Juguemos
La fantasía se hace fuerte a través de una imagen... ven y juega conmigo... déjate llevar... Los nombres dan igual, las caras también. Seámos sólo deseo y placer.
Carne.
Me observas.
Observas tu "obra de arte". Mira cómo me tienes: Entregada y dispuesta a todo por tí. Esperando tu carne en mi carne, las embestidas en mi sexo hambriento de tí.
Oh, no puedo más, mírame, toma mis agujeros, todas las entradas a mi cuerpo te esperan. No escatimes. Usalas todas.
Soy el altar para tu ceremonia de placer. Profáname. Húndete en mí. Hazme gemir, gritar, desear aún más.
En este momento eres mi dios y yo el sacrificio de carne, disfrútalo.
Carne.
Me observas.
Observas tu "obra de arte". Mira cómo me tienes: Entregada y dispuesta a todo por tí. Esperando tu carne en mi carne, las embestidas en mi sexo hambriento de tí.
Oh, no puedo más, mírame, toma mis agujeros, todas las entradas a mi cuerpo te esperan. No escatimes. Usalas todas.
Soy el altar para tu ceremonia de placer. Profáname. Húndete en mí. Hazme gemir, gritar, desear aún más.
En este momento eres mi dios y yo el sacrificio de carne, disfrútalo.
La primera vez (1)
El, 36 años, rubio con un corte de pelo casi militar, alto y bien parecido, profesor de informática, separado.
Ella, 19 años, pelo largo teñido de negro, estatura media, gordita, auxiliar administrativa y ex alumna suya, soltera...
-¿Tienes prisa?, él pregunta mientras observa como ella se pone la ropa interior. Más que una pregunta, es una llamada de atención.
- No... no tengo prisa, es viernes, no tengo que madrugar mañana, ya lo sabes.
- Ven aquí anda.,-dice. A ella le encanta cómo él hace que se sienta una niña y a la vez cómo le enseña a dejar de serlo y convertirse en toda una mujer.
Ella vuelve a la cama, se sube a cuatro patas, hasta ponerse a su lado, sentada sobre sus talones, como arrodillada. El sigue tumbado, desnudo y se incorpora hasta quedar frente a ella, en la misma postura. La mira a los ojos. Ella sonríe. -Vamos a jugar a algo, tú tienes que dejarte llevar. Ella asiente, divertida. Ese hombre, en los meses que llevan viéndose, la ha enseñado a sentir, a disfrutar, a desinhibirse... y ella quiere aprender, seguir allí. El se levanta y revuelve en un cajón de la cómoda volviendo con una tela negra en sus manos. -Cierra los ojos, voy a tapártelos,- dice. Ella ríe nerviosa y divertida a la vez. Deja que él la prive del sentido de la vista. Es curioso, él consiguió que ella no quisiese apagar la luz para hacer el amor y ahora... tapa sus ojos, no puede ver nada.
La deja en la cama, sola. Ella, a pesar de la desorientación inicial, sabe, siente, que él está en la habitación, observándola. Se queda quieta. Siente escalofríos cuando las manos de él vuelven a recorrerla, ha vuelto a su lado en silencio, ella no se había dado cuenta hasta que ha vuelto a sentirle. Todo el vello de su cuerpo se eriza sintiendo las yemas de sus dedos en la piel, deslizándose desde su cuello hasta su sexo, pasando por la curva de su redondo y respingón trasero y sus anchas caderas.El está frente a ella, que tiene sus manos para abrazarse a él. -"Espera",-la detiene tomando sus muñecas,-"hay algo más". Siente la suavidad de la tela rodeándolas. Ata sus manos juntas. -"Pero...",- se queja ella nerviosa. -"Es parte del juego preciosa, déjame hacer a mí",-quiere tranquilizarla, que se deje llevar por él. Ella asiente con un movimiento de cabeza, no dice nada más. El dice que puede deshacerse del pañuelo que ata sus manos en cualquier momento si se siente mal así, que está anudado levemente.
Hace que se tumbe boca arriba, colocando los brazos sobre su cabeza y ella nota el peso de él sobre su cuerpo. Caricias con una mezcla de ternura y deseo que la vuelven loca, está excitada, más de lo normal en ella, y cree que es debido a esa situación nueva, a la venda en los ojos y las manos atadas por primera vez. Sus respiraciones, casi a la par, son algo aceleradas, producto de la excitación, de la ansiedad del momento. El desliza su cuerpo hacia abajo, sin despegarse de ella y le quita las bragas que se había puesto antes. Vuelve a estar desnuda para él.
Sujeta sus muslos un momento para separarlos, para encontrar su sexo frente a su cara, para hundirse en él y hacerla sentir todo el placer del que él es capaz de producir. Ella gime, se acelera su respiración, mueve sus brazos hacia la cabeza de él, queriendo asir su cabeza, acariciarla, pero cuando recuerda que están atadas sus manos, vuelve a colocarlas sobre su cabeza y a quedarse quieta, dejándose hacer. Desea sentirle en su interior.
Ella está cerca del orgasmo, sus caderas se mecen a un ritmo constante y claramente indicador cuando él, aparta su rostro y la deja esperando. -"oh, vamos...",-gime ella pidiendo que continúe.
-"No, aún no",-la niega,- "no te muevas".
Se levanta de la cama y le oye salir de la habitación. Ella baja sus manos y llega a tocar su sexo... está tremendamente inflamado, mojado, deseoso de sentirse lleno. Está nerviosa. Vuelve a ponerse en la misma posición cuando siente que regresa. El se arrodilla entre las piernas de ella.
Algo frio en su piel, en su pubis. Agua que se desliza por los labios de su sexo. Un hielo. El lo restriega por su pubis, su vientre, su ombligo, mientras se derrite y el agua resbala hasta las sábanas. Es una sensación extraña para ella, pero no es desagradable, al contrario... él toma un nuevo cubito y lo pasa por sus pezones, con cuidado, sin mantenerlo mucho tiempo en el mismo lugar para no quemarla, duros al instante. Vuelve hacia su vientre, su pubis y finalmente, su sexo... ella gime y pega un pequeño brinco ante el contraste de su sexo ardiente con el hielo. El desliza el hielo por los rosados labios, que se deshace rápidamente. Luego lo acaricia con los dedos, lo lame bebiendo la mezcla de agua derretida y humedad de ella.
Ella, 19 años, pelo largo teñido de negro, estatura media, gordita, auxiliar administrativa y ex alumna suya, soltera...
-¿Tienes prisa?, él pregunta mientras observa como ella se pone la ropa interior. Más que una pregunta, es una llamada de atención.
- No... no tengo prisa, es viernes, no tengo que madrugar mañana, ya lo sabes.
- Ven aquí anda.,-dice. A ella le encanta cómo él hace que se sienta una niña y a la vez cómo le enseña a dejar de serlo y convertirse en toda una mujer.
Ella vuelve a la cama, se sube a cuatro patas, hasta ponerse a su lado, sentada sobre sus talones, como arrodillada. El sigue tumbado, desnudo y se incorpora hasta quedar frente a ella, en la misma postura. La mira a los ojos. Ella sonríe. -Vamos a jugar a algo, tú tienes que dejarte llevar. Ella asiente, divertida. Ese hombre, en los meses que llevan viéndose, la ha enseñado a sentir, a disfrutar, a desinhibirse... y ella quiere aprender, seguir allí. El se levanta y revuelve en un cajón de la cómoda volviendo con una tela negra en sus manos. -Cierra los ojos, voy a tapártelos,- dice. Ella ríe nerviosa y divertida a la vez. Deja que él la prive del sentido de la vista. Es curioso, él consiguió que ella no quisiese apagar la luz para hacer el amor y ahora... tapa sus ojos, no puede ver nada.
La deja en la cama, sola. Ella, a pesar de la desorientación inicial, sabe, siente, que él está en la habitación, observándola. Se queda quieta. Siente escalofríos cuando las manos de él vuelven a recorrerla, ha vuelto a su lado en silencio, ella no se había dado cuenta hasta que ha vuelto a sentirle. Todo el vello de su cuerpo se eriza sintiendo las yemas de sus dedos en la piel, deslizándose desde su cuello hasta su sexo, pasando por la curva de su redondo y respingón trasero y sus anchas caderas.El está frente a ella, que tiene sus manos para abrazarse a él. -"Espera",-la detiene tomando sus muñecas,-"hay algo más". Siente la suavidad de la tela rodeándolas. Ata sus manos juntas. -"Pero...",- se queja ella nerviosa. -"Es parte del juego preciosa, déjame hacer a mí",-quiere tranquilizarla, que se deje llevar por él. Ella asiente con un movimiento de cabeza, no dice nada más. El dice que puede deshacerse del pañuelo que ata sus manos en cualquier momento si se siente mal así, que está anudado levemente.
Hace que se tumbe boca arriba, colocando los brazos sobre su cabeza y ella nota el peso de él sobre su cuerpo. Caricias con una mezcla de ternura y deseo que la vuelven loca, está excitada, más de lo normal en ella, y cree que es debido a esa situación nueva, a la venda en los ojos y las manos atadas por primera vez. Sus respiraciones, casi a la par, son algo aceleradas, producto de la excitación, de la ansiedad del momento. El desliza su cuerpo hacia abajo, sin despegarse de ella y le quita las bragas que se había puesto antes. Vuelve a estar desnuda para él.
Sujeta sus muslos un momento para separarlos, para encontrar su sexo frente a su cara, para hundirse en él y hacerla sentir todo el placer del que él es capaz de producir. Ella gime, se acelera su respiración, mueve sus brazos hacia la cabeza de él, queriendo asir su cabeza, acariciarla, pero cuando recuerda que están atadas sus manos, vuelve a colocarlas sobre su cabeza y a quedarse quieta, dejándose hacer. Desea sentirle en su interior.
Ella está cerca del orgasmo, sus caderas se mecen a un ritmo constante y claramente indicador cuando él, aparta su rostro y la deja esperando. -"oh, vamos...",-gime ella pidiendo que continúe.
-"No, aún no",-la niega,- "no te muevas".
Se levanta de la cama y le oye salir de la habitación. Ella baja sus manos y llega a tocar su sexo... está tremendamente inflamado, mojado, deseoso de sentirse lleno. Está nerviosa. Vuelve a ponerse en la misma posición cuando siente que regresa. El se arrodilla entre las piernas de ella.
Algo frio en su piel, en su pubis. Agua que se desliza por los labios de su sexo. Un hielo. El lo restriega por su pubis, su vientre, su ombligo, mientras se derrite y el agua resbala hasta las sábanas. Es una sensación extraña para ella, pero no es desagradable, al contrario... él toma un nuevo cubito y lo pasa por sus pezones, con cuidado, sin mantenerlo mucho tiempo en el mismo lugar para no quemarla, duros al instante. Vuelve hacia su vientre, su pubis y finalmente, su sexo... ella gime y pega un pequeño brinco ante el contraste de su sexo ardiente con el hielo. El desliza el hielo por los rosados labios, que se deshace rápidamente. Luego lo acaricia con los dedos, lo lame bebiendo la mezcla de agua derretida y humedad de ella.Juguemos
Imaginad a través de una imagen... fantasead o recordad momentos vividos...
Pienso en la última vez que estuvimos juntos... hace ya mes y pico de eso. Me humedezco sólo con recordarlo. Mi mano derecha se desliza por mi piel, acaricia mi vientre, hasta llegar a mis bragas. Acaricio mi sexo por encima, suavemente.
Cuando tú llegaste yo estaba semidesnuda, en la cama, tumbada, mis piernas cerradas. Te sorprendió verme con pantys, en los 2 años y pico que nos conocemos jamás me habías visto con pantys, siempre medias... te sentaste a mi lado en la cama, acariciando mis caderas y perdiendo tu mano entre mis muslos... tu sonrisa se agrandó cuando palpaste mi sexo desnudo: eran pantys abiertos, estaba disponible y accesible para tí.
Me quito las bragas y las dejo caer al lado de la cama en el suelo, prefiero sentir la piel al aire, abrir las piernas al máximo y tocarme así. Mi sexo ya está húmedo, mis dedos deslizan la humedad por toda mi hendidura hasta mi clítoris, que comienzo a acariciar despacio, sin prisas.
Me hiciste abrir las piernas y comenzaste a tocarme. Ya estaba empapada, sólo pensar en estar contigo tiene ese efecto en mí. No sé qué tienen tus enormes manos que saben dónde tocar, cómo hacerlo y proporcionarme placer desde el primer segundo que entran en contacto con mi piel. Me dejé hacer, te gusta así, que esté quieta mientras me tocas, mientras tomas posesión de mi cuerpo.
Imagino que son tus manos tocándome... acelero el ritmo y aumento la presión sobre el clítoris, deslizo los dedos de nuevo a la abertura a mi interior, dos de ellos se pierden dentro un momento, moviéndose, invadiéndome. Luego van a mi boca. Me gusta mi sabor. Los lamo y vuelven al clítoris. Estoy muy excitada, noto el calor que desprende mi sexo, cómo los labios se van hinchando al acercarme al climax. Paro y me pongo de pie. Busco mi consolador azul.
Te gusta jugar con mi "amiguito" azul, conseguir que mis gemidos sean casi gritos. Y lo hiciste. Lo metiste en mi interior, con fuerza, unas cuantas embestidas y lo sacaste después rezumando de mí para que lo lamiese como si fuese tu propia verga. Lo dejaste dentro de mí mientras aprietabas mis pechos desnudos. Te levantaste para desnudarte mientras me mirabas y me decías: "hazlo tú misma"... mi mano tomó el juguete y comiencé a moverlo en mi interior, a gemir, a desear que me lo hicieses tú, a excitarme viendo como aumentaba tu erección al mirar cómo lo estaba haciendo. Mi otra mano acariciaba mi clítoris, pellizcaba mis pezones estirándolos y haciendolos vibrar. Te quedas mirándome y me dices que continúe, que no pare, mientras tú te tocas también.
Vuelvo a tumbarme. Lamo el consolador azul como si fuese una verga de verdad, lo meto en mi boca, lo lleno de saliva... y lo meto en mi interior, en mi sexo hambriento, caliente, ardiendo. Lo hago con fuerza, llegando al final, golpeando con él las paredes de mi vagina como si fueses tú mismo. Mis gemidos son fuertes, intensos. Lo saco. Lo lamo. Lo vuelvo a meter. Lo dejo dentro y continuo frotando mi clítoris, más deprisa, más fuerte, cada vez más... cuando llego al orgasmo el consolador sale de mi interior del todo, debido a las contracciones, recubierto de una espesa y blanca corrida.
Pienso en la última vez que estuvimos juntos... hace ya mes y pico de eso. Me humedezco sólo con recordarlo. Mi mano derecha se desliza por mi piel, acaricia mi vientre, hasta llegar a mis bragas. Acaricio mi sexo por encima, suavemente. Cuando tú llegaste yo estaba semidesnuda, en la cama, tumbada, mis piernas cerradas. Te sorprendió verme con pantys, en los 2 años y pico que nos conocemos jamás me habías visto con pantys, siempre medias... te sentaste a mi lado en la cama, acariciando mis caderas y perdiendo tu mano entre mis muslos... tu sonrisa se agrandó cuando palpaste mi sexo desnudo: eran pantys abiertos, estaba disponible y accesible para tí.
Me quito las bragas y las dejo caer al lado de la cama en el suelo, prefiero sentir la piel al aire, abrir las piernas al máximo y tocarme así. Mi sexo ya está húmedo, mis dedos deslizan la humedad por toda mi hendidura hasta mi clítoris, que comienzo a acariciar despacio, sin prisas.
Me hiciste abrir las piernas y comenzaste a tocarme. Ya estaba empapada, sólo pensar en estar contigo tiene ese efecto en mí. No sé qué tienen tus enormes manos que saben dónde tocar, cómo hacerlo y proporcionarme placer desde el primer segundo que entran en contacto con mi piel. Me dejé hacer, te gusta así, que esté quieta mientras me tocas, mientras tomas posesión de mi cuerpo.
Imagino que son tus manos tocándome... acelero el ritmo y aumento la presión sobre el clítoris, deslizo los dedos de nuevo a la abertura a mi interior, dos de ellos se pierden dentro un momento, moviéndose, invadiéndome. Luego van a mi boca. Me gusta mi sabor. Los lamo y vuelven al clítoris. Estoy muy excitada, noto el calor que desprende mi sexo, cómo los labios se van hinchando al acercarme al climax. Paro y me pongo de pie. Busco mi consolador azul.
Te gusta jugar con mi "amiguito" azul, conseguir que mis gemidos sean casi gritos. Y lo hiciste. Lo metiste en mi interior, con fuerza, unas cuantas embestidas y lo sacaste después rezumando de mí para que lo lamiese como si fuese tu propia verga. Lo dejaste dentro de mí mientras aprietabas mis pechos desnudos. Te levantaste para desnudarte mientras me mirabas y me decías: "hazlo tú misma"... mi mano tomó el juguete y comiencé a moverlo en mi interior, a gemir, a desear que me lo hicieses tú, a excitarme viendo como aumentaba tu erección al mirar cómo lo estaba haciendo. Mi otra mano acariciaba mi clítoris, pellizcaba mis pezones estirándolos y haciendolos vibrar. Te quedas mirándome y me dices que continúe, que no pare, mientras tú te tocas también.
Vuelvo a tumbarme. Lamo el consolador azul como si fuese una verga de verdad, lo meto en mi boca, lo lleno de saliva... y lo meto en mi interior, en mi sexo hambriento, caliente, ardiendo. Lo hago con fuerza, llegando al final, golpeando con él las paredes de mi vagina como si fueses tú mismo. Mis gemidos son fuertes, intensos. Lo saco. Lo lamo. Lo vuelvo a meter. Lo dejo dentro y continuo frotando mi clítoris, más deprisa, más fuerte, cada vez más... cuando llego al orgasmo el consolador sale de mi interior del todo, debido a las contracciones, recubierto de una espesa y blanca corrida.
Tengo una fantasía (y 2. Final)
Estoy nerviosa y tremendamente excitada cuando sus dedos recorren mi sexo, lo acarician, lo abren y me habla al oido, susurrándome de nuevo.
"Confías en mí?",- me pregunta. Le respondo afirmativamente. Su mano me acaricia más deprisa, provocando mi placer enseguida. Su mano toma mi mano derecha y la lleva hasta su entrepierna, y comienzo a acariciar su sexo por encima del pantalón. Enseguida lo desabrocho y tomo la carne entre mis dedos, acariciándola, arriba y abajo.
De repente, otra mano toma mi mano izquierda y siento en ella otro sexo, hinchado, un segundo hombre. Estoy sorprendida. Pero no digo nada tampoco cuando noto un tercer hombre junto a mí, que hace que gire la cabeza y me dice que abra la boca, introduciéndose en ella. Son tres... sólo pienso eso y me dejo llevar.
Mis manos acariciándo dos vergas, una de ellas desconocida y en mi boca, una tercera, anónima... una cuarta se une al grupo, invadiendo mi sexo de manera brusca, algo violenta incluso, y no puedo evitar gemir ya, mientras lamo, toco, me mojo cada vez más.
Se turnan, en ningún momento encuentro mis manos desocupadas, mi boca vacía ni mi sexo deja de sentir embestidas de diferentes hombres. Ya no sé si son 4 o pueden ser más turnándose, y me da lo mismo. Sólo sé que estoy sintiendo un inmenso placer, un morbo impresionante... que los orgasmos hace rato que se suceden en mi interior, abrasándome por dentro, mojándome por fuera, que mis gemidos deben estar oyéndose en todo el local, pero me da lo mismo, porque estoy disfrutando de mi cuerpo de manera plena y como no hubiese imaginado jamás que lo haría, en esa situación. Y que no sé cuántos sexos he lamido ya, cuántos han entrado en mi sexo... cuántos dejan caer su blanco esperma en mi cuerpo, mis piernas, mi torso, mi cara...
"Confías en mí?",- me pregunta. Le respondo afirmativamente. Su mano me acaricia más deprisa, provocando mi placer enseguida. Su mano toma mi mano derecha y la lleva hasta su entrepierna, y comienzo a acariciar su sexo por encima del pantalón. Enseguida lo desabrocho y tomo la carne entre mis dedos, acariciándola, arriba y abajo.
De repente, otra mano toma mi mano izquierda y siento en ella otro sexo, hinchado, un segundo hombre. Estoy sorprendida. Pero no digo nada tampoco cuando noto un tercer hombre junto a mí, que hace que gire la cabeza y me dice que abra la boca, introduciéndose en ella. Son tres... sólo pienso eso y me dejo llevar.
Mis manos acariciándo dos vergas, una de ellas desconocida y en mi boca, una tercera, anónima... una cuarta se une al grupo, invadiendo mi sexo de manera brusca, algo violenta incluso, y no puedo evitar gemir ya, mientras lamo, toco, me mojo cada vez más.
Se turnan, en ningún momento encuentro mis manos desocupadas, mi boca vacía ni mi sexo deja de sentir embestidas de diferentes hombres. Ya no sé si son 4 o pueden ser más turnándose, y me da lo mismo. Sólo sé que estoy sintiendo un inmenso placer, un morbo impresionante... que los orgasmos hace rato que se suceden en mi interior, abrasándome por dentro, mojándome por fuera, que mis gemidos deben estar oyéndose en todo el local, pero me da lo mismo, porque estoy disfrutando de mi cuerpo de manera plena y como no hubiese imaginado jamás que lo haría, en esa situación. Y que no sé cuántos sexos he lamido ya, cuántos han entrado en mi sexo... cuántos dejan caer su blanco esperma en mi cuerpo, mis piernas, mi torso, mi cara... Tengo una fantasía... por cumplir (1)
No me dice dónde vamos... mi amante conduce el coche por las calles de la ciudad, en una noche tranquila.
Deja el coche en una calle pequeña, poco transitada. Ya en la acera, me toma de la mano y me conduce hasta una puerta negra, con un pequeño letrero dorado que no me da tiempo a leer.
Nos abre la puerta una mujer madura, con una sonrisa de oreja a oreja y que nos saluda amablemente invitándonos a pasar. Lo hacemos. Yo sigo de la mano de mi amante, sin decir nada, nerviosa y excitada a la vez.
El local está en penumbra, distingo al camarero tras una barra larga, a la derecha, dorada y roja, en la que hay sentados 2 hombres, tomando una copa y charlando, que nos miran al entrar... la decoración es sencilla, creo distinguir un par de puertas al fondo de la sala, en la parte más oscura. A la izquiera, mesas bajitas con taburetes pequeños, negros. Algo más al fondo, una pequeña zona de suelo sin enmoquetar, luces en el techo, una pista de baile, creo, rodeada de cortinas negras transparentes... es un local de intercambio, seguro.
La mujer habla con nosotros, pero se nota que le conoce a él de haber estado allí más veces. Nos invita a pasar al fondo, traspasar una de aquellas puertas, nos acompaña hasta ella y entramos. Todo esta oscuro al principio, me cuesta distinguir algo. Mi amante se pega a mi cuerpo, por detrás, agarrando mis pechos y apretándolos por encima de la ropa y me susurra al oido que va a hacerme sentir todo lo que a mí me gusta... que sólo tengo que confiar en él y dejarme llevar. Asiento con la cabeza. Suelta mis pechos y tras un momento de liberación, sus manos a la altura de mi cabeza tapan mis ojos con una venda suave, que me impide ver nada. Se coloca delante de mí y desabrocha los botones de mi camisa, despacio, quitándomela. Hace lo mismo con la falda, que deja caer a mis pies y me ayuda tomándome de las manos a quitarla del todo. Las bragas, el sujetador, los zapatos... completamente desnuda. Me acaricia suavemente, me besa en los labios, mi lengua busca la suya y él me la da, juguetón, sabio... provocándome. Sus manos se deslizan por toda mi piel y llegan a mi sexo, ya húmedo por sus caricias, sus preámbulos, su misterior.
Me pide que le acompañe. Se coloca detrás de mí y andamos unos pasos en la habitación. Me dice que siga sus instrucciones, que tengo que sentarme ahora, que está un poco alto. Me ayuda a subirme en una especie de escalón y a girarme, y me siento en lo que noto duro y frio, aunque se calienta enseguida con el calor de mi piel. Me empuja suavemente en el pecho hasta tumbarme. Me toma de las piernas y las coloca una en cada lado, apoyadas contra unos estribos...es como una camilla de esas de ginecólogo, pero más cómoda en realidad.
Deja el coche en una calle pequeña, poco transitada. Ya en la acera, me toma de la mano y me conduce hasta una puerta negra, con un pequeño letrero dorado que no me da tiempo a leer.
Nos abre la puerta una mujer madura, con una sonrisa de oreja a oreja y que nos saluda amablemente invitándonos a pasar. Lo hacemos. Yo sigo de la mano de mi amante, sin decir nada, nerviosa y excitada a la vez.
El local está en penumbra, distingo al camarero tras una barra larga, a la derecha, dorada y roja, en la que hay sentados 2 hombres, tomando una copa y charlando, que nos miran al entrar... la decoración es sencilla, creo distinguir un par de puertas al fondo de la sala, en la parte más oscura. A la izquiera, mesas bajitas con taburetes pequeños, negros. Algo más al fondo, una pequeña zona de suelo sin enmoquetar, luces en el techo, una pista de baile, creo, rodeada de cortinas negras transparentes... es un local de intercambio, seguro.
La mujer habla con nosotros, pero se nota que le conoce a él de haber estado allí más veces. Nos invita a pasar al fondo, traspasar una de aquellas puertas, nos acompaña hasta ella y entramos. Todo esta oscuro al principio, me cuesta distinguir algo. Mi amante se pega a mi cuerpo, por detrás, agarrando mis pechos y apretándolos por encima de la ropa y me susurra al oido que va a hacerme sentir todo lo que a mí me gusta... que sólo tengo que confiar en él y dejarme llevar. Asiento con la cabeza. Suelta mis pechos y tras un momento de liberación, sus manos a la altura de mi cabeza tapan mis ojos con una venda suave, que me impide ver nada. Se coloca delante de mí y desabrocha los botones de mi camisa, despacio, quitándomela. Hace lo mismo con la falda, que deja caer a mis pies y me ayuda tomándome de las manos a quitarla del todo. Las bragas, el sujetador, los zapatos... completamente desnuda. Me acaricia suavemente, me besa en los labios, mi lengua busca la suya y él me la da, juguetón, sabio... provocándome. Sus manos se deslizan por toda mi piel y llegan a mi sexo, ya húmedo por sus caricias, sus preámbulos, su misterior.
Me pide que le acompañe. Se coloca detrás de mí y andamos unos pasos en la habitación. Me dice que siga sus instrucciones, que tengo que sentarme ahora, que está un poco alto. Me ayuda a subirme en una especie de escalón y a girarme, y me siento en lo que noto duro y frio, aunque se calienta enseguida con el calor de mi piel. Me empuja suavemente en el pecho hasta tumbarme. Me toma de las piernas y las coloca una en cada lado, apoyadas contra unos estribos...es como una camilla de esas de ginecólogo, pero más cómoda en realidad.
El tren
Subo al tren, al cercanías, a las 18,44 h. dirección Madrid. Es verano, agosto y apenas hay gente en los andenes, cómo se notan las vacaciones, jó, que envidia; he salido de trabajar a las 18,30 h. y voy a una cita, he quedado con Pe. Algún día hablaré de Pe... de mi "especial relación" con él.
Me siento en la zona de las puertas, en un asiento de esos abatibles y abro mi libro... me pongo a leer y no presto atención a nada más. Tengo unos 25 minutos de trayecto. Enseguida me doy cuenta de que tengo un hombre enfrente, a la derecha, mirándome. Está tocándose, con la mano metida en el bolsillo, a través de la tela, mientras me mira descaradamente.
Vuelvo a mi libro y le ignoro. Cierro las piernas. Llevo una falda cruzada, y se abre al sentarme así que intento cerrarla todo lo que puedo, metiendo la tela entre mis muslos y juntándolos. Levanto la mirada de nuevo y sigue mirándome. Me hace un gesto como diciendo: "venga, no te cuesta nada..."
Aprieto más los muslos, con fuerza, y bajo la mirada. Parada. No sube nadie en esta estación. No me concentro en la lectura. Algo pasa por mi cabeza... me digo a mí misma: "si abres las piernas y dejas que todo pase... cuando se lo cuentes a Pe. le encantará, se excitará imaginando la situación, venga, no seas tonta, si te da morbo...".
Sin levantar la mirada del libro, mis muslos se relajan, mis piernas se abren despacio y me dejo resbalar hacia el borde del asiento... la falda se ha abierto hasta dejar al aire mi muslo izquierdo, él lo puede ver perfectamente. Me giro un poco hacia él. Detrás de mí, un par de chavales que están de espaldas, no se enteran de nada.
Creo que desde su asiento puede ver mis bragas negras de encaje. Sonrío y sigo haciendo que leo. Mi mano se desliza por mi muslo desnudo un momento, como si nada...
Cuando levanto la mirada veo que ha puesto su periódico encima de su entrepierna y su mano se mueve debajo de las páginas.
Otra parada. Yo cierro las piernas y él para su movimiento. Sube un hombre que se sienta detrás de él, de frente y se pone a leer el periódico. Cuando se cierran las puertas, vuelvo a mostrarme a ese desconocido que se masturba mirándome, descaradamente.
Las paradas se suceden y nuestro juego es el mismo. Hasta que llega la mía. Me pongo de pie. Tengo que bajar por la puerta junto a la que él está sentado. Paso por su lado, cerca, rozándole con la tela de mi falda, provocadora. El, sentado, se acerca levemente a mí, inclinándose, mientras espero, le veo por el cristal de la puerta. Me huele, aspira mi olor profundamente.
Seguro que ha captado el olor de mi excitación...
Me siento en la zona de las puertas, en un asiento de esos abatibles y abro mi libro... me pongo a leer y no presto atención a nada más. Tengo unos 25 minutos de trayecto. Enseguida me doy cuenta de que tengo un hombre enfrente, a la derecha, mirándome. Está tocándose, con la mano metida en el bolsillo, a través de la tela, mientras me mira descaradamente.
Vuelvo a mi libro y le ignoro. Cierro las piernas. Llevo una falda cruzada, y se abre al sentarme así que intento cerrarla todo lo que puedo, metiendo la tela entre mis muslos y juntándolos. Levanto la mirada de nuevo y sigue mirándome. Me hace un gesto como diciendo: "venga, no te cuesta nada..."
Aprieto más los muslos, con fuerza, y bajo la mirada. Parada. No sube nadie en esta estación. No me concentro en la lectura. Algo pasa por mi cabeza... me digo a mí misma: "si abres las piernas y dejas que todo pase... cuando se lo cuentes a Pe. le encantará, se excitará imaginando la situación, venga, no seas tonta, si te da morbo...".
Sin levantar la mirada del libro, mis muslos se relajan, mis piernas se abren despacio y me dejo resbalar hacia el borde del asiento... la falda se ha abierto hasta dejar al aire mi muslo izquierdo, él lo puede ver perfectamente. Me giro un poco hacia él. Detrás de mí, un par de chavales que están de espaldas, no se enteran de nada.
Creo que desde su asiento puede ver mis bragas negras de encaje. Sonrío y sigo haciendo que leo. Mi mano se desliza por mi muslo desnudo un momento, como si nada...
Cuando levanto la mirada veo que ha puesto su periódico encima de su entrepierna y su mano se mueve debajo de las páginas.
Otra parada. Yo cierro las piernas y él para su movimiento. Sube un hombre que se sienta detrás de él, de frente y se pone a leer el periódico. Cuando se cierran las puertas, vuelvo a mostrarme a ese desconocido que se masturba mirándome, descaradamente.
Las paradas se suceden y nuestro juego es el mismo. Hasta que llega la mía. Me pongo de pie. Tengo que bajar por la puerta junto a la que él está sentado. Paso por su lado, cerca, rozándole con la tela de mi falda, provocadora. El, sentado, se acerca levemente a mí, inclinándose, mientras espero, le veo por el cristal de la puerta. Me huele, aspira mi olor profundamente.
Seguro que ha captado el olor de mi excitación...
Quiero.
Quiero. Ahora. Ven ya..
Quiero dejarme caer en la cama, desnuda.
Quiero cerrar los ojos y concentrarme en mi piel, en sentir.
Quiero dejarme llevar.
Quiero escuchar tu respiración, tus movimientos a mi alrededor y no ver nada.
Quiero sentir tus manos tomarme de las muñecas y atarlas al cabecero de la cama, vendarme los ojos.
Quiero sentir tus dedos deslizarse por mi cabello, mi rostro, invadir mi boca.
Quiero lamerlos.
Quiero que tus manos tomen mis pechos, los aprieten, los acaricien, los pellizquen.
Quiero que tus dedos bajen por mi vientre, sabios, hasta mi pubis, jugueteando con el vello recortado, buscando la hendidura de mi sexo, ya húmedo, ya caliente, ya excitado.
Quiero que lo toques, lo invadas, lo profanes.
Quiero que busques ese trozo de carne pequeño que tan loca me vuelve sentir en tu poder, pellizcándolo, estirándolo, acariciándolo.
Quiero sentir tus dedos en mi interior, hurgando en mi sexo empapado mientras la otra mano acaricia mi clítoris.
Quiero que me hagas gemir, suspirar, gritar...
Invádeme, tómame, poséeme, hazme tuya, que mi placer en esos instantes dependa de ti, de tu poder sobre mí.
Quiero.... Ven ya.
Quiero dejarme caer en la cama, desnuda.
Quiero cerrar los ojos y concentrarme en mi piel, en sentir.
Quiero dejarme llevar.
Quiero escuchar tu respiración, tus movimientos a mi alrededor y no ver nada.
Quiero sentir tus manos tomarme de las muñecas y atarlas al cabecero de la cama, vendarme los ojos.
Quiero sentir tus dedos deslizarse por mi cabello, mi rostro, invadir mi boca.
Quiero lamerlos.
Quiero que tus manos tomen mis pechos, los aprieten, los acaricien, los pellizquen.Quiero que tus dedos bajen por mi vientre, sabios, hasta mi pubis, jugueteando con el vello recortado, buscando la hendidura de mi sexo, ya húmedo, ya caliente, ya excitado.
Quiero que lo toques, lo invadas, lo profanes.
Quiero que busques ese trozo de carne pequeño que tan loca me vuelve sentir en tu poder, pellizcándolo, estirándolo, acariciándolo.
Quiero sentir tus dedos en mi interior, hurgando en mi sexo empapado mientras la otra mano acaricia mi clítoris.
Quiero que me hagas gemir, suspirar, gritar...
Invádeme, tómame, poséeme, hazme tuya, que mi placer en esos instantes dependa de ti, de tu poder sobre mí.
Quiero.... Ven ya.





