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Condúceme al placer...
Escritos y fotografías explícitas, MAYORES DE 18 AÑOS

Acerca de

las sirenas atraían a los hombres con sus cantos... yo pretendo atraerte y llegar a engancharte con mis palabras... siendo yo misma... con mi esencia.

Sindicación

 
Noche de sábado (1)
Recibió la llamada de vicente por la tarde para preguntar sus planes para esa noche, querí salir a cenar con ella y si era posible, pasar la noche juntos. Marta había quedado para cenar con sus amigas pero como verle resultaba ciertamente complicado por su trabajo, siempre viajando fuera y como las noches eran siempre placenteras con él, comentó que podía recogerla después de cenar e ir a tomar algo.

Le preguntó como vestiría... conociéndole entendió que su pregunta era una invitación, una sugerencia para vestir como "a él le gustaba"... como cada cual, tenía sus fetiches y desde luego no era la ropa que ella pensaba llevar a la cena esa noche.
-"Pantalón y camiseta negros, nada a tu gusto, pero si me prometes que esta noche será estupenda prometo cambiarme para cuando me recojas en casa". El aceptó.
Así que después de cenar y tomar una copa con sus amigas, volvió a casa a cambiarse. El cambio de horario al de invierno les vendría de perlas, la noche sería una hora más larga.

Bajó y una amplia sonrisa pícara se dibujo en la cara de Vicente... la falda cruzada gris, por la rodilla, con algo de vuelo, blusa blanca, chaquetita de punto negra, zapatos como los de colegio de monjas, medias color carne y sus fetiches principales: coletas con unos lazos negros y lo que no se veía, las bragas de algodón blanco.
Ella sabia que no le gustaban las niñas y si hubiese dudado un solo instante que su "perversión" era esa no hubiese vuelto a verle nunca, pero le encantaba que una mujerona hecha y derecha se "disfrazase" de esa manera para él.
-"Cómo me conoces cabrona...",-rió, encendiendo el motor tras observarla de arriba a abajo unos segundos. Ella nunca había tenido problema en vestir al gusto de su partenaire, le gustaba agradar.
Charlaron sobre su último viaje, las vacaciones de ella, el nuevo viaje previsto de él.
Al salir del coche, en el garaje, se acercó a ella acorralándola contra la pared, en silencio, olisqueándola como haría un animal en celo, acercando sus labios sin llegar a tocar la piel de su cuello, erizando su vello y humedeciendo su sexo. Acarició el pelo recogido en una de las coletas. Estaba muy excitado, no tenía ni que tocarle ni que decirselo para que ella lo notase. Le tomó la mano y la llevó a su apartamento.

Ella imaginaba que en cuanto entrasen por la puerta no la dejaría escapar, pero se equivocó. La acompañó al salón, cogió su chaqueta y su bolso y lo guardó en un armarito de la entrada, mientras ella se acomodaba en el sofá... sirvió un vodka con naranja para ella y su copa y se sentó junto a Marta. Le pidió que le contase de sus últimos "amigos" y experiencias. Empezó a contarle lo más reciente y él no tardó en empezar a acariciar la pierna más cercana a la de él, deslizando su mano por debajo de la falda, subiéndola poco a poco hacia arriba, por la cara interior de su muslo. Llegó hasta las bragas, sin tocarla y le dejó ahí...
-"Eres perfecta para el frio, una estufita, con acercar las manos aquí uno se las caliente enseguida con el calor que desprendes...",-comentó riendo. Ella se incorporó para acercarse a él con intención de besarle. Le gusta cómo lo hace, es de los únicos a los que ella besa por propia iniciativa. Pero no se dejó. Le paró diciéndola que estuviese quieta y le dejase hacer. Ella volvió a sentarse.

Hizo que abriese las piernas un poco más, colocando una de ellas sobre las suyas y metió los dedos debajo de las bragas. Encontró su sexo y comenzó a jugar con él... Marta llevaba unos días muy caliente y ese día se había levantado aún más excitada así que enseguida consiguió que su humedad se transformase en mucho más. No tardó en empezar a suspirar y gemir. Los dedos de él se deslizaban por la carne mojada, lentos, suavemente y notaba como su sexo se hinchaba por momentos, como su excitación crecía a pasos agigantados. Paró y la tomó por las caderas, tirando hacia él y colocándola tumbada, una pierna apoyada en el suelo y la otra en el respaldo del sofá, quitándole los zapatos y se metió entre ellas subiendo su falda hasta la cintura dejando ver las blancas bragas y desabrochó su blusa, dejando al aire el pecho cubierto por un sujetador de encaje blanco. Metido entre sus piernas, vestido por completo, le miraba a los ojos y ella correspondía, haciendo lo mismo y riéndose.
No