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Condúceme al placer...
Escritos y fotografías explícitas, MAYORES DE 18 AÑOS

Acerca de

las sirenas atraían a los hombres con sus cantos... yo pretendo atraerte y llegar a engancharte con mis palabras... siendo yo misma... con mi esencia.

Sindicación

 
El tren
Subo al tren, al cercanías, a las 18,44 h. dirección Madrid. Es verano, agosto y apenas hay gente en los andenes, cómo se notan las vacaciones, jó, que envidia; he salido de trabajar a las 18,30 h. y voy a una cita, he quedado con Pe. Algún día hablaré de Pe... de mi "especial relación" con él.

Me siento en la zona de las puertas, en un asiento de esos abatibles y abro mi libro... me pongo a leer y no presto atención a nada más. Tengo unos 25 minutos de trayecto. Enseguida me doy cuenta de que tengo un hombre enfrente, a la derecha, mirándome. Está tocándose, con la mano metida en el bolsillo, a través de la tela, mientras me mira descaradamente.

Vuelvo a mi libro y le ignoro. Cierro las piernas. Llevo una falda cruzada, y se abre al sentarme así que intento cerrarla todo lo que puedo, metiendo la tela entre mis muslos y juntándolos. Levanto la mirada de nuevo y sigue mirándome. Me hace un gesto como diciendo: "venga, no te cuesta nada..."

Aprieto más los muslos, con fuerza, y bajo la mirada. Parada. No sube nadie en esta estación. No me concentro en la lectura. Algo pasa por mi cabeza... me digo a mí misma: "si abres las piernas y dejas que todo pase... cuando se lo cuentes a Pe. le encantará, se excitará imaginando la situación, venga, no seas tonta, si te da morbo...".
Sin levantar la mirada del libro, mis muslos se relajan, mis piernas se abren despacio y me dejo resbalar hacia el borde del asiento... la falda se ha abierto hasta dejar al aire mi muslo izquierdo, él lo puede ver perfectamente. Me giro un poco hacia él. Detrás de mí, un par de chavales que están de espaldas, no se enteran de nada.
Creo que desde su asiento puede ver mis bragas negras de encaje. Sonrío y sigo haciendo que leo. Mi mano se desliza por mi muslo desnudo un momento, como si nada...
Cuando levanto la mirada veo que ha puesto su periódico encima de su entrepierna y su mano se mueve debajo de las páginas.

Otra parada. Yo cierro las piernas y él para su movimiento. Sube un hombre que se sienta detrás de él, de frente y se pone a leer el periódico. Cuando se cierran las puertas, vuelvo a mostrarme a ese desconocido que se masturba mirándome, descaradamente.

Las paradas se suceden y nuestro juego es el mismo. Hasta que llega la mía. Me pongo de pie. Tengo que bajar por la puerta junto a la que él está sentado. Paso por su lado, cerca, rozándole con la tela de mi falda, provocadora. El, sentado, se acerca levemente a mí, inclinándose, mientras espero, le veo por el cristal de la puerta. Me huele, aspira mi olor profundamente.

Seguro que ha captado el olor de mi excitación...
 
Comentario:
Pufff, magnífico relato. Realmente me has hecho sentirme en el puesto del afortunado de tu fantasía.
 
Comentario:
Me recuerda a las fantasías que solemos tener cuando viajamos en metro, o subiendo en un ascensor, o en la butaca de un cine, con una chica a poca distancia... los dos solos.
No