Algo inesperado 1
Charlabamos tomando una copa en un pub tranquilo cuando se nos acercó un hombre, alto, en los cuarenta y pico aparentemente. Sonreísteis los dos y te levantaste para saludarle. Era evidente que los dos os conocíais y tú le invitaste a sentarse y acompañarnos. Tu amigo se sentó frente a nosotros, en un pequeño silloncito. Ni siquiera me lo presentaste, como si yo no existiera. No dije nada. Quería ver qué pasaba.
Hablásteis los dos un rato, mientras yo en silencio, os miraba y escuchaba. Parecía que os conociéseis desde hacía tiempo. Vuestra conversación, poco a poco, fue cambiando de tema… hasta tomar un cariz más… íntimo.
Tú posaste tu mano sobre mi rodilla y me dijiste, en tono imperativo que me acercase un poco más, “deja sitio a mi amigo al otro lado”, . Lo hice. De esa manera, quedé sentada entre los dos.
Entre copa y copa, charla y charla, seguísteis elevando el tono erótico de la conversación. Me ví entre los dos, en silencio y quieta, algo avergonzada porque tenía las manos de los dos en los muslos, acariciándome. Hablábais de la sensualidad de los besos cuando tu amigo se quedó mirando mis labios y me preguntó, cómo pensaba yo que los besos resultaban más sensuales.
No sabía que contestar, era la primera vez que él se dirigía a mí, así, de golpe… contesté tímidamente “besos en la comisura de los labios, leves, rozando, resultan más eróticos…”

Tu amigo, sin dejarme terminar, acercó sus labios a los míos y los besó tal y como yo acababa de describir, mientras su mano avanzaba un poco más en mi muslo. No pude evitar gemir levemente. Os dísteis cuenta y sonreísteis. “Ves al baño… es hora de que te quites las bragas”, me dijiste. Sonó a orden.
Aquello me excitaba.Yo asentí con la cabeza, sin hablar; retirásteis las manos de mis muslos y me levanté. Me dirigía al baño y tu amigo iba detrás de mí.
Las puertas del baño de caballeros y señoras se encontraban muy cerca. Cuando yo iba a entrar, él se adelantó un momento, “deja la puerta entreabierta… quiero ver cómo lo haces”, me dijo. Yo dudé. ¿Eso entraba también en el juego en el que parecía estar inmersa?. “No sé…”,dudé.
"Acaso creíste que este encuentro ha sido casual”,me dijo riendo.
Entendí perfectamente y dejé la puerta entornada mientras subía mi falda, dejando al aire los muslos, el borde de las medias y el liguero. Deslicé suavemente las bragas… ¿y si aparecía alguien…?, avergonzada, las bajé hasta los tobillos… levanté una pierna para quitármelas. “Espera”,me dijo, “acércate aquí, ahora.”
Con la falda subida, las bragas bajadas en los tobillos, andé un par de pasos hasta la puerta, torpe, sintiéndome cada vez más avergonzada, preocupada de si alguien nos podría ver. Cuando llegué él acarició mi rostro como quien acaricia un perro felicitándole por traer el palo a su dueño. Luego deslizó su brazo hacia abajo, y sus dedos buscaron mi sexo… me sentí humillada y con ganas de salir corriendo pero... seguí jugando; me avergonzaba por haber sido descubierta en mi tremenda excitación, como si fuese una niña pillada en una travesura.
El sonrió mientras llevaba los dedos mojados a mi boca haciendo que lamiese mi propia humedad. Me dijo que terminase y le diese las bragas.
Y así lo hice.
Hablásteis los dos un rato, mientras yo en silencio, os miraba y escuchaba. Parecía que os conociéseis desde hacía tiempo. Vuestra conversación, poco a poco, fue cambiando de tema… hasta tomar un cariz más… íntimo.
Tú posaste tu mano sobre mi rodilla y me dijiste, en tono imperativo que me acercase un poco más, “deja sitio a mi amigo al otro lado”, . Lo hice. De esa manera, quedé sentada entre los dos.
Entre copa y copa, charla y charla, seguísteis elevando el tono erótico de la conversación. Me ví entre los dos, en silencio y quieta, algo avergonzada porque tenía las manos de los dos en los muslos, acariciándome. Hablábais de la sensualidad de los besos cuando tu amigo se quedó mirando mis labios y me preguntó, cómo pensaba yo que los besos resultaban más sensuales.
No sabía que contestar, era la primera vez que él se dirigía a mí, así, de golpe… contesté tímidamente “besos en la comisura de los labios, leves, rozando, resultan más eróticos…”

Tu amigo, sin dejarme terminar, acercó sus labios a los míos y los besó tal y como yo acababa de describir, mientras su mano avanzaba un poco más en mi muslo. No pude evitar gemir levemente. Os dísteis cuenta y sonreísteis. “Ves al baño… es hora de que te quites las bragas”, me dijiste. Sonó a orden.
Aquello me excitaba.Yo asentí con la cabeza, sin hablar; retirásteis las manos de mis muslos y me levanté. Me dirigía al baño y tu amigo iba detrás de mí.
Las puertas del baño de caballeros y señoras se encontraban muy cerca. Cuando yo iba a entrar, él se adelantó un momento, “deja la puerta entreabierta… quiero ver cómo lo haces”, me dijo. Yo dudé. ¿Eso entraba también en el juego en el que parecía estar inmersa?. “No sé…”,dudé.
"Acaso creíste que este encuentro ha sido casual”,me dijo riendo.
Entendí perfectamente y dejé la puerta entornada mientras subía mi falda, dejando al aire los muslos, el borde de las medias y el liguero. Deslicé suavemente las bragas… ¿y si aparecía alguien…?, avergonzada, las bajé hasta los tobillos… levanté una pierna para quitármelas. “Espera”,me dijo, “acércate aquí, ahora.”
Con la falda subida, las bragas bajadas en los tobillos, andé un par de pasos hasta la puerta, torpe, sintiéndome cada vez más avergonzada, preocupada de si alguien nos podría ver. Cuando llegué él acarició mi rostro como quien acaricia un perro felicitándole por traer el palo a su dueño. Luego deslizó su brazo hacia abajo, y sus dedos buscaron mi sexo… me sentí humillada y con ganas de salir corriendo pero... seguí jugando; me avergonzaba por haber sido descubierta en mi tremenda excitación, como si fuese una niña pillada en una travesura.
El sonrió mientras llevaba los dedos mojados a mi boca haciendo que lamiese mi propia humedad. Me dijo que terminase y le diese las bragas.
Y así lo hice.





