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Condúceme al placer...
Escritos y fotografías explícitas, MAYORES DE 18 AÑOS

Acerca de

las sirenas atraían a los hombres con sus cantos... yo pretendo atraerte y llegar a engancharte con mis palabras... siendo yo misma... con mi esencia.

Sindicación

 
Me inspira y me provoca...
Vuelvo a dormirme... no tardo en soñar de nuevo. Ahora estoy con él, entrando a su casa.

Hemos cenado antes juntos. Yo llevo una falda negra con algo de vuelo, por la rodilla, una camisa y una chaqueta. Me he puesto zapato de tacón. Es alto, por lo tanto, me lo puedo pemitir... En el salón, me dice que me quite el abrigo y la chaqueta, lo hago y él lo recoge de mis manos, colocándolo sobre el respaldo de la silla a su izquierda. Me quedo quieta y callada esperando más "órdenes". Me dice que me desabroche la camisa y que apoye el pecho contra la mesa que hay junto al ventanal. Lo hago. Y me quedo así unos minutos, esperando, expectante, el cuerpo doblado sobre la mesa en un ángulo recto casi perfecto, las manos a ambos lados de mi cabeza que reposa apoyada sobre mi mejilla derecha. Tengo los ojos abiertos, le veo mirarme, quieto, sin decir nada, como si quisiera meterse en mi cabeza y saber qué pienso en ese instante...

Se acerca a mi lado y se coloca de manera que no puedo verle. NO me toca, pero su cuerpo desprende un calor que puedo sentir cercano. Entonces su mano levanta la parte trasera de mi falda, dejando reposar la tela sobre mis riñones... acaricia mi culo desnudo, las anchas caderas. En el restaurante, durante la cena, me ha pedido que me quite las bragas y se las diese y lo he hecho, con el mayor disimulo posible, allí mismo, sentada a la mesa mientras alrededor todos cenaban y charlaban ajenos a la situación que nosotros vivíamos. Tan sólo el liguero negro cubre con sus tiras la piel hasta llegar a las medias. Mi sexo se estremece al sentir sus caricias. Me da vergüenza que pueda llegar a descubrirme tan mojada, tan deseosa, impaciente por sentirle.

No me había tocado hasta ese momento, y quiero sentirle al máximo, saborearlo, disfrutarlo dejándome llevar por él. Y cierro los ojos. Y sus dedos se deslizan por mi piel despacio, llegando hasta la hendidura de mi sexo mojado. Acaricia los labios, la vulva, el clítoris... despacio... con una cadencia que me vuelve loca y muerdo mi labio inferior para no gemir. Mi orgullo me dice que no le muestre que empiezo a deshacerme en sus manos, pero, a la vez, quiero demostrarle que seré suya y que, como él quiere, estaré mojada todo el día por y para él, lista, dispuesta siempre para lo que quiera.

Sus manos en mi cuerpo por primera vez... hasta ahora sólo había sentido su mano en mi rodilla... escalofríos de placer recorren mi cuerpo, desde mi coño a mi cabeza, golpeando mi mente y anulando mis bloqueos, derrumbando mis barreras por momentos. Continúa acariciando mi sexo, mis muslos, mi culo, mi espalda, hace que abra un poco más las piernas y sea más accesible para él. Permanece en silencio, estudiando mis reacciones, mis gemidos, el leve movimiento de mi cuerpo reaccionando de manera natural a sus caricias.

Deseo que entre en mí, sentir su poder y como toma posesión de lo que ya es suyo... y a la vez quiero que no lo haga aún, seguir en esa situación, sentir sus manos, su poder creciendo sobre mí y controlando mi deseo... me da miedo perder el control.

Despierto... miedo y deseo van de la mano, dicen.

Llevo todo el día pensando en él. Escribo estas líneas y estoy excitada, cada vez más. Un sms suyo en mi móvil. PIensa en mí y eso excita mis sentidos aún más.



 
En el coche...
Aquella noche en su coche, nos dirigíamos a un destino que sólo ella conocia.. la música sonaba en la radio del coche y no hablábamos apenas... no quería decirte dónde íbamos y la carretería por la que subíamos el cerro se iba estrechando y cada vez había menos luz... súbíamos y ya no veía nada a mi alrededor, apenas las luces de la ciudad que dejábamos detras.

-Ana, dónde vamos...,- me preocupaba la carretera, no el destino en realidad,- que nos vamos a matar...
-Tú calla tonta, verás como merece la pena. Cuando yo te diga cierras los ojos y no hagas trampa.
Llegamos arriba del todo. Vi el cercado del terreno militar a nuestra derecha y continuamos hacia delante. Ya no se veía nada. Me djio que cerrase los ojos y lo hice, riéndome nerviosa.

Noté que parábamos y apagaba el motor del coche... el silencio nos rodeó. Me dijo que ya podía mirar y cuando abrí los ojos me encontré todo el valle a nuestros pies. La ciudad entera, sus luces y más aún a lo lejos. Era precioso. Me acerqué a ella y la besé en la mejilla peró giró la cabeza y nuestras bocas se encontraron, me tomó por la nuca haciendo que me levantase del asiento y pegándome contra ella y el beso se hizo intenso, profundo, pasional, húmedo. Como ella misma.

Su mano derecha se deslizó por mi cuello, desabrochó los botones de la chaqueta de punto y se encontró con mis pechos, acariciándolos por encima de la tela de la camiseta. Me dejé hacer, quieta, mientras dejaba de besarme y lamía mi rostro, mi boca, mis orejas, mi cuello, besándolo de nuevo, mordisqueándolo dulcemente. Estaba nerviosa. Ella no, o al menos, no lo parecía.

Desde que nos confesamos en aquel w.c. no habíamos pasado de toqueteos y besos pero noté que aquel día iba a ser diferente. Correspondí a sus caricias dejando caer mi mano en sus rodillas, subiendo por los muslos de piel blanca y suave cubiertos por el pantalón, hasta notar el calor entre sus piernas y apreté, froté, escuchando su gemido al instante.... ardía a través de la tela. Como mi propio sexo, que notaba caliente, empapado, producto del deseo y sus caricias... y entonces su mano bajo mi falda, levantando la tela y perdiéndose buscando el borde de las bragas y sin más salvando el obstáculo e indagando entre los pliegues de mi sexo mojado.

-Túmbate, échate hacia atrás... y relájate Marta, estás tensa,- me dijo, reclinando el asiento del coche mientras yo me dejaba hacer, con su otra mano en mi sexo, sintiéndola así mientras me miraba a los ojos y yo me moría de vergüenza.

Continuó acariciando mi vulva, deslizando los dedos arriba y abajo con facilidad por mi humedad... y seguía mojándome cuando metió un par de dedos en mi interior. Creí que me deshacía en ese momento. Cerré los ojos y me dejé llevar completamente. Quise incorporarme y no me dejó. Ella estaba de rodillas encima del asiento, inclinada sobre mí y entonces mi mano izquierda se perdió entre sus piernas volviendo a acariciar por encima de la tela su sexo. Ella, concentrada en acariciar mi clítoris, jugueteaba con él y nuestra respiración se hizo más fuerte, más profunda y rápida cada vez. Dejó por un momento de tocarme para subirme la camiseta y dejar al aire los pechos cubiertos por el sujetador, que apartó enseguida y me sorprendió entonces acercando su boca y lamiendo mis pezones, mordiéndolos hasta ponerlos tan duros que llegaban a doler. Ya no pude seguir tocándola, sino que me dejé hacer por ella, que al parecer, era lo que quería, ya que no facilitaba que yo acariciase... de hecho parecía que no quería que lo hiciese.

-Eso es, déjame a mí...,-me susurró al oido,- me encanta mirarte ahora mismo... ¿esa es la cara que ven los tíos cuando te follan? No me extraña que les guste estar contigo... pero ahora eres mía...,- al parecer incluso a ella le salía la vena dominante conmigo y yo estaba encantada.

"Obedecí" y me relajé completamente, cerré los ojos y entonces las sensaciones fueron mucho más intensas. Sus manos me tocaban como siempre lo hubiesen estado haciendo, como si supiera exactamente dónde tenía que tocar... y entonces entendí cual podría ser la diferencia al acostarse con una mujer y era eso, las dos teníamos puntos del placer prácticamente iguales, al menos físicamente... sus dedos mojados de mí en mi clítoris se movieron más deprisa, más fuerte y entonces no aguanté más y gemí con fuerza al correrme. Ella al notarlo, metió los dedos en mi interior, empapándolos con los flujos y enseñandomelos después para meterlos en mi boca enseguida. Los lamí con gusto, y me besó a la vez y las dos compartimos el sabor de mi coño en sus dedos.
 
Descubriendo algo más...
Habíamos quedado con el resto del grupo en el bar de siempre. Allí sentadas como era habitual las dos juntas, reíamos y charlábamos cuando Ana me pidió que la acompañase al baño. Lo hice y una vez allí, cerró con el pestillo.

Ana era una chica alta, grande, con unos inmensos ojos color miel y un pelo castaño largo que le caiga en tirabuzones por hombros y espalda. Tenía mi misma edad, apenas nos llevábamos unos meses. Nos entendíamos muy bien, en casi todo y ya no sabíamos estar la una sin la otra... conocíamos nuestras aventuras, nuestros secretos... aunque al parecer, no todo...

-Siéntate anda,- me pidió señalándome el inodoro,- que tengo que contarte algo... pero no quiero que te rías, prométemelo.

Lo prometí mientras bajaba la tapa del wc y me sentaba frente a ella, que se quedó de pie apoyada en la puerta. Estaba nerviosa y yo no imaginaba qué la podía estar pasando. Empezó a hablar mirando al suelo, como avergonzada...

-Mira, somos muy buenas amigas y en este tiempo pues... -vacilaba- no sé en qué momento ha sido que me he dado cuenta de que lo que yo siento por tí es más que cariño o amistad...
Sentí que mi rostro cambiaba el gesto de preocupación por el de sorpresa. Ella continuó ignorando el cambio y yo permanecí en silencio, dejándola continuar.

-No te imaginas lo mal que lo paso cuando dormimos juntas, teniéndote ahí a mi lado y poder abrazarte, besarte y más... o verte desnuda y desearte y no poder tenerlo... -mi boca empezó a esbozar una sonrisa y pasé a reir finalmente. Ella se enfadó, abrió el cerrojo disponiéndose a salir del wc. -Prometiste no reirte Marta...
Le impedí salir cerrando la puerta de un golpe y parándola, abrazándola.
-Ahora escúchame tú... -dije tomando su rostro entre mis manos y besando sus labios,- me río por la situación, imagina, en un servicio, hablando de sentimientos, secretos y mira, yo hace mucho que siento lo mismo que tú y jamás dije nada... deseo tocarte, que me toqaues... por eso me río, porque soy feliz.

Nos abrazamos, nos besamos, nos habíamos liberado de una carga inútil que habíamos llevado por no sincerarnos del todo con nuestros sentimientos y el deseo mutuo. Acordamos no contar nada ni ir pregonando lo nuestro pero también dejar sueltos nuestros sentimientos todo lo que se pudiera sin "escandalizar" a nadie... pero no siempre lo controlamos... y dimos mucho que hablar.
 
HE VUELTOOOOO!!!!!
el problema era el antivirus y una vez el bicho ha muerto (sí sí, el antivirus era el bicho) puedo publicar de nuevo y no complicarme la vida con otro blog!!!! BIEEEEEEN