logotipo

img_google
Condúceme al placer...
Escritos y fotografías explícitas, MAYORES DE 18 AÑOS

Acerca de

las sirenas atraían a los hombres con sus cantos... yo pretendo atraerte y llegar a engancharte con mis palabras... siendo yo misma... con mi esencia.

Sindicación

 
Pudo ser... Prohibido
Eras unas frases y un nombre en la pantalla. Luego, una dirección de correo. Algo más tarde, un número de teléfono. Finalmente has sido unos sms que, cosas de la vida, desembocaron en una llamada de teléfono.
"Estoy en casa, solo"
"Yo tambien stoy sola,si quiers podmos charlar, tngo ganas de conocr tu voz"


Me gusta tu voz. Es fuerte y dulce a la vez. Sonrío, como si pudieses verme... Ojalá pudieses verme aquí, tumbada en la cama, deseándote. La conversación es de lo más natural y erótica a la vez. Me imagino contigo, en mi cama. Siento que atas suavemente mis muñecas al cabecero. Que cubres mis ojos con un pañuelo. Y que siento tus manos por toda mi piel. Pero no te digo lo que estoy pensando. No. No debo. Pasado un rato miro el reloj.
"Tengo que irme ya"
"No",-me dices. "Bueno, sí..."

Me quedo contigo. Me confiesas que estás excitado por nuestra conversación y que la imaginación te ha traicionado. Te digo que a mí también, que estoy empapada. Sonrío, río nerviosa. Quieres escuchar mis gemidos, quieres oirme obteniendo placer. MI sexo palpita, rezuma, desea. Mi mano se pierde por debajo de mis bragas negras.
"Me estoy tocando, estoy empapada" Tú también lo estás haciendo. Y me susurras al oído cuánto te gusto, lo que querrías hacer conmigo, cómo me tocarías, cómo me tomarías, cómo me someterías a tu voluntad, cómo tu carne se hundiría en mi carne. Mis gemidos aumentan, me pides más. Mis dedos se deslizan por la humedad de mi sexo, cada vez más deprisa, hasta que finalmente... estallo. Y tú también.
Reimos. Ahora sí que tengo que colgar, llego tarde. Pero ha merecido la pena quedarme contigo. Nuestra primera y última vez.

Seguiré visitando otras camas, otros cuerpos me tendrán, otras pieles se confundirán con la mía, otras bocas conocerán mi sabor, otras manos me acariciarán y yo pensaré en tí muchas veces, en lo que pudo ser.
Yo sólo deseaba hacer tus fantasías realidad.
 
Algo inesperado 4 (y fin...)
Yo estaba algo entumecida por el frío y la postura. Ninguno de los dos me dijisteis nada cuando os acercásteis de nuevo a mí. Tu amigo se colocó detrás de mí y sin miramientos me penetró. Sus embestidas eran fuertes, como si quisiese llegar a lo más profundo e intimo de mí, llegando a hacerme sentir algo de dolor. Escuchar mis gemidos me excitaba aún más.

Tú tomaste mi cabeza entre tus manos y tu sexo excitado de nuevo se perdió en mi boca. Tus movimientos eran lentos pero profundos…
Los minutos transcurrían lentamente, yo no quería que aquello acabase. Te escuchaba diciéndome obscenidades mientras seguías entrando y saliendo de mi boca.
“¿Cómo puedes ser tan zorrón?, no sabes quién es ese tío que te está follando… Estás dando un espectáculo... así, mojada, empapada y gozando como una perra en celo siento tratada así…, eres una verdadera guarra”

Usásteis mi sexo por turnos. Llegué a tener varios orgasmos, de manera brutal… habíais intensificado los movimientos dentro de mi sexo, provocándolo adrede.
Tu amigo volvio a derramarse en mi cara otra vez. Aún tenía el semen seco de la anterior corrida pegado en mi cuerpo. Tu amigo se retiró, arreglándose la vestimenta apoyado en el coche, encendió un cigarro y se quedó mirándonos.

Me agarraste del brazo obligándome a levantarme. Tenía las piernas casi dormidas y tuve que apoyarme en tí para poder caminar. Me empujaste contra el capó del coche, dejándome allí apoyada, con la falda subida, dejando mi culo al aire. Lo acariciaste y perdiste tu mano en mi sexo, frotándolo, haciendo que la proximidad de otro orgasmo me invadiese, haciéndome temblar otra vez más. Con tus manos abriste mis nalgas y me observaste unos momentos, tus dedos mojados en mi propio flujo jugaron con el agujero de mi culo e invadieron mi interior... gemí, sorprendida y algo asustada. Aquello no era habitual. Uno par de minutos después, tu sexo me invadía y parecía desgarrar mis entrañas, pero me gustaba. Sentí el calor de tu semen en mis nalgas, resbalando.

Me acariciaste, me besaste dulcemente, me ayudaste a limpiarme y a arreglarme como pudimos. Reíamos ahora los tres en el coche, camino de tu casa. La noche y tu juego habían salido "a pedir de boca".
 
Algo inesperado 3 (seamos OBSCENOS... a veces resulta sexy)
Al instante cogiste mi mano y la colocaste en la ya abultada entrepierna de tu amigo, diciéndome que le hiciese pasarlo bien. Comencé a acariciarle, me dejaste “libertad de movimientos” y permaneciste mirando a nuestro lado.
Tu amigo metió la mano entre mi piernas mientras con la otra me desabrochaba los botones de la blusa, dejando el sujetador al aire. Se paró un momento y espetó un burdo halago sobre mis pechos, sobre su forma y su tamaño, sobre lo que haría. Pero no hablaba conmigo, se dirigía a tí en todo momento, allí yo sólo era un cuerpo, una boca, un objeto para el placer… y buscó mi boca para besarla. Su lengua sabía a ginebra y estaba caliente. Me lamió la cara, los labios, el cuello.
Me dejé llevar, me abandoné y liberé mi tensión, eché la cabeza hacia atrás. Mi sexo ya no podía hincharse más, hasta me dolía, la situación me estaba acercando al orgasmo sin necesidad de más caricias… los primeros jadeos y el movimiento de mis caderas así lo indicaron, y tú te acercaste a mi oido y me susurraste que no se me ocurriese correrme.
Escuché el inconfundible sonido de una cremallera… abrísteis las puertas del coche y me hicísteis salir... la noche era fresca. Miré a nuestro alrededor. Nada ni nadie. Tu amigo se sentó con las piernas abiertas fuera del coche. Su sexo, erecto, duro, esperaba. Sin que me dijeséis nada, me arrodillé entre sus piernas y lo tomé con las manos, suavemente… Tú te acercaste detrás de mí y agarrándome de la cabeza hiciste que me tragase aquel pedazo de carne, "ordenándome" que lamiese como una buena zorra. Retiré las manos y tú las sujetaste a mi espalda con una brida. Sujetaste mi cabeza de nuevo y continuaste indicando el ritmo de la mamada. La polla de tu amigo entraba y salía de mi boca cada vez más profundo, hasta lograr provocarme las arcadas. Yo humillaba la cabeza, cerraba los ojos y lamía, tragaba… el ritmo aumentó. Tu amigo jadeaba ya profundamente. “Quiero correrme en su cara”, te dijo.
Tiraste de mí sacando la polla de mi boca y haciendo que cayese hacia atrás, perdiendo totalmente el equilibrio, quedando sentada sobre mi culo… me hiciste sentir sucia, la más sumisa y humillada, tirada en el suelo, atada, las medias rotas, medio desnuda, contigo sujetándome la cabeza, ofreciendo a tu amigo mi cara mientras se corría en ella… era algo increíble para mí, era una situación obscena, indecente, sucia… cuando terminó, me dejásteis un momento así tirada sin hacerme caso, con el semen resbalando por mi cara y pecho.
Te acercaste y cortaste la brida que sujetaba mis brazos detrás. Me dijiste que me pusiese a cuatro patas.
Obedecí. El asfalto, frío y áspero se clavaba en mis rodillas. Y vosotros estábais sentados en el coche, charlando, fumando.
 
Algo inesperado 2
Volvimos a la mesa y tú esperabas sonriente. Volví a colocarme entre los dos. “¿Y bien?”,preguntaste a tu amigo, de nuevo, como si yo no existiera. Estaba muy excitada con ese juego. “efectivamente, está empapada…,-contestó tu amigo,- “es tan caliente como me dijiste…”.
Hablásteis de mí como si no estuviese delante.Me sentí un objeto, avergonzada, humillada, lo que aumentaba mi excitación. Pensaba que al levantarme se notaría la humedad manchando mi falda. Estaba muerta de vergüenza. Tú le hablaste a tu amigo de nuestras citas, de la manera de excitarme sólo con rozarme, charlabáis animadamente mientras tocábais mis muslos e incluso deslizábais los dedos por mi escote, mis orejas, mi cuello… no supe ni quien, desabrocho algún botón de mi blusa, dejando ver el encaje del sujetador. Terminamos la bebida y me diste las llaves del coche, diciéndome que os esperase fuera, en el asiento de atrás.

Esperé fuera, sentada detrás, unos diez minutos. Mi excitación aumentaba con la espera, quieta, sola, reviviendo al cerrar los ojos un momento los momentos anteriores en el pub. Os ví salir y hablar a unos metros del coche. Pensé que os despediríais en ese momento y tú y yo nos iríamos a tu casa. Respiré aliviada pero en realidad, reconozco que estaba deseando que aquello continuase, que los dos siguiéseis sobándome, "usándome"… mi sexo se hinchaba, estaba cada vez más excitada, notaba el calor creciente entre mis piernas. No pude evitar volver a cerrar los ojos y apreté las piernas queriendo calmar así mi ansioso sexo. Finalmente, te sentaste al volante. Tu amigo entró al coche y ocupo el asiento delantero, junto a ti.
El coche tomaba las calles lentamente, vosotros hablábais de vuestras cosas, ignorándome. Me sentía observada de vez en cuando, por el retrovisor. Permanecí callada, quieta, en el centro del asiento trasero. No sabía dónde estabamos ya. Apenas había luz y no había tráfico. Me pareció dejar atrás un parque, unos bloques de pisos y llegar a una zona deshabitada… apenas una farola cada 50 metros alumbrando la carretera y la luz de la ciudad a lo lejos.

El coche se paró. Miré a mi alrededor por las ventanillas. Nada. Estaba algo asustada, las piernas me temblaban. Tu apagaste el motor del coche y salísteis para volveros a meter en el coche, esta vez uno a cada lado de mi cuerpo en el asiento trasero. Tú hundiste tus dedos en mi sexo y me susurraste, lo suficientemente alto para que tu amigo lo oyese: “esta noche eres mía… por eso hago esto contigo, lo que me da la gana, porque esto además es lo apropiado, eres una puta y voy a prestarte a mi amigo, para que haga contigo lo que corresponde a la zorra que eres… y harás todo lo que él quiera”.
 
Algo inesperado 1
Charlabamos tomando una copa en un pub tranquilo cuando se nos acercó un hombre, alto, en los cuarenta y pico aparentemente. Sonreísteis los dos y te levantaste para saludarle. Era evidente que los dos os conocíais y tú le invitaste a sentarse y acompañarnos. Tu amigo se sentó frente a nosotros, en un pequeño silloncito. Ni siquiera me lo presentaste, como si yo no existiera. No dije nada. Quería ver qué pasaba.
Hablásteis los dos un rato, mientras yo en silencio, os miraba y escuchaba. Parecía que os conociéseis desde hacía tiempo. Vuestra conversación, poco a poco, fue cambiando de tema… hasta tomar un cariz más… íntimo.
Tú posaste tu mano sobre mi rodilla y me dijiste, en tono imperativo que me acercase un poco más, “deja sitio a mi amigo al otro lado”, . Lo hice. De esa manera, quedé sentada entre los dos.
Entre copa y copa, charla y charla, seguísteis elevando el tono erótico de la conversación. Me ví entre los dos, en silencio y quieta, algo avergonzada porque tenía las manos de los dos en los muslos, acariciándome. Hablábais de la sensualidad de los besos cuando tu amigo se quedó mirando mis labios y me preguntó, cómo pensaba yo que los besos resultaban más sensuales.
No sabía que contestar, era la primera vez que él se dirigía a mí, así, de golpe… contesté tímidamente “besos en la comisura de los labios, leves, rozando, resultan más eróticos…”



Tu amigo, sin dejarme terminar, acercó sus labios a los míos y los besó tal y como yo acababa de describir, mientras su mano avanzaba un poco más en mi muslo. No pude evitar gemir levemente. Os dísteis cuenta y sonreísteis. “Ves al baño… es hora de que te quites las bragas”, me dijiste. Sonó a orden.
Aquello me excitaba.Yo asentí con la cabeza, sin hablar; retirásteis las manos de mis muslos y me levanté. Me dirigía al baño y tu amigo iba detrás de mí.
Las puertas del baño de caballeros y señoras se encontraban muy cerca. Cuando yo iba a entrar, él se adelantó un momento, “deja la puerta entreabierta… quiero ver cómo lo haces”, me dijo. Yo dudé. ¿Eso entraba también en el juego en el que parecía estar inmersa?. “No sé…”,dudé.
"Acaso creíste que este encuentro ha sido casual”,me dijo riendo.
Entendí perfectamente y dejé la puerta entornada mientras subía mi falda, dejando al aire los muslos, el borde de las medias y el liguero. Deslicé suavemente las bragas… ¿y si aparecía alguien…?, avergonzada, las bajé hasta los tobillos… levanté una pierna para quitármelas. “Espera”,me dijo, “acércate aquí, ahora.”
Con la falda subida, las bragas bajadas en los tobillos, andé un par de pasos hasta la puerta, torpe, sintiéndome cada vez más avergonzada, preocupada de si alguien nos podría ver. Cuando llegué él acarició mi rostro como quien acaricia un perro felicitándole por traer el palo a su dueño. Luego deslizó su brazo hacia abajo, y sus dedos buscaron mi sexo… me sentí humillada y con ganas de salir corriendo pero... seguí jugando; me avergonzaba por haber sido descubierta en mi tremenda excitación, como si fuese una niña pillada en una travesura.
El sonrió mientras llevaba los dedos mojados a mi boca haciendo que lamiese mi propia humedad. Me dijo que terminase y le diese las bragas.
Y así lo hice.
 
¿Lo ves? Estoy mojada.
Has vuelto a Madrid y me has llamado en cuanto el avión ha aterrizado. Hemos pasado unos meses sin vernos, sólo teniendo contacto vía teléfono e internet y la verdad, ya tenía "mono" de tí. ¿Y tú de mí? ¿Sí? Arreglémoslo. ¿Esta noche? Perfecto... tú, ahora, descansa.

El restaurante está a tope. Esperamos un poco hasta que el camarero, unos 35 años, guapo pero con cara de pocos amigos nos lleva a la mesa que tú habías reservado. Mientras miramos la carta, me cuentas lo aburrido que estás de ir por España dando esos cursos a niñatos "junior".
Tengo que interrumpirte... ¿Sabes? Estoy mojada desde que me has dicho que nos veíamos esta noche. Sí, riéte, pero es la verdad. ¿No me crees? Espera...
Mis manos se deslizan debajo de la mesa, por mis muslos hasta el borde mi falda, en mis rodillas, la subo un poco... mis manos buscan, encuentran, deslizan las bragas negras por mis piernas.
No me mires así hombre, sólo quiero demostrarte como me tienes.
Levanto los pies para sacar las bragas, ay, se ha enganchado en el tacón... ya... ¿Que si me puede ver alguien?, pues si, pero... mira, toma, tócalas, están empapadas ¿ves?

Te tiendo las bragas por encima de la mesa, con naturalidad, como si te diese un pañuelo o la servilleta.



El camarero nos mira algo cortado mientras sirve el vino... sólo se te ocurre a tí dejarlas encima de la mesa.
 
Negocios y Placer 2 (final)
Estaba nerviosa. Faltaban 3 horas para la cita... y se me pasaba de todo por la cabeza mientras me vestía: ¿y si es una broma? ¿y si no le gusto? ¿y si me repugna? ¿y si es un pirao? ¿y si... y si...?. A punto estuve de anularlo, pero no, quería cumplir esa fantasía y tenía que correr el riesgo.
Diez minutos antes de la hora acordada estaba en la cafetería del propio aparthotel esperando la llamada que me dijese en qué habitación me esperaba. Fue puntual. A las 14 h. en punto... 418... la puerta estaría entreabierta.
Me encaminé hacia los ascensores. Me daba vergüenza que pudiesen pararme y preguntarme si estaba alojada allí... no pasó nada de eso. Subí al ascensor con un matrimonio mayor, la señora me sonrió amable. Me planté delante de la puerta y decidida, golpeé con los nudillos dos veces y pasé.

El estaba allí plantado, vestido aún, cerca de la puerta. No era feo, tampoco guapo y no resultaba desagradable, al menos a primera vista, un hombre normal. Llevaba un traje oscuro, se había desabrochado la corbata. Me indicó que pasara, cogió mi abrigo amablemente y me pidió que me sentase en el sofá. Se sentó en la mesa, frente a mí. Yo estaba muy nerviosa. Sacó del bolsillo de su chaqueta 4 billetes de 50, me los enseñó y los dejo sobre la mesa, sujetos por el cenicero.
Sus manos se deslizaron por mis rodillas hacia los muslos, por debajo de la falda negra. Me dejé hacer, permanecí quieta, no sabía muy bien cómo comportarme. Una mano se perdió entre mis piernas, acariciándo mi sexo, descubriendo su humedad, mientras la otra me acariciaba el rostro, los labios, introdujo un par de dedos en mi boca, que cerré en torno a ellos, lamiéndonos. Cerré los ojos y me dejé llevar, pero no quería olvidarme del dinero... estaba allí por eso.
Su mano en mi sexo, la otra desnudándome torpemente y yo desabrochando su camisa y lamiendo la piel que dejaba al descubierto. Olía bien, perfume caro... sí, lo reconocí enseguida, uno de mis favoritos. Me cogió de la mano y me llevó al dormitorio. Dejé los condones en la mesita de noche.
- Desnúdame y desnúdate, déjate sólo las medias y los zapatos -me dijo. Lo hice despacio, acariciándole, lamiéndole. Cuando estabamos desnudos por completo, se tumbó en la cama, yo me arrodillé junto a él, entre sus piernas, y tomé su sexo ya erecto con las manos, lo acaricié, lo lamí... lo metí en mi boca...
- Me gustas, putita -me dijo. Yo estaba excitada.

Me hizo cambiar de posición, tumbarme y abrir las piernas para entonces perder su rostro en mi sexo. Lamía con ansia, con ganas... metiendo los dedos en mi interior y jugando con ellos... me gustaba. Quería que me derramase en su boca... me costó un rato, pero lo logramos. Entonces, me pidió que le cabalgase. Me senté sobre él, pero dándole la espalda. El se aferraba a mis caderas, las soltaba, me imponía su ritmo, me dejaba hacer... no tardó mucho en gemir con fuerza y acabar.
Nos duchamos juntos... cogí mi dinero y me vestí. Me pidió que bajásemos por separado, para no "levantar sospechas" y me dijo que quería volver a verme, hacerme su "putita particular"...
no he vuelto a atender sus llamadas, ni sus correos.

La fantasía ya se había cumplido.
 
Negocios y Placer
Abro el messenger... aparece la pantallita esa de que me ha agregado alguien. No sé quién es, acepto, por curiosidad y porque hombre, hay que darle oportunidades a la gente, si es un idiota, ya le daré a "no admitir". Sigo a lo mío.
Al rato, se conecta ese desconocido (por su mail sé que es un hombre). Me saluda.

Francisco dice: buenas tardes
sirena dice: hola, me has agregado, ¿quién eres?
Francisco dice: vi tu perfil en el directorio y me gustó, pero si te molesto....
sirena dice: no pasa nada, Francisco (ese es tu nombre no?), qué edad tienes? a qué te dedicas?
F. dice: sí, es mi nombre, tengo 40 años, soy moreno con canas, creo que no soy feo, soy casado, tengo una empresa pequeña y tú?

La conversación ha seguido un buen rato, la típica conversación supongo, cuando no conoces a esa persona y quieres saber algún dato y ver si te interesa seguir charlando, si es interesante... al rato todo ha ido tornándose más revelador: busca sexo fuera de su matrimonio, sin compromiso.

sirena dice: pues chico, no sé, tan mal te va?
F dice: no, no es eso, pero necesito aires nuevos, ya sabes
sirena dice: no, no estoy casada, no lo sé, jajajajajaja, pero vamos, que no voy yo en esa onda, si buscas eso tal vez deberías seguir buscando
F dice: mira, me gustas, me pareces simpática, sincera... ¿no te interesa? Podría pagarte...

En ese momento no sé si sentirme ofendida o... aprovechar la oportunidad de cumplir esa fantasía. Tras unos instantes de silencio opto por ver si la segunda... es factible.

sirena dice: pagar? Nunca me han pagado por sexo... no sé... yo no soy una profesional... pagarías... qué estás buscando hacer que quieres pagar?
F dice: oh, nada raro te lo aseguro y yo estoy sano, hago deporte y eso, me cuido, sólo estuve una vez con otra mujer estando ya casado, hace años... y lo haríamos con preservativo si tú lo quieres, me gustaría estar contigo, acariciarte, dejarme acariciar, comerte el coño, esas cosas, todo normal... ¿lo harías?

Me siento extraña. Una mezcla de precaucion, ataque de moralidad, excitación y morbo a la vez. Me lanzo.

sirena dice: no lo sé... ¿cuánto me pagarías? y dónde quedaríamos? cómo?
F dice: pues un hotel, unas horas, no puedo quedarme una noche fuera, ya sabes... y pagarte pues... nunca he pagado a nadie, dímelo tú.

Eso sí que no me lo creo, estoy segura que has pagado más de una vez, has hablado de pasta en cuanto me he negado a algo contigo... jajajajaja, pero me estás provocando. Pero ¿cuánto pido?, jajajajaja, que situación tan rara, poner precio a un rato de sexo conmigo....
100, 200?

sirena dice: ¿cuánto tiempo? ¿por la mañana, por la tarde? No sé qué decirte...
F dice: a mediodía mejor, las 2 horas que tengo de comida más o menos, hay un aparthotel al lado de mi oficina, podríamos quedar allí... ¿cuánto por 2 horas disfrutando contigo?
sirena dice: pues... 200
F dice: uf, niña, cómo te valoras, por ese precio...

Ja,ja,ja... no decía que no había pagado nunca? pues esa frase parece que va a terminar en explicarme lo que otra le hace por 200... jajajajaja. Lo tengo claro, 200 y además él paga el hotel, por supuesto.

Ha aceptado. Increible. Le he dado mi teléfono y concertamos la cita para mañana a las 14 h. Me ha pedido que me ponga lencería sexy y me da unas indicaciones de lo que le gusta. Bastante normalito, sí.

 
La última vez
Me recuerdo en aquella tarde de agosto, de este ultimo verano; era domingo, en unas horas estaría de nuevo en mi ciudad, a más de 600 km. de tí y me fastidiaba profundamente acabar aquel fin de semana, me lo había pasado estupendamente.
Tú estabas en el salón, yo en el dormitorio, acababa de ducharme y estaba terminando mi maleta, medio desnuda, cuando te acercaste a mí y me susurraste que seguías queriéndome sin bragas.
Sin más, me vendaste los ojos.
Me dejé llevar, yo pensaba que nuestro juego ya había terminado pero tú querías algo más. Me echaste sobre la cama, me hiciste abrir los brazos y los ataste a la cama por las muñecas. Hiciste lo mismo con mis piernas, sujetándolas por los tobillos. Yo permanecí callada, expectante.
Acariciabas mi piel, apretabas mis pechos por encima de la tela del sujetador negro, deslizabas tus dedos por encima de mis bragas.
Me decías que no me ibas a dejar llevar las bragas puestas en el viaje de vuelta, mientras yo notaba que hacías algo con ellas.
Estabas cortándolas, abriéndolas para dejar al descubierto mi sexo, poniéndolo a tu alcance.
Me estabas sorprendiendo y excitándome tremendamente. Continuaste cortando la tela hasta dejar prácticamente sólo los bordes elásticos. Te colocaste entre mis piernas, supuse que mirando tu obra. Tus dedos resbalaron por la humedad provocada por mi excitación y de repente, sin más preámbulos, me llenaste de tí, con fuerza, queriendo sentir mi más profundo interior.

Hoy he decidido que ésta fue nuestra última tarde.
 
Pensaba en tí...
Esta noche, sola, toco mi sexo, y sueño que me haces tuya y ardo, ardo, ardo... Me excita acariciarme y pensar en lo que podría pasar. En lo que podría ocurrir... En lo que me gustaría saborear y lo que sería...

Te acercas a mí, yo quieta, en el centro de la habitación, casi ni respiro para no moverme. Soy tu lienzo, cálido, en blanco. Dibuja en mí tu mejor pincelada. Invéntame para tí.

Descúbreme.

Te pierdes mirando el breve escote de mi camisa blanca que te permite imaginar mis pechos. Tu aliento llega hasta mi piel. Todo mi cuerpo está pendiente de ti. Quiero sentirte dentro, sentirte, sentirte, sentirte, elige tú el camino, pero lléname de ti.
Tu cuerpo soñando con el mío. Fantasear con tu piel. Imagino mis manos acariciándote... pegada a ti... desnúdame el cuerpo, el alma ya lo estaba... ya me ves...

Nerviosa.

Susurras que te gusto, suave, casi despistadamente. Haciendo ver que no quieres que te oiga. Sabes que te escucho. Quieres tranquilizarme. Juegas con tus manos debajo de mi falda. No hace falta que diga nada y es que casi no puedo hablar.
Sonríes. Sé que estás excitado, también perturbado, a punto de perder el control... como yo. Te quedas frente a mí, desabrochando mi camisa, subiéndome la falda para acabar acercándote más. Mis manos quieren tocarte, agarrarse a tu cintura y perseguir tu piel bajo la ropa… curiosear hasta encontrar tu excitación.

Ansiedad.

Me acaricias durante unos minutos. Hazme gritar, hazme reir, hazme sufrir, hazme gozar… Me olvido del mundo para no pensar en nada más que en ese momento, para centrarme en tu piel en mi piel. Te deseo inmensamente, deseo cada parte de ti y cada pensamiento de tu placer.
Adivino el olor de tu excitación... y tu mano sigue su camino... No dejas de acariciarme. Los pechos. Las piernas. Los muslos. El sexo.
Y yo... yo no puedo hacer nada... más que estremecerme. Suplicarte que pares sin querer que me hagas caso cuando veo que voy a explotar para tí.

Despierto de mi fantasía y vuelvo a la soledad de mis sábanas cuando siento que mis dedos han logrado su objetivo en mi cuerpo, cuando siento el hormigueo en las piernas, cuando pierdo el control y me dejo ir...

Deseo prohibido.

 
De boca en boca III y final (aunque no lo fuese en realidad)
Me gusta mi boca.
Mi boca es sabia, es caliente, mi beso es profundo.



Te miro desafiante y provocadora a la vez mientras mis manos te recorren en ese punto. Mírame -te digo. Excitado, tu carne arde entre mis dedos.
En este momento eres mío y lo sabes. Mis labios te encuentran y te recorren despacio, queriendo saborearte. Tu respiración se va acelerando. Mi lengua se desliza, caliente y muy mojada por la piel de tu sexo duro. Mi boca lo besa con dulzura y lo devora ansiosa.

Juego, lamo, beso, mordisqueo, succiono, restriego tu sexo por mi rostro, mi boca no puede llenarse ya más de tí. No tienes control en ese momento, harías lo que yo quisiera, lo sé, tus jadeos me lo dicen, tus ojos, te obligo a mirarme todo el tiempo, te excita verme así y quiero que tenerte excitado siempre.
Me tomas por los hombros, quieres poseerme. No -te digo,-ahora no, luego...
Mis juegos ahora se centran, ahora quiero que te derrames para mí. Acelero mi ritmo, quiero oirte gemir, quiero que me digas esas cosas que sabes que me gustan, quiero...
Abro mi boca y mi lengua para recibir tu savia, resbala por mi rostro y sigo mirándote a los ojos. Cuando todo ha terminado, mi boca vuelve a besar tu sexo, ahora calmado. Ahora es el turno de tu boca...
 
De boca en boca II
Me gusta mi boca.
Puede ser lo que yo quiera: dulce, amarga, veneno o placer.



Subimos a tu coche y preguntas dónde vamos. Yo te respondo con otra pregunta: ¿Quieres que vayamos a tu apartamento?. Arrancas contestándome sólo con una sonrisa en tus carnosos labios. En el coche, a tu lado, me muevo y cruzo las piernas, provocando que la falda se deslice hacia arriba por mis muslos, dejando ver la piel cuando terminan las medias. Miras, pero no dices nada. Yo tampoco. Pero los dos sonreimos.
Me indicas que pase delante de tí cuando abres la puerta de tu apartamento. Lo hago, dejo mi abrigo caer encima del mueble de la entradita y espero a que tú entres y cierres. Cuando cierras detrás de tí, mi cuerpo se pega al tuyo, obligándote a pegarte contra la pared. De nuevo mis labios, mi boca junto a tu jugosa boca, rozándola, nada más.Quieres besarme... tus manos me buscan pero me deshago de ellas. - No -te digo- aún no.
Mi boca se desliza por tu barbilla, la besa, la mordisquea, baja hasta tu cuello... tu respiración se agita en ese punto un poco. Me deshago de tu abrigo, de tu camisa, sin dejar que tú hagas nada más que permanecer ahí quieto, pegado a la pared, con los brazos colgando a los lados de tu cuerpo. Cada centímetro de piel que voy dejando al descubierto es tomado por mi boca, que lo lame, lo besa... sigo deslizándome por tu cuerpo, sin separar mis labios ni un solo instante de tu piel, hacia abajo.
En cuclillas, mis manos desabrochan tus pantalones. Te miro a los ojos desde allí abajo, tus labios entreabiertos... tus manos queriendo tocarme. Pero no te dejo.
 
De boca en boca I
Me gusta mi boca.
Me gusta su forma y tu tamaño, el color de mis labios al natural, sonrosados y me gusta la suavidad de su piel.
Pero lo que más me gusta... es el placer que me hace sentir y el que puede causar. Uso mi boca para provocar. Y me gusta hacerlo, aunque muchas veces es algo inconsciente.



Te miro, mientras hablamos, a los ojos y a la boca. Mi mirada sube y baja: tus ojos, tu boca, tus ojos, tus manos, tu boca, de nuevo tus ojos... Tú me hablas. Te observo. Te deseo. Y quiero que tú me desees.
Paso mi dedo índice por mi labio inferior, rozándolo levemente, provocándome unas cosquillitas que me encienden aún más. Humedezco los labios. Mi dedo se queda ahí, como colgado del labio, y te miro. Te quedas callado tras unos minutos así. Me estás mirando a la boca, fíjamente.
- No hagas eso, por favor. -me dices. Yo, sorprendida, te pregunto a qué te refieres. - El dedo, quítalo de ahí, me estás provocando.
Sonrío. Te hago caso. Seguimos charlando delante de esas tazas de café. Pero al rato vuelve al mismo lugar. Me miras como queriendo hacer que estás enfadado, pero para nada lo estás, al contrario, deseas mi boca. Me levanto de la silla y por encima de la mesa acerco mi boca a la tuya, mis labios rozan los tuyos pero sin llegar a completar el beso. Notas mi aliento caliente entrando en tu boca entreabierta.
- Vámonos -te digo. Pagas la cuenta mientras yo salgo a la calle y te espero de pie, mirándote.
 
Voyeur
No me mires así... vas a hacer que me sonroje.
Sí sí, yo, sonrojarme. Ah, ¿te sorprende?. Qué poco me conoces.
Estás ahí plantado, quieto, con tu mirada oscura clavada en mí...
¡Ay no, eso no vale! Si sigues así me enfadaré.
Venga quita... ¡las manos quietas caballero! ¿No hemos quedado en que lo haré yo solita? Ja, ja, ja... ¿que no puedes esperar? A ver si al final voy a tener que atarte. ¡Mírale! Estate quieto o no sigo. Así está mejor, ahí sentado en la penumbra... mucho mejor...

¿Disfrutas mirándome? Mmm, sí... Se nota en tu cara.
Sé que te gusta mirar.
Sé que te gusta lo que estás viendo.
Sé que deseas tocarlo, poseerlo.

Pero espera... ¿has visto mis guantes de raso? Sexys sí, lo son... pero deja que desabroche mi blusa lentamente, botón a botón, que vaya dejando al descubierto mi ombligo y subiendo poco a poco abriendo camino. ¿Quieres que la abra del todo? ¿Sí?... Mmmm... no sé... mejor ahora me doy la vuelta... y la abro y así no puedes ver mi ropa interior aún. Sí, soy mala, tienes razón, pero eso te encanta, no lo niegues.
¿La falda? Ahora voy con ella... por arriba... o por abajo... mejor la subo despacio, van apareciendo mis piernas debajo de ella... un poco más y ves la media, la piel del muslo, la tira del liguero negro. Si subo un poco más verás mis braguitas... si llevo claro... ¿crees que llevo?
Dejo mi falda justo en el punto donde no puedes ver mi trasero... ¿y si me inclino un poquito hacia delante? ¿podrías verlo? ¿probamos?... jajajaja, no vale agacharse tramposo. Ahora por malvado me la bajo y ya está, tapada de nuevo hasta la rodilla.
Ja, ja, ja... ¿que me vas a castigar con unos azotitos por ser mala? Mmm... eso será si me dejo... a lo mejor tienes que obligarme y ponerme en tus rodillas "papi".
Mira, desabrocho la cremallera de la falda, en la parte de detrás... ¡zas! se abrió. Dejo que se deslice por mis caderas hacia abajo... sí, llevo braguitas, de esas negras de tejido transparente que tanto te gustan y el liguero que tú me regalaste. Dejo caer la falda hasta mis pies, hasta los zapatos de tacón alto que me gusta llevar -incluso en la cama, para tí-, me deshago de la falda.



¿La blusa?... me doy la vuelta, con mis manos sujeto la camisa tapando mi torso. Pídemelo.
Pídeme que me quite la camisa para tí. Sííí... si me lo pides así voy a deshacerme. La abro... un sosten negro, también transparente deja ver bajo la tela mis pechos.
Espera... no te pongas de pie, déjame que sea yo la que me acerque a tí... así... ¿sorprendido? Me alegro de que te parezca sexy que me acerque a tí a cuatro patas, como una gata acechando al ratón... a su presa.

Estoy contigo.
 
Messenger...


D. dice: Hola bella!
Sirena dice: Hola chico guapo, en el curro aún?
D. dice: Sí, liado con contratos
Sirena dice: vaya, te ayudo?
D. dice: con los contratos? prefiero otra "ayuda"... algo para relajarme
y para relajarte a ti
Sirena dice: mmmm... jajajajjaa como que?
D. dice: tocarte muy suave por tu sexo húmedo y pasar mi lengua por tus pezones
Sirena dice: eso me gusta. Estás sentado en una silla imagino... frente al pc, una mesa de despacho...
D. dice: si
Sirena dice: mmm, imagínate, tu ahí y yo entre tus piernas
D. dice: uuuuuuuuuuuf
Sirena dice: uf? no te gustaria?
D. dice: sí, me gustaria sí y mucho
Sirena dice: jugaría contigo... un rato, con mi boca y mis manos... y luego... pues saldria de ahí y... me pondría inclinada sobre la mesa... tu seguirías sentado en la silla, levantarías mi falda dejando mi enorme y duro trasero al descubierto
D. dice: ese que tanto me gusta
Sirena dice: no?
D. dice: joder siiiiiiii
Sirena dice: lo acariciarías y me tocarías ahí donde tú sabes que me gusta...
D. dice: si, si
Sirena dice: y cuando yo ya esté gimiendo... te pondrías de pie
Sirena dice: y yo te sentiría hasta el fondo de mi interior

D. dice: toda dentro de ti
Sirena dice: si. Lo harías así?
Sirena dice: agarrándome de las caderas como para que no me escape

D. dice: siiiiiiiiiiii
Sirena dice: tú no estabas con un contratooo?
D. dice: joder que mala eres jeeee
Sirena dice: mala? no sé... me prefieres mala o buena?
D. dice: las dos cosas
Sirena dice: pues ahora toca mala, sigue con tu contrato... ciao chico guapo.
 
Amigos
Abro los ojos. Un rayo de sol, cálido, baña mi cuerpo desnudo sobre las sábanas. Debe ser mediodía... en el fondo, ¿qué más da? No tengo prisa y me encuentro exhausta.

Me remuevo sobre las sábanas intentando no separarme de sus brazos. Esos brazos con manos fuertes y suaves a la vez. ¡Qué delicia despertar con esos brazos rodeando mi cuerpo, tocándome!
Recuerdo la noche pasada, esas manos en mi cuerpo, las mías recorriendo esa piel, la carne firme entre mis dedos, en mi boca... mmm... me deshago de nuevo al recordarlo y mi mano, independiente de mí misma, alcanza mi sexo, rozándolo levemente, sin poder evitarlo (¿o no quiero pararla en realidad?).

Respiro su olor a mi lado, estoy llena de ese aroma a sexo, a pasión. Mis dedos juguetean. Ya estoy mojada otra vez y me sonrío. Deslizo mis dedos haciendo círculos, tomando la parte de mi cuerpo que más placer me produce. Mis caderas se mueven al ritmo de mi excitación. Mi mente viaja horas atrás, a la noche. Recuerdo como entramos a la habitación, deprisa, besándonos, lamiéndonos, devorándonos... la pasión que nos consumía en esos momentos... fuego.

Sus manos en mis caderas, mis pechos, mi sexo, mi cuello, mi cara... toda yo tomada por esa fuerza... fuera de mí misma. Soy amazona que cabalga con ímpetu. Soy esclava entregada. Soy... en esos momentos SOY.

Mi mano empapada de mí, va más deprisa, cada vez más, ejerciendo presión en ese delicioso trozo de carne que me provoca tanto placer... me muerdo los labios para no gemir cuando termino... sonrío.

Les miro. Están extrañamente bellos los dos, con la luz del sol bañando sus cuerpos, uno a cada lado del mío; ellos, dormidos, extraños al placer que acabo de sentir sólo con recordar lo que pasó anoche, cómo nos devoramos los tres como si el mundo fuese a acabar.

Cierro los ojos. Duermo.

 
Amigas...
He estado de compras antes de ir a tomar esa copa a tu casa. Me recibes en pijama corto (ese que yo te regalé, de raso, rosita y azul, tipo chino) y con esa sonrisa tuya, eterna, enorme, sincera, noble, que me encanta y me hace sentir tan bien a tu lado, que dispersa todo mi pesimismo habitual.

Me preguntas qué he comprado mientras me sirves un vaso de vino blanco, de ese que sabes que me gusta y te sientas a mi lado. Sigues sonriendo. Es contagioso, ya estoy sonriendo yo también, con ganas. Escojo una bolsa al azar, la primera que pillo, total, al final te enseñaré todo.
Medias... no uso pantys, ya lo sabes, sólo medias, no sólo por su componente claramente erótico, sino por comodidad... odio los pantys, subir, bajar, la cinturilla que se da la vuelta... un asco. He comprado varios pares de medias, unas negras y otras color carne, de lycra y de red; hay unas muy bonitas, transparentes casi, con costura detras, marrón oscura... sin silicona, por lo que estás obligada a llevarlas con liguero.
Me dices que te gustaría ver cómo me quedan. Sonrío. Me subo la falda y me quito las medias que llevo puestas, las desengancho del liguero y las dejo arrastrar hasta el tobillo. Mientras, tú sacas de su envoltorio las nuevas medias y me las tiendes... que mala eres, cómo me miras!
Me pongo de pie para colocar las medias nuevas mejor en mis piernas. Me dices que te gustan. Sonrío. Si, te doy la razón, son bonitas y quedan muy sexys, es cierto, lo que yo esperaba pero si me pongo las sandalias que me he comprado verás como quedan mejor.

Saco una caja de zapatos de otra bolsa. Las sandalias son negras, de tiras, un tacón de aguja de unos 8 centímetros, de esas que te pones para ir de mujer fatal y con las que terminas con la espalda hecha un asco, pero que merecen la pena por cómo te hacen sentir. Me las pongo y me paseo delante de tí, para que veas lo bien que ando con ellas, no como esas chicas de ahora, que se empeñan en llevar tacones altos y finos y van hechas una pena, con esas espaldas nunca rectas, los hombros echados hacia delante, las rodillas algo flexionadas... hay que saber andar con los tacones para llevarlos con estilo, para lucirlos... los tacones altos están hechos para que el cuerpo de la mujer tome esa forma "especial", esa "forma" que sólo con tacones toman la espalda y las piernas...

Me preguntas qué mas he comprado. Saco otra caja, más pequeña, es un conjunto, sujetador y bragas, negras. Las coges. Me felicitas. Siempre he tenido buen gusto al escoger lencería. Me dices que tengo que acompañarte para comprar cosas para tí, que quieres que te aconseje. Claro que lo hare!.

Me animas a probarme el conjunto también, ahora, mientras vuelves a llenar mi copa vacía, con ese vino blanco que tú sabes que me gusta.
Desabrocho mi blusa, a tu lado, sentada contigo en el sofá, mientras hablamos. Me quedo sólo con la ropa interior que ya traía puesta. También te gusta. Es un conjunto rosa y negro, de raso, brillante y suave. Cuando voy a desabrochar el sujetador, sin decirme nada, tiendes tus manos a mi espalda y te adelantas, desabrochándolo tú y bajándome los tirantes despacio, como queriendo que me empape de ese momento en mi memoria.
Mis pechos quedan desnudos. Tengo una talla grande, tú estás muy delgada y tienes el pecho pequeño; me dices que me envidias un poquito. Deslizas un dedo por mi tatuaje del escote.

Te pones de rodillas sobre el sofá, a mi lado, con el nuevo sujetador en la mano y me lo pones tú. No digo nada, me dejo llevar. Abrochas el cierre, colocas mi pecho y yo quieta, sin decir nada, sólo sonrío y me sonrojo un poco. Me estás excitando. Me pides que me levante y lo hago. Tú permaneces sentada en el sofá mientras deslizas las bragas de raso por mis piernas, hasta los tobillos. Me pides que levante un pie, luego el otro, para sacar las bragas y poner las nuevas, que subes de nuevo por mis piernas, y siento tus dedos rozar mi piel en el camino de subida, como por descuido, sin querer, pero yo sé que lo haces con toda la intención.
Estoy sorprendida. Me inclino sobre la mesa para coger mi copa... mi sexo, aún desnudo, queda a la altura de tu boca con ese gesto. Vuelvo a dejarla en su sitio.

Ha sido involuntario por mi parte?. Me has excitado.

Me colocas las braguitas y vuelves a alabar mi buen gusto, la buena elección. Me siento a tu lado y coloco mis piernas encima de tus muslos, reposándolas. Las acaricias desde los tobillos hasta el borde de las medias, rozando levemente con las yemas de tus dedos la piel de mis muslos al descubierto.

Me miras a los ojos. Sonreimos.

A veces no hace falta decir nada más...