El cuarto oscuro
Me recogió en el coche y en cuanto subí, metió su mano bajo mi falda, mientras me abrochaba el cinturón, comprobando si llevaba bragas o no.
-"Hoy sí llevas",-dijo, besándome.
Pensé que querría que me las quitase pero no, no dijo nada, arrancó y salimos hacia la carretera. En el primer semáforo en rojo paramos junto a un camión. Me subió la falda hasta dejar la liga de las medias al descubierto y el conductor pudo verlo, sonriéndose. De camino, charlando animados, me metía mano por debajo de la falda de vez en cuando, y yo le dejaba hacer.
Cuando llegamos a nuestro destino de esa noche. No era la primera vez que acudí a un local liberal, pero como hacía tantos años y sólo había ido 2 ó 3 veces, me sentía novata y algo nerviosa. Y él estaba encantado con esa situación.
Entramos. Nos recibió una rubia altísima y estupenda con una sonrisa de oreja a oreja. Aunque habíamos pensado que no habría gente ya que la fecha coincidía con salida de vacaciones, nos encontramos con bastante gente ya en la barra. En las mesas, repartidas por toda la sala, había sentadas parejas charlando y tomando una copa. Les imitamos. Bebí a sorbos mi Absolut con naranja mientras él me acariciaba y me contaba cosas del lugar. Una cortina cubriendo el hueco de la puerta, al fondo de la sala, por donde entraba y salía gente de vez en cuando, me hizo pensar que aquel era el cuarto oscuro... y acerté.
-“Vamos, entremos”...,-me dijo.
-“No, no, aún no”...,-dije nerviosa,- “déjame que termine la copa”.
Él refunfuñando, aceptó. Yo continué jugueteando con él, haciéndome la estrecha en algunos momentos, como si me diese vergüenza que me vieran dejándome meter mano. Le encantaba el juego. Al final, me cogió de la mano y me llevó hasta allí. Corrió la cortina y entró, sin soltarme la mano. Estaba oscuro, pero al abrir la cortina pude ver que había bastante más gente de la que había imaginado. Así, en un rápido vistazo, en el rincón de frente a la puerta había un grupito que creí distinguir eran 2 parejas y en la otra esquina, una pareja follando. El resto no me dio tiempo a verlo, aunque cada vez que entraba o salí alguien la luz dejaba ver instantes de las escenas que allí se vivían.
Me apoyó contra la pared y me besó, lamió mi cuello, apretó mis pechos por encima de la tela, metió la mano por debajo de la falda subiéndomela y deslizando los dedos entre mis bragas para empezar a acariciar mi sexo ya húmedo. Mientras, escuchaba los gemidos en general, las palabras obscenas a mí alrededor y las que me dirigía mi amante mientras me tocaba, calentándome, haciéndome sentir bien en aquel lugar hasta entonces fantasía para mí y no tardé en “meterme en situación”, apoyada contra la pared, deslizándome hacia abajo hasta quedarme en cuclillas con las piernas abiertas, a la altura de su entrepierna, la falda subida, mostrando las medias, el liguero, mis bragas de raso negro.
Ahí permanecí mirándole, provocándole, sin moverme, sin tocarle, hasta que desabrocho los botones de la bragueta y se sacó la polla, ya bastante consistente y la ofreció a mi boca, y acepté gustosa tomándola entre mis manos, acariciándola con fuerza desde el primer momento, como a él le gusta, y abriendo mi boca para recibirle en ella. No tardó en gemir, tan escandaloso como es siempre, característica que me gusta en un hombre, que demuestre que siente sin complejos y mis labios continuaron apretando, la lengua jugueteando.
Pocos minutos después, me hizo levantarme y dándome la vuelta me colocó contra la pared, levantándome la falda y bajándome las bragas hasta las rodillas. Iba a follarme y yo encantada, la situación era muy morbosa y aunque no creía que nadie nos estuviese mirando, ya que cada uno estábamos a lo nuestro, no tardé en darme cuenta de que me equivocaba.
Continuaban las embestidas de mi amigo, sus manos agarrando mis caderas como le gusta, deslizándose hacia arriba en un momento, pegando su cuerpo al mío para sacar mis pechos del sujetador y la camiseta, por encima de la tela, cuando noté una tercera mano en mi cuerpo... dude una fracción de segundo y entonces en esa postura, vi la polla de otro tío a mi lado, cerca de mi cara y mi amigo “invitándome” a tomarla...
-“Vamos, demuéstrale lo que sabes hacer...”,-me alentó.
Y lo hice. Cogí aquella polla desconocida con la mano, ni miré la cara de aquel hombre y empecé con a masajearla, acariciarla, moverla rítmicamente arriba y abajo, apretándola y la lleve a mi boca... sus gemidos, sus frases sobre lo bien que lo hacía no tardaron en llegar. Me excitaba, mi ego (y mi clítoris) crecía por momentos... escuchaba mis propios gemidos, ahogados en algunos momentos por la polla en mi boca y me excitaba imaginándome observada por el resto.
No me suponía que escuchar frases de esas que sólo pensabas que escucharías en una película porno me pondría tan cachonda...
yo era simplemente, en esos momentos, un cuerpo al que follarse y con el que disfrutar, no había nada más, daba igual, algo totalmente impersonal, carente de sentimientos, una situación casi humillante, sexo puro y duro, sólo buscando placer...
–“¿A que lo hace bien?. Es la mejor con la que he estado...”,-decía mi amigo, que seguía follándome, cada vez más duro, más excitado. Yo sabía que la situación le apetecía pero creo que no imaginábamos ninguno de los dos que sería tan excitante.
-“Buenísimo...”,-respondía el otro como podía entre gemidos, acariciándome suavemente la espalda, la cara, los pechos... –“Preciosa, qué bonita eres...”,-me decía él y me daba una risa que tenía que contener.
Y entonces, otras manos en mi espalda, otra polla al otro lado de mi cara... y la cogí con la otra mano. Era bastante grande, y comencé a masturbarle mientras seguía con la otra en la boca. Mi amigo dejó de follarme y me incorporé un momento para deshacerme de las bragas, ayudada por mi amigo y los dos desconocidos, metiéndolas en el bolsillo de su camisa, volviendo a ponerme en cuclillas al momento, y me vi entre los dos, intercambiando mi boca de sitio hasta que uno de ellos, el primero que se había acercado, se empezó a tocar él mismo, deprisa, hasta correrse.
En ese momento, ya estaba ocupada con la siguiente y mi amigo volvía a agarrarme por las caderas para follarme y escuchaba a aquel tipo decirme toda clase de obscenidades, comentando con mi amigo lo magníficas que le parecían mis caderas, acariciándolas, mis pechos y dejándose hacer por mi boca y mis manos y agacharse hasta mi oído y susurrarme que iba a follarme hasta que gritara cuando acabase mi amigo, lo que me ponía más caliente todavía y me olvidase del todo de donde estaba, del resto... en ese momento estaba chorreando.
Mi amigo se corrió encima de mi trasero, me limpió con un pañuelo y me hizo incorporarme, agarrándome por detrás, como para no dejarme escapar, alejándome un poco del otro hombre.
-“Al final vas a hacer que me ponga celoso...”,-me susurró. -“Menos mal que eras tímida... si te dejo un poco más, te los tiras a todos”.
Reí. Yo misma estaba sorprendida de cómo me había “liberado” de mi vergüenza y mis recelos. Me coloqué la ropa y salimos de allí de la mano, a tomar la segunda copa.
Tras una visita a la zona del jacuzzi donde mi amigo y yo nos hartamos de follarnos, tocarnos y tras mantener un intercambio con otra pareja mayor que nosotros, no digno de extenderme más, nos vestimos y volvimos a subir, a las 5 de la mañana ya, a la zona de la barra y las mesitas. Estaba prácticamente vacía. Y con la tercera copa en la mesa, quiso que volviésemos a entrar al cuarto oscuro. Acepté. No había nadie. Y se sentó, ofreciéndome de nuevo su sexo de nuevo excitado. Me senté en un taburete frente a él, entre sus piernas y volví a lamer su polla... mientras lo hacía, una pareja entró y se colocó junto a nosotros. Minutos después me encontré de nuevo con la polla de un desconocido entre mis manos.
Mientras masturbaba al hombre con mi mano y la boca y con la otra lo hacía a mi amigo, la mujer, rubia, a la que ya había visto pasar antes, vestida con una minifalda minúscula en la zona del jacuzzi, se apoyaba contra él, a su espalda, mirando y acariciándole, deslizando su mano hasta mi en algunos momentos, suave, despacio, acariciándome unos instantes y volvió a su chico.
No sé en qué momento me levanté y me acerqué a ella, olvidándome de mi amigo y el otro hombre y la agarré por la cintura, acercándola contra mí, y ella se dejó hacer. Pegados nuestros cuerpos nos miramos y nos besamos, ignorándoles a ellos.
Mi mano se deslizó hasta su culo y ella hizo lo mismo. Ellos nos miraban mientras seguían masturbándose. Baje mis labios por su cuello y llegué al escote de su camiseta. Debajo no llevaba sujetador... eso lo descubrí cuando se la bajé para acariciar con mis labios su pequeño pecho, lamiendo el pezón duro y tieso que me presentaba delante... gemía, muy fuerte, fruto de mis caricias. Mientras, su chico me acariciaba y mi amigo la besó en la boca. Estaba sorprendida, lo que desde luego no entraba en mis planes esa noche era liarme con una mujer.
Nos dejamos y volvimos cada uno con nuestra pareja. Y follamos por última vez, esa noche.
-"Hoy sí llevas",-dijo, besándome.
Pensé que querría que me las quitase pero no, no dijo nada, arrancó y salimos hacia la carretera. En el primer semáforo en rojo paramos junto a un camión. Me subió la falda hasta dejar la liga de las medias al descubierto y el conductor pudo verlo, sonriéndose. De camino, charlando animados, me metía mano por debajo de la falda de vez en cuando, y yo le dejaba hacer.
Cuando llegamos a nuestro destino de esa noche. No era la primera vez que acudí a un local liberal, pero como hacía tantos años y sólo había ido 2 ó 3 veces, me sentía novata y algo nerviosa. Y él estaba encantado con esa situación.
Entramos. Nos recibió una rubia altísima y estupenda con una sonrisa de oreja a oreja. Aunque habíamos pensado que no habría gente ya que la fecha coincidía con salida de vacaciones, nos encontramos con bastante gente ya en la barra. En las mesas, repartidas por toda la sala, había sentadas parejas charlando y tomando una copa. Les imitamos. Bebí a sorbos mi Absolut con naranja mientras él me acariciaba y me contaba cosas del lugar. Una cortina cubriendo el hueco de la puerta, al fondo de la sala, por donde entraba y salía gente de vez en cuando, me hizo pensar que aquel era el cuarto oscuro... y acerté.
-“Vamos, entremos”...,-me dijo.
-“No, no, aún no”...,-dije nerviosa,- “déjame que termine la copa”.
Él refunfuñando, aceptó. Yo continué jugueteando con él, haciéndome la estrecha en algunos momentos, como si me diese vergüenza que me vieran dejándome meter mano. Le encantaba el juego. Al final, me cogió de la mano y me llevó hasta allí. Corrió la cortina y entró, sin soltarme la mano. Estaba oscuro, pero al abrir la cortina pude ver que había bastante más gente de la que había imaginado. Así, en un rápido vistazo, en el rincón de frente a la puerta había un grupito que creí distinguir eran 2 parejas y en la otra esquina, una pareja follando. El resto no me dio tiempo a verlo, aunque cada vez que entraba o salí alguien la luz dejaba ver instantes de las escenas que allí se vivían.
Me apoyó contra la pared y me besó, lamió mi cuello, apretó mis pechos por encima de la tela, metió la mano por debajo de la falda subiéndomela y deslizando los dedos entre mis bragas para empezar a acariciar mi sexo ya húmedo. Mientras, escuchaba los gemidos en general, las palabras obscenas a mí alrededor y las que me dirigía mi amante mientras me tocaba, calentándome, haciéndome sentir bien en aquel lugar hasta entonces fantasía para mí y no tardé en “meterme en situación”, apoyada contra la pared, deslizándome hacia abajo hasta quedarme en cuclillas con las piernas abiertas, a la altura de su entrepierna, la falda subida, mostrando las medias, el liguero, mis bragas de raso negro.
Ahí permanecí mirándole, provocándole, sin moverme, sin tocarle, hasta que desabrocho los botones de la bragueta y se sacó la polla, ya bastante consistente y la ofreció a mi boca, y acepté gustosa tomándola entre mis manos, acariciándola con fuerza desde el primer momento, como a él le gusta, y abriendo mi boca para recibirle en ella. No tardó en gemir, tan escandaloso como es siempre, característica que me gusta en un hombre, que demuestre que siente sin complejos y mis labios continuaron apretando, la lengua jugueteando.
Pocos minutos después, me hizo levantarme y dándome la vuelta me colocó contra la pared, levantándome la falda y bajándome las bragas hasta las rodillas. Iba a follarme y yo encantada, la situación era muy morbosa y aunque no creía que nadie nos estuviese mirando, ya que cada uno estábamos a lo nuestro, no tardé en darme cuenta de que me equivocaba.
Continuaban las embestidas de mi amigo, sus manos agarrando mis caderas como le gusta, deslizándose hacia arriba en un momento, pegando su cuerpo al mío para sacar mis pechos del sujetador y la camiseta, por encima de la tela, cuando noté una tercera mano en mi cuerpo... dude una fracción de segundo y entonces en esa postura, vi la polla de otro tío a mi lado, cerca de mi cara y mi amigo “invitándome” a tomarla...
-“Vamos, demuéstrale lo que sabes hacer...”,-me alentó.
Y lo hice. Cogí aquella polla desconocida con la mano, ni miré la cara de aquel hombre y empecé con a masajearla, acariciarla, moverla rítmicamente arriba y abajo, apretándola y la lleve a mi boca... sus gemidos, sus frases sobre lo bien que lo hacía no tardaron en llegar. Me excitaba, mi ego (y mi clítoris) crecía por momentos... escuchaba mis propios gemidos, ahogados en algunos momentos por la polla en mi boca y me excitaba imaginándome observada por el resto.
No me suponía que escuchar frases de esas que sólo pensabas que escucharías en una película porno me pondría tan cachonda...
yo era simplemente, en esos momentos, un cuerpo al que follarse y con el que disfrutar, no había nada más, daba igual, algo totalmente impersonal, carente de sentimientos, una situación casi humillante, sexo puro y duro, sólo buscando placer...
–“¿A que lo hace bien?. Es la mejor con la que he estado...”,-decía mi amigo, que seguía follándome, cada vez más duro, más excitado. Yo sabía que la situación le apetecía pero creo que no imaginábamos ninguno de los dos que sería tan excitante.
-“Buenísimo...”,-respondía el otro como podía entre gemidos, acariciándome suavemente la espalda, la cara, los pechos... –“Preciosa, qué bonita eres...”,-me decía él y me daba una risa que tenía que contener.
Y entonces, otras manos en mi espalda, otra polla al otro lado de mi cara... y la cogí con la otra mano. Era bastante grande, y comencé a masturbarle mientras seguía con la otra en la boca. Mi amigo dejó de follarme y me incorporé un momento para deshacerme de las bragas, ayudada por mi amigo y los dos desconocidos, metiéndolas en el bolsillo de su camisa, volviendo a ponerme en cuclillas al momento, y me vi entre los dos, intercambiando mi boca de sitio hasta que uno de ellos, el primero que se había acercado, se empezó a tocar él mismo, deprisa, hasta correrse. En ese momento, ya estaba ocupada con la siguiente y mi amigo volvía a agarrarme por las caderas para follarme y escuchaba a aquel tipo decirme toda clase de obscenidades, comentando con mi amigo lo magníficas que le parecían mis caderas, acariciándolas, mis pechos y dejándose hacer por mi boca y mis manos y agacharse hasta mi oído y susurrarme que iba a follarme hasta que gritara cuando acabase mi amigo, lo que me ponía más caliente todavía y me olvidase del todo de donde estaba, del resto... en ese momento estaba chorreando.
Mi amigo se corrió encima de mi trasero, me limpió con un pañuelo y me hizo incorporarme, agarrándome por detrás, como para no dejarme escapar, alejándome un poco del otro hombre.
-“Al final vas a hacer que me ponga celoso...”,-me susurró. -“Menos mal que eras tímida... si te dejo un poco más, te los tiras a todos”.
Reí. Yo misma estaba sorprendida de cómo me había “liberado” de mi vergüenza y mis recelos. Me coloqué la ropa y salimos de allí de la mano, a tomar la segunda copa.
Tras una visita a la zona del jacuzzi donde mi amigo y yo nos hartamos de follarnos, tocarnos y tras mantener un intercambio con otra pareja mayor que nosotros, no digno de extenderme más, nos vestimos y volvimos a subir, a las 5 de la mañana ya, a la zona de la barra y las mesitas. Estaba prácticamente vacía. Y con la tercera copa en la mesa, quiso que volviésemos a entrar al cuarto oscuro. Acepté. No había nadie. Y se sentó, ofreciéndome de nuevo su sexo de nuevo excitado. Me senté en un taburete frente a él, entre sus piernas y volví a lamer su polla... mientras lo hacía, una pareja entró y se colocó junto a nosotros. Minutos después me encontré de nuevo con la polla de un desconocido entre mis manos.
Mientras masturbaba al hombre con mi mano y la boca y con la otra lo hacía a mi amigo, la mujer, rubia, a la que ya había visto pasar antes, vestida con una minifalda minúscula en la zona del jacuzzi, se apoyaba contra él, a su espalda, mirando y acariciándole, deslizando su mano hasta mi en algunos momentos, suave, despacio, acariciándome unos instantes y volvió a su chico.
No sé en qué momento me levanté y me acerqué a ella, olvidándome de mi amigo y el otro hombre y la agarré por la cintura, acercándola contra mí, y ella se dejó hacer. Pegados nuestros cuerpos nos miramos y nos besamos, ignorándoles a ellos.
Mi mano se deslizó hasta su culo y ella hizo lo mismo. Ellos nos miraban mientras seguían masturbándose. Baje mis labios por su cuello y llegué al escote de su camiseta. Debajo no llevaba sujetador... eso lo descubrí cuando se la bajé para acariciar con mis labios su pequeño pecho, lamiendo el pezón duro y tieso que me presentaba delante... gemía, muy fuerte, fruto de mis caricias. Mientras, su chico me acariciaba y mi amigo la besó en la boca. Estaba sorprendida, lo que desde luego no entraba en mis planes esa noche era liarme con una mujer.
Nos dejamos y volvimos cada uno con nuestra pareja. Y follamos por última vez, esa noche.
Comentario:
Lo has conseguido sirena, me has puesto como una moto. Veo q no sólo eres una artista con la boca sino también escribiendo, haciéndonos partícipes imaginarios de tus saludables y excitantes vicios (¿vicios? quiero decir experiencias). Te mereces un azote, sirena, pero no como castigo sino como premio. Y como veo que te gustan, mil lametazos más, por todo tu cuerpo. Miauuuuu...
Comentario:
Muy bien sirena, has conseguido ponerme cachondo de verdad. Veo que no sólo eres una artista con la boca, también lo eres escribiendo, haciéndonos partícipes imaginarios de tus hermosos y excitantes vicios. Te mereces un azote, pero no como castigo sino como premio. Y mil lametazos más.
Comentario:
Muy bien sirena, has conseguido ponerme cachondo de verdad. Veo que no sólo eres una artista con la lengua, también lo eres escribiendo, haciéndonos partícipes imaginarios de tus hermosos y excitantes vicios. Te mereces un azote, pero no como castigo, sino como premio. Y muchos lametazos más.
Comentario:
Sirena, eres insaciable..... mucha polla, como para un gallinero, sirenita, te pasaste de la raya...bieeeeennnnnnn





