La última vez
Me recuerdo en aquella tarde de agosto, de este ultimo verano; era domingo, en unas horas estaría de nuevo en mi ciudad, a más de 600 km. de tí y me fastidiaba profundamente acabar aquel fin de semana, me lo había pasado estupendamente.
Tú estabas en el salón, yo en el dormitorio, acababa de ducharme y estaba terminando mi maleta, medio desnuda, cuando te acercaste a mí y me susurraste que seguías queriéndome sin bragas.
Sin más, me vendaste los ojos.
Me dejé llevar, yo pensaba que nuestro juego ya había terminado pero tú querías algo más. Me echaste sobre la cama, me hiciste abrir los brazos y los ataste a la cama por las muñecas. Hiciste lo mismo con mis piernas, sujetándolas por los tobillos. Yo permanecí callada, expectante.
Acariciabas mi piel, apretabas mis pechos por encima de la tela del sujetador negro, deslizabas tus dedos por encima de mis bragas.
Me decías que no me ibas a dejar llevar las bragas puestas en el viaje de vuelta, mientras yo notaba que hacías algo con ellas.
Estabas cortándolas, abriéndolas para dejar al descubierto mi sexo, poniéndolo a tu alcance.
Me estabas sorprendiendo y excitándome tremendamente. Continuaste cortando la tela hasta dejar prácticamente sólo los bordes elásticos. Te colocaste entre mis piernas, supuse que mirando tu obra. Tus dedos resbalaron por la humedad provocada por mi excitación y de repente, sin más preámbulos, me llenaste de tí, con fuerza, queriendo sentir mi más profundo interior.
Hoy he decidido que ésta fue nuestra última tarde.
Tú estabas en el salón, yo en el dormitorio, acababa de ducharme y estaba terminando mi maleta, medio desnuda, cuando te acercaste a mí y me susurraste que seguías queriéndome sin bragas.
Sin más, me vendaste los ojos.
Me dejé llevar, yo pensaba que nuestro juego ya había terminado pero tú querías algo más. Me echaste sobre la cama, me hiciste abrir los brazos y los ataste a la cama por las muñecas. Hiciste lo mismo con mis piernas, sujetándolas por los tobillos. Yo permanecí callada, expectante.
Acariciabas mi piel, apretabas mis pechos por encima de la tela del sujetador negro, deslizabas tus dedos por encima de mis bragas.
Me decías que no me ibas a dejar llevar las bragas puestas en el viaje de vuelta, mientras yo notaba que hacías algo con ellas.
Estabas cortándolas, abriéndolas para dejar al descubierto mi sexo, poniéndolo a tu alcance.
Me estabas sorprendiendo y excitándome tremendamente. Continuaste cortando la tela hasta dejar prácticamente sólo los bordes elásticos. Te colocaste entre mis piernas, supuse que mirando tu obra. Tus dedos resbalaron por la humedad provocada por mi excitación y de repente, sin más preámbulos, me llenaste de tí, con fuerza, queriendo sentir mi más profundo interior.
Hoy he decidido que ésta fue nuestra última tarde.
Comentario:
quiero que me maden la obra serena varada
Comentario:
hola espero que esten bien





