De boca en boca I
Me gusta mi boca.
Me gusta su forma y tu tamaño, el color de mis labios al natural, sonrosados y me gusta la suavidad de su piel.
Pero lo que más me gusta... es el placer que me hace sentir y el que puede causar. Uso mi boca para provocar. Y me gusta hacerlo, aunque muchas veces es algo inconsciente.

Te miro, mientras hablamos, a los ojos y a la boca. Mi mirada sube y baja: tus ojos, tu boca, tus ojos, tus manos, tu boca, de nuevo tus ojos... Tú me hablas. Te observo. Te deseo. Y quiero que tú me desees.
Paso mi dedo índice por mi labio inferior, rozándolo levemente, provocándome unas cosquillitas que me encienden aún más. Humedezco los labios. Mi dedo se queda ahí, como colgado del labio, y te miro. Te quedas callado tras unos minutos así. Me estás mirando a la boca, fíjamente.
- No hagas eso, por favor. -me dices. Yo, sorprendida, te pregunto a qué te refieres. - El dedo, quítalo de ahí, me estás provocando.
Sonrío. Te hago caso. Seguimos charlando delante de esas tazas de café. Pero al rato vuelve al mismo lugar. Me miras como queriendo hacer que estás enfadado, pero para nada lo estás, al contrario, deseas mi boca. Me levanto de la silla y por encima de la mesa acerco mi boca a la tuya, mis labios rozan los tuyos pero sin llegar a completar el beso. Notas mi aliento caliente entrando en tu boca entreabierta.
- Vámonos -te digo. Pagas la cuenta mientras yo salgo a la calle y te espero de pie, mirándote.
Me gusta su forma y tu tamaño, el color de mis labios al natural, sonrosados y me gusta la suavidad de su piel.
Pero lo que más me gusta... es el placer que me hace sentir y el que puede causar. Uso mi boca para provocar. Y me gusta hacerlo, aunque muchas veces es algo inconsciente.

Te miro, mientras hablamos, a los ojos y a la boca. Mi mirada sube y baja: tus ojos, tu boca, tus ojos, tus manos, tu boca, de nuevo tus ojos... Tú me hablas. Te observo. Te deseo. Y quiero que tú me desees.
Paso mi dedo índice por mi labio inferior, rozándolo levemente, provocándome unas cosquillitas que me encienden aún más. Humedezco los labios. Mi dedo se queda ahí, como colgado del labio, y te miro. Te quedas callado tras unos minutos así. Me estás mirando a la boca, fíjamente.
- No hagas eso, por favor. -me dices. Yo, sorprendida, te pregunto a qué te refieres. - El dedo, quítalo de ahí, me estás provocando.
Sonrío. Te hago caso. Seguimos charlando delante de esas tazas de café. Pero al rato vuelve al mismo lugar. Me miras como queriendo hacer que estás enfadado, pero para nada lo estás, al contrario, deseas mi boca. Me levanto de la silla y por encima de la mesa acerco mi boca a la tuya, mis labios rozan los tuyos pero sin llegar a completar el beso. Notas mi aliento caliente entrando en tu boca entreabierta.
- Vámonos -te digo. Pagas la cuenta mientras yo salgo a la calle y te espero de pie, mirándote.





