Espeso y abundante
Sentirlo entre mis manos, su frugal calidez,
notarlo resbalando por mi rostro hasta el borde de mi redonda cara y sentir como gotea mezclado con mi saliba...
me gusta que cuando te corres, tu semen sea abundante, espeso y sumamente blanco, que pueda palparse con facilidad...
sentirlo en mis dedos, suave, resbalar y restregar mi rostro en tu pene brillante, aún erecto y chorreando, exprimir tu polla hasta el máximo, no dejar dentro ni una gota...
me gusta cuando te corres en mi piel, en mis pechos y verlos llenos de tí y restregarlo todo con mis manos jugueteando con mis pezones, estirándolos, apretándolos mientras tu restriegas tu polla por ellos...
me gusta cuando noto que cae en mi culo, en mis riñones tras haberme follado a cuatro patas y te corres así, sobre mí, como marcándome...
notarlo resbalando por mi rostro hasta el borde de mi redonda cara y sentir como gotea mezclado con mi saliba... me gusta que cuando te corres, tu semen sea abundante, espeso y sumamente blanco, que pueda palparse con facilidad...
sentirlo en mis dedos, suave, resbalar y restregar mi rostro en tu pene brillante, aún erecto y chorreando, exprimir tu polla hasta el máximo, no dejar dentro ni una gota...
me gusta cuando te corres en mi piel, en mis pechos y verlos llenos de tí y restregarlo todo con mis manos jugueteando con mis pezones, estirándolos, apretándolos mientras tu restriegas tu polla por ellos...
me gusta cuando noto que cae en mi culo, en mis riñones tras haberme follado a cuatro patas y te corres así, sobre mí, como marcándome...
Flores...

Resbalando por mi piel...
dibújame acariciándome con el terciopelo de sus pétalos rojos, suaves y encendidos, como mis labios, como mi sexo...
regálame una rosa y recorre mi cuerpo
regálame esa rosa
y tómame...
Desconocidos...
Salimos de trabajar a las ocho y pico de la tarde, lo habitual y mi compañera y yo íbamos hacia casa cuando a lo lejos, le vi: rubio, alto, unos 30 años, muy guapo, y caminaba hacia nosotras. No le dije nada a Cecilia y me quedé mirándole a los ojos mientras se acercaba, sonriéndole y él hacía lo mismo. Pasó de largo a nuestro lado y los dos giramos la cabeza para continuar manteniendo nuestras miradas fijas la una en la otra. Cecilia comentó divertida su descaro al mirarme mientras seguíamos andando cuando, de repente el rubio guapo nos adelanto y nos paró poniéndose frente a nosotras.
-"¿Puedo invitaros a un café?,-acento extranjero... italiano deduje. Las dos nos miramos alucinadas. Eso no lo esperabamos. Miré a Cecilia suplicándole un "sí" con la mirada...
-"Pues... sí, ¿porqué no?¿verdad?,-dije mirándola. Ella se excusó diciéndo que tenía prisa. Pero insistí y conseguí que se quedase. Nos metimos en el bar más cercano y nos quedamos en la barra.
Efectivamente, era italiano, Alex estaba en Madrid por trabajo y en dos días volvía a Italia. Cecilia estaba algo incómoda, él no tenía ojos más que para mirarme a mí (aunque esté mal decirlo) y se fue pronto, dejándonos solos. El se medio disculpó por abordarnos así en la calle diciéndome que no le había pasado nunca tener ese deseo de conocer a alguien que había visto un momento en la calle, pero que no lo había podido evitar ("Y yo me lo creo, claro",-pensé) al verme.
Me contó que llevaba ya 1 semana en Madrid y que le quedaban 2 días para volver a casa, que allí tenía novia formal desde hacía 5 años y que iba a vivir con ella en meses en un piso que había comprado, que nunca había sido infiel a su chica y en ese momento, se quedó callado y me besó.
No me dió tiempo a reaccionar, simplemente, me dejé llevar y le susurré, cuando separamos nuestros labios, que me llevase a su hotel.
Y así lo hizo.
Estaba cerca, fuimos andando. Era un hotel del centro, de 2 plantas, en el casco histórico. Su habitación estaba en la segunda planta, hacía calor y le pedí que abriese la ventana. Me senté en un butacón grande que había al fondo de la habitación y encendí la lampara de la mesita pidiéndole que apagase la del techo... se colocó en cuclillas frente a mí y sus manos se perdieron en los bajos de mi falda larga, acariciándo mis pantorrillas y subiendo hacia las rodillas. Yo quieta, le dejaba hacer mientras nos mirábamos a los ojos. Su mirada era
azul, penetrante y fria a la vez, me ponía nerviosa y aparté la mirada, me eché hacia atrás y cerré los ojos. Me dejé desnudar por sus manos algo temblorosas (a lo mejor era verdad que no había sido nunca infiel) y me dejó así, mirándole cómo se desnudaba frente a mí, dejando al descubierto una piel blanca, un cuerpo delgado pero musculado.
Me levanté y me coloqué frente a él, no quería más preámbulos, no me apetecían más caricias de un completo desconocido... tome su pene ya erecto entre mis manos y lo masajeé suavemente pero con intensidad. El gemía y sus manos acariciaban mis pechos. Quería besarme, pero no le dejé... no me apetecían sus besos, quería que me llenase sin más, sin falsas historias, sin palabras dulces que se dicen por decir... me puse en cuclillas y su sexo fue tomado por mi boca. No tardé mucho en levantarme y colocarme de espaldas a él, no quería que se corriese antes de tiempo y apoyada contra el butacón, le ofrecí mi sexo húmedo que él tomó enseguida, agarrándome de las caderas y empujando hasta el fondo.
Me habló en italiano mientras me follaba y yo sonreía, disfrutaba siendo la que había hecho que fuese infiel, me sentía deseada, triunfante. Me incorporé y le indiqué que se sentase en el butacón y me senté sobre él, dándole la espalda, clavándome su polla y moviéndome sobre ella. Sus manos agarraban mis caderas, me acariciaban, Alex gemía y suspiraba.
Me levanté de nuevo y me tumbé en el suelo, boca arriba, con las piernas muy abiertas, frente a él, acariciándome. Se arrodilló entre ellas y me acariciaba a la vez que yo misma lo hacía, para momentos más tarde atraerme junto a su cuerpo y volver a mi interior, con fuerza, deprisa, obligándome a abrir mucho más las piernas, a levantarlas hasta encima de sus hombros y a sentirle hasta el fondo de mi vientre golpeando con furia. Practicamente nuestros orgasmos fueron a la vez.
Me levante, me vestí y tras despedirme de él brevemente me fuí, dejando atrás a aquel desconocido al que sabía que jamás volvería a ver.
-"¿Puedo invitaros a un café?,-acento extranjero... italiano deduje. Las dos nos miramos alucinadas. Eso no lo esperabamos. Miré a Cecilia suplicándole un "sí" con la mirada...
-"Pues... sí, ¿porqué no?¿verdad?,-dije mirándola. Ella se excusó diciéndo que tenía prisa. Pero insistí y conseguí que se quedase. Nos metimos en el bar más cercano y nos quedamos en la barra.
Efectivamente, era italiano, Alex estaba en Madrid por trabajo y en dos días volvía a Italia. Cecilia estaba algo incómoda, él no tenía ojos más que para mirarme a mí (aunque esté mal decirlo) y se fue pronto, dejándonos solos. El se medio disculpó por abordarnos así en la calle diciéndome que no le había pasado nunca tener ese deseo de conocer a alguien que había visto un momento en la calle, pero que no lo había podido evitar ("Y yo me lo creo, claro",-pensé) al verme.
Me contó que llevaba ya 1 semana en Madrid y que le quedaban 2 días para volver a casa, que allí tenía novia formal desde hacía 5 años y que iba a vivir con ella en meses en un piso que había comprado, que nunca había sido infiel a su chica y en ese momento, se quedó callado y me besó.
No me dió tiempo a reaccionar, simplemente, me dejé llevar y le susurré, cuando separamos nuestros labios, que me llevase a su hotel.
Y así lo hizo.
Estaba cerca, fuimos andando. Era un hotel del centro, de 2 plantas, en el casco histórico. Su habitación estaba en la segunda planta, hacía calor y le pedí que abriese la ventana. Me senté en un butacón grande que había al fondo de la habitación y encendí la lampara de la mesita pidiéndole que apagase la del techo... se colocó en cuclillas frente a mí y sus manos se perdieron en los bajos de mi falda larga, acariciándo mis pantorrillas y subiendo hacia las rodillas. Yo quieta, le dejaba hacer mientras nos mirábamos a los ojos. Su mirada era
azul, penetrante y fria a la vez, me ponía nerviosa y aparté la mirada, me eché hacia atrás y cerré los ojos. Me dejé desnudar por sus manos algo temblorosas (a lo mejor era verdad que no había sido nunca infiel) y me dejó así, mirándole cómo se desnudaba frente a mí, dejando al descubierto una piel blanca, un cuerpo delgado pero musculado.Me levanté y me coloqué frente a él, no quería más preámbulos, no me apetecían más caricias de un completo desconocido... tome su pene ya erecto entre mis manos y lo masajeé suavemente pero con intensidad. El gemía y sus manos acariciaban mis pechos. Quería besarme, pero no le dejé... no me apetecían sus besos, quería que me llenase sin más, sin falsas historias, sin palabras dulces que se dicen por decir... me puse en cuclillas y su sexo fue tomado por mi boca. No tardé mucho en levantarme y colocarme de espaldas a él, no quería que se corriese antes de tiempo y apoyada contra el butacón, le ofrecí mi sexo húmedo que él tomó enseguida, agarrándome de las caderas y empujando hasta el fondo.
Me habló en italiano mientras me follaba y yo sonreía, disfrutaba siendo la que había hecho que fuese infiel, me sentía deseada, triunfante. Me incorporé y le indiqué que se sentase en el butacón y me senté sobre él, dándole la espalda, clavándome su polla y moviéndome sobre ella. Sus manos agarraban mis caderas, me acariciaban, Alex gemía y suspiraba.
Me levanté de nuevo y me tumbé en el suelo, boca arriba, con las piernas muy abiertas, frente a él, acariciándome. Se arrodilló entre ellas y me acariciaba a la vez que yo misma lo hacía, para momentos más tarde atraerme junto a su cuerpo y volver a mi interior, con fuerza, deprisa, obligándome a abrir mucho más las piernas, a levantarlas hasta encima de sus hombros y a sentirle hasta el fondo de mi vientre golpeando con furia. Practicamente nuestros orgasmos fueron a la vez.
Me levante, me vestí y tras despedirme de él brevemente me fuí, dejando atrás a aquel desconocido al que sabía que jamás volvería a ver.
Dentro de mí
Unos dedos jugando con mi clítoris, la otra mano, juguetea en la entrada a mi interior... estoy mojada, pero aún necesitas más.
Con las piernas abiertas, sobre la cama, estás sentado entre ellas. Ahora introduces un consolador, el grande, en mi excitado y lubricado coño... gimo. Unas cuantas embestidas y me deshago, me retuerzo de placer... tu otra mano no deja ni un momento de tranquilidad a mi clitoris, abultado, hinchado, duro.
Aquel objeto sale de mi interior y vuelven tus dedos... 2, 3... 4... entran y salen, entran y salen otra vez... así hasta clavarse hasta los nudillos... salen otra vez... me noto llena, estirada... me dices que ya van 5, hasta los nudillos... me excito aún más ante la idea de mi coño lleno así.
Poco a poco, te mueves lentamente, noto entrar tu mano un poco más, salir, girar despacio... cuando quiero darme cuenta, tu mano se ha perdido dentro de mi... estás excitado, me estás tocando por dentro y no sé qué sientes, pero veo que es intenso, muy fuerte. Yo también estoy sintiendo cosas increíbles, jamás había estado tan excitada... física y mentalmente.
Un segundo y te siento aún más... mis manos se deslizan hasta mi sexo y palpo... tu mano se ha perdido en mi interior hasta la muñeca... por un lado asustada y por otro tan caliente como una brasa, me muevo despacio para sentirte... te dejas hacer, dejando la mano quieta. Es algo intenso... te pido que muevas la mano despacio, que me folles con lentitud... bestial... no tardo en correrme gritando... 1, 2, 3... hasta 5 orgasmos puedo contar y ya tu mano se mueve más rápido dentro de mí.
Me dices que notas las contracciones al llegar al orgasmo, que la zona se calienta y casi arde, que tu mano lo siente así, dentro de mí... te pido que la saques... lo haces despacio.
Tu estás alucinando... yo llorando... de puro placer.
Con las piernas abiertas, sobre la cama, estás sentado entre ellas. Ahora introduces un consolador, el grande, en mi excitado y lubricado coño... gimo. Unas cuantas embestidas y me deshago, me retuerzo de placer... tu otra mano no deja ni un momento de tranquilidad a mi clitoris, abultado, hinchado, duro.
Aquel objeto sale de mi interior y vuelven tus dedos... 2, 3... 4... entran y salen, entran y salen otra vez... así hasta clavarse hasta los nudillos... salen otra vez... me noto llena, estirada... me dices que ya van 5, hasta los nudillos... me excito aún más ante la idea de mi coño lleno así.
Poco a poco, te mueves lentamente, noto entrar tu mano un poco más, salir, girar despacio... cuando quiero darme cuenta, tu mano se ha perdido dentro de mi... estás excitado, me estás tocando por dentro y no sé qué sientes, pero veo que es intenso, muy fuerte. Yo también estoy sintiendo cosas increíbles, jamás había estado tan excitada... física y mentalmente.
Un segundo y te siento aún más... mis manos se deslizan hasta mi sexo y palpo... tu mano se ha perdido en mi interior hasta la muñeca... por un lado asustada y por otro tan caliente como una brasa, me muevo despacio para sentirte... te dejas hacer, dejando la mano quieta. Es algo intenso... te pido que muevas la mano despacio, que me folles con lentitud... bestial... no tardo en correrme gritando... 1, 2, 3... hasta 5 orgasmos puedo contar y ya tu mano se mueve más rápido dentro de mí.
Me dices que notas las contracciones al llegar al orgasmo, que la zona se calienta y casi arde, que tu mano lo siente así, dentro de mí... te pido que la saques... lo haces despacio.
Tu estás alucinando... yo llorando... de puro placer.






