Algo inesperado 2
Volvimos a la mesa y tú esperabas sonriente. Volví a colocarme entre los dos. “¿Y bien?”,preguntaste a tu amigo, de nuevo, como si yo no existiera. Estaba muy excitada con ese juego. “efectivamente, está empapada…,-contestó tu amigo,- “es tan caliente como me dijiste…”.
Hablásteis de mí como si no estuviese delante.Me sentí un objeto, avergonzada, humillada, lo que aumentaba mi excitación. Pensaba que al levantarme se notaría la humedad manchando mi falda. Estaba muerta de vergüenza. Tú le hablaste a tu amigo de nuestras citas, de la manera de excitarme sólo con rozarme, charlabáis animadamente mientras tocábais mis muslos e incluso deslizábais los dedos por mi escote, mis orejas, mi cuello… no supe ni quien, desabrocho algún botón de mi blusa, dejando ver el encaje del sujetador. Terminamos la bebida y me diste las llaves del coche, diciéndome que os esperase fuera, en el asiento de atrás.
Esperé fuera, sentada detrás, unos diez minutos. Mi excitación aumentaba con la espera, quieta, sola, reviviendo al cerrar los ojos un momento los momentos anteriores en el pub. Os ví salir y hablar a unos metros del coche. Pensé que os despediríais en ese momento y tú y yo nos iríamos a tu casa. Respiré aliviada pero en realidad, reconozco que estaba deseando que aquello continuase, que los dos siguiéseis sobándome, "usándome"… mi sexo se hinchaba, estaba cada vez más excitada, notaba el calor creciente entre mis piernas. No pude evitar volver a cerrar los ojos y apreté las piernas queriendo calmar así mi ansioso sexo. Finalmente, te sentaste al volante. Tu amigo entró al coche y ocupo el asiento delantero, junto a ti.
El coche tomaba las calles lentamente, vosotros hablábais de vuestras cosas, ignorándome. Me sentía observada de vez en cuando, por el retrovisor. Permanecí callada, quieta, en el centro del asiento trasero. No sabía dónde estabamos ya. Apenas había luz y no había tráfico. Me pareció dejar atrás un parque, unos bloques de pisos y llegar a una zona deshabitada… apenas una farola cada 50 metros alumbrando la carretera y la luz de la ciudad a lo lejos.
El coche se paró. Miré a mi alrededor por las ventanillas. Nada. Estaba algo asustada, las piernas me temblaban. Tu apagaste el motor del coche y salísteis para volveros a meter en el coche, esta vez uno a cada lado de mi cuerpo en el asiento trasero. Tú hundiste tus dedos en mi sexo y me susurraste, lo suficientemente alto para que tu amigo lo oyese: “esta noche eres mía… por eso hago esto contigo, lo que me da la gana, porque esto además es lo apropiado, eres una puta y voy a prestarte a mi amigo, para que haga contigo lo que corresponde a la zorra que eres… y harás todo lo que él quiera”.
Hablásteis de mí como si no estuviese delante.Me sentí un objeto, avergonzada, humillada, lo que aumentaba mi excitación. Pensaba que al levantarme se notaría la humedad manchando mi falda. Estaba muerta de vergüenza. Tú le hablaste a tu amigo de nuestras citas, de la manera de excitarme sólo con rozarme, charlabáis animadamente mientras tocábais mis muslos e incluso deslizábais los dedos por mi escote, mis orejas, mi cuello… no supe ni quien, desabrocho algún botón de mi blusa, dejando ver el encaje del sujetador. Terminamos la bebida y me diste las llaves del coche, diciéndome que os esperase fuera, en el asiento de atrás.
Esperé fuera, sentada detrás, unos diez minutos. Mi excitación aumentaba con la espera, quieta, sola, reviviendo al cerrar los ojos un momento los momentos anteriores en el pub. Os ví salir y hablar a unos metros del coche. Pensé que os despediríais en ese momento y tú y yo nos iríamos a tu casa. Respiré aliviada pero en realidad, reconozco que estaba deseando que aquello continuase, que los dos siguiéseis sobándome, "usándome"… mi sexo se hinchaba, estaba cada vez más excitada, notaba el calor creciente entre mis piernas. No pude evitar volver a cerrar los ojos y apreté las piernas queriendo calmar así mi ansioso sexo. Finalmente, te sentaste al volante. Tu amigo entró al coche y ocupo el asiento delantero, junto a ti.
El coche tomaba las calles lentamente, vosotros hablábais de vuestras cosas, ignorándome. Me sentía observada de vez en cuando, por el retrovisor. Permanecí callada, quieta, en el centro del asiento trasero. No sabía dónde estabamos ya. Apenas había luz y no había tráfico. Me pareció dejar atrás un parque, unos bloques de pisos y llegar a una zona deshabitada… apenas una farola cada 50 metros alumbrando la carretera y la luz de la ciudad a lo lejos. El coche se paró. Miré a mi alrededor por las ventanillas. Nada. Estaba algo asustada, las piernas me temblaban. Tu apagaste el motor del coche y salísteis para volveros a meter en el coche, esta vez uno a cada lado de mi cuerpo en el asiento trasero. Tú hundiste tus dedos en mi sexo y me susurraste, lo suficientemente alto para que tu amigo lo oyese: “esta noche eres mía… por eso hago esto contigo, lo que me da la gana, porque esto además es lo apropiado, eres una puta y voy a prestarte a mi amigo, para que haga contigo lo que corresponde a la zorra que eres… y harás todo lo que él quiera”.
Comentario:
Esto vas a tener que codificarlo





