Algo inesperado 3 (seamos OBSCENOS... a veces resulta sexy)
Al instante cogiste mi mano y la colocaste en la ya abultada entrepierna de tu amigo, diciéndome que le hiciese pasarlo bien. Comencé a acariciarle, me dejaste “libertad de movimientos” y permaneciste mirando a nuestro lado.
Tu amigo metió la mano entre mi piernas mientras con la otra me desabrochaba los botones de la blusa, dejando el sujetador al aire. Se paró un momento y espetó un burdo halago sobre mis pechos, sobre su forma y su tamaño, sobre lo que haría. Pero no hablaba conmigo, se dirigía a tí en todo momento, allí yo sólo era un cuerpo, una boca, un objeto para el placer… y buscó mi boca para besarla. Su lengua sabía a ginebra y estaba caliente. Me lamió la cara, los labios, el cuello.
Me dejé llevar, me abandoné y liberé mi tensión, eché la cabeza hacia atrás. Mi sexo ya no podía hincharse más, hasta me dolía, la situación me estaba acercando al orgasmo sin necesidad de más caricias… los primeros jadeos y el movimiento de mis caderas así lo indicaron, y tú te acercaste a mi oido y me susurraste que no se me ocurriese correrme.
Escuché el inconfundible sonido de una cremallera… abrísteis las puertas del coche y me hicísteis salir... la noche era fresca. Miré a nuestro alrededor. Nada ni nadie. Tu amigo se sentó con las piernas abiertas fuera del coche. Su sexo, erecto, duro, esperaba. Sin que me dijeséis nada, me arrodillé entre sus piernas y lo tomé con las manos, suavemente… Tú te acercaste detrás de mí y agarrándome de la cabeza hiciste que me tragase aquel pedazo de carne, "ordenándome" que lamiese como una buena zorra. Retiré las manos y tú las sujetaste a mi espalda con una brida. Sujetaste mi cabeza de nuevo y continuaste indicando el ritmo de la mamada. La polla de tu amigo entraba y salía de mi boca cada vez más profundo, hasta lograr provocarme las arcadas. Yo humillaba la cabeza, cerraba los ojos y lamía, tragaba… el ritmo aumentó. Tu amigo jadeaba ya profundamente. “Quiero correrme en su cara”, te dijo.
Tiraste de mí sacando la polla de mi boca y haciendo que cayese hacia atrás, perdiendo totalmente el equilibrio, quedando sentada sobre mi culo… me hiciste sentir sucia, la más sumisa y humillada, tirada en el suelo, atada, las medias rotas, medio desnuda, contigo sujetándome la cabeza, ofreciendo a tu amigo mi cara mientras se corría en ella… era algo increíble para mí, era una situación obscena, indecente, sucia… cuando terminó, me dejásteis un momento así tirada sin hacerme caso, con el semen resbalando por mi cara y pecho.
Te acercaste y cortaste la brida que sujetaba mis brazos detrás. Me dijiste que me pusiese a cuatro patas.
Obedecí. El asfalto, frío y áspero se clavaba en mis rodillas. Y vosotros estábais sentados en el coche, charlando, fumando.
Tu amigo metió la mano entre mi piernas mientras con la otra me desabrochaba los botones de la blusa, dejando el sujetador al aire. Se paró un momento y espetó un burdo halago sobre mis pechos, sobre su forma y su tamaño, sobre lo que haría. Pero no hablaba conmigo, se dirigía a tí en todo momento, allí yo sólo era un cuerpo, una boca, un objeto para el placer… y buscó mi boca para besarla. Su lengua sabía a ginebra y estaba caliente. Me lamió la cara, los labios, el cuello.
Me dejé llevar, me abandoné y liberé mi tensión, eché la cabeza hacia atrás. Mi sexo ya no podía hincharse más, hasta me dolía, la situación me estaba acercando al orgasmo sin necesidad de más caricias… los primeros jadeos y el movimiento de mis caderas así lo indicaron, y tú te acercaste a mi oido y me susurraste que no se me ocurriese correrme.
Escuché el inconfundible sonido de una cremallera… abrísteis las puertas del coche y me hicísteis salir... la noche era fresca. Miré a nuestro alrededor. Nada ni nadie. Tu amigo se sentó con las piernas abiertas fuera del coche. Su sexo, erecto, duro, esperaba. Sin que me dijeséis nada, me arrodillé entre sus piernas y lo tomé con las manos, suavemente… Tú te acercaste detrás de mí y agarrándome de la cabeza hiciste que me tragase aquel pedazo de carne, "ordenándome" que lamiese como una buena zorra. Retiré las manos y tú las sujetaste a mi espalda con una brida. Sujetaste mi cabeza de nuevo y continuaste indicando el ritmo de la mamada. La polla de tu amigo entraba y salía de mi boca cada vez más profundo, hasta lograr provocarme las arcadas. Yo humillaba la cabeza, cerraba los ojos y lamía, tragaba… el ritmo aumentó. Tu amigo jadeaba ya profundamente. “Quiero correrme en su cara”, te dijo.
Tiraste de mí sacando la polla de mi boca y haciendo que cayese hacia atrás, perdiendo totalmente el equilibrio, quedando sentada sobre mi culo… me hiciste sentir sucia, la más sumisa y humillada, tirada en el suelo, atada, las medias rotas, medio desnuda, contigo sujetándome la cabeza, ofreciendo a tu amigo mi cara mientras se corría en ella… era algo increíble para mí, era una situación obscena, indecente, sucia… cuando terminó, me dejásteis un momento así tirada sin hacerme caso, con el semen resbalando por mi cara y pecho.
Te acercaste y cortaste la brida que sujetaba mis brazos detrás. Me dijiste que me pusiese a cuatro patas. Obedecí. El asfalto, frío y áspero se clavaba en mis rodillas. Y vosotros estábais sentados en el coche, charlando, fumando.





