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Condúceme al placer...
Escritos y fotografías explícitas, MAYORES DE 18 AÑOS

Acerca de

las sirenas atraían a los hombres con sus cantos... yo pretendo atraerte y llegar a engancharte con mis palabras... siendo yo misma... con mi esencia.

Sindicación

 
Amigas...
He estado de compras antes de ir a tomar esa copa a tu casa. Me recibes en pijama corto (ese que yo te regalé, de raso, rosita y azul, tipo chino) y con esa sonrisa tuya, eterna, enorme, sincera, noble, que me encanta y me hace sentir tan bien a tu lado, que dispersa todo mi pesimismo habitual.

Me preguntas qué he comprado mientras me sirves un vaso de vino blanco, de ese que sabes que me gusta y te sientas a mi lado. Sigues sonriendo. Es contagioso, ya estoy sonriendo yo también, con ganas. Escojo una bolsa al azar, la primera que pillo, total, al final te enseñaré todo.
Medias... no uso pantys, ya lo sabes, sólo medias, no sólo por su componente claramente erótico, sino por comodidad... odio los pantys, subir, bajar, la cinturilla que se da la vuelta... un asco. He comprado varios pares de medias, unas negras y otras color carne, de lycra y de red; hay unas muy bonitas, transparentes casi, con costura detras, marrón oscura... sin silicona, por lo que estás obligada a llevarlas con liguero.
Me dices que te gustaría ver cómo me quedan. Sonrío. Me subo la falda y me quito las medias que llevo puestas, las desengancho del liguero y las dejo arrastrar hasta el tobillo. Mientras, tú sacas de su envoltorio las nuevas medias y me las tiendes... que mala eres, cómo me miras!
Me pongo de pie para colocar las medias nuevas mejor en mis piernas. Me dices que te gustan. Sonrío. Si, te doy la razón, son bonitas y quedan muy sexys, es cierto, lo que yo esperaba pero si me pongo las sandalias que me he comprado verás como quedan mejor.

Saco una caja de zapatos de otra bolsa. Las sandalias son negras, de tiras, un tacón de aguja de unos 8 centímetros, de esas que te pones para ir de mujer fatal y con las que terminas con la espalda hecha un asco, pero que merecen la pena por cómo te hacen sentir. Me las pongo y me paseo delante de tí, para que veas lo bien que ando con ellas, no como esas chicas de ahora, que se empeñan en llevar tacones altos y finos y van hechas una pena, con esas espaldas nunca rectas, los hombros echados hacia delante, las rodillas algo flexionadas... hay que saber andar con los tacones para llevarlos con estilo, para lucirlos... los tacones altos están hechos para que el cuerpo de la mujer tome esa forma "especial", esa "forma" que sólo con tacones toman la espalda y las piernas...

Me preguntas qué mas he comprado. Saco otra caja, más pequeña, es un conjunto, sujetador y bragas, negras. Las coges. Me felicitas. Siempre he tenido buen gusto al escoger lencería. Me dices que tengo que acompañarte para comprar cosas para tí, que quieres que te aconseje. Claro que lo hare!.

Me animas a probarme el conjunto también, ahora, mientras vuelves a llenar mi copa vacía, con ese vino blanco que tú sabes que me gusta.
Desabrocho mi blusa, a tu lado, sentada contigo en el sofá, mientras hablamos. Me quedo sólo con la ropa interior que ya traía puesta. También te gusta. Es un conjunto rosa y negro, de raso, brillante y suave. Cuando voy a desabrochar el sujetador, sin decirme nada, tiendes tus manos a mi espalda y te adelantas, desabrochándolo tú y bajándome los tirantes despacio, como queriendo que me empape de ese momento en mi memoria.
Mis pechos quedan desnudos. Tengo una talla grande, tú estás muy delgada y tienes el pecho pequeño; me dices que me envidias un poquito. Deslizas un dedo por mi tatuaje del escote.

Te pones de rodillas sobre el sofá, a mi lado, con el nuevo sujetador en la mano y me lo pones tú. No digo nada, me dejo llevar. Abrochas el cierre, colocas mi pecho y yo quieta, sin decir nada, sólo sonrío y me sonrojo un poco. Me estás excitando. Me pides que me levante y lo hago. Tú permaneces sentada en el sofá mientras deslizas las bragas de raso por mis piernas, hasta los tobillos. Me pides que levante un pie, luego el otro, para sacar las bragas y poner las nuevas, que subes de nuevo por mis piernas, y siento tus dedos rozar mi piel en el camino de subida, como por descuido, sin querer, pero yo sé que lo haces con toda la intención.
Estoy sorprendida. Me inclino sobre la mesa para coger mi copa... mi sexo, aún desnudo, queda a la altura de tu boca con ese gesto. Vuelvo a dejarla en su sitio.

Ha sido involuntario por mi parte?. Me has excitado.

Me colocas las braguitas y vuelves a alabar mi buen gusto, la buena elección. Me siento a tu lado y coloco mis piernas encima de tus muslos, reposándolas. Las acaricias desde los tobillos hasta el borde de las medias, rozando levemente con las yemas de tus dedos la piel de mis muslos al descubierto.

Me miras a los ojos. Sonreimos.

A veces no hace falta decir nada más...

 
Comentario:
No puedo enlazarte, pero no quiero perderte, aunque he visto que has abandonado el blog
por fa escribeme!
 
Comentario:
me alborotas de gozo. Yus braguitas nuevas resultan inquietantes, sugerentes. ¿quien puede resistirse a beber de tu sexo? Solo quien te quiere bien...quien sabe que el gozo es lento, que la mirada envuielve, conquista y excita mas aun que el tacto.
Te imagino y crezco. Sueños inquietantes.
Ven.
No