logotipo

img_google
Condúceme al placer...
Escritos y fotografías explícitas, MAYORES DE 18 AÑOS

Acerca de

las sirenas atraían a los hombres con sus cantos... yo pretendo atraerte y llegar a engancharte con mis palabras... siendo yo misma... con mi esencia.

Sindicación

 
Hace dos años (2)
Ellos sonreían nerviosos. Yo, miraba a la mesa, avergonzada y sintiéndome cada vez más mojada, lo que me avergonzaba aún más y aquello se convirtió en un círculo vicioso.
Me dijo que cerrase las piernas y me acercase a la barra, pero pasando al lado de aquellos dos tipos, a pagar los cafés. Apagó la vibración de las bolas que seguían en mi interior, provocándome un placer increíble en aquella situación. Lo hice, notaba el rubor en mi rostro mientras el camarero me daba el cambio y ellos me miraban y me sonreían. Me temblaban las piernas. El se acercó por detrás y me agarró de la mano para sacarme de allí.
De nuevo en el coche, sacó unas esposas de su bolsillo y las colocó en mis muñecas, que yo dejé reposar sobre los muslos. El me hablaba pero yo no era capaz de articular palabra. Al sentirme atada, era como si además una mordaza invisible me impidiese hablar también. El bromeó con ese aspecto.
El viaje hasta su casa fue de casi una hora. Mis nervios iban aflorando cada segundo, cada indicación de la carretera en la que veía los kilómetros de menos que quedaban hasta llegar a su ciudad, la ansiedad incrementaba. Según le apetecía, durante todo el trayecto, encendió y apagó la vibración de las bolas, deslizaba sus dedos por mi sexo empapado y luego me los hacía lamer, recordándome que no debía llegar a tener un orgasmo.

Antes de salir del coche me quitó las esposas. En el ascensor me fallaban las piernas. Entramos en su casa. Una sensación de pánico me invadió. ¿Y ahora qué podría ocurrir? En realidad ¿de qué conocía a este hombre?. Podría haber fallado mi instinto y él haberme engañado y ahora pasar cualquier cosa, a tantos kilómetros de la tranquilidad de mi casa.
-"Desnúdate",-me dijo, nada más entrar, en el recibidor. Yo bajé la mirada y empecé a hacerlo. Me quité el abrigo, que él tomó y dejó colgado en un perchero. Desabroché mi camisa, dejando ver al quitármela un corpiño negro, me bajé la falda, me deshice de la lencería y dejé todo caer a un lado. El, atento, lo recogió todo y lo dejó estirado en una silla.
Yo estaba tensa, muy nerviosa, pero a la vez, tenía una extraña sensación de seguridad a su lado... y excitada al obedecerle. El metió su mano entre mis piernas, hurgando en mi sexo...
"Estás empapada..."
No