Juguemos
Imaginad a través de una imagen... fantasead o recordad momentos vividos...
Pienso en la última vez que estuvimos juntos... hace ya mes y pico de eso. Me humedezco sólo con recordarlo. Mi mano derecha se desliza por mi piel, acaricia mi vientre, hasta llegar a mis bragas. Acaricio mi sexo por encima, suavemente.
Cuando tú llegaste yo estaba semidesnuda, en la cama, tumbada, mis piernas cerradas. Te sorprendió verme con pantys, en los 2 años y pico que nos conocemos jamás me habías visto con pantys, siempre medias... te sentaste a mi lado en la cama, acariciando mis caderas y perdiendo tu mano entre mis muslos... tu sonrisa se agrandó cuando palpaste mi sexo desnudo: eran pantys abiertos, estaba disponible y accesible para tí.
Me quito las bragas y las dejo caer al lado de la cama en el suelo, prefiero sentir la piel al aire, abrir las piernas al máximo y tocarme así. Mi sexo ya está húmedo, mis dedos deslizan la humedad por toda mi hendidura hasta mi clítoris, que comienzo a acariciar despacio, sin prisas.
Me hiciste abrir las piernas y comenzaste a tocarme. Ya estaba empapada, sólo pensar en estar contigo tiene ese efecto en mí. No sé qué tienen tus enormes manos que saben dónde tocar, cómo hacerlo y proporcionarme placer desde el primer segundo que entran en contacto con mi piel. Me dejé hacer, te gusta así, que esté quieta mientras me tocas, mientras tomas posesión de mi cuerpo.
Imagino que son tus manos tocándome... acelero el ritmo y aumento la presión sobre el clítoris, deslizo los dedos de nuevo a la abertura a mi interior, dos de ellos se pierden dentro un momento, moviéndose, invadiéndome. Luego van a mi boca. Me gusta mi sabor. Los lamo y vuelven al clítoris. Estoy muy excitada, noto el calor que desprende mi sexo, cómo los labios se van hinchando al acercarme al climax. Paro y me pongo de pie. Busco mi consolador azul.
Te gusta jugar con mi "amiguito" azul, conseguir que mis gemidos sean casi gritos. Y lo hiciste. Lo metiste en mi interior, con fuerza, unas cuantas embestidas y lo sacaste después rezumando de mí para que lo lamiese como si fuese tu propia verga. Lo dejaste dentro de mí mientras aprietabas mis pechos desnudos. Te levantaste para desnudarte mientras me mirabas y me decías: "hazlo tú misma"... mi mano tomó el juguete y comiencé a moverlo en mi interior, a gemir, a desear que me lo hicieses tú, a excitarme viendo como aumentaba tu erección al mirar cómo lo estaba haciendo. Mi otra mano acariciaba mi clítoris, pellizcaba mis pezones estirándolos y haciendolos vibrar. Te quedas mirándome y me dices que continúe, que no pare, mientras tú te tocas también.
Vuelvo a tumbarme. Lamo el consolador azul como si fuese una verga de verdad, lo meto en mi boca, lo lleno de saliva... y lo meto en mi interior, en mi sexo hambriento, caliente, ardiendo. Lo hago con fuerza, llegando al final, golpeando con él las paredes de mi vagina como si fueses tú mismo. Mis gemidos son fuertes, intensos. Lo saco. Lo lamo. Lo vuelvo a meter. Lo dejo dentro y continuo frotando mi clítoris, más deprisa, más fuerte, cada vez más... cuando llego al orgasmo el consolador sale de mi interior del todo, debido a las contracciones, recubierto de una espesa y blanca corrida.
Pienso en la última vez que estuvimos juntos... hace ya mes y pico de eso. Me humedezco sólo con recordarlo. Mi mano derecha se desliza por mi piel, acaricia mi vientre, hasta llegar a mis bragas. Acaricio mi sexo por encima, suavemente. Cuando tú llegaste yo estaba semidesnuda, en la cama, tumbada, mis piernas cerradas. Te sorprendió verme con pantys, en los 2 años y pico que nos conocemos jamás me habías visto con pantys, siempre medias... te sentaste a mi lado en la cama, acariciando mis caderas y perdiendo tu mano entre mis muslos... tu sonrisa se agrandó cuando palpaste mi sexo desnudo: eran pantys abiertos, estaba disponible y accesible para tí.
Me quito las bragas y las dejo caer al lado de la cama en el suelo, prefiero sentir la piel al aire, abrir las piernas al máximo y tocarme así. Mi sexo ya está húmedo, mis dedos deslizan la humedad por toda mi hendidura hasta mi clítoris, que comienzo a acariciar despacio, sin prisas.
Me hiciste abrir las piernas y comenzaste a tocarme. Ya estaba empapada, sólo pensar en estar contigo tiene ese efecto en mí. No sé qué tienen tus enormes manos que saben dónde tocar, cómo hacerlo y proporcionarme placer desde el primer segundo que entran en contacto con mi piel. Me dejé hacer, te gusta así, que esté quieta mientras me tocas, mientras tomas posesión de mi cuerpo.
Imagino que son tus manos tocándome... acelero el ritmo y aumento la presión sobre el clítoris, deslizo los dedos de nuevo a la abertura a mi interior, dos de ellos se pierden dentro un momento, moviéndose, invadiéndome. Luego van a mi boca. Me gusta mi sabor. Los lamo y vuelven al clítoris. Estoy muy excitada, noto el calor que desprende mi sexo, cómo los labios se van hinchando al acercarme al climax. Paro y me pongo de pie. Busco mi consolador azul.
Te gusta jugar con mi "amiguito" azul, conseguir que mis gemidos sean casi gritos. Y lo hiciste. Lo metiste en mi interior, con fuerza, unas cuantas embestidas y lo sacaste después rezumando de mí para que lo lamiese como si fuese tu propia verga. Lo dejaste dentro de mí mientras aprietabas mis pechos desnudos. Te levantaste para desnudarte mientras me mirabas y me decías: "hazlo tú misma"... mi mano tomó el juguete y comiencé a moverlo en mi interior, a gemir, a desear que me lo hicieses tú, a excitarme viendo como aumentaba tu erección al mirar cómo lo estaba haciendo. Mi otra mano acariciaba mi clítoris, pellizcaba mis pezones estirándolos y haciendolos vibrar. Te quedas mirándome y me dices que continúe, que no pare, mientras tú te tocas también.
Vuelvo a tumbarme. Lamo el consolador azul como si fuese una verga de verdad, lo meto en mi boca, lo lleno de saliva... y lo meto en mi interior, en mi sexo hambriento, caliente, ardiendo. Lo hago con fuerza, llegando al final, golpeando con él las paredes de mi vagina como si fueses tú mismo. Mis gemidos son fuertes, intensos. Lo saco. Lo lamo. Lo vuelvo a meter. Lo dejo dentro y continuo frotando mi clítoris, más deprisa, más fuerte, cada vez más... cuando llego al orgasmo el consolador sale de mi interior del todo, debido a las contracciones, recubierto de una espesa y blanca corrida.
Comentario:
Hay que ver lo mucho que puede subierte el ánimo una oferta de trabajo,... je,je.
Me alegro mucho. ¿Sigues estudiando?.
Me alegro mucho. ¿Sigues estudiando?.
Comentario:
Me gusta ver a una mujer hacer eso para mí, sobre todo por lo que significa de ausencia de vergüenzas...
Comentario:
Excitante, has conseguido que casi me corra al acariciarme





