Descubriendo algo más...
Habíamos quedado con el resto del grupo en el bar de siempre. Allí sentadas como era habitual las dos juntas, reíamos y charlábamos cuando Ana me pidió que la acompañase al baño. Lo hice y una vez allí, cerró con el pestillo.
Ana era una chica alta, grande, con unos inmensos ojos color miel y un pelo castaño largo que le caiga en tirabuzones por hombros y espalda. Tenía mi misma edad, apenas nos llevábamos unos meses. Nos entendíamos muy bien, en casi todo y ya no sabíamos estar la una sin la otra... conocíamos nuestras aventuras, nuestros secretos... aunque al parecer, no todo...
-Siéntate anda,- me pidió señalándome el inodoro,- que tengo que contarte algo... pero no quiero que te rías, prométemelo.
Lo prometí mientras bajaba la tapa del wc y me sentaba frente a ella, que se quedó de pie apoyada en la puerta. Estaba nerviosa y yo no imaginaba qué la podía estar pasando. Empezó a hablar mirando al suelo, como avergonzada...
-Mira, somos muy buenas amigas y en este tiempo pues... -vacilaba- no sé en qué momento ha sido que me he dado cuenta de que lo que yo siento por tí es más que cariño o amistad...
Sentí que mi rostro cambiaba el gesto de preocupación por el de sorpresa. Ella continuó ignorando el cambio y yo permanecí en silencio, dejándola continuar.
-No te imaginas lo mal que lo paso cuando dormimos juntas, teniéndote ahí a mi lado y poder abrazarte, besarte y más... o verte desnuda y desearte y no poder tenerlo... -mi boca empezó a esbozar una sonrisa y pasé a reir finalmente. Ella se enfadó, abrió el cerrojo disponiéndose a salir del wc. -Prometiste no reirte Marta...
Le impedí salir cerrando la puerta de un golpe y parándola, abrazándola.
-Ahora escúchame tú... -dije tomando su rostro entre mis manos y besando sus labios,- me río por la situación, imagina, en un servicio, hablando de sentimientos, secretos y mira, yo hace mucho que siento lo mismo que tú y jamás dije nada... deseo tocarte, que me toqaues... por eso me río, porque soy feliz.
Nos abrazamos, nos besamos, nos habíamos liberado de una carga inútil que habíamos llevado por no sincerarnos del todo con nuestros sentimientos y el deseo mutuo. Acordamos no contar nada ni ir pregonando lo nuestro pero también dejar sueltos nuestros sentimientos todo lo que se pudiera sin "escandalizar" a nadie... pero no siempre lo controlamos... y dimos mucho que hablar.
Ana era una chica alta, grande, con unos inmensos ojos color miel y un pelo castaño largo que le caiga en tirabuzones por hombros y espalda. Tenía mi misma edad, apenas nos llevábamos unos meses. Nos entendíamos muy bien, en casi todo y ya no sabíamos estar la una sin la otra... conocíamos nuestras aventuras, nuestros secretos... aunque al parecer, no todo...
-Siéntate anda,- me pidió señalándome el inodoro,- que tengo que contarte algo... pero no quiero que te rías, prométemelo.
Lo prometí mientras bajaba la tapa del wc y me sentaba frente a ella, que se quedó de pie apoyada en la puerta. Estaba nerviosa y yo no imaginaba qué la podía estar pasando. Empezó a hablar mirando al suelo, como avergonzada...
-Mira, somos muy buenas amigas y en este tiempo pues... -vacilaba- no sé en qué momento ha sido que me he dado cuenta de que lo que yo siento por tí es más que cariño o amistad...
Sentí que mi rostro cambiaba el gesto de preocupación por el de sorpresa. Ella continuó ignorando el cambio y yo permanecí en silencio, dejándola continuar.
-No te imaginas lo mal que lo paso cuando dormimos juntas, teniéndote ahí a mi lado y poder abrazarte, besarte y más... o verte desnuda y desearte y no poder tenerlo... -mi boca empezó a esbozar una sonrisa y pasé a reir finalmente. Ella se enfadó, abrió el cerrojo disponiéndose a salir del wc. -Prometiste no reirte Marta...
Le impedí salir cerrando la puerta de un golpe y parándola, abrazándola.
-Ahora escúchame tú... -dije tomando su rostro entre mis manos y besando sus labios,- me río por la situación, imagina, en un servicio, hablando de sentimientos, secretos y mira, yo hace mucho que siento lo mismo que tú y jamás dije nada... deseo tocarte, que me toqaues... por eso me río, porque soy feliz.
Nos abrazamos, nos besamos, nos habíamos liberado de una carga inútil que habíamos llevado por no sincerarnos del todo con nuestros sentimientos y el deseo mutuo. Acordamos no contar nada ni ir pregonando lo nuestro pero también dejar sueltos nuestros sentimientos todo lo que se pudiera sin "escandalizar" a nadie... pero no siempre lo controlamos... y dimos mucho que hablar.





