida y fuermente, sus manos agarrando mis caderas, clavando los dedos... salió un momento y aproveché para moverme de la ventana dándome la vuelta y sonriéndole, apoyándome en la misma postura de nuevo pero en el mueble junto a la ventana, con una altura más cómoda para apoyarme y no tardé nada en correrme, diciéndoselo antes: "Voy correrme, a correrme, ya...",- y fue intenso, rápido, y él siguió follándome hasta al final, correrse encima de mi culo y noté su esperma caliente sobre mi piel y sonreí satisfecha.
Después, le pedí que me llevase a casa, no necesitaba dormir con él
Y tenía un encanto especial, la típica habitación de motel norteamericana, enmoquetada, muebles antiguos, la lámpara... me sentí un poco como transportada al "Fetish Motel" y la situación me pareció aún más morbosa.Víctor había dejado la ventana abierta y a pesar de todo, el calor seguía en la habitación así que me asomé apoyándome en el alfeizar.
La vista era de un jardin junto a un aparcamiento. Subía del riego del césped y me sentí agusto. El andó por la habitación trasteando y yo seguí asomada allí, apoyada en la ventana esperando... se colocó detrás de mí, pegando su pelvis a mi culo y permanecí quieta, sonriéndome, esperando a ver qué iba a hacer.
Comenzó a tocarme suavemente, por encima de la falda negra, subiéndola poco a poco... hasta descubrir la piel desnuda de los muslos, acariciándolos, y se frotó contra mi cuerpo... sus manos no paraban: mi culo, mis caderas, mis pechos apartando la camiseta negra y apretándolos por encima del sujetador negro.
Yo, continué inmóvil y sin decir nada, pero no fría, mis bragas empezaban a mojarse. Pero no tardó en desahacerse de ellas.
Sus dedos buscaron mi sexo, se metieron en mi coño, resbalaron por la raja caliente y empecé a gemir, a moverme, a contonear las caderas de manera inconsciente y escuché la cremallera de su pantalón al bajar. Se apartó de mí, y seguí sin mirar, limitándome a inclinarme más aún sobre la ventana, poniendo mi culo desnudo en pompa, ofreciendo mi coño, sin mirarle, sin apartarme de la ventana.
La falda subida sobre mis riñones, la camiseta desabrochada y los pechos sobre el alfeizar y me penetró... me encanta follar medio vestida y me dio igual si nos oían, follando ahí en la ventana. Al contrario, me excitaba la idea de que alguien nos viese o nos escuchase.
.
Estaba tan caliente y mojada que notaba su polla perforar mi coñó con rapidez, resbalando rápida y fuermente, sus manos agarrando mis caderas, clavando los dedos... salió un momento y aproveché para moverme de la ventana dándome la vuelta y sonriéndole, apoyándome en la misma postura de nuevo pero en el mueble junto a la ventana, con una altura más cómoda para apoyarme y no tardé nada en correrme, diciéndoselo antes: "Voy correrme, a correrme, ya...",- y fue intenso, rápido, y él siguió follándome hasta al final, correrse encima de mi culo y noté su esperma caliente sobre mi piel y sonreí satisfecha.Después, le pedí que me llevase a casa, no necesitaba dormir con él
A tres bandas (extracto. 2 y final)
Él permanecía quieto, dejando a su joven invitada libertad de movimientos con la boca y la mano derecha y de vez en cuando acariciaba sus pechos cubiertos por el raso negro del sujetador. Rosa continuaba entre sus piernas, lamiéndola, mordisqueándola con suavidad y cada vez estaba más excitada, deseaba que Juan la follase y jugar a la vez con su mujer, pero tenía algo de temor a llevar alguna iniciativa y permaneció tumbada, dejándose hacer por Rosa y con la polla de Juan entre sus dedos y labios, creciendo y endureciéndose, haciéndose cada vez más deseable.
Y por fin, lo que quería escuchar: -"Voy a follarte niña",-dijo él en su oido, suave pero suficientemente alto para que Rosa le escuchase y se apartase de entre sus piernas.
Su coño palpitaba, estaba muy mojada y más que lista para recibirle, lo deseaba intensamente. Rosa, que se había desnudado del todo, tendió su mano e hizo que se incorporase, pasando a ocupar su lugar en la cama, tumbada, abierta, ofreciendo la visión de un coño con poco vello, de labios abultados, clitoris hinchado y protuberando, que comenzó a tocar ella misma, masturbándose ante la mirada atenta de la "novicia", que se sintió invitada a participar y deslizó sus dedos por el pubis de Rosa hasta llegar a sus labios, la vulva, que descubrió mojados y calientes... la sensación era nueva y extraña y mientras, Juan las observaba, tocándose, sonriendo, excitándose al máximo mientras se colocaba un condón, aguantando las ganas de montar a la joven potra que habían encontrado por casualidad y deseado desde el primer instante... y ya no pudo más.
Tomándola por las caderas la puso a cuatro patas, dejando su cabeza entre las piernas de Rosa y poniéndose detrás colocó su polla en la entrada del joven y mojado agujero de su coño, resbalando arriba y abajo y provocando los gemidos de ella, hasta que le notó entrar y entonces estalló.
Rosa sonreía y la guiaba mientras continuaba tocándola aunque ahora, sintiendo las embestidas de Juan le costaba seguir acariciando el coño de su anfitriona; pasaron unos minutos y "más centrada" sintió el deseo de lamerla, por primera vez, sentir una mujer en su boca y acercó sus labios al clítoris, besándolo. La mujer reaccionó enseguida, gimiendo más fuerte, pidiéndola más y la joven continuó, sacando la punta de su inexperta lengua y deslizándola por la carne rosada y caliente, degustando ese sabor distinto al de una polla y al de su propio gusto, que había probado en sus dedos tras tocarse o en el de alguno de sus amantes.
Lamió, tomó la carne entre sus labios, mordisqueo con dulzura como antes Rosa lo había hecho con ella, estirándola levemente, pero paraba cuando Juan empujaba con más fuerza y entonces no era capaz de sentir nada más que su propio coño, lleno, caliente, rezumante.
No tardó en sentir ese hormigueo en el vientre, las piernas flojeando... sentía que se deshacia entre ellos, siendo follada por él y lamiendo y follando con sus propios dedos a Rosa, gimiendo los tres, sudando, gozando... se corrió rápido, con intensidad, sintiendo los dedos de él clavarse en sus caderas.
Juan salió de su interior, aún duro, y le indicó que se colocara sobre la cara de Rosa... así, Rosa, con las piernas muy abiertas y sujetadas por él, era follada por su marido mientras a su vez lamia su empapado coño y volvía a correrse en la boca de ella, y gemía apoyada contra el cabecero, plena y con la certeza de estar cumpliendo de manera gratificante una fantasía de los tres...
Y por fin, lo que quería escuchar: -"Voy a follarte niña",-dijo él en su oido, suave pero suficientemente alto para que Rosa le escuchase y se apartase de entre sus piernas.
Su coño palpitaba, estaba muy mojada y más que lista para recibirle, lo deseaba intensamente. Rosa, que se había desnudado del todo, tendió su mano e hizo que se incorporase, pasando a ocupar su lugar en la cama, tumbada, abierta, ofreciendo la visión de un coño con poco vello, de labios abultados, clitoris hinchado y protuberando, que comenzó a tocar ella misma, masturbándose ante la mirada atenta de la "novicia", que se sintió invitada a participar y deslizó sus dedos por el pubis de Rosa hasta llegar a sus labios, la vulva, que descubrió mojados y calientes... la sensación era nueva y extraña y mientras, Juan las observaba, tocándose, sonriendo, excitándose al máximo mientras se colocaba un condón, aguantando las ganas de montar a la joven potra que habían encontrado por casualidad y deseado desde el primer instante... y ya no pudo más.
Tomándola por las caderas la puso a cuatro patas, dejando su cabeza entre las piernas de Rosa y poniéndose detrás colocó su polla en la entrada del joven y mojado agujero de su coño, resbalando arriba y abajo y provocando los gemidos de ella, hasta que le notó entrar y entonces estalló.Rosa sonreía y la guiaba mientras continuaba tocándola aunque ahora, sintiendo las embestidas de Juan le costaba seguir acariciando el coño de su anfitriona; pasaron unos minutos y "más centrada" sintió el deseo de lamerla, por primera vez, sentir una mujer en su boca y acercó sus labios al clítoris, besándolo. La mujer reaccionó enseguida, gimiendo más fuerte, pidiéndola más y la joven continuó, sacando la punta de su inexperta lengua y deslizándola por la carne rosada y caliente, degustando ese sabor distinto al de una polla y al de su propio gusto, que había probado en sus dedos tras tocarse o en el de alguno de sus amantes.
Lamió, tomó la carne entre sus labios, mordisqueo con dulzura como antes Rosa lo había hecho con ella, estirándola levemente, pero paraba cuando Juan empujaba con más fuerza y entonces no era capaz de sentir nada más que su propio coño, lleno, caliente, rezumante.
No tardó en sentir ese hormigueo en el vientre, las piernas flojeando... sentía que se deshacia entre ellos, siendo follada por él y lamiendo y follando con sus propios dedos a Rosa, gimiendo los tres, sudando, gozando... se corrió rápido, con intensidad, sintiendo los dedos de él clavarse en sus caderas.
Juan salió de su interior, aún duro, y le indicó que se colocara sobre la cara de Rosa... así, Rosa, con las piernas muy abiertas y sujetadas por él, era follada por su marido mientras a su vez lamia su empapado coño y volvía a correrse en la boca de ella, y gemía apoyada contra el cabecero, plena y con la certeza de estar cumpliendo de manera gratificante una fantasía de los tres...
A tres bandas (extracto. 1)
Las dos permanecían de pie, Rosa, prácticamente desnuda, se deshacía de la ropa que cubría el cuerpo de la joven, despacio, besando y lamiendo cada trozo de piel que quedaba al descubierto mientras su marido, Juan, observaba la escena sentado en un lado de la cama.
Ella, inexperta en ese tipo de contiendas, nerviosa y excitada, se dejaba llevar... Rosa la besó y ella respondiendo abriendo la boca, jugando con su lengua, lamiendo sus labios carnosos y sus manos algo temblorosas buscaron sus pechos, colocándose sobre ellos, sintiendo la piel, el calor que desprendía; sus pechos eran menudos, sus pezones estaban duros, tiesos... estaba tan excitada como ella o más y eso hizo que la humedad de su sexo aumentase. Mientras, miró a Juan que sonreía observándolas en silencio, apartado pero presente, sentado contra el respaldo de la cama, todavía con ropa.
Cuando ella quedó con la ropa interior nada más, Rosa hizo que se tumbase en la cama, junto a Juan, que comenzó a acariciar su cabellera negra extendida sobre las sábanas. Y Rosa arrodillada entre sus piernas hacía que sintiese la excitación crecer en el interior de su vientre cuando deslizaba los dedos por la piel de sus muslos, postrándose sobre ella para acariciar con sus labios sus pechos aún cubiertos por el sujetador negro. Ella acariciaba la espalda de Rosa, sus brazos, su rostro, su pelo, toda la piel que quedaba a su alcance y... sentía... y aún sobre ella, Rosa comenzó a acariciar a su marido haciéndole participe directo de la situación desde ese momento.
Notaba sus bragas mojadas y verla acariciando a Juan contribuyó a mojarla aún más. Y entonces Rosa la invitó a desnudarle y ella se puso se rodillas sobre la cama cuando él se incorporó, quedando a su alcance mientras seguía recibiendo las caricias de la mujer, que se pegó contra ella, haciéndola sentir el calor de su cuerpo. Desabrochó los botones de la camisa despacio, mirándole a los ojos y sonriendo. El susurraba en su oído cuánto le gustaba tenerla allí con ellos y cuánto le había gustado a su mujer desde que su amigo común, Fran, les había enseñado una inocente foto suya en el parque. Desde ese momento habían querido conocerla y por fin estaba allí, disfrutando con ellos. Mientras, terminó de desnudarse, alejándose y poniéndose de pie un momento para quitarse los pantalones y la ropa interior.
La besó, agarrándola y atrayéndola contra él, haciendo que se apretasen sus pechos contra su torso desnudo mientras Rosa le bajaba las bragas, y sintió los dedos de ella indagar y resbalar en su sexo, haciéndola gemir mientras besaba a Juan con intensidad. Su mano derecha se deslizó hasta tener la polla entre sus dedos y le acarició, jugueteando con la carne dura y caliente y volvió a sentir su coño estremecerse, rezumar excitación, mojando los dedos de Rosa que continuaban tocándola, acariciándola por dentro.
Entre los dos hicieron que se tumbase de nuevo, pudiendo ella entonces ver cómo se tocaban, se besaban... él pasó junto a su cabeza y comenzó a masturbarle entonces con la mano mientras Rosa se colocaba entre su piernas hundiendo la cabeza entre ellas, lamiendo sus labios, su clítoris, metiendo la punta de la lengua y sus dedos dentro de ella, haciendo que se estremeciese. Abrió la boca para recibir a Juan, degustándolo entre los gemidos que le provocaban las caricias de Rosa.
Ella, inexperta en ese tipo de contiendas, nerviosa y excitada, se dejaba llevar... Rosa la besó y ella respondiendo abriendo la boca, jugando con su lengua, lamiendo sus labios carnosos y sus manos algo temblorosas buscaron sus pechos, colocándose sobre ellos, sintiendo la piel, el calor que desprendía; sus pechos eran menudos, sus pezones estaban duros, tiesos... estaba tan excitada como ella o más y eso hizo que la humedad de su sexo aumentase. Mientras, miró a Juan que sonreía observándolas en silencio, apartado pero presente, sentado contra el respaldo de la cama, todavía con ropa.
Cuando ella quedó con la ropa interior nada más, Rosa hizo que se tumbase en la cama, junto a Juan, que comenzó a acariciar su cabellera negra extendida sobre las sábanas. Y Rosa arrodillada entre sus piernas hacía que sintiese la excitación crecer en el interior de su vientre cuando deslizaba los dedos por la piel de sus muslos, postrándose sobre ella para acariciar con sus labios sus pechos aún cubiertos por el sujetador negro. Ella acariciaba la espalda de Rosa, sus brazos, su rostro, su pelo, toda la piel que quedaba a su alcance y... sentía... y aún sobre ella, Rosa comenzó a acariciar a su marido haciéndole participe directo de la situación desde ese momento.
Notaba sus bragas mojadas y verla acariciando a Juan contribuyó a mojarla aún más. Y entonces Rosa la invitó a desnudarle y ella se puso se rodillas sobre la cama cuando él se incorporó, quedando a su alcance mientras seguía recibiendo las caricias de la mujer, que se pegó contra ella, haciéndola sentir el calor de su cuerpo. Desabrochó los botones de la camisa despacio, mirándole a los ojos y sonriendo. El susurraba en su oído cuánto le gustaba tenerla allí con ellos y cuánto le había gustado a su mujer desde que su amigo común, Fran, les había enseñado una inocente foto suya en el parque. Desde ese momento habían querido conocerla y por fin estaba allí, disfrutando con ellos. Mientras, terminó de desnudarse, alejándose y poniéndose de pie un momento para quitarse los pantalones y la ropa interior.
La besó, agarrándola y atrayéndola contra él, haciendo que se apretasen sus pechos contra su torso desnudo mientras Rosa le bajaba las bragas, y sintió los dedos de ella indagar y resbalar en su sexo, haciéndola gemir mientras besaba a Juan con intensidad. Su mano derecha se deslizó hasta tener la polla entre sus dedos y le acarició, jugueteando con la carne dura y caliente y volvió a sentir su coño estremecerse, rezumar excitación, mojando los dedos de Rosa que continuaban tocándola, acariciándola por dentro.
Entre los dos hicieron que se tumbase de nuevo, pudiendo ella entonces ver cómo se tocaban, se besaban... él pasó junto a su cabeza y comenzó a masturbarle entonces con la mano mientras Rosa se colocaba entre su piernas hundiendo la cabeza entre ellas, lamiendo sus labios, su clítoris, metiendo la punta de la lengua y sus dedos dentro de ella, haciendo que se estremeciese. Abrió la boca para recibir a Juan, degustándolo entre los gemidos que le provocaban las caricias de Rosa.
Y si me lo propongo...?
Si es que no puede ser... hoy me he superado... ¿cómo he podido flirtear descaradamente en medio de una reunión de vecinos?...
Vale, sí, soy un zorrón... no, soy un zorrón en celo, que es peor.
No iba a bajar pero me he dicho "y si baja tu vecino del 4º..." y entonces la reunión me ha parecido sumamente importante y he bajado al portal y allí estaba con el resto... vaqueros ceñidos, camiseta marcando levemente un cuerpo más que apetecible (pero eso ya lo sabía de antes...)... estaba en la escalera, apoyado en la pared y me ha sonreido como siempre hace cuando me ha visto. Y me he quedado a su ladito, bien cerca.
Le he pegado un repaso de arriba a abajo como hacía mucho que no lo hacía con nadie... madre mía! hasta me he quedado mirando su paquete! Y entonces me he sentado en la escalera y mi cabeza quedaba junto a esa altura y yo notaba que me iba calentando y calentando... y cuando me he dado cuenta le estaba enseñando más que el borde del sujetador por el escote de la camiseta verde pistacho que llevaba hoy... y yo, tan estupenda, en vez de colocarme para ocultarlo voy y cruzo los brazos sacando mas pecho... y el coño se me iba inundando cuando le miraba y él me miraba sonriéndome, con esos ojos color miel tan increibles y esa boca que dan ganas de morderla y me imaginaba sin soltarle el paquete mientras le tenía acorralado contra la pared y le comía la boca y sentía sus manos en mi culo, agarrándolo y atrayéndome contra él... sigo mojándome...
Me estaba poniendo cachonda a más no poder y en vez de parar, pues me he puesto a hacerle preguntas y él a contestarme casi susurrándome en el oido y preguntándome si vivía sola en el piso y... me han dado ganas de decirle "sí y cuando quieras pegar un polvo de los que te vas a acordar toda tu vida bajas que te pienso recibir con los brazos y más cosas abiertos"... vale, estoy en celo, en plan vulgar y más, estoy salida... definitivamente... notaba mi coño palpitar, literalmente... ay, la culpa la tiene él que empezó a sonreirme hace meses cuando coincidíamos en un bus (sin saber que eramos vecinos) y por eso me fijé en él...
Cuando ha dicho que ya tenía que irse y ha subido un par de escalones por encima de mí (antes de volver a girarse a hablar de nuevo conmigo...) y he visto ese culo... me lo he imaginado entre mis piernas, follándome con furia y suavidad a la vez... me lo imagino así, llenandome el coño, siendo de esos que mezclan rudeza y cariñitos... sé que me haría gritar... lo sé... es más, ¡quiero que lo haga!
P.D. no me pregunte nadie de qué iba la reunión porque no me he enterado de nada...
Vale, sí, soy un zorrón... no, soy un zorrón en celo, que es peor.
No iba a bajar pero me he dicho "y si baja tu vecino del 4º..." y entonces la reunión me ha parecido sumamente importante y he bajado al portal y allí estaba con el resto... vaqueros ceñidos, camiseta marcando levemente un cuerpo más que apetecible (pero eso ya lo sabía de antes...)... estaba en la escalera, apoyado en la pared y me ha sonreido como siempre hace cuando me ha visto. Y me he quedado a su ladito, bien cerca.
Le he pegado un repaso de arriba a abajo como hacía mucho que no lo hacía con nadie... madre mía! hasta me he quedado mirando su paquete! Y entonces me he sentado en la escalera y mi cabeza quedaba junto a esa altura y yo notaba que me iba calentando y calentando... y cuando me he dado cuenta le estaba enseñando más que el borde del sujetador por el escote de la camiseta verde pistacho que llevaba hoy... y yo, tan estupenda, en vez de colocarme para ocultarlo voy y cruzo los brazos sacando mas pecho... y el coño se me iba inundando cuando le miraba y él me miraba sonriéndome, con esos ojos color miel tan increibles y esa boca que dan ganas de morderla y me imaginaba sin soltarle el paquete mientras le tenía acorralado contra la pared y le comía la boca y sentía sus manos en mi culo, agarrándolo y atrayéndome contra él... sigo mojándome...
Me estaba poniendo cachonda a más no poder y en vez de parar, pues me he puesto a hacerle preguntas y él a contestarme casi susurrándome en el oido y preguntándome si vivía sola en el piso y... me han dado ganas de decirle "sí y cuando quieras pegar un polvo de los que te vas a acordar toda tu vida bajas que te pienso recibir con los brazos y más cosas abiertos"... vale, estoy en celo, en plan vulgar y más, estoy salida... definitivamente... notaba mi coño palpitar, literalmente... ay, la culpa la tiene él que empezó a sonreirme hace meses cuando coincidíamos en un bus (sin saber que eramos vecinos) y por eso me fijé en él... Cuando ha dicho que ya tenía que irse y ha subido un par de escalones por encima de mí (antes de volver a girarse a hablar de nuevo conmigo...) y he visto ese culo... me lo he imaginado entre mis piernas, follándome con furia y suavidad a la vez... me lo imagino así, llenandome el coño, siendo de esos que mezclan rudeza y cariñitos... sé que me haría gritar... lo sé... es más, ¡quiero que lo haga!
P.D. no me pregunte nadie de qué iba la reunión porque no me he enterado de nada...
El cine
El sabía que era una fantasía sin cumplir y quiso regalarmela... después de cenar, me dijo que iba a llevarme a un sitio distinto y hasta que aparcó delante del cine X no me di cuenta... y entonces empecé a mojarme.
Entramos cogidos de la mano… era la primera vez que entraba a una Sala X. Me sorprendió encontrar un mini sex-shop en la primera habitación, antes de la sala de proyección y una barra de bar pequeña. Al parecer, el negocio no era sólo el cine.
Entramos. En la pantalla una película que parecía bastante antigua y sin doblar al castellano….
Pocos y separados los espectadores permanecían en silencio, todos hombres… mi amante observó la sala un minuto y me indicó dónde nos sentaríamos... estaba cortada pero a la vez muy excitada. Nos sentamos junto al pasillo en el extremo opuesto a la puerta de la sala, en la parte de detrás. Me quité el abrigo y lo dejé doblado en el asiento de delante. Mi falda al sentarme, se había subido un poco y él puso su mano sobre mi muslo...
-"¿Te apetecía probar, no?",-dijo sonriendo pícaro.
-"Sabes que sí, pero me da un poco de corte,-admití. Acarició mi muslo y me dejé hacer. Se inclinó sobre mí y acercó su boca a mi cuello y lo besó despacio, lamiendo la piel; jugueteó con su lengua en mi lóbulo provocándome escalofríos... mientras alguien bajó un asiento un par más allá del mío … Miré de reojo… un hombre ocupaba el asiento.
Una música realmente horrible acompañaba los gemidos de los protagonistas...la sala no estaba tan oscura como me hubiese gustado (o tal vez me excitaba más así...) me pregunté a mí misma qué narices hacía allí, si no sería meternos en un lío. Pero allí estaba y allí seguiría.
Entreabrí mis piernas instintivamente invitándolo a seguir explorando…. de reojo, observé al tipo que se había sentado cerca de mí... se tocaba por encima del pantalón mirándonos descaradamente. Mi amante alcanzó mis bragas separándolas y accediendo a mi coño mojado y sin más, metio un par de dedos en él, haciéndome gemir. Abrí la boca y busqué la suya, entrelazamos las lenguas, jugando, calentándonos.
-"Se ha sentado un tío cerca...",-susurré en su oído mientras jugueteaba con su oreja.
-"Le he visto... un tío normal... unos 40..Tú tranquila...",-me dijo mientras me follaba con los dedos.
Los gemidos de la película se mezclaban con mi respiración…. Agarró mi mano y la llevó hacia su paquete… se asomaba su pene erecto ... Comencé a tocarle: el glande… los huevos, estaba duro, caliente y yo muy excitada.
Caricias rítmicas subían y bajaban estimulando mi clítoris que se había hinchado... La película seguía mostrando cómo gozaban los protagonistas... Abrí algunos botones de mi blusa y comencé a toquetearme… Nuestro "amigo" seguía alli, mirando, masturbándose despacio, deleitándose en el espectáculo que le ofrecía aquella noche la sala ajeno a la proyección.
Mis pezones sintieron pronto la humedad de su boca y la presión de sus dientes… Entonces miré al desconocido descarada. Mis pechos eran lamidos por la lengua de mi amante, caliente, húmeda, sabia… mi sexo latía bajo esos dedos fuertes que lo presionaba… quería que siguiera más y más… que no dejara de frotarme y que no apartara su boca de mis pezones…. Mientras tanto con mi mano apretaba su pene sediento... Me incorporé lentamente y me quite las bragas, empapadas… me puse frente a él, entre sus piernas, como si fuese a salir de la sala, pero no hice eso, sino que me senté sobre él… sintiéndole hasta el fondo, dentro de mí…. Sentía cómo me llenaba… cómo acariciaba las paredes de mi sexo cada vez que subía y bajaba…
Mis gemidos se mezclaban con los de la película que ya no miraba… como tampoco la miraban un par de tipos que se habían acercado con disimulo… nos observaban mientras se tocaban sin ningún pudor. Sonreí. Seguí cabalgando mientras él me acariciaba las caderas, clavaba sus uñas, dirigía mi ritmo… y yo miraba a aquel tío que no conocía de nada y con el que estaba compartiendo nuestra intimidad.
Un calor profundo comenzó a recorrer mi cuerpo y los espasmos del orgasmo hacían que mi sexo palpitara apretando el tronco de su polla... me corrí ahogando mis gemidos mordiendo mi labio inferior...volví a levantarme. Me puse de rodillas frente a él... Y comencé a lamerle sintiendo mi propio sabor… cuanto me excita saborearme…
Podía escuchar los largos gemidos que a mi espalda provocaban los protagonistas…. Y nuestro mirón particular. Su respiración se hizo entrecortada… estaba a punto de estallar. Mi lengua lamía, apretaba, mis labios tomaban su polla como si fuese a escaparse. Me dijo que iba a correrse y entonces continué con la mano, abriendo la boca delante de él... ofreciéndole mi cara... Un chorro caliente y pegajoso salpicó y yo… sonriente…. me tomó de la mano y la besó… sacó un pañuelo y limpió mi rostro de su esencia… me vistió y guardó las bragas en su bolsillo… me dijo que le mirase… sus ojos… la mirada de deseo de mi amante.
-"¿Quieres ayudarle a terminar?,-dijo lo suficientemente alto para que él nos oyese, refiriendose al mirón. Sonreí y asentí.
El desconocido sonrió sorprendido y nervioso y cuando me acerqué y me fijé en sus ojos me di cuenta de que estaba cortado... pensé que su erección se cortaría en ese preciso instante, pero aguantó... me puse entre sus piernas y agarré su polla entre mis manos.
Le acaricié, masajeando de arriba a abajo, acariciando sus huevos y estirando suavemente de la piel... me miraba a los ojos mientras y de vez en cuando los cerraba y gemía. Agarró mi mano para hacer que parase... -"Hazme un favor... ¿puedes... subirte la falda y ponerte contra el respaldo del asiento, enseñarme ese culo?",-me dijo... miré a mi amante, que estaba sentado al lado. Asintió y lo hice. Entonces ví que había algún tío más mirando pero ya no me importaba... apoyada así, contra el respaldo del asiento delantero, mi culo casi podía rozar su cara y él se masturbó así, mirándome y acariciándo mi culo y mi raja empapada de vez en cuando... hasta correrse
Recompusimos nuestra ropa y salimos del cine de la mano, dejando atrás a aquel desconocido y una fantasía más cumplida...
Entramos cogidos de la mano… era la primera vez que entraba a una Sala X. Me sorprendió encontrar un mini sex-shop en la primera habitación, antes de la sala de proyección y una barra de bar pequeña. Al parecer, el negocio no era sólo el cine.
Entramos. En la pantalla una película que parecía bastante antigua y sin doblar al castellano….
Pocos y separados los espectadores permanecían en silencio, todos hombres… mi amante observó la sala un minuto y me indicó dónde nos sentaríamos... estaba cortada pero a la vez muy excitada. Nos sentamos junto al pasillo en el extremo opuesto a la puerta de la sala, en la parte de detrás. Me quité el abrigo y lo dejé doblado en el asiento de delante. Mi falda al sentarme, se había subido un poco y él puso su mano sobre mi muslo...
-"¿Te apetecía probar, no?",-dijo sonriendo pícaro.
-"Sabes que sí, pero me da un poco de corte,-admití. Acarició mi muslo y me dejé hacer. Se inclinó sobre mí y acercó su boca a mi cuello y lo besó despacio, lamiendo la piel; jugueteó con su lengua en mi lóbulo provocándome escalofríos... mientras alguien bajó un asiento un par más allá del mío … Miré de reojo… un hombre ocupaba el asiento.
Una música realmente horrible acompañaba los gemidos de los protagonistas...la sala no estaba tan oscura como me hubiese gustado (o tal vez me excitaba más así...) me pregunté a mí misma qué narices hacía allí, si no sería meternos en un lío. Pero allí estaba y allí seguiría.
Entreabrí mis piernas instintivamente invitándolo a seguir explorando…. de reojo, observé al tipo que se había sentado cerca de mí... se tocaba por encima del pantalón mirándonos descaradamente. Mi amante alcanzó mis bragas separándolas y accediendo a mi coño mojado y sin más, metio un par de dedos en él, haciéndome gemir. Abrí la boca y busqué la suya, entrelazamos las lenguas, jugando, calentándonos.
-"Se ha sentado un tío cerca...",-susurré en su oído mientras jugueteaba con su oreja.
-"Le he visto... un tío normal... unos 40..Tú tranquila...",-me dijo mientras me follaba con los dedos.
Los gemidos de la película se mezclaban con mi respiración…. Agarró mi mano y la llevó hacia su paquete… se asomaba su pene erecto ... Comencé a tocarle: el glande… los huevos, estaba duro, caliente y yo muy excitada.Caricias rítmicas subían y bajaban estimulando mi clítoris que se había hinchado... La película seguía mostrando cómo gozaban los protagonistas... Abrí algunos botones de mi blusa y comencé a toquetearme… Nuestro "amigo" seguía alli, mirando, masturbándose despacio, deleitándose en el espectáculo que le ofrecía aquella noche la sala ajeno a la proyección.
Mis pezones sintieron pronto la humedad de su boca y la presión de sus dientes… Entonces miré al desconocido descarada. Mis pechos eran lamidos por la lengua de mi amante, caliente, húmeda, sabia… mi sexo latía bajo esos dedos fuertes que lo presionaba… quería que siguiera más y más… que no dejara de frotarme y que no apartara su boca de mis pezones…. Mientras tanto con mi mano apretaba su pene sediento... Me incorporé lentamente y me quite las bragas, empapadas… me puse frente a él, entre sus piernas, como si fuese a salir de la sala, pero no hice eso, sino que me senté sobre él… sintiéndole hasta el fondo, dentro de mí…. Sentía cómo me llenaba… cómo acariciaba las paredes de mi sexo cada vez que subía y bajaba…
Mis gemidos se mezclaban con los de la película que ya no miraba… como tampoco la miraban un par de tipos que se habían acercado con disimulo… nos observaban mientras se tocaban sin ningún pudor. Sonreí. Seguí cabalgando mientras él me acariciaba las caderas, clavaba sus uñas, dirigía mi ritmo… y yo miraba a aquel tío que no conocía de nada y con el que estaba compartiendo nuestra intimidad.
Un calor profundo comenzó a recorrer mi cuerpo y los espasmos del orgasmo hacían que mi sexo palpitara apretando el tronco de su polla... me corrí ahogando mis gemidos mordiendo mi labio inferior...volví a levantarme. Me puse de rodillas frente a él... Y comencé a lamerle sintiendo mi propio sabor… cuanto me excita saborearme…
Podía escuchar los largos gemidos que a mi espalda provocaban los protagonistas…. Y nuestro mirón particular. Su respiración se hizo entrecortada… estaba a punto de estallar. Mi lengua lamía, apretaba, mis labios tomaban su polla como si fuese a escaparse. Me dijo que iba a correrse y entonces continué con la mano, abriendo la boca delante de él... ofreciéndole mi cara... Un chorro caliente y pegajoso salpicó y yo… sonriente…. me tomó de la mano y la besó… sacó un pañuelo y limpió mi rostro de su esencia… me vistió y guardó las bragas en su bolsillo… me dijo que le mirase… sus ojos… la mirada de deseo de mi amante.
-"¿Quieres ayudarle a terminar?,-dijo lo suficientemente alto para que él nos oyese, refiriendose al mirón. Sonreí y asentí.
El desconocido sonrió sorprendido y nervioso y cuando me acerqué y me fijé en sus ojos me di cuenta de que estaba cortado... pensé que su erección se cortaría en ese preciso instante, pero aguantó... me puse entre sus piernas y agarré su polla entre mis manos.
Le acaricié, masajeando de arriba a abajo, acariciando sus huevos y estirando suavemente de la piel... me miraba a los ojos mientras y de vez en cuando los cerraba y gemía. Agarró mi mano para hacer que parase... -"Hazme un favor... ¿puedes... subirte la falda y ponerte contra el respaldo del asiento, enseñarme ese culo?",-me dijo... miré a mi amante, que estaba sentado al lado. Asintió y lo hice. Entonces ví que había algún tío más mirando pero ya no me importaba... apoyada así, contra el respaldo del asiento delantero, mi culo casi podía rozar su cara y él se masturbó así, mirándome y acariciándo mi culo y mi raja empapada de vez en cuando... hasta correrseRecompusimos nuestra ropa y salimos del cine de la mano, dejando atrás a aquel desconocido y una fantasía más cumplida...
Te estoy esperando...
Ven...
Acércate y traspasa el umbral...
No tengas miedo
Yo no temeré nada si estoy contigo...
Atrévete y descúbreme.
Abórdame.
Enciende mis sentidos y
disfrutemos de la piel...
del sabor en nuestras bocas...
mirándonos a través del deseo,
oler el ansiado perfume
de la excitación,
escuchar los gemidos que provoca
el placer...
Mi vecino
Eran conocidos en el patio de vecinos por sus gemidos. Una pareja joven sin hijos y prácticamente recién llegados al bloque y que no habrían llamado la atención ya que eran bastante callados y reservados, pasaban casi desapercibidos... hasta que hacían el amor. De eso nos enterábamos todos. Llevaban unos dos meses allí instalados y nadie sabía ni cómo se llamaban, no habían puesto su nombre en el buzón y no te dirigían la palabra más allá del saludo educado si te cruzabas con ellos en la escalera o el portal.
Por aquel entonces yo acababa de cumplir los 17 y me había sentido muy atraída por él desde el primer cruce en la escalera: unos 34 años, alto, buen cuerpo, pelo casi rubio siempre revuelto, siempre vestido con vaqueros y camisas o camisetas oscuras y sus eternas gafas de sol tan negras que no dejaban ver sus ojos... pero yo pude verlos aquella tarde de junio...
Vivían justo en la puerta de enfrente a nuestra casa y el patio no era muy grande por lo que si no teníamos un poco de cuidado, la intimidad de las habitaciones que daban al patio quedaba al descubierto, nos veíamos perfectamente sin problema.
Esa tarde yo estaba en casa sola, en ropa interior como casi siempre, mis padres se habían ido a dar una vuelta y me encontraba leyendo en la habitación que daba al patio, donde solía "estudiar" y pintar cuando le escuché discutir acaloradamente. Mi atención pasó del libro a la discusión, apagando la luz de la lampara de mesa y escondiéndome tras las cortinas para espiarles, la ventana de la habitación la tenían abierta de par en par y podía verles perfectamente. El ambiente se fue calentando hasta que tras unos minutos dando voces, ella salío de casa dando un portazo.
Me quede obsevándole... permaneció un par de minutos de pie, quieto, como decidiendo qué paso dar. Casi iba a darme la vuelta y volver a mi lectura cuando vi cómo se quitaba la camiseta... el espectáculo merecía la pena: un torso bien formado, marcado y se apreciaba durito, un tatuaje que no apreciaba qué era en el pectoral... y empecé a excitarme al ver cómo continuó desnudándose, allí, frente a mí, hasta mostrarse por completo con la ventana abierta, sin ningún pudor ya que podrían verle. Moví la cortina que me ocultaba, sin querer, nerviosa y entonces se acercó a la ventana y corrió la cortina un trozo, mirando hacia donde yo me encontraba. Me quedé paralizada sintiéndome descubierta pero cuando vi que dejó la ventana sin cubrir del todo y que podía seguir viéndole, continué en mi posición de espía. Y me sonrío, sí, a mí, sin dejar de mirar a mi ventana. Y entonces confirmé que sí, que me había descubierto aunque yo pensaba que no podría hacerlo y me relajé sabiendo que no le importaba. Desde mi posición, pude ver cómo se sentaba en un butacón que había a los pies de la cama, que era prácticamente lo único que podía ver de la habitación. Había dejado la cortina cerrada hasta esa altura adrede, le apetecía esa situación y entré en su juego cuando seguí observándole allí, desnudo.
Me descubrí, dejándome ver entre las cortinas que hasta ese momento me habían camuflado, mirándole descarada. Nuestras miradas se cruzaron antes de que bajase la pista para ver cómo se estaba tocando. ... notaba mi humedad creciendo, resbalando fuera de mí hasta mojar mis bragas y crecieron las ganas de tocarme y de más... mi imaginacíón adolescente se disparó y me ví con él, pero el temor a que mis padres regresaran y me pillasen me contenía. Pero me moría de ganas... mi coño deseaba probar lo que mis ojos estaban viendo, quería sentirle sobre mí, estar sobre él, follándonos, que me enseñase a darle placer y me lo proporcionase a mí, hacer que llegase el temblor de las piernas previo al orgasmo, comprobar que los gemidos de su mujer eran justificados por el inmenso placer que me haría sentir...
Estaba muy mojada, las bragas caladas y finalmente me dejé llevar y medio tapada por las cortinas mi mano se deslizó colándose por debajo de la goma de las bragas hasta mi sexo empapado, jugueteando con los labios, con mi raja hinchada por la excitación acumulada... él me hizo una señal entonces, como invitándome a ir con él.
No podía creerlo.
Incluso dejé de tocarme, sorprendida. Ante mi pasividad, dejó su labor y se acercó a la ventana y me habló, sin vergüenza: "Ven, ahora".
Me entró una timidez repentina y me escondí un momento detrás de la cortina, recuperando la valentía al instante y asomando la cabeza como una niña curiosa: "Estás loco... tu mujer...",-dije, casi susurrando. Miré las ventanas alrededor. No quería que nadie supiese lo que estaba pasando. El sonreía mientras me miraba a los ojos, intimidándome. Volvió a invitarme (aunque casi sonaba a orden en realidad...) y volvió al butacón y continuó tocándose, provocándome... la imagen de lo que me ofrecía y en el fondo, lo arriesgado de la situación, me excitaban demasiado y me rendí.
Acepté, me vestí rápidamente y cerré la puerta de casa con llave, como si hubiese salido a la calle y comprobé que no subían ni bajaban vecinos... no tuve que llamar a la puerta, estaba abierta y entré, cerrando tras de mí sigilosamente. Estaba alli, de pie, desnudo y me quedé quieta cortada pensando si habría hecho bien en aceptar su invitación... no me dió tiempo a seguir pensando. Como si supiese que empezaba a dudar, se pegó contra mí y me besó. Desprendía calor y un olor a perfume intenso, que me envolvió mientras su mano buscaba el borde de la falda y se perdía por debajo de la tela, llegando a mis bragas y estrujando mi sexo por encima de ellas. Gemí, nerviosa, excitada, con miedo a ser pillados y a la vez deseando continuar... -"estás mojada eh...",-susurró en mi oído. Me llevó de la mano al dormitorio invitándome a echarme en la cama deshecha mientras cerraba la ventana y echaba la cortina del todo para que no nos pudiesen ver. Me parecía increíble estar allí, justo enfrente de mi propia casa, con mi vecino, un completo desconocido que un rato antes había estado discutiendo con su mujer... ¡su mujer!... y ¿si volvía? Nos podía pillar en cualquier momento. Me quitó la camiseta y la falda y me dejó la ropa interior. Se tumbó a mi lado. Me sorprendía su tranquilidad y lentitud... yo pensaba en que su mujer volvería... temblaba algo asustada bajo sus caricias, por miedo a ser descubiertos. Lo hacía suavemente, me acariciaba sabiendo dónde tocar y cómo y yo me dejaba hacer, llevándome por la excitación y cerré los ojos cuando se colocó entre mis piernas, de rodillas sentado sobre sus talones.
-"¿Eres virgen?",-preguntó. Contesté con sinceridad.
-"No, pero no tengo mucha experiencia... tres o cuatro veces... "
Me quitó las bragas despacio, dejándolas a un lado de mi cuerpo y su mano ser perdió entre mis piernas, acariciando los muslos por la zona interior subiendo hacia arriba, haciéndome abrirlas para él. Abrí los ojos. Con la otra mano se masturbaba lentamente.... observándome temblar y comenzó a jugar con mi coño cubierto de abundante vello (por aquel entonces no me rasuraba) con el que jugueteó, estirando suavemente de él... mis 17 años eran impacientes y quería que me follase de una vez, pero no dije nada y le dejé hacer, algo me decía que podía ser bueno, muy bueno... sus dedos se metieron en mi interior: uno... gemí... dos... más fuerte... el pulgar buscó mi clítoris a a vez que me follaba con los dedos... me mojaba cada vez más. Cerré los ojos de nuevo y me concentré en sentir, mis gemidos aumentaron y me olvidé de la tensión de la posibilidad de ser descubiertos... y me penetró.
Resbaló en mi interior con asombrosa facilidad gracias a mis flujos, noté su polla más grande de lo que conocía hasta entonces. Sus movimientos eran lentos pero muy intensos y profundos, notando cómo me llenaba en cada embestida y pensé que no me extrañaba que su mujer fuese tan escandalosa... yo tenía ganas de gritar. Fue aumentando el ritmo poco a poco, agarrándome de las caderas atrayendo mi cuerpo contra el suyo. Y entonces paraba, volviendo a ese ritmo lento y profundo... me volvía loca.
-"¿Te follas a los de tu clase preciosa?",-me preguntó sin parar de penetrarme. La pregunta me sorprendió y entre gemidos respondí que no, que no me gustaban los chicos de mi edad, que prefería los tíos más mayores. Y era la verdad.
Cambió de postura y se tumbó sobre mí, volviendo a penetrarme al instante. Entonces el ritmo aumentó. Su cara frente a la mía, sus ojos verdes clavándose en los míos mientras su polla me taladraba y me hacía chorrear... -"¿Y cuántas veces han hecho que te corras?",-Preguntó de nuevo.
-"Dos",-respondí. -"¿Serás tú el tercero en lograrlo?",-dije, provocándole. Y su respuesta no fueron palabras. Me folló más deprisa, mas intenso y mis gemidos tuvieron que ser ahogados por la almohada, que cogí para morder y que nadie me escuchase.
El orgasmo llegó sin avisar, intenso, rápido... casi pensaba que me hacía pis encima. Y él aguantó hasta entonces, saliendo de mí, quitándose el condón y corriéndose sobre mi vientre.
La mujer no nos pilló. El sabía que ella no volvería hasta pasadas al menos dos horas, me lo confesó despúes del polvo estupendo que habíamos pegado. Me lavé, me vestí y volví a casa a la media hora. Mis padres no habían regresado y lo agradecí, porque tenía que ducharme... mi cuerpo aún desprendía el olor que él me había dejado impregnado.
No nos preguntamos nombres, no hicimos por saber nada más el uno del otro. Nuestras vidas continuaron como si no hubiese pasado nada. No habíamos quedado en ello pero fue un pacto silencioso.
En agosto desaparecieron de la casa, nunca supe porqué ni dónde fueron.
Por aquel entonces yo acababa de cumplir los 17 y me había sentido muy atraída por él desde el primer cruce en la escalera: unos 34 años, alto, buen cuerpo, pelo casi rubio siempre revuelto, siempre vestido con vaqueros y camisas o camisetas oscuras y sus eternas gafas de sol tan negras que no dejaban ver sus ojos... pero yo pude verlos aquella tarde de junio...
Vivían justo en la puerta de enfrente a nuestra casa y el patio no era muy grande por lo que si no teníamos un poco de cuidado, la intimidad de las habitaciones que daban al patio quedaba al descubierto, nos veíamos perfectamente sin problema.
Esa tarde yo estaba en casa sola, en ropa interior como casi siempre, mis padres se habían ido a dar una vuelta y me encontraba leyendo en la habitación que daba al patio, donde solía "estudiar" y pintar cuando le escuché discutir acaloradamente. Mi atención pasó del libro a la discusión, apagando la luz de la lampara de mesa y escondiéndome tras las cortinas para espiarles, la ventana de la habitación la tenían abierta de par en par y podía verles perfectamente. El ambiente se fue calentando hasta que tras unos minutos dando voces, ella salío de casa dando un portazo.Me quede obsevándole... permaneció un par de minutos de pie, quieto, como decidiendo qué paso dar. Casi iba a darme la vuelta y volver a mi lectura cuando vi cómo se quitaba la camiseta... el espectáculo merecía la pena: un torso bien formado, marcado y se apreciaba durito, un tatuaje que no apreciaba qué era en el pectoral... y empecé a excitarme al ver cómo continuó desnudándose, allí, frente a mí, hasta mostrarse por completo con la ventana abierta, sin ningún pudor ya que podrían verle. Moví la cortina que me ocultaba, sin querer, nerviosa y entonces se acercó a la ventana y corrió la cortina un trozo, mirando hacia donde yo me encontraba. Me quedé paralizada sintiéndome descubierta pero cuando vi que dejó la ventana sin cubrir del todo y que podía seguir viéndole, continué en mi posición de espía. Y me sonrío, sí, a mí, sin dejar de mirar a mi ventana. Y entonces confirmé que sí, que me había descubierto aunque yo pensaba que no podría hacerlo y me relajé sabiendo que no le importaba. Desde mi posición, pude ver cómo se sentaba en un butacón que había a los pies de la cama, que era prácticamente lo único que podía ver de la habitación. Había dejado la cortina cerrada hasta esa altura adrede, le apetecía esa situación y entré en su juego cuando seguí observándole allí, desnudo.
Me descubrí, dejándome ver entre las cortinas que hasta ese momento me habían camuflado, mirándole descarada. Nuestras miradas se cruzaron antes de que bajase la pista para ver cómo se estaba tocando. ... notaba mi humedad creciendo, resbalando fuera de mí hasta mojar mis bragas y crecieron las ganas de tocarme y de más... mi imaginacíón adolescente se disparó y me ví con él, pero el temor a que mis padres regresaran y me pillasen me contenía. Pero me moría de ganas... mi coño deseaba probar lo que mis ojos estaban viendo, quería sentirle sobre mí, estar sobre él, follándonos, que me enseñase a darle placer y me lo proporcionase a mí, hacer que llegase el temblor de las piernas previo al orgasmo, comprobar que los gemidos de su mujer eran justificados por el inmenso placer que me haría sentir...
Estaba muy mojada, las bragas caladas y finalmente me dejé llevar y medio tapada por las cortinas mi mano se deslizó colándose por debajo de la goma de las bragas hasta mi sexo empapado, jugueteando con los labios, con mi raja hinchada por la excitación acumulada... él me hizo una señal entonces, como invitándome a ir con él.No podía creerlo.
Incluso dejé de tocarme, sorprendida. Ante mi pasividad, dejó su labor y se acercó a la ventana y me habló, sin vergüenza: "Ven, ahora".
Me entró una timidez repentina y me escondí un momento detrás de la cortina, recuperando la valentía al instante y asomando la cabeza como una niña curiosa: "Estás loco... tu mujer...",-dije, casi susurrando. Miré las ventanas alrededor. No quería que nadie supiese lo que estaba pasando. El sonreía mientras me miraba a los ojos, intimidándome. Volvió a invitarme (aunque casi sonaba a orden en realidad...) y volvió al butacón y continuó tocándose, provocándome... la imagen de lo que me ofrecía y en el fondo, lo arriesgado de la situación, me excitaban demasiado y me rendí.
Acepté, me vestí rápidamente y cerré la puerta de casa con llave, como si hubiese salido a la calle y comprobé que no subían ni bajaban vecinos... no tuve que llamar a la puerta, estaba abierta y entré, cerrando tras de mí sigilosamente. Estaba alli, de pie, desnudo y me quedé quieta cortada pensando si habría hecho bien en aceptar su invitación... no me dió tiempo a seguir pensando. Como si supiese que empezaba a dudar, se pegó contra mí y me besó. Desprendía calor y un olor a perfume intenso, que me envolvió mientras su mano buscaba el borde de la falda y se perdía por debajo de la tela, llegando a mis bragas y estrujando mi sexo por encima de ellas. Gemí, nerviosa, excitada, con miedo a ser pillados y a la vez deseando continuar... -"estás mojada eh...",-susurró en mi oído. Me llevó de la mano al dormitorio invitándome a echarme en la cama deshecha mientras cerraba la ventana y echaba la cortina del todo para que no nos pudiesen ver. Me parecía increíble estar allí, justo enfrente de mi propia casa, con mi vecino, un completo desconocido que un rato antes había estado discutiendo con su mujer... ¡su mujer!... y ¿si volvía? Nos podía pillar en cualquier momento. Me quitó la camiseta y la falda y me dejó la ropa interior. Se tumbó a mi lado. Me sorprendía su tranquilidad y lentitud... yo pensaba en que su mujer volvería... temblaba algo asustada bajo sus caricias, por miedo a ser descubiertos. Lo hacía suavemente, me acariciaba sabiendo dónde tocar y cómo y yo me dejaba hacer, llevándome por la excitación y cerré los ojos cuando se colocó entre mis piernas, de rodillas sentado sobre sus talones.
-"¿Eres virgen?",-preguntó. Contesté con sinceridad.
-"No, pero no tengo mucha experiencia... tres o cuatro veces... "
Me quitó las bragas despacio, dejándolas a un lado de mi cuerpo y su mano ser perdió entre mis piernas, acariciando los muslos por la zona interior subiendo hacia arriba, haciéndome abrirlas para él. Abrí los ojos. Con la otra mano se masturbaba lentamente.... observándome temblar y comenzó a jugar con mi coño cubierto de abundante vello (por aquel entonces no me rasuraba) con el que jugueteó, estirando suavemente de él... mis 17 años eran impacientes y quería que me follase de una vez, pero no dije nada y le dejé hacer, algo me decía que podía ser bueno, muy bueno... sus dedos se metieron en mi interior: uno... gemí... dos... más fuerte... el pulgar buscó mi clítoris a a vez que me follaba con los dedos... me mojaba cada vez más. Cerré los ojos de nuevo y me concentré en sentir, mis gemidos aumentaron y me olvidé de la tensión de la posibilidad de ser descubiertos... y me penetró.
Resbaló en mi interior con asombrosa facilidad gracias a mis flujos, noté su polla más grande de lo que conocía hasta entonces. Sus movimientos eran lentos pero muy intensos y profundos, notando cómo me llenaba en cada embestida y pensé que no me extrañaba que su mujer fuese tan escandalosa... yo tenía ganas de gritar. Fue aumentando el ritmo poco a poco, agarrándome de las caderas atrayendo mi cuerpo contra el suyo. Y entonces paraba, volviendo a ese ritmo lento y profundo... me volvía loca.
-"¿Te follas a los de tu clase preciosa?",-me preguntó sin parar de penetrarme. La pregunta me sorprendió y entre gemidos respondí que no, que no me gustaban los chicos de mi edad, que prefería los tíos más mayores. Y era la verdad.
Cambió de postura y se tumbó sobre mí, volviendo a penetrarme al instante. Entonces el ritmo aumentó. Su cara frente a la mía, sus ojos verdes clavándose en los míos mientras su polla me taladraba y me hacía chorrear... -"¿Y cuántas veces han hecho que te corras?",-Preguntó de nuevo.
-"Dos",-respondí. -"¿Serás tú el tercero en lograrlo?",-dije, provocándole. Y su respuesta no fueron palabras. Me folló más deprisa, mas intenso y mis gemidos tuvieron que ser ahogados por la almohada, que cogí para morder y que nadie me escuchase.
El orgasmo llegó sin avisar, intenso, rápido... casi pensaba que me hacía pis encima. Y él aguantó hasta entonces, saliendo de mí, quitándose el condón y corriéndose sobre mi vientre.
La mujer no nos pilló. El sabía que ella no volvería hasta pasadas al menos dos horas, me lo confesó despúes del polvo estupendo que habíamos pegado. Me lavé, me vestí y volví a casa a la media hora. Mis padres no habían regresado y lo agradecí, porque tenía que ducharme... mi cuerpo aún desprendía el olor que él me había dejado impregnado.
No nos preguntamos nombres, no hicimos por saber nada más el uno del otro. Nuestras vidas continuaron como si no hubiese pasado nada. No habíamos quedado en ello pero fue un pacto silencioso.
En agosto desaparecieron de la casa, nunca supe porqué ni dónde fueron.
Carta a un demonio...
Sentada en la cafetería esperaba que llegases... te había mandado un sms diciéndote dónde estaba sentada. Así que mientras esperaba, dejé el teléfono sobre la mesa, con el sonido al mínimo y me tomé mi cocacola leyendo el periodico. Por el rabillo del ojo te ví. Sabía que eras tú, eras igual que en la foto. Pero me quedé callada, me sonreí haciéndome la loca. Me miraste, y vi la luz del móvil encenderse. Una llamada tuya. La ignoré.
-"No guapetón, si quieres algo, arriésgate y acércate a ver si soy yo",-pensé.
Seguí observándote con disimulo. Alto, fuerte, pelo muy cortito moreno... buena planta sí señor... y por fin te decidiste.
Y yo, me hice la sorprendida.
Te sentaste frente a mí. Te noté muy cortado, o tal vez frío, aunque siempre quieras hacer tu papel de demonio malvado y pervertido... ay demonio demonio... ¿se te va la fuerza por la boca?.
Yo, tan natural y desenvuelta charlaba mientras te dejaba observarme casi en silencio... el escote de mi camiseta dejando ver gran parte de mis pechos y mi tatuaje no era casualidad.
¿Quién tienta a quién demonio?
Tus ojos me atrajeron... esa mirada oscura, que a veces parecía intentar escudriñar mi interior, pero sin lograrlo... si lo hubieses hecho habrías visto cómo ganarme y tenerme fácilmente aprisionada por tus fuertes brazos... mientras te observaba me imaginaba cómo sería estar contigo... y me gustó fantasear con ello, pero me dije que no, que no demostrabas suficiente interés por mí y no me va lo de follar con alguien que no me demuestra nada... me gusta la pasión y no digo que tendrías que haberme cogido y haberme puesto contra la mesa y follarme allí mismo (...mmm... no no) pero algo más de efusividad...
Tu boca... sin ser amiga de los besos me apeteció besarte... me gustó tu boca, la imaginé dulce, suave... casi me relamo pensando en éllo, me tuve que contener.
Y sí, lo reconozco, me mojé fantaseando mientras hablábamos (más bien poco, eres hombre de demasiadas pocas palabras y de acción... no lo has demostrado), con estar prisionera bajo tu cuerpo, con sentir tus embestidas, sentir al demonio llenándome, deslizándose dentro y fuera de mí empapada,. pero te encuentro tan... parado...
En la entrada del metro, cuando nuestros caminos se separaban y decíamos que nos veríamos para algo más, seguro, te vi mirarme y supe lo que ibas a hacer... aunque te costó, te mostraste indeciso y eso me hizo gracia... ese aire de dominación de la situación y a la vez esa indecisión conmigo... mmm casi podría decir que noté que temblabas... o es un caso distinto y soy yo la que te provoca eso?? no, no creo, no me creo tan especial... y me besaste y me dejé y te correspondí.
Un beso leve y suave... así besan los demonios?
Plegaria...
Sedúceme
haz que te lo pida
Tienes que conseguirme
Corrómpeme

Hazme desearte y
querer sentirte en mi interior
Imponte
que mi placer sea
tu placer
Mi piel sólo para tí
Purifícame
Aparta el miedo de mi mente
Llena mi alma de tu esencia
Túrbame...
hazme sentir inexperta
que olvide todo lo anterior a tí
haz que te lo pida
Tienes que conseguirme
Corrómpeme

Hazme desearte y
querer sentirte en mi interior
Imponte
que mi placer sea
tu placer
Mi piel sólo para tí
Purifícame
Aparta el miedo de mi mente
Llena mi alma de tu esencia
Túrbame...
hazme sentir inexperta
que olvide todo lo anterior a tí
La noche anterior
Nadie diría que debajo de una apariencia casi inocente, el pelo recogido en una coleta alta, poco maquillada, vestida con una falda gris cruzada por la rodilla, un jersy rosa, unos zapatos planos con hebillita, casi como si fuese un uniforme del colegio, uno se podria sorprender hallándola con un bustier de encaje negro y el liguero a juego que sujeta las medias color carne y que no lleva bragas.
El pidió que fuese asi hoy a la oficina y ella ha cumplido su capricho, como si de una orden se tratase, un juego que les excita y hace que ella esté mojada todo el día.
Sentada en el borde de la silla, detrás de su mesa en el despacho abre las piernas de vez en cuando y siente la libertad de su sexo rasurado y desnudo y unas ganas tremedas de tocarse allí mismo la invaden... se excita pensando que su compaña, sentada frente a ella, sería ajena a toda esa situación.
Está muy mojada y seguirá estándolo todo el día, pensando en que él también estará excitado pensando en ella, imaginándola sin bragas y empapada atendiendo a la petición de la noche anterior.
Se calienta sólo con escuchar su voz al otro lado del teléfono y él aprovecha la situación y juegan a través de la línea telefónica... pregunta cómo va vestida...
-"Un pijama rosa, pantalón y camiseta... hoy hace algo de frío",-contesta ella. El pide que se lo quite y se quede completamente desnuda.
-"Un zorrón como tú no debería llevar ropa nunca...",-comenta él sonriéndose mientras ella se desnuda, -"¿tienes el consolador a mano?". Ella asiente y lo busca en el cajón de la mesita de noche.
-"Lo tengo",-dice.
-"Quiero que te sientes al borde de la cama sobre él, que te lo metas y que notes su punta clavándose en el fondo de ese coño que sé que ya estará mojado, quiero que te muevas sobre él y acaricies tu clítoris suavemente, hasta que chorrees...".
Ella lo hace, ya está muy mojada y nota clavarse el consolador como él dijo cuando se deja caer sobre él, duele un poco, es grande, pero está dispuesta a soportarlo, porque sabe que va a disfrutar ya que prácticamente todo lo que hace con él le gusta, la calienta, la excita, todo hace que termine corriéndose.
Se mueve sobre el consolador despacio, como él dice, mientras escucha su voz diciéndole que es una auténtica zorra, que haría cualquier cosa por sentir su coño caliente y lleno y que eso le vuelve loco.
-"Deja de moverte, ahora... dime, ¿cómo está tu coño?",-pregunta al otro lado del teléfono. Ella responde con la verdad, que está muy mojada, casi entre susurros debido a la excitación. Es cierto, comienza a notar que los flujos mojan el exterior de su coño y la parte que queda fuera del consolador.
-"Ahora tomarás entre los dedos el pezón derecho y lo pellizcarás, lo estirarás poco a poco, lo retorcerás y luego, me pedirás cambiar al izquierdo y harás lo mismo... hazlo ahora".
Sus dedos buscan su pezón, lo acarician unpoco antes y lo ponen duro para entonces pellizcarlo con sus dedos índice y pulgar y comienza a estirarlo mientras le cuenta a él cómo lo hace. Cuanto más estira y retuerce más duele y comienza a gemir y los quejidos escapan de su garganta. No puede evitar que sus caderas se muevan sobre el consolador buscando placer...
-"Eso es mi puta... sigue... ahora cambia al otro",-ella lo hace y siente como los flujos desbordan la barrera del consolador y fluyen al exterior... está mojando su sexo, el consolador y la sábana. Cierra los ojos y se imagina de nuevo con él, siente que son sus dedos los que aprisionan sus pezones y que la voz al telefóno en realidad es su voz susurrándole al oído. El sexo por teléfono nunca fue santo de su devocón, pero con él, todo vale...
-"Ahora vuelve a moverte, siente el consolador llenándote y acaricia tu clítoris otra vez, suavamente, pero no quiero que te corras todavía...",- la conoce... sabe que con él suele llegar enseguida al orgasmo pero también sabe cómo frenarla. Tiene que reprimirse para no moverse más deprisa y correrse en ese mismo instante. -"Sé que estás a punto, te conozco lo suficiente, pero no, aún no... para de tocarte y de moverte, ahora".
Ella gime y se queja, lo desea tanto... pero se contiene y para, como él quiere. Le dice que se tumbe boca arriba sin dejar salir el consolador de su interior y que abra las piernas al máximo. que se imagine que está frente a la cama, observándola y que ella debe abrirse hasta que le duela para mostrarse completamente ante él. Que se imagine atada por los tobillos a los extremos de la cama, forzada al máximo, expuesta.
Lo hace, abre sus piernas mientras una mano sujeta el consolador en su interior. Cierra los ojos de nuevo y le escucha atenta, mojada, con la boca entreabierta, como esperando que él la llene con su polla, que es lo que desearía en ese momento.
-"Ahora vas a golpear con la palma de la mano tu coño, quiero que saques el consolador y lo hagas, que golpees 3 veces y yo lo escuche bien y después restriegues tu flujo por todo tu coño y hasta tu culo... quiero que tus propios flujos sean el lubricante, porque vas a meter tu dedo índice en tu culito de zorra masoquista y el consolador de nuevo en tu coño de puta".
Ella saca el consolador y lo deja descansar sobre su vientre mientras, toma aire y golpea como él ha indicado, imaginando que es la mano de él, no la suya y lo hace fuerte, como sabe que él desea y gime y él susurra que su dolor es lo que él quiere y que ella debe ofrecérselo y si lo hace, obtendrá todo el placer que desea.
Mientras, lubrica la entrada de su culo con sus dedos... dobla las rodillas para facilitar su labor y mete el consolador de nuevo en su sexo y la punta del dedo en su culo. El pregunta qué siente.
-"Es humillante...",-confiesa.
-"Lo es pero... te gusta... ahora metería mi polla en tu boca, ahora que está tremendamente dura, mientras sigues en esa postura, mientras mantienes el dedo en tu culo...",-asegura él. Y ella asiente avergonzada y él dice que la desea así, dolida, humillada y, a la vez, plena, excitada y alcanzando un placer inmenso.
Ahora quiere que coja con sus dedos sus labios mayores y los estire hacia los lados, como si quisiera mostrar todo su interior, la plenitud de su rosado coño lleno con el consolador. Ella lo hace, imaginándosele ahí, mirándola, con la polla tan dura por ella que fuese a estallarle.
-"Para... vas a follarte con ese consolador, clavándotelo hasta el fondo de tu vientre, hasta hacerte daño, como si te estuviesen forzando, que sientas que vas a estallar en esa mezcla de dolor y placer y que me pidas permiso antes de correrte... y quiero oirte gritar, no gemir, gritar, mi puta...".
El consolador entra y sale de su coño con fuerza, cada vez más deprisa, cada vez más mojado y cubierto de su flujo, provocándole un dolor y placer indescriptibles y gime y pide permiso para correrse cuando las piernas empiezan a temblarle. Y él consiente con un "adelante" y ella grita al correrse, gime y se escucha a sí misma como si su cuerpo no fuese suyo...
El pidió que fuese asi hoy a la oficina y ella ha cumplido su capricho, como si de una orden se tratase, un juego que les excita y hace que ella esté mojada todo el día.
Sentada en el borde de la silla, detrás de su mesa en el despacho abre las piernas de vez en cuando y siente la libertad de su sexo rasurado y desnudo y unas ganas tremedas de tocarse allí mismo la invaden... se excita pensando que su compaña, sentada frente a ella, sería ajena a toda esa situación.
Está muy mojada y seguirá estándolo todo el día, pensando en que él también estará excitado pensando en ella, imaginándola sin bragas y empapada atendiendo a la petición de la noche anterior.
Se calienta sólo con escuchar su voz al otro lado del teléfono y él aprovecha la situación y juegan a través de la línea telefónica... pregunta cómo va vestida...
-"Un pijama rosa, pantalón y camiseta... hoy hace algo de frío",-contesta ella. El pide que se lo quite y se quede completamente desnuda.
-"Un zorrón como tú no debería llevar ropa nunca...",-comenta él sonriéndose mientras ella se desnuda, -"¿tienes el consolador a mano?". Ella asiente y lo busca en el cajón de la mesita de noche.
-"Lo tengo",-dice.
-"Quiero que te sientes al borde de la cama sobre él, que te lo metas y que notes su punta clavándose en el fondo de ese coño que sé que ya estará mojado, quiero que te muevas sobre él y acaricies tu clítoris suavemente, hasta que chorrees...".
Ella lo hace, ya está muy mojada y nota clavarse el consolador como él dijo cuando se deja caer sobre él, duele un poco, es grande, pero está dispuesta a soportarlo, porque sabe que va a disfrutar ya que prácticamente todo lo que hace con él le gusta, la calienta, la excita, todo hace que termine corriéndose.
Se mueve sobre el consolador despacio, como él dice, mientras escucha su voz diciéndole que es una auténtica zorra, que haría cualquier cosa por sentir su coño caliente y lleno y que eso le vuelve loco.
-"Deja de moverte, ahora... dime, ¿cómo está tu coño?",-pregunta al otro lado del teléfono. Ella responde con la verdad, que está muy mojada, casi entre susurros debido a la excitación. Es cierto, comienza a notar que los flujos mojan el exterior de su coño y la parte que queda fuera del consolador.
-"Ahora tomarás entre los dedos el pezón derecho y lo pellizcarás, lo estirarás poco a poco, lo retorcerás y luego, me pedirás cambiar al izquierdo y harás lo mismo... hazlo ahora".
Sus dedos buscan su pezón, lo acarician unpoco antes y lo ponen duro para entonces pellizcarlo con sus dedos índice y pulgar y comienza a estirarlo mientras le cuenta a él cómo lo hace. Cuanto más estira y retuerce más duele y comienza a gemir y los quejidos escapan de su garganta. No puede evitar que sus caderas se muevan sobre el consolador buscando placer...
-"Eso es mi puta... sigue... ahora cambia al otro",-ella lo hace y siente como los flujos desbordan la barrera del consolador y fluyen al exterior... está mojando su sexo, el consolador y la sábana. Cierra los ojos y se imagina de nuevo con él, siente que son sus dedos los que aprisionan sus pezones y que la voz al telefóno en realidad es su voz susurrándole al oído. El sexo por teléfono nunca fue santo de su devocón, pero con él, todo vale...
-"Ahora vuelve a moverte, siente el consolador llenándote y acaricia tu clítoris otra vez, suavamente, pero no quiero que te corras todavía...",- la conoce... sabe que con él suele llegar enseguida al orgasmo pero también sabe cómo frenarla. Tiene que reprimirse para no moverse más deprisa y correrse en ese mismo instante. -"Sé que estás a punto, te conozco lo suficiente, pero no, aún no... para de tocarte y de moverte, ahora".
Ella gime y se queja, lo desea tanto... pero se contiene y para, como él quiere. Le dice que se tumbe boca arriba sin dejar salir el consolador de su interior y que abra las piernas al máximo. que se imagine que está frente a la cama, observándola y que ella debe abrirse hasta que le duela para mostrarse completamente ante él. Que se imagine atada por los tobillos a los extremos de la cama, forzada al máximo, expuesta.
Lo hace, abre sus piernas mientras una mano sujeta el consolador en su interior. Cierra los ojos de nuevo y le escucha atenta, mojada, con la boca entreabierta, como esperando que él la llene con su polla, que es lo que desearía en ese momento.
-"Ahora vas a golpear con la palma de la mano tu coño, quiero que saques el consolador y lo hagas, que golpees 3 veces y yo lo escuche bien y después restriegues tu flujo por todo tu coño y hasta tu culo... quiero que tus propios flujos sean el lubricante, porque vas a meter tu dedo índice en tu culito de zorra masoquista y el consolador de nuevo en tu coño de puta".
Ella saca el consolador y lo deja descansar sobre su vientre mientras, toma aire y golpea como él ha indicado, imaginando que es la mano de él, no la suya y lo hace fuerte, como sabe que él desea y gime y él susurra que su dolor es lo que él quiere y que ella debe ofrecérselo y si lo hace, obtendrá todo el placer que desea.
Mientras, lubrica la entrada de su culo con sus dedos... dobla las rodillas para facilitar su labor y mete el consolador de nuevo en su sexo y la punta del dedo en su culo. El pregunta qué siente.
-"Es humillante...",-confiesa.
-"Lo es pero... te gusta... ahora metería mi polla en tu boca, ahora que está tremendamente dura, mientras sigues en esa postura, mientras mantienes el dedo en tu culo...",-asegura él. Y ella asiente avergonzada y él dice que la desea así, dolida, humillada y, a la vez, plena, excitada y alcanzando un placer inmenso.
Ahora quiere que coja con sus dedos sus labios mayores y los estire hacia los lados, como si quisiera mostrar todo su interior, la plenitud de su rosado coño lleno con el consolador. Ella lo hace, imaginándosele ahí, mirándola, con la polla tan dura por ella que fuese a estallarle.
-"Para... vas a follarte con ese consolador, clavándotelo hasta el fondo de tu vientre, hasta hacerte daño, como si te estuviesen forzando, que sientas que vas a estallar en esa mezcla de dolor y placer y que me pidas permiso antes de correrte... y quiero oirte gritar, no gemir, gritar, mi puta...".
El consolador entra y sale de su coño con fuerza, cada vez más deprisa, cada vez más mojado y cubierto de su flujo, provocándole un dolor y placer indescriptibles y gime y pide permiso para correrse cuando las piernas empiezan a temblarle. Y él consiente con un "adelante" y ella grita al correrse, gime y se escucha a sí misma como si su cuerpo no fuese suyo...
Me inspira y me provoca...
Vuelvo a dormirme... no tardo en soñar de nuevo. Ahora estoy con él, entrando a su casa.Hemos cenado antes juntos. Yo llevo una falda negra con algo de vuelo, por la rodilla, una camisa y una chaqueta. Me he puesto zapato de tacón. Es alto, por lo tanto, me lo puedo pemitir... En el salón, me dice que me quite el abrigo y la chaqueta, lo hago y él lo recoge de mis manos, colocándolo sobre el respaldo de la silla a su izquierda. Me quedo quieta y callada esperando más "órdenes". Me dice que me desabroche la camisa y que apoye el pecho contra la mesa que hay junto al ventanal. Lo hago. Y me quedo así unos minutos, esperando, expectante, el cuerpo doblado sobre la mesa en un ángulo recto casi perfecto, las manos a ambos lados de mi cabeza que reposa apoyada sobre mi mejilla derecha. Tengo los ojos abiertos, le veo mirarme, quieto, sin decir nada, como si quisiera meterse en mi cabeza y saber qué pienso en ese instante...
Se acerca a mi lado y se coloca de manera que no puedo verle. NO me toca, pero su cuerpo desprende un calor que puedo sentir cercano. Entonces su mano levanta la parte trasera de mi falda, dejando reposar la tela sobre mis riñones... acaricia mi culo desnudo, las anchas caderas. En el restaurante, durante la cena, me ha pedido que me quite las bragas y se las diese y lo he hecho, con el mayor disimulo posible, allí mismo, sentada a la mesa mientras alrededor todos cenaban y charlaban ajenos a la situación que nosotros vivíamos. Tan sólo el liguero negro cubre con sus tiras la piel hasta llegar a las medias. Mi sexo se estremece al sentir sus caricias. Me da vergüenza que pueda llegar a descubrirme tan mojada, tan deseosa, impaciente por sentirle.
No me había tocado hasta ese momento, y quiero sentirle al máximo, saborearlo, disfrutarlo dejándome llevar por él. Y cierro los ojos. Y sus dedos se deslizan por mi piel despacio, llegando hasta la hendidura de mi sexo mojado. Acaricia los labios, la vulva, el clítoris... despacio... con una cadencia que me vuelve loca y muerdo mi labio inferior para no gemir. Mi orgullo me dice que no le muestre que empiezo a deshacerme en sus manos, pero, a la vez, quiero demostrarle que seré suya y que, como él quiere, estaré mojada todo el día por y para él, lista, dispuesta siempre para lo que quiera.
Sus manos en mi cuerpo por primera vez... hasta ahora sólo había sentido su mano en mi rodilla... escalofríos de placer recorren mi cuerpo, desde mi coño a mi cabeza, golpeando mi mente y anulando mis bloqueos, derrumbando mis barreras por momentos. Continúa acariciando mi sexo, mis muslos, mi culo, mi espalda, hace que abra un poco más las piernas y sea más accesible para él. Permanece en silencio, estudiando mis reacciones, mis gemidos, el leve movimiento de mi cuerpo reaccionando de manera natural a sus caricias.
Deseo que entre en mí, sentir su poder y como toma posesión de lo que ya es suyo... y a la vez quiero que no lo haga aún, seguir en esa situación, sentir sus manos, su poder creciendo sobre mí y controlando mi deseo... me da miedo perder el control.
Despierto... miedo y deseo van de la mano, dicen.
Llevo todo el día pensando en él. Escribo estas líneas y estoy excitada, cada vez más. Un sms suyo en mi móvil. PIensa en mí y eso excita mis sentidos aún más.
En el coche...
Aquella noche en su coche, nos dirigíamos a un destino que sólo ella conocia.. la música sonaba en la radio del coche y no hablábamos apenas... no quería decirte dónde íbamos y la carretería por la que subíamos el cerro se iba estrechando y cada vez había menos luz... súbíamos y ya no veía nada a mi alrededor, apenas las luces de la ciudad que dejábamos detras.
-Ana, dónde vamos...,- me preocupaba la carretera, no el destino en realidad,- que nos vamos a matar...
-Tú calla tonta, verás como merece la pena. Cuando yo te diga cierras los ojos y no hagas trampa.
Llegamos arriba del todo. Vi el cercado del terreno militar a nuestra derecha y continuamos hacia delante. Ya no se veía nada. Me djio que cerrase los ojos y lo hice, riéndome nerviosa.
Noté que parábamos y apagaba el motor del coche... el silencio nos rodeó. Me dijo que ya podía mirar y cuando abrí los ojos me encontré todo el valle a nuestros pies. La ciudad entera, sus luces y más aún a lo lejos. Era precioso. Me acerqué a ella y la besé en la mejilla peró giró la cabeza y nuestras bocas se encontraron, me tomó por la nuca haciendo que me levantase del asiento y pegándome contra ella y el beso se hizo intenso, profundo, pasional, húmedo. Como ella misma.
Su mano derecha se deslizó por mi cuello, desabrochó los botones de la chaqueta de punto y se encontró con mis pechos, acariciándolos por encima de la tela de la camiseta. Me dejé hacer, quieta, mientras dejaba de besarme y lamía mi rostro, mi boca, mis orejas, mi cuello, besándolo de nuevo, mordisqueándolo dulcemente. Estaba nerviosa. Ella no, o al menos, no lo parecía.
Desde que nos confesamos en aquel w.c. no habíamos pasado de toqueteos y besos pero noté que aquel día iba a ser diferente. Correspondí a sus caricias dejando caer mi mano en sus rodillas, subiendo por los muslos de piel blanca y suave cubiertos por el pantalón, hasta notar el calor entre sus piernas y apreté, froté, escuchando su gemido al instante.... ardía a través de la tela. Como mi propio sexo, que notaba caliente, empapado, producto del deseo y sus caricias... y entonces su mano bajo mi falda, levantando la tela y perdiéndose buscando el borde de las bragas y sin más salvando el obstáculo e indagando entre los pliegues de mi sexo mojado.
-Túmbate, échate hacia atrás... y relájate Marta, estás tensa,- me dijo, reclinando el asiento del coche mientras yo me dejaba hacer, con su otra mano en mi sexo, sintiéndola así mientras me miraba a los ojos y yo me moría de vergüenza.
Continuó acariciando mi vulva, deslizando los dedos arriba y abajo con facilidad por mi humedad... y seguía mojándome cuando metió un par de dedos en mi interior. Creí que me deshacía en ese momento. Cerré los ojos y me dejé llevar completamente. Quise incorporarme y no me dejó. Ella estaba de rodillas encima del asiento, inclinada sobre mí y entonces mi mano izquierda se perdió entre sus piernas volviendo a acariciar por encima de la tela su sexo. Ella, concentrada en acariciar mi clítoris, jugueteaba con él y nuestra respiración se hizo más fuerte, más profunda y rápida cada vez. Dejó por un momento de tocarme para subirme la camiseta y dejar al aire los pechos cubiertos por el sujetador, que apartó enseguida y me sorprendió entonces acercando su boca y lamiendo mis pezones, mordiéndolos hasta ponerlos tan duros que llegaban a doler. Ya no pude seguir tocándola, sino que me dejé hacer por ella, que al parecer, era lo que quería, ya que no facilitaba que yo acariciase... de hecho parecía que no quería que lo hiciese.
-Eso es, déjame a mí...,-me susurró al oido,- me encanta mirarte ahora mismo... ¿esa es la cara que ven los tíos cuando te follan? No me extraña que les guste estar contigo... pero ahora eres mía...,- al parecer incluso a ella le salía la vena dominante conmigo y yo estaba encantada.
"Obedecí" y me relajé completamente, cerré los ojos y entonces las sensaciones fueron mucho más intensas. Sus manos me tocaban como siempre lo hubiesen estado haciendo, como si supiera exactamente dónde tenía que tocar... y entonces entendí cual podría ser la diferencia al acostarse con una mujer y era eso, las dos teníamos puntos del placer prácticamente iguales, al menos físicamente... sus dedos mojados de mí en mi clítoris se movieron más deprisa, más fuerte y entonces no aguanté más y gemí con fuerza al correrme. Ella al notarlo, metió los dedos en mi interior, empapándolos con los flujos y enseñandomelos después para meterlos en mi boca enseguida. Los lamí con gusto, y me besó a la vez y las dos compartimos el sabor de mi coño en sus dedos.
-Ana, dónde vamos...,- me preocupaba la carretera, no el destino en realidad,- que nos vamos a matar...
-Tú calla tonta, verás como merece la pena. Cuando yo te diga cierras los ojos y no hagas trampa.
Llegamos arriba del todo. Vi el cercado del terreno militar a nuestra derecha y continuamos hacia delante. Ya no se veía nada. Me djio que cerrase los ojos y lo hice, riéndome nerviosa.
Noté que parábamos y apagaba el motor del coche... el silencio nos rodeó. Me dijo que ya podía mirar y cuando abrí los ojos me encontré todo el valle a nuestros pies. La ciudad entera, sus luces y más aún a lo lejos. Era precioso. Me acerqué a ella y la besé en la mejilla peró giró la cabeza y nuestras bocas se encontraron, me tomó por la nuca haciendo que me levantase del asiento y pegándome contra ella y el beso se hizo intenso, profundo, pasional, húmedo. Como ella misma.
Su mano derecha se deslizó por mi cuello, desabrochó los botones de la chaqueta de punto y se encontró con mis pechos, acariciándolos por encima de la tela de la camiseta. Me dejé hacer, quieta, mientras dejaba de besarme y lamía mi rostro, mi boca, mis orejas, mi cuello, besándolo de nuevo, mordisqueándolo dulcemente. Estaba nerviosa. Ella no, o al menos, no lo parecía.
Desde que nos confesamos en aquel w.c. no habíamos pasado de toqueteos y besos pero noté que aquel día iba a ser diferente. Correspondí a sus caricias dejando caer mi mano en sus rodillas, subiendo por los muslos de piel blanca y suave cubiertos por el pantalón, hasta notar el calor entre sus piernas y apreté, froté, escuchando su gemido al instante.... ardía a través de la tela. Como mi propio sexo, que notaba caliente, empapado, producto del deseo y sus caricias... y entonces su mano bajo mi falda, levantando la tela y perdiéndose buscando el borde de las bragas y sin más salvando el obstáculo e indagando entre los pliegues de mi sexo mojado.
-Túmbate, échate hacia atrás... y relájate Marta, estás tensa,- me dijo, reclinando el asiento del coche mientras yo me dejaba hacer, con su otra mano en mi sexo, sintiéndola así mientras me miraba a los ojos y yo me moría de vergüenza.
Continuó acariciando mi vulva, deslizando los dedos arriba y abajo con facilidad por mi humedad... y seguía mojándome cuando metió un par de dedos en mi interior. Creí que me deshacía en ese momento. Cerré los ojos y me dejé llevar completamente. Quise incorporarme y no me dejó. Ella estaba de rodillas encima del asiento, inclinada sobre mí y entonces mi mano izquierda se perdió entre sus piernas volviendo a acariciar por encima de la tela su sexo. Ella, concentrada en acariciar mi clítoris, jugueteaba con él y nuestra respiración se hizo más fuerte, más profunda y rápida cada vez. Dejó por un momento de tocarme para subirme la camiseta y dejar al aire los pechos cubiertos por el sujetador, que apartó enseguida y me sorprendió entonces acercando su boca y lamiendo mis pezones, mordiéndolos hasta ponerlos tan duros que llegaban a doler. Ya no pude seguir tocándola, sino que me dejé hacer por ella, que al parecer, era lo que quería, ya que no facilitaba que yo acariciase... de hecho parecía que no quería que lo hiciese.-Eso es, déjame a mí...,-me susurró al oido,- me encanta mirarte ahora mismo... ¿esa es la cara que ven los tíos cuando te follan? No me extraña que les guste estar contigo... pero ahora eres mía...,- al parecer incluso a ella le salía la vena dominante conmigo y yo estaba encantada.
"Obedecí" y me relajé completamente, cerré los ojos y entonces las sensaciones fueron mucho más intensas. Sus manos me tocaban como siempre lo hubiesen estado haciendo, como si supiera exactamente dónde tenía que tocar... y entonces entendí cual podría ser la diferencia al acostarse con una mujer y era eso, las dos teníamos puntos del placer prácticamente iguales, al menos físicamente... sus dedos mojados de mí en mi clítoris se movieron más deprisa, más fuerte y entonces no aguanté más y gemí con fuerza al correrme. Ella al notarlo, metió los dedos en mi interior, empapándolos con los flujos y enseñandomelos después para meterlos en mi boca enseguida. Los lamí con gusto, y me besó a la vez y las dos compartimos el sabor de mi coño en sus dedos.
Descubriendo algo más...
Habíamos quedado con el resto del grupo en el bar de siempre. Allí sentadas como era habitual las dos juntas, reíamos y charlábamos cuando Ana me pidió que la acompañase al baño. Lo hice y una vez allí, cerró con el pestillo.
Ana era una chica alta, grande, con unos inmensos ojos color miel y un pelo castaño largo que le caiga en tirabuzones por hombros y espalda. Tenía mi misma edad, apenas nos llevábamos unos meses. Nos entendíamos muy bien, en casi todo y ya no sabíamos estar la una sin la otra... conocíamos nuestras aventuras, nuestros secretos... aunque al parecer, no todo...
-Siéntate anda,- me pidió señalándome el inodoro,- que tengo que contarte algo... pero no quiero que te rías, prométemelo.
Lo prometí mientras bajaba la tapa del wc y me sentaba frente a ella, que se quedó de pie apoyada en la puerta. Estaba nerviosa y yo no imaginaba qué la podía estar pasando. Empezó a hablar mirando al suelo, como avergonzada...
-Mira, somos muy buenas amigas y en este tiempo pues... -vacilaba- no sé en qué momento ha sido que me he dado cuenta de que lo que yo siento por tí es más que cariño o amistad...
Sentí que mi rostro cambiaba el gesto de preocupación por el de sorpresa. Ella continuó ignorando el cambio y yo permanecí en silencio, dejándola continuar.
-No te imaginas lo mal que lo paso cuando dormimos juntas, teniéndote ahí a mi lado y poder abrazarte, besarte y más... o verte desnuda y desearte y no poder tenerlo... -mi boca empezó a esbozar una sonrisa y pasé a reir finalmente. Ella se enfadó, abrió el cerrojo disponiéndose a salir del wc. -Prometiste no reirte Marta...
Le impedí salir cerrando la puerta de un golpe y parándola, abrazándola.
-Ahora escúchame tú... -dije tomando su rostro entre mis manos y besando sus labios,- me río por la situación, imagina, en un servicio, hablando de sentimientos, secretos y mira, yo hace mucho que siento lo mismo que tú y jamás dije nada... deseo tocarte, que me toqaues... por eso me río, porque soy feliz.
Nos abrazamos, nos besamos, nos habíamos liberado de una carga inútil que habíamos llevado por no sincerarnos del todo con nuestros sentimientos y el deseo mutuo. Acordamos no contar nada ni ir pregonando lo nuestro pero también dejar sueltos nuestros sentimientos todo lo que se pudiera sin "escandalizar" a nadie... pero no siempre lo controlamos... y dimos mucho que hablar.
Ana era una chica alta, grande, con unos inmensos ojos color miel y un pelo castaño largo que le caiga en tirabuzones por hombros y espalda. Tenía mi misma edad, apenas nos llevábamos unos meses. Nos entendíamos muy bien, en casi todo y ya no sabíamos estar la una sin la otra... conocíamos nuestras aventuras, nuestros secretos... aunque al parecer, no todo...
-Siéntate anda,- me pidió señalándome el inodoro,- que tengo que contarte algo... pero no quiero que te rías, prométemelo.
Lo prometí mientras bajaba la tapa del wc y me sentaba frente a ella, que se quedó de pie apoyada en la puerta. Estaba nerviosa y yo no imaginaba qué la podía estar pasando. Empezó a hablar mirando al suelo, como avergonzada...
-Mira, somos muy buenas amigas y en este tiempo pues... -vacilaba- no sé en qué momento ha sido que me he dado cuenta de que lo que yo siento por tí es más que cariño o amistad...
Sentí que mi rostro cambiaba el gesto de preocupación por el de sorpresa. Ella continuó ignorando el cambio y yo permanecí en silencio, dejándola continuar.
-No te imaginas lo mal que lo paso cuando dormimos juntas, teniéndote ahí a mi lado y poder abrazarte, besarte y más... o verte desnuda y desearte y no poder tenerlo... -mi boca empezó a esbozar una sonrisa y pasé a reir finalmente. Ella se enfadó, abrió el cerrojo disponiéndose a salir del wc. -Prometiste no reirte Marta...
Le impedí salir cerrando la puerta de un golpe y parándola, abrazándola.
-Ahora escúchame tú... -dije tomando su rostro entre mis manos y besando sus labios,- me río por la situación, imagina, en un servicio, hablando de sentimientos, secretos y mira, yo hace mucho que siento lo mismo que tú y jamás dije nada... deseo tocarte, que me toqaues... por eso me río, porque soy feliz.
Nos abrazamos, nos besamos, nos habíamos liberado de una carga inútil que habíamos llevado por no sincerarnos del todo con nuestros sentimientos y el deseo mutuo. Acordamos no contar nada ni ir pregonando lo nuestro pero también dejar sueltos nuestros sentimientos todo lo que se pudiera sin "escandalizar" a nadie... pero no siempre lo controlamos... y dimos mucho que hablar.
HE VUELTOOOOO!!!!!
el problema era el antivirus y una vez el bicho ha muerto (sí sí, el antivirus era el bicho) puedo publicar de nuevo y no complicarme la vida con otro blog!!!! BIEEEEEEN
Actualizaciones
Por problemas técnicos no puedo actualizar el blog desde casa... si puedo arreglarlo seguiré con el blog...
Besitos húmedos.
Cambio y corto.
Besitos húmedos.
Cambio y corto.






