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Condúceme al placer...
Escritos y fotografías explícitas, MAYORES DE 18 AÑOS

Acerca de

las sirenas atraían a los hombres con sus cantos... yo pretendo atraerte y llegar a engancharte con mis palabras... siendo yo misma... con mi esencia.

Sindicación

 
Viernes noche
En el pub hace calor, demasiado. Y encima me estoy tomando un martini con limón, el alcohol me hace tener más calor aún... y tengo ya la ropa pegada al cuerpo, el pantalón y la camisola que aunque es fina, está empapada ya y no paro de bailar delante de tí. Seguimos charlando y al final, lo haces muy pegado a mí... al principio pienso que es porque no se oye nada con la música pero no es eso... es que te vas pegando a mí adrede.
Al final, me besas. Y vaya! no lo haces mal y respondo juguetona, enrosco mi lengua a la tuya, la mordisqueo, me aparto y te dejo con la boca abierta para acto seguido volver a atrapar tu lengua con mis labios.

Me atraes hacia tí... -"Estás empapada",-me dices sonriendo, al tocar mi cuerpo sobre la camisola. Estoy sudando, sí, la ropa es fina pero hubiese venido mejor un escote... mucho mejor, sí... y entonces me sorprendes diciendome que tal vez pudiera hacer algo para aliviar mi calor... te preguntó el qué y me dices, pícaro, que podría ir al baño a quitarme el pantalón y las bragas, que estaría más fresca y con la camisola nadie se daría cuenta ni vería nada... me río sorprendida de tu propuesta. Me has dejado alucinada. Sabes que es el pub de mi amigo y vecino y claro... no sería plan de dar la nota así...

Y estoy excitada.
Y me quedo pensándolo un rato, besándote y riéndome nerviosa. Y te digo que eso se puede mejorar... y me miras siendo tú ahora el sorprendido... y te pido que me cambies el sitio y me coloco en el rincón donde tú estabas. Y así, me desabrocho el pantalón delante de tus narices, de tus ojos que me miran con mezcla de sorpresa y deseo, y me lo quito allí mismo. Pero no me quito las bragas... así tendrás más trabajo... y comienzas a acariciar mis piernas por debajo de la camisola, los muslos, y no tardas en buscar hueco entre la tela de mis bragas hasta llegar a mi sexo. Miro a mi alrededor. Nadie parece darse cuenta y yo empiezo a deshacerme en tus dedos. Acaricias mi coño mojado y cuando sacas los dedos de allí me haces lamerlos... y los meto en mi boca hambrienta, golosa y los lamo, limpiándolos de mis jugos y beso tu boca para que notes el sabor a mí.

Y repites la acción, esta vez follándome con un par de dedos, entrando y saliendo de mí mientras estoy dándote la espalda, allí, en la barra de pub, y me apoyo en un taburete ofreciéndote mi grupa, que acaricias mientras tus dedos siguen provocándome oleadas de placer...

Creo que alguien se ha dado cuenta, porque hay un chico que no nos quita ojo y su cara muestra algo de asombro y desconcierto... no me importa, al contrario, me da morbo verle mirándonos. Y vuelvo a estar frente a tí, besándote, lamiendo tus dedos mojados de mí... y me siento en el taburete frente a tí, abriendo mis piernas y ofreciéndote mi sexo así, abierto. Y lo tomas de nuevo con tus dedos, me invades, me acaricias, me haces mojarme aún más... pienso en el baño del pub, en las posibilidades... Deseo.

Después... eso es otra historia.
 
Padre, perdóneme, porque he pecado (2 y final)
Colocó su mano sobre la de ella y la apretó levemente, sujetando asi para dirigirla. Movió despacio, llevando la piel de su polla adelante y atrás, muy despacio.
Ella estaba avergonzada y a la vez se sentía curiosa y muy excitada. No quitaba ojo al movimiento, la manera de tocarse, lo estudiaba, miraba atenta cómo lo hacía porque quería aprender y hacerlo cada vez mejor, ser perfecta. Sus dos experiencias anteriores habían sido demasiado básicas: calentamiento mediante besos y sobeteos y tumbarse en la cama, abrirse de piernas y ser follada... no podía decir que no le había gustado, pero con Emilio se abría otro mundo de posibilidades... el sexo iba más allá que toqueteos y que se la metieran, era mucho más que dejarse hacer.

Se sentía maravillada por aquello... aquella carne cada vez más dura y más roja (casi morada) entre sus manos. Tras unos minutos, el rostro de Emilio había cambiado. Se le notaba más tenso, incluso cerraba los ojos y gemía. Soltó su mano y la dejó seguir sola. Y se dió cuenta de que si lo hacía más deprisa y presionando algo más fuerte, a él le gustaba más y fue cambiando su ritmo dejándose llevar por los gemidos de él.
Sentía poder en esos momentos, no entendía porqué, pero sabía que ahora ella tenía el control, que él había bajado la guardia, que estaba casi indefenso, en sus manos y no sólo en el sentido literal de la frase... ella disfrutaba con esa sensación y se dió cuenta de que el sexo es poder, un intercambio continuo de poder y quería saber más, conocerlo y aprenderlo todo, ser poderosa...

-¿Sabes ponerlo?,-la enseñó un condón. Ella se sonrojó y negó con la cabeza diciéndole que le daba miedo romperlo al hacerlo. El sonrió y se lo puso él mismo, enseñándola cómo hacerlo.
Ella no perdía detalle de todo.
-Ahora levántante,-y ella lo hizo y la colocó de espaldas con las manos apoyadas contra la pared y acariciando sus amplias y suaves caderas le sintió pegarse a su culo, acariciar de nuevo su sexo, su abertura mojada y entonces entrar en su interior, invadir su coño en esa postura que para ella fue sorprendente.
Tuvo que morderse los labios para no gemir con fuerza, para no hacer ruido, le gustaba sentirlo así, entrando y saliendo de ella en esa postura (había visto alguna revista porno, pero siempre había imaginado que en la vida real esas cosas no se hacían) y no tardó mucho en sentir un calor intenso surgir de su vientre, sus músculos tensarse, las piernas flojear y se asustó un poco, y sintió que se deshacía por dentro, desde el interior de su sexo y después una sensación de tranquilidad que la desbordaba. El se corrió poco después, agarrándola con fuerza en esos instantes de las caderas y embistiéndola con fuerza, casi haciéndola daño.

Mientras se vestían ella observó las imágenes de la iglesia... mudos espectadores del que sería uno de sus secretos por lo provocador y transgresor del lugar.

Saliendo de la iglesia, ella le comentó, inocente, la sensación de calor, la flojera en las piernas.

-Te has corrido, has tenido un orgasmo ¿no lo habías sentido antes?
-No,-respondió ella aún turbada,- pero me gusta.
 
Padre, perdóneme, porque he pecado (1)
Se conocieron una tarde de verano en aquella discoteca a la que se escapaba con sus amigas en vez de ir al instituto, tenían 16 años y pocas ganas de cumplir con deberes y sí muchas de divertirse.

Debían ser las ocho de la tarde cuando salió de la mano de Emilio, su último "rollo", alto, moreno, 25 años. No le gustaban los chicos de su edad, le aburrían y más cuando ya sabía lo que era el sexo con más amplitud, ya no se conformaba con esos sobeteos y besos de adolescente, ella quería más... así que aceptó la invitación de él para salir fuera y coger su coche, aparcado a varias calles de allí, para tener "más intimidad". Iban cogidos de la mano aprovechando cada rincón, cada portal para seguir besándose, sobándose, calentándose. A la altura de la iglesia de Santiago Apostol, que estaba a dos calles de la discoteca, Emilio la agarró del brazo y se metieron en uno de los rincones de la entrada. Ella se agarró a su cuello y le besó con el ansia con que besa una adolescente, con ímpetu y sed de aprender. El correspondió y sus manos apretaron sus pechos por encima de la camiseta azul ajustada que ella lucía esa tarde, apretándolos levemente... ella gimió y echó la cabeza hacia atrás, Emilio besó su cuello, su garganta. Las manos de ella abrieron algunos botones de la camisa de cuadros de él y besó la piel que había dejado al descubierto. Y por fin, la mano de él tomó una de las de ella y la dirigió a su abultada bragueta. Ella no tenía demasiada experiencia en realidad, se había acostado con dos hombres antes y se sentía -y sabía- torpe y novata todavía, así que se puso nerviosa.

-Eh cielo, tranquila... -dijo Emilio,- ¿No quieres seguir?
-Si, sí quiero -respondió ella avergonzada,- sí, pero no tengo mucha experiencia y no se bien cómo...
-Yo te enseñare, no te preocupes.

Se separó un momento de ella, asomándose dentro de la iglesia. Tardo unos minutos en salir y cogerla de la mano para que pasase con él dentro. No había nadie.
-Estás loco... ¿qué hacemos aquí?,-estaba algo asustada. La idea de que la pillasen allí dentro con un hombre no la parecía divertida.
-Vamos, ¿porqué no? Tú solamente no hagas ruido.

El había visto un rincón perfecto. Estaba a un lado de la entrada, cerca del confesionario, sin luz, algo oscuro. Había incluso un banco allí y era un punto muerto, no se veía practicamente si no se estaba muy cerca. La hizo sentarse en el rincón más escondido y se agachó frente a ella. Comenzó a besarla, a tocarla, subiendo su camiseta azul por encima de los pechos, dejando al descubierto el sujetador de encaje, también azul que Emilio retiró para dejar al aire la piel. Lamió sus pezones, jugueteo con ellos y sus manos mientras levantaron la falda de ella, la hizo abrir las piernas y busco su sexo. Encontró las bragas, blancas, también con encajes, de aquella niña-mujer , mojadas y se sorprendió gratamente, le excitó aún más. Sin quitarle las braguitas, por debajo de la tela, metió sus dedos y los deslizó por la raja de su sexo, empapado, mientras ella gemía en su oido, con la cabeza apoyada en su hombro, abriendo las piernas un poco más.
Y gimió más fuerte cuando un par de sus dedos mojados se metieron en su interior y Emilio tuvo que ahogar los gemidos de ella besándola. Se mojaba cada vez más, se estremecía en sus manos, parecía que iba a caerse incluso del banco con sus temblores... Entonces él se levantó y sin más, se bajó la cremallera y sacó su polla frente a la cara de ella, que le miró, con esa mirada entre inocente, nerviosa y excitada y su mano le agarró por la base.
-Enséñame,-le pidió.