Messenger interruptus...
Una conversación que se ha iniciado con un sms horas antes:
De V. a sirena: "stoy n el sofá tumbado y al cerrar los ojos no h podido evitar imaginart aqui, atada"
De sirena a V.: "s excitante q pienses en mi. El lunes lo tngo libre"
Más tarde, la conversación sigue en internet...
V. dice: he leido lo que me mandaste... impresionante
sirena dice: el texto?
V dice: sí, me ha excitado más aún... ¿qué te gustaría que estuviese haciendo ahora?
sirena dice: tocarte pensando en mi, deseando que fuese yo
V. dice: eso hago, ¿qué me harías si fueses tú?
sirena dice: pues yo me acercaría a ti a 4 patas, vestida sólo con medias, sostén y bragas... todo negro... y zapatos de tacón, claro
cuando llegase junto a ti me restregaría por tus piernas, como una gata en celo, mis manos subirían por ellas, acariciándolas
sirena dice: arañándolas un poquito, suave, como marcando... ya sabes, las gatas somos asi... y sin darte cuenta me tendrias entre sus piernas
V dice: mmm
sirena dice: con mis pechos apoyandos contra ti, mis manos acariciándo tu torso... te miraría a los ojos a ver qué quieres...
sirena dice: que me dirían tus ojos?
V dice: para para dios
V dice: llaman al timbre, joder que oportunos
sirena dice: jajaja coitus interruptus, lo siento por tu ereccion
V dice: joder, mi primo. Tengo que ir al baño
sirena dice: jajajajaa, anda anda, desahogate, no vaya a ser que te lo note, ya hablaremos...
De V. a sirena: "stoy n el sofá tumbado y al cerrar los ojos no h podido evitar imaginart aqui, atada"
De sirena a V.: "s excitante q pienses en mi. El lunes lo tngo libre"
Más tarde, la conversación sigue en internet...
V. dice: he leido lo que me mandaste... impresionante
sirena dice: el texto?
V dice: sí, me ha excitado más aún... ¿qué te gustaría que estuviese haciendo ahora?
sirena dice: tocarte pensando en mi, deseando que fuese yo
V. dice: eso hago, ¿qué me harías si fueses tú?
sirena dice: pues yo me acercaría a ti a 4 patas, vestida sólo con medias, sostén y bragas... todo negro... y zapatos de tacón, claro
cuando llegase junto a ti me restregaría por tus piernas, como una gata en celo, mis manos subirían por ellas, acariciándolas
sirena dice: arañándolas un poquito, suave, como marcando... ya sabes, las gatas somos asi... y sin darte cuenta me tendrias entre sus piernas
V dice: mmm
sirena dice: con mis pechos apoyandos contra ti, mis manos acariciándo tu torso... te miraría a los ojos a ver qué quieres...
sirena dice: que me dirían tus ojos?
V dice: para para dios
V dice: llaman al timbre, joder que oportunos
sirena dice: jajaja coitus interruptus, lo siento por tu ereccion
V dice: joder, mi primo. Tengo que ir al baño
sirena dice: jajajajaa, anda anda, desahogate, no vaya a ser que te lo note, ya hablaremos...
La playa
Estaba lloviendo cuando nos levantamos. Ibamos a ir a la playa así que... se fastidió.
Finalmente, sin toallas, sin bañadores, nos montamos en el coche y me llevas a ver un pueblo de la costa, muy turístico, comemos tranquilamente y como parece que ha dejado de llover, me propones comprar una toalla y acercanos a la playa.
"Pero... no hemos traido bañador..."
"No hace falta",- me dices, sonriendo, divertido. Así que paseamos por los tenderetes y las tiendas para turistas y al final compras una toalla grande, enorme, para los dos. Cogemos el coche de nuevo y unos pocos kilómetros más allá, paramos. Hay que bajar un desfiladero andando para acceder a la playa. Lo que yo me imaginaba... nudista.
Nunca había estado en una y aunque tenía ganas, me moría de vergüenza en esos momentos. Así que llegamos y con toda la naturalidad y espontaneidad (forzada) que pude, me deshice del vestidido de verano blanco (debajo del cual no llevaba sujetador) y del tanga y, sin más, me tumbé en la toalla que ya habías extendido en la arena. No hay más que dos chicos en el otro lado de la cala y un hombre solo, cerca de donde estamos.
Estoy bien así, tumbada, sintiendo la brisa y tus manos en mi piel, acariciándome ambos suavemente. Miro a mi alrededor. Es agradable estar así, tumbada, relajada, casi sin gente alrededor, desnuda. Cierro los ojos. No quiero dormirme, pero sí concentrarme en sentir...
Al rato veo que los chicos se van... se ha nublado un poco y ha refrescado. El hombre solo permanece ahí. Es un mirón... poco me importa y a tí tampoco, de hecho, le provocas, acariciándome descaradamente, besándome...
-"Si sigues así, le calientas a él y a mí..."
-"¿Sí...? Yo sé cómo quitar ese calor...-me dices levantándote. Te vas al agua y me pides que te acompañe. Me incorporo y te miro dentro del agua, zambulléndote, saliendo, gritándome para que vaya. El mirón no nos quita ojo, sobre todo a mí ahora que me levanto y voy hacia la orilla. Me siento en ella, dejando que el agua me vaya salpicando poco a poco. Sales del agua y te acercas a mi... no sé cómo lo has hecho, pero tienes una erección importante.
-"Vamos...",-me dices tendiéndome la mano. La tomo y me meto contigo en el agua. No está fria, y el mar está bastante calmado. Mis pezones se endurecen al contacto con el agua, el cambio de temperatura. Estoy frente a tí y cubres mis pechos con tus manos, apretándolos levemente. Me pego a ti, dejándote que me abraces, te beso.
Jugamos en el agua, nos acariciamos... me tumbo y dejo que el movimiento de las olas me balancee... cuando me doy cuenta, estás entre mis piernas y me atraes contra tí. Noto tu erección, algo más suave que antes... una de tus manos se pierde entre mis muslos alcanzando mi sexo abierto así. La sensación es extraña... pero estoy excitada. Miro hacia la orilla. Nuestro amigo el mirón sigue allí, no quita ojo.
Vuelves a atraer mi cuerpo contra el tuyo y entonces te siento en mi interior... y crece dentro de mí, lo noto y me dejo llevar, así, tumbada, por el agua y por tí, me mecéis mientras gimo, mientras disfruto de ese momento...
Finalmente, sin toallas, sin bañadores, nos montamos en el coche y me llevas a ver un pueblo de la costa, muy turístico, comemos tranquilamente y como parece que ha dejado de llover, me propones comprar una toalla y acercanos a la playa.
"Pero... no hemos traido bañador..."
"No hace falta",- me dices, sonriendo, divertido. Así que paseamos por los tenderetes y las tiendas para turistas y al final compras una toalla grande, enorme, para los dos. Cogemos el coche de nuevo y unos pocos kilómetros más allá, paramos. Hay que bajar un desfiladero andando para acceder a la playa. Lo que yo me imaginaba... nudista.
Nunca había estado en una y aunque tenía ganas, me moría de vergüenza en esos momentos. Así que llegamos y con toda la naturalidad y espontaneidad (forzada) que pude, me deshice del vestidido de verano blanco (debajo del cual no llevaba sujetador) y del tanga y, sin más, me tumbé en la toalla que ya habías extendido en la arena. No hay más que dos chicos en el otro lado de la cala y un hombre solo, cerca de donde estamos.
Estoy bien así, tumbada, sintiendo la brisa y tus manos en mi piel, acariciándome ambos suavemente. Miro a mi alrededor. Es agradable estar así, tumbada, relajada, casi sin gente alrededor, desnuda. Cierro los ojos. No quiero dormirme, pero sí concentrarme en sentir...
Al rato veo que los chicos se van... se ha nublado un poco y ha refrescado. El hombre solo permanece ahí. Es un mirón... poco me importa y a tí tampoco, de hecho, le provocas, acariciándome descaradamente, besándome...
-"Si sigues así, le calientas a él y a mí..."
-"¿Sí...? Yo sé cómo quitar ese calor...-me dices levantándote. Te vas al agua y me pides que te acompañe. Me incorporo y te miro dentro del agua, zambulléndote, saliendo, gritándome para que vaya. El mirón no nos quita ojo, sobre todo a mí ahora que me levanto y voy hacia la orilla. Me siento en ella, dejando que el agua me vaya salpicando poco a poco. Sales del agua y te acercas a mi... no sé cómo lo has hecho, pero tienes una erección importante.
-"Vamos...",-me dices tendiéndome la mano. La tomo y me meto contigo en el agua. No está fria, y el mar está bastante calmado. Mis pezones se endurecen al contacto con el agua, el cambio de temperatura. Estoy frente a tí y cubres mis pechos con tus manos, apretándolos levemente. Me pego a ti, dejándote que me abraces, te beso.
Jugamos en el agua, nos acariciamos... me tumbo y dejo que el movimiento de las olas me balancee... cuando me doy cuenta, estás entre mis piernas y me atraes contra tí. Noto tu erección, algo más suave que antes... una de tus manos se pierde entre mis muslos alcanzando mi sexo abierto así. La sensación es extraña... pero estoy excitada. Miro hacia la orilla. Nuestro amigo el mirón sigue allí, no quita ojo.

Vuelves a atraer mi cuerpo contra el tuyo y entonces te siento en mi interior... y crece dentro de mí, lo noto y me dejo llevar, así, tumbada, por el agua y por tí, me mecéis mientras gimo, mientras disfruto de ese momento...
Ese sabor...
¿Te gusta ese sabor?
Abro las piernas para tí, piérdete entre mis muslos, pero te advierto... soy muy exigente. Acaricia con tu lengua, mordisquea, lame... hazme gemir, si lo consigues, seré tuya, podrás hacer conmigo lo que quieras.
Quiero estremecerme sintiendo tu boca en mi carne, la saliva resbalando, tu lengua buscando ansiosa mi placer.
Vamos excítame, caliéntame, haz que me deshaga en tu boca, sé que te gusta ese sabor...
Abro las piernas para tí, piérdete entre mis muslos, pero te advierto... soy muy exigente. Acaricia con tu lengua, mordisquea, lame... hazme gemir, si lo consigues, seré tuya, podrás hacer conmigo lo que quieras.
Quiero estremecerme sintiendo tu boca en mi carne, la saliva resbalando, tu lengua buscando ansiosa mi placer.
Vamos excítame, caliéntame, haz que me deshaga en tu boca, sé que te gusta ese sabor...
El parking
Esa era nuestra primera cita solos desde que aquella tarde en la que nos habían presentado. Desde entonces, habíamos mantenido conversaciones telefónicas diarias hasta que nos habíamos decidido a quedar a solas.
Había ido a recogerme a la salida del trabajo y habíamos tomado algo en un pub. Se hacía tarde y volvíamos al aparcamiento subterráneo donde Pe. había aparcado el coche. Estaba claro que habíamos empezado algo, que deseábamos seguir adelante y llegar mucho más allá pero apenas nos habíamos rozado levemente en ese primer encuentro, delante de 2 copas. Pero lo deseábamos.
Bajábamos las escaleras hacia la planta donde estaba aparcado el coche cuando, al pasar por delante de la puerta de los servicios, me cogió del brazo empujándome dentro, cerrando tras de sí y colocando su cuerpo de manera que no se pudiese ni abrir desde fuera ni yo accediese a ella desde dentro. Me asusta un poco.
-"¿Qué...?"
-"Sshhh... silencio, no nos han visto entrar...",-dijo agarrándome y dándome la vuelta, contra la pared, sujetándome para que me estuviese quieta. Acarició mi trasero por encima de la tela de la falda antes de perder su mano por debajo, rozando la piel de mis muslos en su camino a mi sexo. Estaba nerviosa, me daba miedo que alguien pudiese querer entrar al baño y nos pillase así. Pero, a la vez, la situación me producía una excitación nueva para mí.
Acaricia la carne entre mis piernas y me estremezco.
Sube mi falda y deja mi trasero al aire. Sus dedos acarician la piel al descubierto, agarran mis caderas y noto su erección pegada a mí, a través de su pantalón.
-"Te encantaría que te follase ahora mismo, ¿verdad?
Me sonrojo ante su manera de hablarme, tan directa y porque me siento descubierta en lo que siento en esos momentos. Escucho la cremallera de su pantalón deslizarse, su mano apartando el tanga dejando al descubierto mi sexo y, al momento, su verga dura deslizarse por toda mi hendidura caliente que pide a gritos ser poseida. Un azote en mi nalga derecha me hace reaccionar intentando levantarme.
-"No, no, no pequeña, sigue ahí... o mejor, date la vuelta y ponte de rodillas".
Dudo un instante, pero lo hago finalmente, quedando a sus pies, con su sexo erguido delante de mi cara. Sin más, lo tomo con mis manos, lo acarició, acerco mi boca y lo lamo despacio, con cuidado, pero él tiene otra idea de cómo quiere que suceda esto y me empuja, casi haciéndome caer, dejándome de nuevo contra la pared, y clava su verga en mi boca, hasta la garganta, hasta conseguir que tenga arcadas.
. Me dice que le mire y con su sexo en mi boca, llenándome, elevo como puedo la mirada y la cabeza.
Cuando nuestras miradas están fijas la una en la otra, comienza a moverse dentro de mi boca, despacio. Se me saltan las lágrimas cuando se hunde hasta lo más profundo de mi garganta, quedándose ahí un tiempo, disfrutando del calor y la estrechez que ofrece esa parte de mi cuerpo. Deseo que vuelva a ponerme de pie y sentirle en mi sexo, pero finalmente, él eyacula en mi cara. Le miro, contenta y a la vez decepcionada porque quería sentir su poder en mi interior, de la otra manera, pero no ha querido.
Nos arreglamos antes de salir del baño.
-"Pensé que querías follarme...".- le digo.
-"Cuanto te lo merezcas...",-contesta. -"Quítate las bragas y dámelas". Un chispazo en mi mente y mi sexo palpita con esas palabras. Dominio.
Había ido a recogerme a la salida del trabajo y habíamos tomado algo en un pub. Se hacía tarde y volvíamos al aparcamiento subterráneo donde Pe. había aparcado el coche. Estaba claro que habíamos empezado algo, que deseábamos seguir adelante y llegar mucho más allá pero apenas nos habíamos rozado levemente en ese primer encuentro, delante de 2 copas. Pero lo deseábamos.
Bajábamos las escaleras hacia la planta donde estaba aparcado el coche cuando, al pasar por delante de la puerta de los servicios, me cogió del brazo empujándome dentro, cerrando tras de sí y colocando su cuerpo de manera que no se pudiese ni abrir desde fuera ni yo accediese a ella desde dentro. Me asusta un poco.
-"¿Qué...?"
-"Sshhh... silencio, no nos han visto entrar...",-dijo agarrándome y dándome la vuelta, contra la pared, sujetándome para que me estuviese quieta. Acarició mi trasero por encima de la tela de la falda antes de perder su mano por debajo, rozando la piel de mis muslos en su camino a mi sexo. Estaba nerviosa, me daba miedo que alguien pudiese querer entrar al baño y nos pillase así. Pero, a la vez, la situación me producía una excitación nueva para mí.
Acaricia la carne entre mis piernas y me estremezco.
Sube mi falda y deja mi trasero al aire. Sus dedos acarician la piel al descubierto, agarran mis caderas y noto su erección pegada a mí, a través de su pantalón.-"Te encantaría que te follase ahora mismo, ¿verdad?
Me sonrojo ante su manera de hablarme, tan directa y porque me siento descubierta en lo que siento en esos momentos. Escucho la cremallera de su pantalón deslizarse, su mano apartando el tanga dejando al descubierto mi sexo y, al momento, su verga dura deslizarse por toda mi hendidura caliente que pide a gritos ser poseida. Un azote en mi nalga derecha me hace reaccionar intentando levantarme.
-"No, no, no pequeña, sigue ahí... o mejor, date la vuelta y ponte de rodillas".
Dudo un instante, pero lo hago finalmente, quedando a sus pies, con su sexo erguido delante de mi cara. Sin más, lo tomo con mis manos, lo acarició, acerco mi boca y lo lamo despacio, con cuidado, pero él tiene otra idea de cómo quiere que suceda esto y me empuja, casi haciéndome caer, dejándome de nuevo contra la pared, y clava su verga en mi boca, hasta la garganta, hasta conseguir que tenga arcadas.
. Me dice que le mire y con su sexo en mi boca, llenándome, elevo como puedo la mirada y la cabeza. Cuando nuestras miradas están fijas la una en la otra, comienza a moverse dentro de mi boca, despacio. Se me saltan las lágrimas cuando se hunde hasta lo más profundo de mi garganta, quedándose ahí un tiempo, disfrutando del calor y la estrechez que ofrece esa parte de mi cuerpo. Deseo que vuelva a ponerme de pie y sentirle en mi sexo, pero finalmente, él eyacula en mi cara. Le miro, contenta y a la vez decepcionada porque quería sentir su poder en mi interior, de la otra manera, pero no ha querido.
Nos arreglamos antes de salir del baño.
-"Pensé que querías follarme...".- le digo.
-"Cuanto te lo merezcas...",-contesta. -"Quítate las bragas y dámelas". Un chispazo en mi mente y mi sexo palpita con esas palabras. Dominio.
Besos
Charlan animadamente en esa tienda de los años 30 reconvertida en café-restaurante.
"¿Cómo era eso que dijiste de los besos...?"
"Pues que no me gustan, les he perdido el gusto y no es una cosa que eche de menos en realidad",-responde ella, sonriéndole, adivinando por donde va a encaminarse ahora.
El no lo entiende. Ella explica que pasó tiempo besando a un hombre que fumaba mucho y resultaba bastante desagradable, era lo típico de "parece que estoy lamiendo un cenicero". Y que tal vez no sea sólo eso, sino que ella cree que los besos son algo más personal, más... sentimental tal vez, y que no vienen al caso en su vida desde hace mucho tiempo. Que un beso significa más seguramente que cualquier otro acto íntimo, al menos para ella.
C. se levanta y acercándose a ella besa sus labios. Ella no se mueve, no hace nada, se deja hacer y sonríe cuando él la mira de nuevo diciendo que le gustaría que se aficionase otra vez a ellos...
"Tal vez...",-responde ella pícara.
Cambian de lugar, ahora están sentados en un café con música tranquila de fondo: jazz, bossanova... él vuelve a besarla, una, dos, tres veces... ella se deja hacer, de nuevo... "bésame tú",-dice y vuelve a tomar su boca. Esta vez ella le corresponde, mordisquea, lame, besa.
Sus bocas se gustan, se degustan, se unen una y otra vez. Ella desearía más, está excitada. C. es un hombre con un tremendo atractivo, una carga sexual muy intensa y ella la ha notado desde los primeros cinco minutos a su lado. No les hacía falta besarse para saberlo. Se desean.
Pero tendrán que esperar...
(...)
aquellos besos
que
trepaban
por la piel, enramándose y mordiendo,
desde los puros cuerpos extendidos
hasta la piedra azul de la nave nocturna.
(...)
de: "Amores" en "Memorial de la Isla Negra". Pablo Neruda
"¿Cómo era eso que dijiste de los besos...?"
"Pues que no me gustan, les he perdido el gusto y no es una cosa que eche de menos en realidad",-responde ella, sonriéndole, adivinando por donde va a encaminarse ahora.
El no lo entiende. Ella explica que pasó tiempo besando a un hombre que fumaba mucho y resultaba bastante desagradable, era lo típico de "parece que estoy lamiendo un cenicero". Y que tal vez no sea sólo eso, sino que ella cree que los besos son algo más personal, más... sentimental tal vez, y que no vienen al caso en su vida desde hace mucho tiempo. Que un beso significa más seguramente que cualquier otro acto íntimo, al menos para ella.
C. se levanta y acercándose a ella besa sus labios. Ella no se mueve, no hace nada, se deja hacer y sonríe cuando él la mira de nuevo diciendo que le gustaría que se aficionase otra vez a ellos...
"Tal vez...",-responde ella pícara.
Cambian de lugar, ahora están sentados en un café con música tranquila de fondo: jazz, bossanova... él vuelve a besarla, una, dos, tres veces... ella se deja hacer, de nuevo... "bésame tú",-dice y vuelve a tomar su boca. Esta vez ella le corresponde, mordisquea, lame, besa. Sus bocas se gustan, se degustan, se unen una y otra vez. Ella desearía más, está excitada. C. es un hombre con un tremendo atractivo, una carga sexual muy intensa y ella la ha notado desde los primeros cinco minutos a su lado. No les hacía falta besarse para saberlo. Se desean.
Pero tendrán que esperar...
(...)
aquellos besos
que
trepaban
por la piel, enramándose y mordiendo,
desde los puros cuerpos extendidos
hasta la piedra azul de la nave nocturna.
(...)
de: "Amores" en "Memorial de la Isla Negra". Pablo Neruda
La primera vez (2 y final)
Otro hielo se desliza por su caliente sexo... y de repente lo introduce dentro de ella. Frio... no... Quema. Se remueve queriendo librarse de él, empuja y los músculos de su vagina intentan que salga de su interior, pero se deshace antes. Las manos de él, ahora frias, hacen que su vello se erice cuando las siente en sus muslos, su sexo, sus pechos... ella gime, se siente sorprendida, excitada, embriagada por esas sensaciones nuevas.
El se incorpora y se coloca, casi sentado, en el pecho de ella. -"Abre la boca",-dice. Lo hace y recibe su sexo, tremendamente duro y lo lame, ansiosa. Hace que abra más la boca y él lo introduce aún más en su interior, hasta provocarle arcadas. Entonces se retira un poco y la deja hacer, tranquila, dejando sólo un ligero movimiento entrando y saliendo, una leve cadencia. Ella saborea su sexo, lo lame, lo aprieta entre sus labios hasta que él decide volver a salir de su boca y se levanta de nuevo de la cama.
La toma por los brazos, que continúan atados y la ayuda a incorporarse. Ella está algo desorientada, pero sigue dejándose llevar por su amante, ese hombre al que siente como un maestro. Hace que se levante y la coloca de espaldas a él, inclinada y apoyada sobre la cama. Se queda así, quieta, esperando, sin decir nada. Entonces le siente embestir su interior, llenarla, empujarla hasta casi hacer que pierda el equilibrio. Sus sexos unidos, complementándose, gozándose... El llenándola y ella cubriéndole. Sus manos agarrándo sin piedad sus caderas mientras ella lucha por mantener el equilibrio al sentir el temblor en sus piernas debido al placer, las manos aún atadas, los ojos vendados, desorientada, los empujones de él al penetrarla, salir de su interior y volverla a llenar.
Grita. Ella grita cuando llega al orgasmo. Es intenso, nuevo, nunca había sentido algo tan fuerte, no puede evitar derrumbarse sobre la cama, no la sostienen las piernas.
El está sonriendo cuando quita la venda de sus ojos. Está tumbada boca arriba y él sentado sobre el vientre de ella. Aún mantiene la erección y, sin decir nada, tiende sus manos para que él las desate. Ya liberada, toma el sexo hinchado de su amante y lo acaricia, lo trata con mimo al principio... pero enseguida su ritmo aumenta, su presión sobre la verga que aún brilla, mojada por sus propios fluidos es mayor... quiere que él se derrame en sus manos y lo quiere ya. El rostro de él se crispa cuando el semen se precipita fuera de su cuerpo, llenando las manos de su alumna, su amante... Sonríen.
El se incorpora y se coloca, casi sentado, en el pecho de ella. -"Abre la boca",-dice. Lo hace y recibe su sexo, tremendamente duro y lo lame, ansiosa. Hace que abra más la boca y él lo introduce aún más en su interior, hasta provocarle arcadas. Entonces se retira un poco y la deja hacer, tranquila, dejando sólo un ligero movimiento entrando y saliendo, una leve cadencia. Ella saborea su sexo, lo lame, lo aprieta entre sus labios hasta que él decide volver a salir de su boca y se levanta de nuevo de la cama.
La toma por los brazos, que continúan atados y la ayuda a incorporarse. Ella está algo desorientada, pero sigue dejándose llevar por su amante, ese hombre al que siente como un maestro. Hace que se levante y la coloca de espaldas a él, inclinada y apoyada sobre la cama. Se queda así, quieta, esperando, sin decir nada. Entonces le siente embestir su interior, llenarla, empujarla hasta casi hacer que pierda el equilibrio. Sus sexos unidos, complementándose, gozándose... El llenándola y ella cubriéndole. Sus manos agarrándo sin piedad sus caderas mientras ella lucha por mantener el equilibrio al sentir el temblor en sus piernas debido al placer, las manos aún atadas, los ojos vendados, desorientada, los empujones de él al penetrarla, salir de su interior y volverla a llenar. Grita. Ella grita cuando llega al orgasmo. Es intenso, nuevo, nunca había sentido algo tan fuerte, no puede evitar derrumbarse sobre la cama, no la sostienen las piernas.
El está sonriendo cuando quita la venda de sus ojos. Está tumbada boca arriba y él sentado sobre el vientre de ella. Aún mantiene la erección y, sin decir nada, tiende sus manos para que él las desate. Ya liberada, toma el sexo hinchado de su amante y lo acaricia, lo trata con mimo al principio... pero enseguida su ritmo aumenta, su presión sobre la verga que aún brilla, mojada por sus propios fluidos es mayor... quiere que él se derrame en sus manos y lo quiere ya. El rostro de él se crispa cuando el semen se precipita fuera de su cuerpo, llenando las manos de su alumna, su amante... Sonríen.





