Falso rubor...
Ahora mismo estoy mojada... viendo unas fotos de spank he recordado tus manos en mi piel y me he excitado... sabes que no soy amante de una sesión de spank, que no es lo que más me atrae pero hoy debo reconocer que me apetecería mucho sentir tus manos golpear mi trasero y también esa regla de madera tuya que tanto me gusta.
Estar en tus rodillas o apoyada en algún sitio, ofrecerte mi trasero de blanca, fina y suave piel y esperar, dejarme sorprender ¿será tu mano, la fusta, la regla, la zapatilla...?
Y zas! el primero. Y estremecerme con la mezcla de dolorcillo y placer que me produce. Y el segundo, el tercero... diez... no, eran nueve me dirías: oblígame a llevar la cuenta y castígame si me pierdo volviendo a empezar.
Notar el calor de mi piel aumentar, enrojecerse... y la humedad de mi sexo creciendo con cada azote. Y lo comprobarías con tus propios dedos, calientes de cada golpe que me has propinado con tus manos, cuando lo deslizases por mi hendidura abierta, caliente y dispuesta para tí...
Y entre tanda y tanda, acariciarías mi trasero con dulzura, como tú sabes hacerlo, como quien estudia con el tacto las líneas de algo bello y delicado.
Y no me harías caso cuando empezase a moverme inquieta, porque el escozor y el dolor ya son más fuertes, la piel más sensible, la zona caliente... pararías un momento, te pegarías a mi oido y me susurrarías que sabes que quiero seguir... me acariciarías como quien pasa la mano sobre un animal inquieto, hasta calmarme y continuarías cuando yo te dijese que adelante, que confío en tí... tienes razón, deseo seguir sintiendo.
Mi culo con ese tono rojizo del rubor...
Estar en tus rodillas o apoyada en algún sitio, ofrecerte mi trasero de blanca, fina y suave piel y esperar, dejarme sorprender ¿será tu mano, la fusta, la regla, la zapatilla...?Y zas! el primero. Y estremecerme con la mezcla de dolorcillo y placer que me produce. Y el segundo, el tercero... diez... no, eran nueve me dirías: oblígame a llevar la cuenta y castígame si me pierdo volviendo a empezar.
Notar el calor de mi piel aumentar, enrojecerse... y la humedad de mi sexo creciendo con cada azote. Y lo comprobarías con tus propios dedos, calientes de cada golpe que me has propinado con tus manos, cuando lo deslizases por mi hendidura abierta, caliente y dispuesta para tí...
Y entre tanda y tanda, acariciarías mi trasero con dulzura, como tú sabes hacerlo, como quien estudia con el tacto las líneas de algo bello y delicado.
Y no me harías caso cuando empezase a moverme inquieta, porque el escozor y el dolor ya son más fuertes, la piel más sensible, la zona caliente... pararías un momento, te pegarías a mi oido y me susurrarías que sabes que quiero seguir... me acariciarías como quien pasa la mano sobre un animal inquieto, hasta calmarme y continuarías cuando yo te dijese que adelante, que confío en tí... tienes razón, deseo seguir sintiendo.
Mi culo con ese tono rojizo del rubor...
Rotundo
Me sorprendes... no me has tocado en toda la tarde, ni siquiera un roce en el cine y a última hora te da el subidón... No te entiendo, pero sinceramente tampoco voy a tratar de analizarlo. Disfruto del momento y me dejo llevar, como siempre hago contigo.
Me desnudo delante de tí, sin complejos, sin vergüenza, fuera vestido, me dejo el sujetador (no he llevado esta tarde bragas y tú sin enterarte) ya me has visto muchas veces sin nada, ya has probado mi piel desnuda en varias ocasiones.
Me tumbo en la cama y te ignoro, es mi táctica cuando estoy "vaga", así empiezas tú. Y funciona...
Tus manos me recorren con ansias, tu boca... tu lengua en mis pechos, por encima de la leve tela transparente del sujetador, mordisqueas, succionas... la tela se moja y la retiras y acaricias mis pechos con tus manos, los aprietas, los pellizcas...
Me miras a los ojos mientras lo haces y yo, como si me diese vergüenza, retiro la mirada y me rio...
Y no sé cómo de repente, tu boca en mi sexo, tu cabeza entre mis piernas, algo que nunca habías hecho... estoy sorprendida, gratamente sorprendida.
Y tu lengua me recorre,
tus dedos se abren camino,
separan los labios,
los sujetan
y tu lengua se mete en mi coño
y la noto mojada y caliente...
y gimo y me estremezco , como hacía mucho que no gemía cuando un hombre me hacía algo así... me encuentro disfrutando de verdad y viendo como te encanta hacerlo me mojo aún más... y subes un momento hasta mi cabeza y me besas, me haces probar el sabor de mi sexo.
Me enciendes.
Estoy empapada...
te acaricio metiendo la mano entre tus muslos, estás tremendamente excitado.
Vuelves a tu labor y continúas lamiendo, mordisqueando, estirando con tus dientes de mis labios con suavidad... y entonces tu boca sigue su camino encontrándose con la entrada prohibida, con mi culo... y te dejo hacer, lamer, meter la lengua incluso y luego un dedo... dos... tres... sé qué pretendes... quieres "hacerte sitio"... y dejo que sigas.
Vuelves a besarme y entonces te digo que quiero que te tumbes... y me coloco sobre tí, restregándo mi empapado sexo por tu polla dura y sin que te lo esperes, yo solita empiezo a clavarme tu polla en mi estrecho culo... al principio cuesta un poco, ya sabes que no estoy acostumbrada pero hoy me apetece hacerte ese regalo (en realidad, me lo hago a mí), pero enseguida, ayudada por el lubricante natural de los flujos de mi sexo empapado
noto pasar la punta
y tras un poco de dolor
te noto en mi interior,
abriendome las entrañas
y me muevo sobre tí.
-"Te estoy follando con mi culo",-te digo... estás tan excitado que sólo alcanzas a agarrarme por las caderas y clavarte aún más en mí, tu polla entera. Me dices que te gusta, tan estrechito y caliente... Mis caderas se mueven y me agarras dejándome quieta y entonces te mueves tú debajo de mí, deprisa, entrando y saliendo de mi interior y haciendome gemir con fuerza. Me echo hacia atrás, tumbándome y te invito a continuar así.
Vuelves a meterte en mi culo en esa postura, abierta y dispuesta, vuelves a embestirme y a la vez acaricio mi clitoris y mi coño así para que lo veas mientras follas mi culo... no tardo en notar que mi orgasmo está cerca.
Te aviso y entonces estallo, una corrida intensa, rotunda... me tiemblan las piernas y grito a la vez que araño tu pecho con mis uñas y entonces te corres tú, antes de lo que nunca lo habías hecho (vuelves a sorprenderme) y noto tu leche caliente en mi interior y te derrumbas sobre mí,
se mezcla nuestro sudor...
Me desnudo delante de tí, sin complejos, sin vergüenza, fuera vestido, me dejo el sujetador (no he llevado esta tarde bragas y tú sin enterarte) ya me has visto muchas veces sin nada, ya has probado mi piel desnuda en varias ocasiones.
Me tumbo en la cama y te ignoro, es mi táctica cuando estoy "vaga", así empiezas tú. Y funciona...
Tus manos me recorren con ansias, tu boca... tu lengua en mis pechos, por encima de la leve tela transparente del sujetador, mordisqueas, succionas... la tela se moja y la retiras y acaricias mis pechos con tus manos, los aprietas, los pellizcas...
Me miras a los ojos mientras lo haces y yo, como si me diese vergüenza, retiro la mirada y me rio...
Y no sé cómo de repente, tu boca en mi sexo, tu cabeza entre mis piernas, algo que nunca habías hecho... estoy sorprendida, gratamente sorprendida.
Y tu lengua me recorre,
tus dedos se abren camino,
separan los labios,
los sujetan
y tu lengua se mete en mi coño
y la noto mojada y caliente...
y gimo y me estremezco , como hacía mucho que no gemía cuando un hombre me hacía algo así... me encuentro disfrutando de verdad y viendo como te encanta hacerlo me mojo aún más... y subes un momento hasta mi cabeza y me besas, me haces probar el sabor de mi sexo.
Me enciendes.
Estoy empapada...
te acaricio metiendo la mano entre tus muslos, estás tremendamente excitado.
Vuelves a tu labor y continúas lamiendo, mordisqueando, estirando con tus dientes de mis labios con suavidad... y entonces tu boca sigue su camino encontrándose con la entrada prohibida, con mi culo... y te dejo hacer, lamer, meter la lengua incluso y luego un dedo... dos... tres... sé qué pretendes... quieres "hacerte sitio"... y dejo que sigas.
Vuelves a besarme y entonces te digo que quiero que te tumbes... y me coloco sobre tí, restregándo mi empapado sexo por tu polla dura y sin que te lo esperes, yo solita empiezo a clavarme tu polla en mi estrecho culo... al principio cuesta un poco, ya sabes que no estoy acostumbrada pero hoy me apetece hacerte ese regalo (en realidad, me lo hago a mí), pero enseguida, ayudada por el lubricante natural de los flujos de mi sexo empapado
noto pasar la punta
y tras un poco de dolor
te noto en mi interior,
abriendome las entrañas
y me muevo sobre tí.
-"Te estoy follando con mi culo",-te digo... estás tan excitado que sólo alcanzas a agarrarme por las caderas y clavarte aún más en mí, tu polla entera. Me dices que te gusta, tan estrechito y caliente... Mis caderas se mueven y me agarras dejándome quieta y entonces te mueves tú debajo de mí, deprisa, entrando y saliendo de mi interior y haciendome gemir con fuerza. Me echo hacia atrás, tumbándome y te invito a continuar así.
Vuelves a meterte en mi culo en esa postura, abierta y dispuesta, vuelves a embestirme y a la vez acaricio mi clitoris y mi coño así para que lo veas mientras follas mi culo... no tardo en notar que mi orgasmo está cerca.
Te aviso y entonces estallo, una corrida intensa, rotunda... me tiemblan las piernas y grito a la vez que araño tu pecho con mis uñas y entonces te corres tú, antes de lo que nunca lo habías hecho (vuelves a sorprenderme) y noto tu leche caliente en mi interior y te derrumbas sobre mí,
se mezcla nuestro sudor...
Susúrrame al oido
Aquello que desees
imaginando que estás junto a mí...
¿qué me dirías?
lo que te nazca
imaginando que estás junto a mí...
¿qué me dirías?
Te aviso

Prepárate...
El próximo día,
vendaré tus ojos,
ataré tus manos y
me quitarás las bragas con la boca...
después
me portaré muy mal contigo,
seré perversa cariño,
porque es lo que deseas...
Nuestra noche especial (5 y final)
Me observaba mientras mis manos abrían los labios de mi abultado y húmedo sexo, mientras cogía mi clítoris entre los dedos y lo estiraba suavemente, lo masajeaba, haciendo círculos apretando cada vez más, más deprisa... más fuerte... más deprisa... no podía abrir más las piernas, mis caderas se contoneaban dejándose llevar por el placer que yo misma me proporcionaba, aumentado por la sensación de estar siendo observada por él.Y me excitaba ver cómo su erección volvía, cómo se excitaba mirándome...
Mis gemidos crecían a medida que los minutos pasaban... él cambió de postura y se colocó a mi lado, con su cabeza junto a la mía, susurrándome cosas al oido mientras me acariciaba el pelo, el rostro, jugaba con mis pezones... "me gustas putita... me gusta oirte gemir, de placer y de dolor..." Eso me excitaba todavía más y cuando noté que el orgasmo no iba a tardar, se lo dije.
Entonces, se colocó entre mis piernas y se hundió en mi interior... y me corrí. En el momento en que invadió mi coño estallé, gimiendo, casi gritando... y él continuó, entrando y saliendo de mi cuerpo suavemente, provocando que el orgasmo fuese largo e intenso, que mi cuerpo siguiese tenso más tiempo, que los espasmos de mi coño ardiendo le provocasen más placer... cuando notó que mi cuerpo se relajaba, bajaba mis caderas, mis brazos caian a los lados de mi cuerpo... aumentó su ritmo, sus embestidas fueron más duras, intercaladas con suavidad de nuevo.
-"A cuatro patas",-ordenó.
Volví a correrme, una, dos, tres veces más... mis flujos resbalaban y empapaban la sábana, mezclándose con nuestro sudor.
El estalló sobre mí, salpicando mi vientre, mis pechos... volvimos a la bañera, nos abrazamos, nos lavamos el uno al otro con cariño y caimos en la cama abrazados, rotos, agotados y felices.
Nuestra noche especial (5)
Y no lo hizo... y mi deseo crecía, empezando a desesperarme, sintiéndole pegado a mí, no entendía porqué no lo hacía pero no dije nada, me dejé llevar, quería sentirle.
De cualquier forma, me gustaba.
Hizo que me diese la vuelta de nuevo y me agachase... su sexo rozando mi cara. Abrí la boca e intenté tomarle entre mis manos y entonces me "prohibió" continuar... -"Espera zorrita",-y continuó restregando su polla por mi rostro mientras yo, en cuclillas, le miraba a los ojos, esperando su permiso.
-"Ahora",-dijo, y abrí la boca y le recibí. Y lamí, succioné, chupé, mordí con suavidad... mis dedos se cerraron en torno a su polla y la masajearon, la acariciaron, la menearon... la tragué entera, hasta tener arcadas y él acariciaba mientras mi cabello, mis mejillas.
Veía su rostro, disfrutaba y cerró los ojos. Y continué con mi "trabajo", mojándome cada minuto más y deseando su orgasmo, oirle gemir y derramarse en mi piel.
Y lo hizo, se corrió entre gemidos y palabras soeces y sentí su semen resbalar por mi cara, mi cuello, mis pechos.
Se echó hacia atrás, dejando que el agua de la ducha cayese sobre él y me miró. Yo seguía en cuclillas, frente a él, extendiendo su blanco semen por mi piel con las manos, mirándole. Me tendió la mano y me incorporé hasta estar a su lado. Me abrazó y me besó con pasión, los dos bajo en agua de la ducha. -"Vuelve a esa posición y cierra los ojos",-me dijo de repente y lo hice, sin preguntar, sin saber qué iba a pasar.
Y recibí una sorpresa cuando noté un líquido caliente, que no era el agua, en mis pechos, resbalando por mi cuerpo. No era la primera vez que "me hacían lluvia" pero no sé porqué, esta vez no me pareció humillante sino tremendamente erótico. Y abrí los ojos para ver su cara mientras lo hacía... le gustaba hacerlo, se notaba, y allí me tenía, en cuclillas, apoyado un brazo en la pared y otro sujetándome en el borde de la bañera, con las piernas todo lo abiertas que la bañera me permitía y antes de que acabase, me giré y me coloqué dándole la espalda, permitiéndo que me regase también por detrás... y me excitó sentir el líquido caliente resbalar por mi culo y mi sexo y desee de nuevo sentir su polla dentro de mí.
Me lavó con cariño, con cuidado y me envolvió en la toalla al salir, como si fuese una niña pequeña... era reconfortante sentirse así. Me llevó hasta la cama y nos tumbamos los dos, acariciándonos, besándonos...
-"¿Estás aún excitada?",-me preguntó. Asentí tomando su mano y llevándola hasta mi mojado sexo. -"Eres increible... quiero ver cómo te tocas". Sonreí y me di la vuelta, colocando mi cabeza junto a sus pies, abriendo las piernas y colocando una por encima de su cuerpo, mostrando mi sexo abierto para él y comencé a tocarme como quería.
De cualquier forma, me gustaba.
Hizo que me diese la vuelta de nuevo y me agachase... su sexo rozando mi cara. Abrí la boca e intenté tomarle entre mis manos y entonces me "prohibió" continuar... -"Espera zorrita",-y continuó restregando su polla por mi rostro mientras yo, en cuclillas, le miraba a los ojos, esperando su permiso.
-"Ahora",-dijo, y abrí la boca y le recibí. Y lamí, succioné, chupé, mordí con suavidad... mis dedos se cerraron en torno a su polla y la masajearon, la acariciaron, la menearon... la tragué entera, hasta tener arcadas y él acariciaba mientras mi cabello, mis mejillas.
Veía su rostro, disfrutaba y cerró los ojos. Y continué con mi "trabajo", mojándome cada minuto más y deseando su orgasmo, oirle gemir y derramarse en mi piel.
Y lo hizo, se corrió entre gemidos y palabras soeces y sentí su semen resbalar por mi cara, mi cuello, mis pechos.
Se echó hacia atrás, dejando que el agua de la ducha cayese sobre él y me miró. Yo seguía en cuclillas, frente a él, extendiendo su blanco semen por mi piel con las manos, mirándole. Me tendió la mano y me incorporé hasta estar a su lado. Me abrazó y me besó con pasión, los dos bajo en agua de la ducha. -"Vuelve a esa posición y cierra los ojos",-me dijo de repente y lo hice, sin preguntar, sin saber qué iba a pasar.
Y recibí una sorpresa cuando noté un líquido caliente, que no era el agua, en mis pechos, resbalando por mi cuerpo. No era la primera vez que "me hacían lluvia" pero no sé porqué, esta vez no me pareció humillante sino tremendamente erótico. Y abrí los ojos para ver su cara mientras lo hacía... le gustaba hacerlo, se notaba, y allí me tenía, en cuclillas, apoyado un brazo en la pared y otro sujetándome en el borde de la bañera, con las piernas todo lo abiertas que la bañera me permitía y antes de que acabase, me giré y me coloqué dándole la espalda, permitiéndo que me regase también por detrás... y me excitó sentir el líquido caliente resbalar por mi culo y mi sexo y desee de nuevo sentir su polla dentro de mí.
Me lavó con cariño, con cuidado y me envolvió en la toalla al salir, como si fuese una niña pequeña... era reconfortante sentirse así. Me llevó hasta la cama y nos tumbamos los dos, acariciándonos, besándonos...
-"¿Estás aún excitada?",-me preguntó. Asentí tomando su mano y llevándola hasta mi mojado sexo. -"Eres increible... quiero ver cómo te tocas". Sonreí y me di la vuelta, colocando mi cabeza junto a sus pies, abriendo las piernas y colocando una por encima de su cuerpo, mostrando mi sexo abierto para él y comencé a tocarme como quería.
Nuestra noche especial (4)
Su mano acariciando mi pelo... me relajaba así, esperando, sintiéndole, oliéndole; cerré los ojos y me concentré en sentir.
-"¿Deseas continuar?",-me preguntó, tomándome de la barbilla y haciendo que le mirase a los ojos. Sonreí y asentí, sin decir nada. Se inclinó y tomó mis brazos, aún atados y fue deshaciendo la atadura con cuidado. Según la cuerda se soltaba podía ver las marcas de la misma en mi piel y me excitaba.
Me dijo que no me moviese y se acercó a la mesita a por algo... trajo consigo un mordaza de bola, que me mostró y antes de que dijese nada, abrí la boca para recibirla.
Indicó que me tumbase en el suelo, boca arriba y obedecí. La tarima estaba fresca pero no tenía frío, allí era imposible, la temperatura de la habitación era alta, nosotros la subíamos. Encendió una vela, gruesa, oscura y me la mostró.
-"Abre las piernas",-y lo hice. Estaba de pie sobre y le ví inclinar la vela para dejar caer la cera ya derretida sobre mi piel. Entonces cerré los ojos. Y lo noté, en mi vientre, junto al ombligo. No quemaba, la estaba derramando desde bastante altura...
pero fue acercándola a medida que dejaba caer el líquido caliente sobre mi cuerpo... el vientre, el estómago, los muslos (un quejido más fuerte brotó de mis labios... la piel de mis muslos es muy delicada...), los pechos... pegué un brinco involuntario cuando noté la cerca liente en mi pubis y resbalar hacia mi sexo...
un quejido nuevamente seguido de un gemido cuando continuó derramando la cera en el mismo sitio, dejándola fluir hacia mi excitado, mojado e hinchado sexo, que quería suplicase que aquello finalizara y a la vez, que no parase, que siguiese la dulce tortura...
De nuevo me ordenó ponerme de rodillas y me ayudó a incorporarme... mi cuerpo estaba regado de cera. Derramó sobre mis pechos un poco más... "ofrécelos",-me dijo. Y los tomé con mis manos y se los ofrecí, elevándolos y dejándolos a su disposición... y sentí la cera resbalar. Y me gustaba mirar mi piel cubierta de cera. Dejó la vela en la cómoda y me quitó la mordaza... me besó y correspondí a su beso ansiosa, excitada, agradecida. Me atreví, no sé aún porqué, a pedirle algo...
"Quisiera... sentir la cera en otro sitio, probar una cosa",-le dije. Preguntó dónde. Y yo, sin hablar, abrí la boca y saqué la lengua, ofreciéndosela.
La sensación fue... intensa. No dolía, no se puede decir que quemase pero era... extraño y muy placentero, no sé porqué se me ocurrió pedir eso... no lo sé.
Y allí estaba cubierta de cera desde la boca hasta los muslos, incluido mi sexo y deseando continuar.
Apagó la vela y me tendió las manos. Las tomé y me condujo a la bañera... nos metimos los dos y abrió el grifo, regulando la temperatura y dejó caer el agua un rato mientras me quitaba los trocitos de cera de mi piel. Me hablaba como siempre, de manera tranquila, calmada, acariciaba mi piel enrojecida por la cera caliente derramada sobre ella, al retirarla. Me colocó la pierna en el borde de la bañera, dejando mi sexo expuesto y se agachó para retirar la cera aún pegada en él... creí que iba a correrme mientras sentía sus manos en mi coño ardiendo. Tras limpiarlo todo, hizo que me girase y apoyar las manos en la pared, dejándome de nuevo de espaldas. Sentí sus manos en mis nalgas, apretarlas, sobarlas, agarrarme por las caderas y restregar su polla por mi culo... quería que me penetrase, que me invadiese, sentirle hasta el fondo de mi coño y correrme así...
-"¿Deseas continuar?",-me preguntó, tomándome de la barbilla y haciendo que le mirase a los ojos. Sonreí y asentí, sin decir nada. Se inclinó y tomó mis brazos, aún atados y fue deshaciendo la atadura con cuidado. Según la cuerda se soltaba podía ver las marcas de la misma en mi piel y me excitaba.
Me dijo que no me moviese y se acercó a la mesita a por algo... trajo consigo un mordaza de bola, que me mostró y antes de que dijese nada, abrí la boca para recibirla.
Indicó que me tumbase en el suelo, boca arriba y obedecí. La tarima estaba fresca pero no tenía frío, allí era imposible, la temperatura de la habitación era alta, nosotros la subíamos. Encendió una vela, gruesa, oscura y me la mostró.
-"Abre las piernas",-y lo hice. Estaba de pie sobre y le ví inclinar la vela para dejar caer la cera ya derretida sobre mi piel. Entonces cerré los ojos. Y lo noté, en mi vientre, junto al ombligo. No quemaba, la estaba derramando desde bastante altura...
pero fue acercándola a medida que dejaba caer el líquido caliente sobre mi cuerpo... el vientre, el estómago, los muslos (un quejido más fuerte brotó de mis labios... la piel de mis muslos es muy delicada...), los pechos... pegué un brinco involuntario cuando noté la cerca liente en mi pubis y resbalar hacia mi sexo...
un quejido nuevamente seguido de un gemido cuando continuó derramando la cera en el mismo sitio, dejándola fluir hacia mi excitado, mojado e hinchado sexo, que quería suplicase que aquello finalizara y a la vez, que no parase, que siguiese la dulce tortura...
De nuevo me ordenó ponerme de rodillas y me ayudó a incorporarme... mi cuerpo estaba regado de cera. Derramó sobre mis pechos un poco más... "ofrécelos",-me dijo. Y los tomé con mis manos y se los ofrecí, elevándolos y dejándolos a su disposición... y sentí la cera resbalar. Y me gustaba mirar mi piel cubierta de cera. Dejó la vela en la cómoda y me quitó la mordaza... me besó y correspondí a su beso ansiosa, excitada, agradecida. Me atreví, no sé aún porqué, a pedirle algo..."Quisiera... sentir la cera en otro sitio, probar una cosa",-le dije. Preguntó dónde. Y yo, sin hablar, abrí la boca y saqué la lengua, ofreciéndosela.
La sensación fue... intensa. No dolía, no se puede decir que quemase pero era... extraño y muy placentero, no sé porqué se me ocurrió pedir eso... no lo sé.
Y allí estaba cubierta de cera desde la boca hasta los muslos, incluido mi sexo y deseando continuar.
Apagó la vela y me tendió las manos. Las tomé y me condujo a la bañera... nos metimos los dos y abrió el grifo, regulando la temperatura y dejó caer el agua un rato mientras me quitaba los trocitos de cera de mi piel. Me hablaba como siempre, de manera tranquila, calmada, acariciaba mi piel enrojecida por la cera caliente derramada sobre ella, al retirarla. Me colocó la pierna en el borde de la bañera, dejando mi sexo expuesto y se agachó para retirar la cera aún pegada en él... creí que iba a correrme mientras sentía sus manos en mi coño ardiendo. Tras limpiarlo todo, hizo que me girase y apoyar las manos en la pared, dejándome de nuevo de espaldas. Sentí sus manos en mis nalgas, apretarlas, sobarlas, agarrarme por las caderas y restregar su polla por mi culo... quería que me penetrase, que me invadiese, sentirle hasta el fondo de mi coño y correrme así...
Nuestra noche especial (3)
No pude más y acabé estallando en un orgasmo intenso... era imposible contenerse en esas condiciones. Los espasmos de mi vientre y mis caderas se lo revelaron a pesar de que intenté no gemir, mordiendo mis labios... pero se dió cuenta, no había manera de disimular mi sexo empapado.
Se colocó sobre mí, rozando levemente de vez en cuando las pinzas... él seguía vestido. Me pidió que le mirase a los ojos y lo hice. Estaba avergonzada por haberme dejado ir así, pero no lo había podido controlar.
-"Lo siento",-le susurré, -"ha sido imposible...",- no me dejó terminar la frase. Me besó y comenzó a quitar las pinzas de mis pechos, con cuidado, acariciando y besando la zona dolorida y algo marcada después de retirar cada una... sentía alivio y placer sintiéndole así. Gemí cuando retiró la última, con menos cuidado y me hizo algo de daño.
-"Ven",-me dijo y me tendió sus brazos tras ponerse de pie. Me incorporé y dejé que me tomase por los antebrazos atados, ayudándome a levartarme de la cama y me condujo hasta los pies de la misma.
Sin mediar palabra, me hizo inclinarme sobre la cómoda, formando un ángulo recto mi cuerpo, los brazos apoyados en el mueble, la cabeza entre ellos y las piernas abiertas... Imaginé lo que podría suceder en ese momento... y acerté.
Sentí el primer azote en mis nalgas, seguido de otro par antes de que me diese tiempo a darme cuenta... sus manos desnudas me golpearon hasta calentar mi piel, alternando caricias y azotes. No podía ver mi culo, pero sabía que había cambiado a un color rojizo tras la azotaina y me excitaba la sensación y saberlo así.
Restregó sus dedos por mi sexo, hurgándome, mojándolos de mi flujo, de mi excitación y entonces continuó con los azotes, esta vez con una regla de madera que previamente me había mostrado. No era dolor exactamente lo que sentía, era una especie de escozor molesto y a la vez tremendamente placentero. No sé cuántos golpes y caricias fueron, tal vez veinte, pero me había puesto de nuevo al borde del orgasmo.
Cuando terminó y se sintió satisfecho con el tono rojo de mi piel, se apartó de mi lado y me habló mientras se desnudaba. Yo permanecía quieta, en la misma postura, esperando sus indicaciones.
-"Eres muy obediente",-me dijo, -"creo que si se te sabe llevar... podrías llegar muy lejos, lo intuyo... es un pena que no tengamos más tiempo y estemos tan lejos..."
El vivía fuera de Madrid y su vida no era precisamente fácil por su trabajo, lo que nos había llevado a darnos cuenta de que no podríamos ir a más que algún escarceo muy esporádico.
Por eso esa noche había que aprovechar al máximo.
Regresó a mi lado ya desnudo y pude ver su erección... estaba tan excitado como yo y eso me hacía sentir bien, tranquila: le estaba gustado, no le defraudaba, era estupendo estar disfrutando los dos.
-"De rodillas",-dijo. Y me arrodillé y apoyé mi frente en su muslo, sintiendo su piel y entonces me dijo que le mirase a los ojos y mi mirada sumisa acabó demostrándole que aunque fuese temporal, esa noche era suya.
Se colocó sobre mí, rozando levemente de vez en cuando las pinzas... él seguía vestido. Me pidió que le mirase a los ojos y lo hice. Estaba avergonzada por haberme dejado ir así, pero no lo había podido controlar.
-"Lo siento",-le susurré, -"ha sido imposible...",- no me dejó terminar la frase. Me besó y comenzó a quitar las pinzas de mis pechos, con cuidado, acariciando y besando la zona dolorida y algo marcada después de retirar cada una... sentía alivio y placer sintiéndole así. Gemí cuando retiró la última, con menos cuidado y me hizo algo de daño.
-"Ven",-me dijo y me tendió sus brazos tras ponerse de pie. Me incorporé y dejé que me tomase por los antebrazos atados, ayudándome a levartarme de la cama y me condujo hasta los pies de la misma.
Sin mediar palabra, me hizo inclinarme sobre la cómoda, formando un ángulo recto mi cuerpo, los brazos apoyados en el mueble, la cabeza entre ellos y las piernas abiertas... Imaginé lo que podría suceder en ese momento... y acerté.
Sentí el primer azote en mis nalgas, seguido de otro par antes de que me diese tiempo a darme cuenta... sus manos desnudas me golpearon hasta calentar mi piel, alternando caricias y azotes. No podía ver mi culo, pero sabía que había cambiado a un color rojizo tras la azotaina y me excitaba la sensación y saberlo así. Restregó sus dedos por mi sexo, hurgándome, mojándolos de mi flujo, de mi excitación y entonces continuó con los azotes, esta vez con una regla de madera que previamente me había mostrado. No era dolor exactamente lo que sentía, era una especie de escozor molesto y a la vez tremendamente placentero. No sé cuántos golpes y caricias fueron, tal vez veinte, pero me había puesto de nuevo al borde del orgasmo.
Cuando terminó y se sintió satisfecho con el tono rojo de mi piel, se apartó de mi lado y me habló mientras se desnudaba. Yo permanecía quieta, en la misma postura, esperando sus indicaciones.
-"Eres muy obediente",-me dijo, -"creo que si se te sabe llevar... podrías llegar muy lejos, lo intuyo... es un pena que no tengamos más tiempo y estemos tan lejos..."
El vivía fuera de Madrid y su vida no era precisamente fácil por su trabajo, lo que nos había llevado a darnos cuenta de que no podríamos ir a más que algún escarceo muy esporádico.
Por eso esa noche había que aprovechar al máximo.
Regresó a mi lado ya desnudo y pude ver su erección... estaba tan excitado como yo y eso me hacía sentir bien, tranquila: le estaba gustado, no le defraudaba, era estupendo estar disfrutando los dos.
-"De rodillas",-dijo. Y me arrodillé y apoyé mi frente en su muslo, sintiendo su piel y entonces me dijo que le mirase a los ojos y mi mirada sumisa acabó demostrándole que aunque fuese temporal, esa noche era suya.
Nuestra noche especial (2)
Sentía deslizar sus dedos por mis muslos, rozarlos levemente, como si mi piel quemase... y sí, empezaba a arder de veras, el deseo crecía dentro de mí y se transformaba en calor y humedad en mi sexo... que él no tardó en descubrir.
Sus dedos acariciaron los pliegues, con cuidado estiró los labios haciéndome gemir por fin... creía que iba a deshacerme cuando noté el calor de su piel en mi clítoris, ya endurecido. Cerré los ojos, quería concentrarme en sentirle. Se apartó de mi unos instantes y abri los ojos. Se alejó un momento hasta la cómoda de enfrente sobre la que vi que había preparadas varias cosas... no me había dando cuenta al entrar. Cerré los ojos de nuevo, no quería saberlo, quería ser sorprendida, prefería no saber qué iba a pasar.
Escuché un zumbido e imaginé que sería un vibrador o algo así. Casi acerté.
Volvió a colocarse entre mis piernas y entonces lo sentí. Era una especie de "vibrador pequeño", para excitar el clítoris y su vibración me hacía sentir un placer muy intenso, mis caderas comenzaron a moverse enseguida presas de la excitación.
-"Eso es... disfruta...",-me decía y eso me calentaba aún más y yo gemía y me sentía avergonzada y a la vez tremendamente excitada y el placer era cada vez más intenso hasta que le avisé de que mi orgasmo estaba muy cerca. Entonces paró. Me dijo que aún no. Y lo acepté suspirando aún entre gemidos, deseando que continuase todo.
Y reanudó las caricias con sus manos, ahora hacia arriba, por mi pubis rasurado, mi vientre, mis pechos. Se paró en ellos... los acarició, los masajeo, los pellizcó suavemente. Jugueteó con los pezones, mordisqueándolos, estirándolos, hasta lograr que estuviesen realmente duros. Yo sentía escalofríos de placer recorrer mi vientre mientras lo hacía y le sentía ahí, sobre mí, teniéndome a su disposición.
Y entonces sentí la mordedura de las pinzas en uno y luego en el otro y un quejido escapó de mi garganta, que él selló con un beso mientras jugueteaba con la pinza clavada en mi pezón izquierdo, estirándola, retorciéndola. Estaba a punto de correrme y entonces senti una pinza más en mi pecho y aún otra y mi reacción fue cerrar las piernas con fuerza... no quería correrme aún y no sé porqué las cerré como si haciéndolo pudiese evitarlo.
Yo permanecía con los ojos cerrados y gemía así, atada, abierta, en la cama con alguien que en realidad era un desconocido. Pero disfrutaba muchísimo y él también. Y continuó pinzando mis senos, ordenándome que contase las pinzas... 2, 3... 4, 5... en cada pecho. Y se paró unos instantes a admirar su obra y volver a "atacar" mi sexo, con la vibración de aquel aparato "del demonio" que me llevaría al extasis... pero la noche iba a ser larga.
Sus dedos acariciaron los pliegues, con cuidado estiró los labios haciéndome gemir por fin... creía que iba a deshacerme cuando noté el calor de su piel en mi clítoris, ya endurecido. Cerré los ojos, quería concentrarme en sentirle. Se apartó de mi unos instantes y abri los ojos. Se alejó un momento hasta la cómoda de enfrente sobre la que vi que había preparadas varias cosas... no me había dando cuenta al entrar. Cerré los ojos de nuevo, no quería saberlo, quería ser sorprendida, prefería no saber qué iba a pasar.
Escuché un zumbido e imaginé que sería un vibrador o algo así. Casi acerté.
Volvió a colocarse entre mis piernas y entonces lo sentí. Era una especie de "vibrador pequeño", para excitar el clítoris y su vibración me hacía sentir un placer muy intenso, mis caderas comenzaron a moverse enseguida presas de la excitación.
-"Eso es... disfruta...",-me decía y eso me calentaba aún más y yo gemía y me sentía avergonzada y a la vez tremendamente excitada y el placer era cada vez más intenso hasta que le avisé de que mi orgasmo estaba muy cerca. Entonces paró. Me dijo que aún no. Y lo acepté suspirando aún entre gemidos, deseando que continuase todo.
Y reanudó las caricias con sus manos, ahora hacia arriba, por mi pubis rasurado, mi vientre, mis pechos. Se paró en ellos... los acarició, los masajeo, los pellizcó suavemente. Jugueteó con los pezones, mordisqueándolos, estirándolos, hasta lograr que estuviesen realmente duros. Yo sentía escalofríos de placer recorrer mi vientre mientras lo hacía y le sentía ahí, sobre mí, teniéndome a su disposición.
Y entonces sentí la mordedura de las pinzas en uno y luego en el otro y un quejido escapó de mi garganta, que él selló con un beso mientras jugueteaba con la pinza clavada en mi pezón izquierdo, estirándola, retorciéndola. Estaba a punto de correrme y entonces senti una pinza más en mi pecho y aún otra y mi reacción fue cerrar las piernas con fuerza... no quería correrme aún y no sé porqué las cerré como si haciéndolo pudiese evitarlo.
Yo permanecía con los ojos cerrados y gemía así, atada, abierta, en la cama con alguien que en realidad era un desconocido. Pero disfrutaba muchísimo y él también. Y continuó pinzando mis senos, ordenándome que contase las pinzas... 2, 3... 4, 5... en cada pecho. Y se paró unos instantes a admirar su obra y volver a "atacar" mi sexo, con la vibración de aquel aparato "del demonio" que me llevaría al extasis... pero la noche iba a ser larga.
Nuestra noche especial (1)
Tuvimos que esperar unas semanas hasta estar juntos por fin, solos, una noche... nos habíamos conocido en una fiesta, teníamos "amigos" comunes y nos presentaron... y algo me dijo que podía confiar en él. Intenté estar a su lado toda la velada, escucharle, intercambiar opiniones. Me gustaba y no sabía si era recíproco y no pasó nada más. Intercambio de direcciones de correo y la esperanza de vernos en el messenger y charlar.
Y charlamos mucho y "confesó" su atracción hacia mí, cómo le hubiese gustado "disfrutarme"... y le abrí la puerta, le dije que le "cedería" mi entrega si él lo deseaba, una noche, no queríamos ir a más. Y aceptó. Y llegó aquella noche.
Me esperaba en un apartamento de esos que alquilas por horas o noches, yo salía tarde de trabajar y decidimos vernos allí directamente. Estaba nerviosa, lo había estado todo el día, en realidad, lo estaba desde que él se había decidido a venir a verme. Llamé a la puerta y me abrió. Entré y me invitó a sentarme a su lado. El apartamento no era grande: un salón, con sofá de 3 plazas y uno de 1, una mesa baja y un mueble con una gran televisión y un vídeo... al fondo, sin puerta de separación, el dormitorio que tenía la luz encendida.
Me quité el abrigo, dejándolo en el respaldo del sofá pequeño y me senté cerca de él.
Empezamos a charlar y fui relajándome, pero cuando sentí su mano en mi rodilla sentí que todos mis músculos se tensaban de nuevo... me preguntó si quería seguir adelante. Asentí. Confiaba en él.
-"Ponte de pie",-me dijo. Y lo hice, sin decir nada, colocándome frente a él que seguía sentado. Sus manos se deslizaron por mis piernas, cubiertas con medias negras, desde las pantorrillas hasta subir por mis muslos, por debajo de la falda, hasta llegar al final de la media y rozando entonces mi piel directamente. Con suavidad, siguió subiendo e investigándome: mis nalgas cubiertas por bragas de raso negro, las tiras del liguero, mis caderas, mi pubis... yo sentía mi excitación aumentar y me sentí avergonzada. Se puso de pie y me dijo que le mirase a los ojos... sonreí. Y entonces me quitó el jersey, dejando al aire mis pechos cubiertos por un sujetador de encaje negro.
Agaché la cabeza y me dejé llevar... le dejé acariciarme, descubrime, desnudarme... me hizo inclinarme sobre el sofá prácticamente desnuda, sólo con las medias y los zapatos y se sentó a observarme unos minutos. Me incomodaba ser observada así, en silencio y no podía estar quieta. El se incorporó y volvió a acariciarme... me sentí como un animal siendo tranquilizado por su dueño. Me excitaba estar con él, la situación, sus caricias. No había tocado mi sexo aún y ya estaba empapada.
Me condujo al dormitorio y me hizo sentarme, con las piernas abiertas, en la cama. Tomó mis manos y las ató con una cuerda roja suave y me hizo tumbarme así, los brazos atados desde la muñeca hasta el antebrazo, por encima de mi cabeza, y las piernas abiertas.
Y charlamos mucho y "confesó" su atracción hacia mí, cómo le hubiese gustado "disfrutarme"... y le abrí la puerta, le dije que le "cedería" mi entrega si él lo deseaba, una noche, no queríamos ir a más. Y aceptó. Y llegó aquella noche.
Me esperaba en un apartamento de esos que alquilas por horas o noches, yo salía tarde de trabajar y decidimos vernos allí directamente. Estaba nerviosa, lo había estado todo el día, en realidad, lo estaba desde que él se había decidido a venir a verme. Llamé a la puerta y me abrió. Entré y me invitó a sentarme a su lado. El apartamento no era grande: un salón, con sofá de 3 plazas y uno de 1, una mesa baja y un mueble con una gran televisión y un vídeo... al fondo, sin puerta de separación, el dormitorio que tenía la luz encendida.
Me quité el abrigo, dejándolo en el respaldo del sofá pequeño y me senté cerca de él.
Empezamos a charlar y fui relajándome, pero cuando sentí su mano en mi rodilla sentí que todos mis músculos se tensaban de nuevo... me preguntó si quería seguir adelante. Asentí. Confiaba en él.
-"Ponte de pie",-me dijo. Y lo hice, sin decir nada, colocándome frente a él que seguía sentado. Sus manos se deslizaron por mis piernas, cubiertas con medias negras, desde las pantorrillas hasta subir por mis muslos, por debajo de la falda, hasta llegar al final de la media y rozando entonces mi piel directamente. Con suavidad, siguió subiendo e investigándome: mis nalgas cubiertas por bragas de raso negro, las tiras del liguero, mis caderas, mi pubis... yo sentía mi excitación aumentar y me sentí avergonzada. Se puso de pie y me dijo que le mirase a los ojos... sonreí. Y entonces me quitó el jersey, dejando al aire mis pechos cubiertos por un sujetador de encaje negro.
Agaché la cabeza y me dejé llevar... le dejé acariciarme, descubrime, desnudarme... me hizo inclinarme sobre el sofá prácticamente desnuda, sólo con las medias y los zapatos y se sentó a observarme unos minutos. Me incomodaba ser observada así, en silencio y no podía estar quieta. El se incorporó y volvió a acariciarme... me sentí como un animal siendo tranquilizado por su dueño. Me excitaba estar con él, la situación, sus caricias. No había tocado mi sexo aún y ya estaba empapada.Me condujo al dormitorio y me hizo sentarme, con las piernas abiertas, en la cama. Tomó mis manos y las ató con una cuerda roja suave y me hizo tumbarme así, los brazos atados desde la muñeca hasta el antebrazo, por encima de mi cabeza, y las piernas abiertas.





